¿Cómo controlo el miedo al parto?

Autor Lunes, diciembre 5, 2016 0 Permalink 0

Miedo-al-parto

El que teme sufrir ya sufre el temor.Proverbio chino

Controlar el miedo al parto. Esa fue la pregunta que me hizo una joven terriblemente asustada a la que acababan de ingresar por pródromos (fase previa al comienzo del parto)

Me senté junto a ella y le pregunté que me relatara sus miedos. Comenzó por el rosario de historias que le habían contado sobre el mismo, a cual más dramática. Y siguió por todos esos miedos ancestrales que todas las mujeres llevamos dentro y algunos más. Temor al dolor, a que el bebé sufra, a perder el control, a que me tengan que hacer una cesárea, al personal que me toque, a los pinchazos, a que sea muy largo, a alguna complicación, a que me dejen sola, a que no sepa empujar, a que me tengan que cortar, a que no me comporte bien.

Uno a uno fui desmontando todos esos sustos que llevaba dentro, pareció calmarse.  Más tarde la vi paseando por el pasillo del brazo de su pareja. Sonreía. Se encontraba más tranquila.

No creo que haya otro momento en la vida de una mujer en la que experimente tal variedad de miedos. Es un desasosiego que entra con las primeras contracciones y la acompaña hasta el final.

Nunca tengas miedo del día que no has visto.Proverbio inglés

Desde el punto de vista biológico se sabe que es un mecanismo de supervivencia que permite a la persona responder ante situaciones adversas e inesperadas. Forma parte de la cultura y del entorno social. Es algo aprendido que en parte, se puede desaprender.

Por regla general, aquello que desconocemos es lo que más miedo nos da. Es la emoción más difícil de manejar  y sin embargo es la más común. La conocemos bien, aprendimos a caminar con ella. El miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento. Es normal sentir ansiedad o temor ante el momento más relevante de tu vida. Todas lo hemos sentido. Lo esencial es no dejarnos dominar por él.

Hace más de dos mil años, Tito Livio, un historiador romano decía; El miedo está siempre dispuesto a ver las cosas peores de lo que son”. Desde que el mundo es mundo, el miedo ha sido nuestro inevitable compañero.

Voy a daros algunas sugerencias, que en algunos momentos me han sido útiles.

  • Imagina lo mejor que podría suceder y como te sentirías al experimentarlo
  • Ponle nombre a tu miedo, habla con él, utiliza el sentido del humor
  • Sonríe, es imposible reír y estar asustada
  • No imagines nada del futuro imperfecto. Vive el momento presente. Es lo único real.
  • Infórmate, pregunta a personas optimistas que hayan sido madres
  • Haz ejercicios de relajación, respiraciones que te calmen.
  • Cambia de escenario, de actividad, ocupa tu mente en algo concreto.
  • Reconoce tu suerte, siéntete afortunada de tener un hijo. Confía que todo irá bien. Hay muchas, muchísimas mujeres que dan a luz diariamente y les va fenomenal
  • Deja de tener miedo por lo que podría ir mal y concéntrate en lo que puede ir bien.

En resumen, relájate y vive el momento. Piensa solo en aquello que quieres vivir, nada más y nada menos.

 

Preliminar del miedo

Por sobre las terrazas alunadas

donde se aman cautelosamente los gatos

y los brillos esquivan las chimeneas

creo que nadie sabe lo que yo sé esta noche

algo aprendido a pedacitos y a pulsaciones

y que integra mi pánico tradicional modesto

 

 

¿Cómo desmenuzar plácidamente el miedo

comprender por fin que no es una excusa

sino un escalofrío parecido al disfrute

sólo que amarguísimo y si atenuantes?

Mario Benedetti

 

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12051188

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/10776242

http://www.scielo.org.co/pdf/rlps/v39n1/v39n1a06.pdf

Solo respira. Meditación y Embarazo

Autor Lunes, noviembre 14, 2016 0 Permalink 0

Meditación-embarazo-silencio

“Practiquen la meditación. Es algo fundamental. Una vez que se la disfruta, ya no se la puede abandonar, y los beneficios son inmediatos.”

 Dalai Lama

Todas las madres lo sabemos. Si hay algún periodo en nuestra vida en el que conectamos con mayor profundidad y amor con nuestro cuerpo es durante el embarazo.   Lo sentimos cambiar. Lo vemos crecer, ensancharse. Notamos nuestro hijo moverse, hipar, descansar, sobresaltarse, relajarse. Percibimos el cuerpo con una claridad inusitada. Como si de pronto tuviéramos estrellas dentro.

Es el tiempo por excelencia para hacer silencio en nuestro alrededor y dentro de nosotras. El tiempo de estar a gusto con tu cuerpo, tener tu mente tranquila y sentir  paz en el corazón. Hablo de meditación.

Meditar no es dejar la mente en blanco, ni repetir palabras extrañas, ni sentarse en posición de loto, ni estar una hora con los ojos cerrados, ni vestir ropas blancas.

Meditar es estar aquí y ahora, en el silencio de tu alma, en la tranquilidad de tu habitación silenciosa, en medio de la naturaleza. Nos asusta hablar de alma. Lo sé, lo asociamos a tradiciones religiosas. Sin embargo  el alma es nuestra parte trascendente, espiritual,  más allá de credos  o religiones.

Meditar es observarnos sin juzgarnos por lo que sentimos en nuestro interior. Es centrarnos en la respiración y dejar que los pensamientos lleguen y se marchen. Volver a ser conscientes de inspirar, expirar y sentir la vida, la gratitud de estar vivos.

Mirar este vídeo, (  https://www.youtube.com/watch?v=ZDvymGWVy9o  ) en él se muestra a los niños como meditar, como controlar las emociones  mediante la respiración. Es una maravilla, sencillo y práctico. Os encantará.

 

¿Cómo meditar?

Poner un tiempo. Cinco, diez minutos e incluso tres minutos para comenzar. Sentarse en un lugar cómodo y tranquilo, sin ruidos. La espalda recta, el cuerpo relajado.  Cerrar los ojos y observar vuestra respiración.  Poner atención en cada inspiración y en cada exhalación. Nada más, nada menos.

No hay éxito ni fracaso. No es medible en términos de rendimiento o eficacia. No hay nada que hacer, nada que esperar, solo estar contigo a solas. Sentir el latido de la vida, la tuya, la de tu hijo o tu hija con doble intensidad.

Por experiencia puedo decirte que al principio no es fácil quedarse en silencio con una misma. La aventura interior asusta. Después engancha. Como todos los comienzos, todas las disciplinas, todas las artes, llevan su tiempo.

¿Por qué meditar? Os dejo enlaces a artículos científicos que hablan de los innumerables beneficios de esta práctica ancestral. Un estudio publicado en Journal of Obstetric, Gynecologic, & Neonatal Nursing  encontró que las mujeres que realizaron yoga y meditación lograron reducir sus niveles de ansiedad y estrés en el parto.

En líneas generales sabemos que ayuda en procesos de tristeza y ansiedad, mejora el sistema inmunológico, reduce la tensión arterial alta, mejora el auto control, ayuda en la gestión de emociones, favorece la introspección, mejora la función cerebral y un largo etc.  Resulta asombroso que algo tan sencillo, tan fácil, tan económico sea tan beneficioso para todos.

http://www.healthline.com/health/pregnancy/meditation-benefits#3

https://elartedevivires.org/2013/09/11/20-razones-cientificas-para-empezar-a-meditar-hoy/

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4160533/

Os animo a probarlo, aunque sea por curiosidad, si perseveráis os asombrareis del cambio tan imperceptible y tan profundo que experimentareis. Cambios que se producen  con solo unos minutos de silencio al día. Adelante.

Os dejo un extenso texto del maestro zen  Thich Nhat Hanh. Os gustará.

“Estar vivo es un milagro… la meditación sentada es una forma de celebrar la vida…”

La meditación sentada es para nosotros un modo de volver al hogar y darnos a nosotros mismos cuidado y atención plena. Cada vez que nos sentamos, ya sea en el salón, al pie de un árbol, o sobre un cojín podemos radiar tranquilidad como el Buda sentado en un altar. Dirigimos nuestra atención plena a lo que está dentro y a lo que nos rodea. Dejamos que nuestra mente se haga espaciosa y nuestro corazón amable y suave. Sólo con unos pocos minutos sentados de esta forma, podemos restablecernos completamente. Cuando nos sentamos en paz, respirando y sonriendo con consciencia, tenemos soberanía sobre nosotros mismos.

Nadie me dio la enhorabuena por mi hijo

 

baby

“El principito se sentó sobre una piedra y levantó los ojos hacia el cielo:
—Me pregunto —dijo— si las estrellas están encendidas a fin de que cada uno pueda encontrar la suya algún día”, Antoine Saint-Exupéry.

Hace años, un grupo de compañeras asistíamos a unas jornadas en el hospital. Cuando le tocó el turno a una ponente, se quedó mirándonos y dijo: Antes de comenzar, y aprovechando que hoy están aquí un grupo de matronas, quiero decirles lo mal que lo hicieron conmigo. Cuando nació mi hijo, nadie –y repitió la palabra nadie, me dio la enhorabuena por ser madre, por tener un bebé precioso. Mi hijo es lo mejor que me ha pasado en la vida y no recibí felicitación alguna cuando llegó a este mundo. Lo siento, es algo que siempre llevaré clavado en el corazón.

Nunca lo olvidé, mis compañeras tampoco. Esa mujer estaba en lo cierto. Nadie felicita a unos padres que acaban de tener un hijo con síndrome de Down. No solo ignoramos el hecho de que acaban de ser madre y padre, sino que se son tratados como si se les viniera encima el mayor drama de sus vidas, como si comenzara un duelo. Nuestro silencio, cómplice, los deja a la intemperie de esa desolación e incredulidad que  les  cae como un alud de hielo.

He vuelto a esta historia a raíz de un caso que hemos tenido en el hospital hace unos meses. En cuanto lo supe, fui a verlos. El bebé dormía en neonatología por un problema de deglución; mientras sus padres, solos en la habitación, trenzaban a dos  bandas la pena y el desconsuelo de un mundo que se les venía abajo.

Recuerdo el dolor, o mejor dicho el desconcierto y la tristeza que reflejaban el rostro de esas personas. Él, sentado en un sillón con la mirada perdida; ella en la cama, callada. Su hijo, un precioso bebé de 3200 gramos, no estaba con ellos. Qué tristeza. Pero lo que más dolía era esa noticia que les había partido el alma; tenían un hijo con síndrome de Down. A pesar de la amniocentesis negativa, a pesar de la exactitud de la ciencia, a pesar de los pesares, su pequeño era y sería para siempre un ser diferente, un ser muy especial.

Una madre, Caroline White, relata su experiencia:

“Mis recuerdos de cómo me enteré de que mi hijo tenía síndrome de Down, cuando apenas tenía un día de vida, son muy vagos y borrosos. Estaba devastada. Mi mente entró en una espiral de miedo sobre el futuro que nos caería encima y me imaginé una vida de exclusión e incapacidad, de marginaciones, de miradas inapropiadas y de sentirme “diferente”.

Por un tiempo pensé que el dolor nunca se iría. En ese entonces, mi hijo no solo tenía síndrome de Down: era síndrome de Down. Yo misma lo encasillé en una categoría que responde a estereotipos anticuados y fallé en la misión de entender que en realidad era solo, y ante todo, un bebé. Mi bebé: Seb”.

Y allí estaban estos padres,  desamparados. Como si de pronto todo el horizonte alegre y florido que portaba el hijo se hubiera trasformado en un cielo lleno de nubes, grises, cargadas de tormentas. La palabra que mejor los definía era desolación. Aún estaban con los pies en el cielo, esperando quizás un milagro, esperando la confirmación, esperando saber el dichoso grado.

Y entonces lo hice. Les di la enhorabuena. Acababan de ser padres de un bebé y, como suelo hacer con todos los padres, yo les entregaba mi más sincera felicitación. Ambos me miraron fijamente tratando de entender. Les conté la historia de aquella madre en aquellas jornadas de padres con niños especiales. Les conté que ese pequeño llegaba a sus vidas como una bendición. Solamente era un bebé único, singular; un niño que precisaría unos cuidados concretos, otro entusiasmo, otra forma de crianza.

Lo querrán igual o más que su otro hijo. La fragilidad del pequeño, su candidez, su eterna inocencia sacará lo mejor de cada uno e incluso desarrollarán una sensibilidad y una ternura hacia él que ni siquiera ellos saben que poseen. Serán más fuertes, más grandes. Serán, inevitablemente, más sabios.

Pensé en su hijo y en esa frase de El Principito: “Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido”.

Les hablé de otros padres a lo que he escuchado hablar sobre la alegría, sentido y profundidad que un niño de esas características les dio a sus vidas. Cuidar del más débil los hizo crecer. También les hablé de la presión social y de lo bueno que sería que contactaran con asociaciones lo antes posible.

“Y cuando le cuento a alguien que tengo un hijo con síndrome de Down, la respuesta más común que recibo es un Ah… y un sentimiento palpable de incomodidad. En más de una ocasión, a la interjección le sigue un Lo siento”, Caroline W.

Los padres que tienen a un niño con síndrome de Down refieren que sus otros hijos han cambiado. Tener que cuidar, jugar, convivir con un hermanito distinto los lleva a ser más responsables, más maduros, más solidarios, más tolerantes, más generosos.

Un padre y periodista, Francisco Rodríguez Criado, escribió un libro (El diario Down) sobre sus vivencias cuando tuvo a su hijo:

“Descubrí la bondad de un niño que se cae de morros, sangra por la nariz y sigue sonriéndome pese a lo boludo que soy (pura estampa del perdón más generoso). Descubrí –tratando de perdonarme a mí mismo– la amarga sensación de haber traicionado a un hijo en los dos o tres primeros días de su existencia, cuando yo era incapaz de bajar al nido solo, como si en aquella cuna no estuviera el ser más dulce del mundo sino mis peores fantasmas. Descubrí el sufrimiento, que es consustancial a todo ser humano, sin excepción, mientras operaban a mi hijo a corazón abierto; y el alivio inexpresable de escuchar que todo había ido bien. Pero también descubrí que la paternidad ha sido para mí una experiencia tan dura como hermosa. Descubrí que el síndrome de Down no son más que tres palabras huecas, que mi hijo no sufre más ni menos que cualquier otro niño, que disfruta como un loco en el parque o tirándole del rabo a su perra Betty, y que su risa suena aún más viva y brillante que la de su hermano Mario, el pequeño y terrible Mario, que llegó sin avisar solo unos pocos meses después, con los cromosomas habituales, y que también descubrirá un día en Francisco al mejor hermano del mundo.

En definitiva, aprendí a querer a mi hijo por la escritura. Y he aprendido a ver el mundo con los preciosos ojos azules de mi Francisco. Cuando los ojos azules de Francisco me miran fijamente, solo ven a un padre borroso y algo marchito; pero cuando yo lo miro a él –y no es pasión ciega–, veo a un pequeño gran arquitecto dispuesto a levantar un muro indestructible. Un muro contra la adversidad, contra el miedo, contra la desazón”.

Aquella tarde, cuando salí de la habitación, tomé aire y me detuve. El corazón me latía fuerte. En el fondo deseaba no haber tenido que hacerlo. Creo que mis palabras abrieron un camino a esos padres por el que transitar hasta restablecer la paz y la fortaleza que precisaban. Tenían otro hijo. Un niño maravilloso que preguntaba por el hermano. Se les veía serenos, sensatos, sabios.

¿Qué hacer en estos casos?

  • Mostrar a los padres la parte bella de la situación. Siempre la hay. Tagore decía: “Si lloras porque no ves el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”.
  • Tratarlos como a todos los padres. Felicitarlos, darles la enhorabuena. Han tenido un hijo. Un hijo muy especial.
  • Ofrecer ayudas de webs, asociaciones. Nadie podrá guiarlos, asesorarles tan bien como otros padres en su misma situación.

Es decir; hacer lo que ellos esperan, lo que precisan. Escucharlos, nada más y nada menos. Solo escuchando a las personas, los auténticos expertos sabremos cuáles son sus deseos y necesidades. Por un momento, detener el tiempo, abrazarlos y permanecer al lado de esos padres que al principio se sienten tan desolados.

Después de todo, es una cuestión de amor. Es la opinión de las personas que conviven con un ser diferente.  Ya lo dijo la poeta Dulce María Loynaz:

“Amor es desenredar marañas de caminos en la tiniebla: ¡amor es ser camino y ser escala!”.

 

Shantala, poesía en el masaje infantil

 

 masaje-para-el-bebe-infantil“Hay que hablar a la piel del pequeño hay que hablarle a su espalda que tiene sed y hambre igual que su vientre. En algunos países, las mujeres saben todavía esto. Aprendieron de sus madres, enseñaron a sus hijas este arte profundo que ayuda al niño a aceptar el mundo y lo hace sonreír a la vida”
Frédérick Leboyer

Hay libros que  nada más verlos te enamoras, sin saber ni como ni porque.  El diseño, los colores, el autor, la fotografía. Un algo etéreo  difícil de definir que te impide apartar la vista, sintiéndote seducida, hechizada.

Este es uno de ellos. Lo compre en Valencia  por los años ochenta  cuando estudiaba matrona.  Lo he recomendado cientos de veces. Nunca me cansaré de aconsejarlo. Una maravilla de libro.

“¿Alimentar al niño? Sí, pero no solamente con leche. Hay que tomarlo en brazos. Hay que acariciarlo, acunarlo. Y masajearlo” F. Leboyer

Escrito en un lenguaje poético, sugerente, describe el masaje que se conoce como Shantala. Una técnica milenaria de origen hindú que proporciona al bebé un bienestar físico y emocional.

El autor cuenta como descubrió esta bendita técnica:

“Conocí a Shantala en Calcuta, la ciudad que hace que los extranjeros temblemos de horror e indignación.
Ahí estaba Shantala, en Pilkana, el poblado mas pobre y sórdido de esta ciudad.
La vi una mañana soleada, en las calles, masajeando a su bebé.
Me paré de un tirón, impresionado por lo que veía: en el medio de la suciedad y la miseria, un espectáculo de belleza pura.
Un diálogo silencioso de amor entre una madre y un bebé.
El entorno horroroso de pronto se desvaneció.
Nada existía mas que la luz de ese amor.
¡Que lección!
Me quedé silencioso y confuso, me sentí como un intruso, observando accidentalmente ese intercambio de amor.”

En su honor bautizó este tipo de masaje  que ha dado la vuelta al mundo.

El libro entero es pura poesía. Sencillez, sabiduría, autenticidad. Un poema visual que acaricia con infinita ternura las palabras sabias y bondadosas de Leboyer

Os lo recomiendo para vosotros y para todos aquellos que realmente apreciéis. Es uno de los mejores regalos que podéis hacer. De paso, feliz verano.

“Los cinco sentidos del bebé son uno sólo,
todos ellos son inicialmente una extensión de su piel.
Son los dedos del cerebro,
sintiendo, explorando el mundo exterior…
y todo comienza con el tacto.

Ser tocado y acariciado,
ser masajeado,
es alimento para el bebé.
Alimento tan necesario como los minerales, vitaminas y proteínas.
Carente de este alimento,
que es también llamado amor,
los bebés morirían,
y a veces lo hacen”

F. Leboyer

 

El parto en la pantalla. Una escalera al revés.

Autor Viernes, julio 8, 2016 0 Permalink 0

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“Las palabras nunca alcanzan  cuando lo que hay que decir desborda el alma” Julio Cortázar

Dicen que la ficción imita la vida. Quizás.  En temas de parto no sé si considerarlo una burda imitación o un tierno desacierto. Puede que solo sea ingenuidad, la que lleva a escritores y guionistas a colorear la realidad para adaptarla a las luces cinematográficas.  Algo así como subir una escalera al revés.

El cine y  la televisión son un juego de luces y sombras  que con frecuencia nos pintan una realidad superficial, banal. Los partos en la pantalla aparecen como una pantomima o un asunto excesivamente dramático. Irreal. Y es que la normalidad no tiene ningún valor televisivo. El drama sube la audiencia. Y en el tema de maternidad, o lo colorean de comedia o de auténtica tragedia. No hay términos medios. Una imitación de la realidad tan edulcorada que difícilmente puede ser creíble y que al final consigue el efecto contrario, un entretenimiento deformado y sesgado.

Ina May Gaskin (2003) afirmaba, “las exigencias de la televisión comercial y el cine han dado lugar a la propagación de muchos mitos y conceptos erróneos acerca de parto y el nacimiento… Las mujeres y las niñas criadas con este tipo de información, sin un conocimiento preciso, aprenden a  equiparar el dolor del parto con el peligro. El dolor se presenta como si pudiera ser fatal “

El parto en la pantalla. Una exageración basada en hechos reales. Una escena sintetizada con cientos de realidades. Lo que podía ser un momento conmovedor, intenso y agradable el celuloide lo convierte en una parodia o un drama.

Hace un par de semanas, Ana, una gestante de 38 semanas, no terminaba de creer que no estuviera de parto. Recuerdo que tras ponerle el monitor y explicarle la situación, me dijo que se sentía fatal. Recordaba escenas de partos en tv y además del miedo que sentía, se veía  confusa, desorientada, perdida.

No lo entiendo. He venido cuando he sentido las primeras contracciones. Estábamos paseando   cuando de pronto he notado la tensión en el vientre. Una dureza y una molestia que me bajaba por los muslos, como un calambre. Muy fuerte. Tuve que detenerme. Cogimos el coche y al llegar  aquí  me dicen que tengo el cuello cerrado. ¡Cerrado!  De verdad no lo comprendo. El otro día en una película, ella empezaba con contracciones, como yo,  en un centro comercial y casi no llegan al hospital. ¿Y ahora qué? La ginecóloga me ha dicho que pase la noche aquí y mañana si sigo igual, a casa. Esperar. ¿Esperar a qué? Qué torpe me siento. Qué torpe.

¿Qué diferencias hay entre un parto televisivo y uno real?

  • En la pantalla el parto se desencadena de forma brusca, repentina. Aparece una contracción que hace las veces de campana y anuncia que el bebé va a llegar ¡ya! En la vida real, las contracciones vienen y van como salvas, agrupadas. Aparecen y desaparecen con facilidad. Desde la primera contracción prodrómica o de preparación hasta que se desencadene el parto, pueden pasar días o semanas.
  • La gestante rompe bolsa, generalmente en un sitio público, lleno de gente y todo se pone en marcha como si de un incendio se tratara. Nervios, prisas, urgencias, sensación de gravedad inminente porque el bebé puede salir en cualquier momento. La mayoría de veces desde que se rompe aguas hasta que comienza el parto, suelen pasar horas, bastantes horas.
  • El momento del parto; el expulsivo, los pujos, la salida del bebé; se reviste de un dramatismo exagerado. Gritos, insultos, conductas agresivas, desmayos y un sinfín de teatralidad. A todo ello, suelen añadirse casos dramáticos, desafortunados, que por suerte, se dan con escasa frecuencia.  El expulsivo es un momento duro, intenso, agotador, hermoso, liberador. Colorear ese momento de drama y desesperación es desorbitar el instante.

Un estudio realizado por la profesora Sarah Clemente sobre la distorsión del nacimiento en la televisión británica en 1993, mostró que  la mayoría de partos fueron retratados como un proceso rápido e impredecible, inesperado. De los 92 nacimientos emitidos, cuatro bebés y una madre murieron y otros cinco bebés y cuatro madres sufrieron complicaciones que amenazaban la vida. Como veis, bastante efectista, televisivamente hablando.

Todo esto sucede en series de tv y películas en las que aparece un parto. Por suerte, cuando la película trata de la maternidad, entonces sí se produce un fiel reflejo de lo que puede ser el hecho materno.

Comparto con vosotros un par de artículos geniales  sobre embarazo y parto en el cine,  publicado en la revista “Pediatría Atención Primaria.   En él, el neonatólogo Javier González de Dios, uno de los autores, afirma que sería bueno prescribir determinadas  películas.

  • No llores mujer (Christy Turlington, 2010);
  • Nacer-Diario de maternidad (Jorge Caballero, 2012);
  • Néixer (Ana Victoria Pérez, 2012)
  • Un feliz acontecimiento (Rémi Bezançon, 2011).

Son grandes películas que nos hacen pensar y tomar concienciar sobre lo que de verdad importa; los conflictos del embarazo, el tema  del parto, las dificultades del parto respetado y el problema de la maternidad como reto, como experiencia trasformadora de la mujer, de la pareja, de la familia.

A Ana, la gestante de la que os hablé, le dieron el alta al día siguiente. Hizo tres visitas más al hospital antes de que ingresara de parto. Un parto rápido, precioso y nada dramático. Por suerte, la realidad  suele ser más bondadosa y plena que  la ficción. Cuidaros.

 

Instrucciones para subir una escalera al revés

Julio Cortázar

En un lugar de la bibliografía del que no quiero acordarme, se explicó alguna vez que hay escaleras para subir y escaleras para bajar; lo que no se dijo entonces es que también puede haber escaleras para ir hacia atrás. Los usuarios de estos útiles artefactos comprenderán, sin excesivo esfuerzo, que cualquier escalera va hacia atrás si uno la sube de espaldas, pero lo que en esos casos está por verse es el resultado de tan insólito proceso. Hágase la prueba con cualquier escalera exterior. Vencido el primer sentimiento de incomodidad e incluso de vértigo, se descubrirá a cada peldaño un nuevo ámbito que, si bien forma parte del ámbito del peldaño precedente, al mismo tiempo lo corrige, lo critica y lo ensancha. Piénsese que muy poco antes, la última vez que se había trepado en la forma usual por esa escalera, el mundo de atrás quedaba abolido por la escalera misma, su hipnótica sucesión de peldaños; en cambio, bastará subirla de espaldas para que un horizonte limitado al comienzo por la tapia del jardín, salte ahora hasta el campito de los Peñaloza, abarque luego el molino de la Turca, estalle en los álamos del cementerio y, con un poco de suerte, llegue hasta el horizonte de verdad, el de la definición que nos enseñaba la señorita de tercer grado. ¿Y el cielo? ¿Y las nubes? Cuéntelas cuando esté en lo más alto, bébase el cielo que le cae en plena cara desde su inmenso embudo. A lo mejor después, cuando gire en redondo y entre en el piso alto de su casa, en su vida doméstica y diaria, comprenderá que también allí había que mirar muchas cosas en esa forma, que también en una boca, un amor, una novela, había que subir hacia atrás. Pero tenga cuidado, es fácil tropezar y caerse. Hay cosas que sólo se dejan ver mientras se sube hacia atrás y otras que no quieren, que tienen miedo de ese ascenso que las obliga a desnudarse tanto; obstinadas en su nivel y en su máscara se vengan cruelmente del que sube de espaldas para ver lo otro, el campito de los Peñaloza o los álamos del cementerio. Cuidado con esa silla; cuidado con esa mujer.

Autoestima y mujer.  La  vida está en otra parte.

Autor Lunes, junio 20, 2016 0 Permalink 0

Autoestima-mujer-femenina-sugerencias-consejos

“Nunca sabremos por qué irritamos a la gente, que es lo que nos hace simpáticos, qué es lo que nos hace ridículos; nuestra propia imagen es nuestro mayor misterio Milan Kundera

Siempre hemos sabido, yo la primera, que la autoestima femenina se mueve, casi siempre, por la cuerda floja de la vida. Cierto que somos grandes, fuertes, maternalmente poderosas, inquietas, pero en ocasiones nos falta la osadía necesaria para querernos un poco más. La osadía precisa que nos haga centrarnos en lo que somos, en nuestros logros, en nuestras luces. El valor que nos permita amarnos por hacer lo correcto, sin esperar que la mirada ajena nos aplauda o nos silbe.

¿Qué es la autoestima?

Es una especie de cajón de sastre donde cabe todo lo relacionado con el amor a uno mismo. Podía resumirse como: la valoración que tenemos sobre lo que pensamos de nosotros, algo esencial para la supervivencia psicológica, la forma en la que nos percibimos, ya sea en nuestra forma de ser o nuestro cuerpo. Un juicio sobre nuestra propia competencia y valía personal.

Hay un par de cosillas a tener en cuenta para conjurar el fantasma de la culpabilidad,  esa especie de desafecto que a veces nos define y nos acompaña como una sombra velada. Conocer de donde partimos nos lleva a situarnos en una realidad más benévola, más certera.

  1. La autoestima es un asunto social. Las mujeres partimos de una valoración social inferior respecto a los hombres. Es frecuente que la baja autoestima se dé en mujeres que han crecido en familias con roles rígidos y tradicionales. La socialización masculina enfatiza la autonomía, la autoconfianza y la independencia. La femenina sigue promoviendo la expresión emocional, la búsqueda de la intimidad y la independencia.
  1. La pérdida de autoestima que se sufre en la adolescencia, la madre de todos nuestros desvelos, es más dramática y duradera para los chicos que para las chicas. Donde se aprecia la diferencia entre ambos sexos es en el ámbito de hacer cosas. Las chicas se sienten menos competentes en muchas áreas. Hay que tener en cuenta que nuestras habilidades, nuestras competencias tienen valor para la supervivencia, para el hecho de estar preparado en la vida. Por ejemplo se sabe que en las clases, los chicos hablan e interaccionan más, manifestándose más autoafirmativos que las chicas. Las chicas reciben elogios por su aspecto físico. Al preguntarles que rasgo de ellas valoran más, nombran uno físico. En cambio, los chicos muestran un talento como rasgo positivo de sí mismos.

“Ser flexible es ser capaz de tomarse el pelo uno mismo y que la autoestima se muera de la risa” Walter Riso

Y es que a veces somos demasiado rígidas, perfeccionistas, exigentes con nosotras mismas. Al poner el listón tan alto, nunca, ni siquiera conceptualmente, podemos llegar. Creo que es importante recordar de vez en cuando que la perfección es un concepto, una teoría, nunca una realidad. Nosotras somos pura artesanía y como tal, maravillosamente imperfectas, únicas.

“Bailaban juntos en medio del salón los dos solos; y Xavier vio que la mujer tenía el cuello maravillosamente marchito, la piel alrededor de los ojos maravillosamente ajada y que alrededor de su boca había dos maravillosas y profundas arrugas, y se sintió feliz de tener entre sus brazos tantos años de vida, de tener él, un estudiante, entre sus brazos, una vida casi completa”  La vida está en otra parte. Milan Kundera

 

¿Qué podemos hacer para querernos un poco más?

Os dejo algunas sugerencias. No hay recetas mágicas, como no hay verdades absolutas, solo ideas que a otros han servido y os pueden ayudar.

  1. Recupera tus logros y aprendizajes. Mira atrás y haz un listado con todo lo que has logrado, a nivel personal, social, laboral. Desde que eres niña, recuerda, has alcanzado muchas metas.
  2. No te compares con nadie. Eres única, absolutamente única y genial. No tiene sentido las comparaciones porque eres distinta. Has vivido circunstancias, entornos y con personas diferentes a todos aquellos con los que a veces te comparas, nos comparamos. Posees talentos y destrezas únicas.
  3. Centra tu atención en lo que eres, no en lo que tienes. Tu valor como persona depende del verbo ser. Depende de tu inteligencia, tu bondad, tu esencia. Los objetos materiales, títulos académicos, brillo social…es secundario, siempre es secundario.
  4. Haz cosas que te gusten. Es bueno hacer una lista de cositas que nos hacen sentir bien, todos los días haz alguna de ellas.
  5. Enfócate en tus cualidades positivas. Al igual que ante un precioso vestido, si aparece una mancha, está es la que más se ve, a nosotras nos pasa lo mismo, queremos ser tan perfectas que sólo nos fijamos en nuestras manchas. Dirige tu atención hacia los aspectos más positivos de tu vida. Aquello en lo que centras tú atención tiende a hacerse más grande.
  6. Valórate tú misma, no esperes a que te valoren desde fuera. Siéntete orgullosa de ti, de tus logros. Eres la persona más importante de tu vida. si no te valoras a ti misma, no te valoraran los demás.

 

Os dejo con un precioso poema de Gioconda Belli. Cuidaros.

Y Dios me Hizo Mujer

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

 

Gioconda Belli

 

 

 

 

Plan de parto y nacimiento. Las palabras andantes

Autor Miércoles, junio 1, 2016 0 No tags Permalink 0

 

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”  Eduardo Galeano.

Plan de parto, término acuñado por Sheila Kitzinger  en 1980 en Estados Unidos, un término que los países anglosajones utilizaron para exigir un parto lo menos medicalizado posible.

Mucho ha llovido desde entonces y ahí vamos. A trompicones, pasito a paso. Como Penélope, tejiendo y destejiendo lo acordado.

El objetivo del mismo era facilitar un ambiente de confianza entre el equipo sanitario y la gestante. Como siempre ¡Qué lejos caminan la teoría de la práctica! ¿Por qué digo esto? En la mayoría de casos, se consigue el efecto contrario; despertar la hostilidad de ginecólogos y matronas que no aceptan que  “alguien” les diga lo que deben hacer, o en este caso, lo que no deben hacer.

Después de todo, lo que refleja este documento son las practicas respaldadas por la evidencia científica, como son: inicio espontaneo, elección de la postura en la dilatación y en el parto,  no recibir intervenciones sistematizadas,  posibilitar la ingesta de líquidos, contar con apoyo emocional y físico, facilitar una postura adecuada en el parto y no separar al recién nacido de su madre.

Además de la reticencia de los profesionales aparecen otras dificultades. Y es que a veces lo que deseamos no puede ser.

Es como la vida misma. Planeamos tantas cosas que luego no salen. Y de pronto debemos improvisar, arreglar las expectativas rotas, coser las ilusiones descosidas por esa realidad que nunca controlamos y que creemos, con nuestra bendita ingenuidad, que podemos hacerlo.

He visto planes cargados de sueños, tan irreales como tiernos. Mujeres que junto a poder levantarse,  añaden entre paréntesis, como una tímida súplica, la palabra epidural.

Hay un momento  en el que las mujeres me muestran  sus planes de parto, orgullosas, desafiantes y sé con toda certeza que no podrán llevarlos a cabo.  Son embarazadas que aún andan por  la fase prodrómica ( No ha empezado el parto, apenas llegan a los 2cm de dilatación) y ya se encuentras doloridas, cansadas, tibiamente desesperadas.

Lo curioso, lo triste, es esa información deformada,  esas palabras andantes mal explicadas, mal comprendidas.   Les pregunto quién les ha ayudado a rellenar, completar  su plan de parto  y, volvemos a lo de siempre; personal no cualificado.

Y es que la dichosa administración,  ignora  que el vínculo más directo con las mujeres se establece en atención primaria, lugar donde la mujer y su pareja, deberían recibir toda la información necesaria. Difícil.  Ellos se desentienden de los más débiles,  los más vulnerables y creen que cualquier profesional está preparado.  Esta  tierra del sur junto al mar, brilla por su ausencia de matronas en sus centros de salud. Pobres, así les va a muchas  madres.

 “Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominará. Que todas esas historias son puras mentiras que Adán contó a la prensa” Eduardo Galeano

¿Qué dice la evidencia de los planes de parto?

Al parecer  correlaciona positivamente aportar un plan de  nacimiento con el aumento del contacto piel con piel.  Será  porque  conllevan más partos eutócicos (partos normales, sin el uso de instrumental)  al no utilizar la anestesia epidural  y, no necesitar  separar al bebé nada más nacer para que lo valore el pediatra.

Un estudio realizado en el hospital clínico universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia en 2011-2012, encontraron un porcentaje del 2,6% de mujeres que habían presentado un plan de parto y nacimiento.  Algo es algo. Incluso el camino más largo, comienza con un primer paso.

También hay que tener en cuenta sus pequeños inconvenientes.  No todo es de color rosa. Cuando una mujer se siente segura al realizar un plan de parto, aumenta su confianza. Confianza que puede venirse  abajo, como un castillo de naipes,  si no se cumplen sus expectativas, pudiendo ocasionar una pérdida de autoestima o una indefensión aprendida.

Recuerdo  a una asombrosa mujer, botando sobre su pelota, escuchando música en su mp3 y repitiéndose consignas; venga valiente! Tu puedes!! Adelante.  Tuvo una preciosa niña de casi cuatro kilos. Habrán pasado seis años desde entonces y la recuerdo con mucho cariño. Estés donde estés, N. te felicito de nuevo.

Aquí os dejo varios enlaces que seguro os serán de utilidad. Cuidaros.

http://www.scielo.br/scielo.php?pid=S0104-11692015000300520&script=sci_arttext&tlng=es

http://www.federacion-matronas.org/revista/matronas-profesion/sumarios/i/14426/173/el-plan-de-parto-a-debate-que-sabemos-de-el

http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/equidad/planPartoNacimiento.pdf

 

Las palabras andantes.
Escrito en un muro de Montevideo: Nada en vano. Todo en vino.
También en Montevideo: Las vírgenes tienen muchas navidades, pero ninguna nochebuena.
En Buenos Aires: Tengo ambre, ya me comí la h.
También en Buenos Aires: ¡Resucitaremos aunque nos cueste la vida!
En Quito: Cuando teníamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas.
En México: Salario mínimo para el presidente, para que vea lo que se siente.
En Lima: No queremos sobrevivir. Queremos vivir.
En La Habana: Todo se puede bailar.
En Río de Janeiro: Quien tiene miedo de vivir, no nace.  

Eduardo Galeano

Día internacional de la matrona. Gracias

Autor Jueves, mayo 5, 2016 2 No tags Permalink 0

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“Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”. Gabriel García Márquez

Hoy quiero dar las gracias a las madres. Sin ellas no seríamos nadie y gracias a ella, somos todo.

Hoy es nuestro día internacional, cuentan. Vienen a mí el recuerdo, la voz, el rostro de gentes que han hecho de esta profesión un lugar grande, inmenso, poblado de estrellas y aguaceros, de aciertos y desaciertos. No somos perfectas. Sí, porque todo aquello que nos configura como profesionales, lo bueno y no tan bueno, también es nuestro.

Gracias a las mujeres que se acercan, tímidas, curiosas, a buscar un consejo, a recibir un cuidado, a escuchar una palabra, una frase de ánimo que les alivie los temores y les haga saber que todo irá bien, que no hay madres buenas o malas, que todas son madres estupendas, que lo que importa es lo que se intenta, el amor. Lo demás es como lluvia con tierra.

Gracias a nuestras residentes de matronas, entrañables personajes, por esa sensibilidad que las hace únicas, especiales. Gracias a ellas he aprendido tanto!!

Gracias a todos aquellos, visibles e invisibles,  que habéis hecho reinventarnos, reciclarnos, crecer, aprender, soñar con tener algún día una vida propia, independiente.

“El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad Ana María Matute

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Gracias a las personas, a las mujeres que nos presionan a ser mejores, a hilvanar la evidencia con la práctica, que hacen suyas nuestras reivindicaciones, que están ahí, a nuestro lado.

Gracias a los compañeros que día a día están luchando porque nos dejen ocupar el lugar que nos corresponde, un lugar donde las mujeres, madres y sus hijos se sientan seguras, acogidas, cuidadas.

Gracias a las compañeras formadas en otro país, que nos muestran otra mirada, otra práctica. Sigo pensando lo que un día escribí; de mayor quiero ser midwife.

Gracias a las madres fuertes, grandes, asombrosas, cuyos hijos se convirtieron en ángeles antes de nacer.

Gracias a los compañeros, auxiliares, enfermeras, celadoras, jefas, limpiadoras y como no, nuestros queridos ginecólogos. Sin todos vosotros nuestro trabajo estaría huérfano.

Gracias a la ONG  amref cuyo programa de formación de matronas en África es  una bendita realidad.

Y en general gracias a las buenas gentes que nos ayudan a parirnos a nosotras mismas una y otra vez, que nos ayudan a conjugar nuestros queridos verbos; construir, acompañar, silenciar, ofrecer, soportar, sostener, calmar y sobre todo, animar.  Animar y seguir una y mil veces por encima del miedo, del desánimo, los profesionales defensivos, la desinformación, la ansiedad, las palabras gastadas, el abandono institucional, los esposos fiscales, las desconfiadas abuelas, el cansancio, los gestos contenidos, la impaciencia, el dolor.

Resumiendo; porque no seriamos quienes somos y quien queremos ser sin todos vosotros,  porque  nos necesitáis y os necesitamos. Gracias.

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“Pensando sobre lo que podía decir hoy, he decidido compartir con ustedes algunos de mis pensamientos sobre los problemas comunes con los que todos nosotros, como miembros de la familia humana, nos enfrentamos. Puesto que todos compartimos este pequeño planeta, tenemos que aprender a vivir en armonía y paz entre nosotros y con la naturaleza. Esto no es solamente un sueño, si no una necesidad. Dependemos los unos de los otros en tantas cosas que ya no podemos vivir en comunidades aisladas, ignorando lo que ocurre fuera de ellas. Cuando nos encontramos con dificultades necesitamos ayudarnos los unos a los otros, y debemos compartir la buena fortuna que gozamos. Les hablo solamente como otro ser humano, como un sencillo monje. Si encuentran útil lo que digo, espero que intenten practicarlo”   Dalai  Lama

Buena madre, mala madre. El baile de los adjetivos

Autor Miércoles, abril 20, 2016 0 Permalink 0

 

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Mi suegra, mi hermana y hasta mi mejor amiga creen que soy una mala madre. No lo dicen, no hace falta. Noto sus miradas acusadoras cuando les hablo de mi pequeño de año y medio  durmiendo en nuestra cama, de los potitos que le gustan, de la guardería donde come, del parque infantil al que va con su padre, de la comida que compro, de mi trabajo, de la asistenta, del fin de semana que me fui con mis compañeras y cosas de esas. He decidido hablar poco, alejarme de ellas y vivir mi vida, pero están ahí. Son su abuela, su tía, su madrina.  Nunca seré como ellas, lo sé, sufridoras y anegadas madres. Tampoco se si quiero serlo. Estoy criando a mi hijo lo mejor puedo, sin embargo, no me siento bien.

Estas fueron las palabras, inquietas,  de una madre que precisaba ayuda psicológica. Una mujer agobiada ante la creencia de no ser una buena madre. Le faltaba el aplauso, la palmada en el hombro de su círculo más cercano. Recuerdo que me llamó la atención que a pesar del apoyo incondicional de su pareja en todo, sentía que su grupo de iguales, su madre, su hermana y amiga, todas mujeres, todas madres, le recriminaran cada frontera que cruzaba. Aunque creo que lo que más le reprochaban era que no tuviera interiorizada la idea de que ser madre es un tremendo y constante sacrificio.

Para su círculo más cercano, ella debería ser esa  madre omnipresente, generosa y resignada. Ama de casa segura, discreta y sufrida en aras del bienestar familiar. Ficción maternal imaginaria.

“Que poco se requiere para desviar la vida en determinada dirección”  I. Nemirovsky

Hace unos meses volví a verla, embarazada de su segunda hija. Feliz, satisfecha con su vida, imperfecta y grandiosa. Como todas las madres.

Debido a la imagen dual que todos llevamos dentro, las madres se mueven en polos opuestos. La bruja malvada, egoísta y perversa o el hada buena, perfecta y virtuosa. Figuras literarias. Nada más lejos de la realidad.

No hay malas o buenas madres. Una historia cuenta lo siguiente: Le preguntaron a una niña, si los malos fueron negros y los buenos fueran blancos ¿de qué color serías? A rayas.

En la red, en las librerías, en el cine, proliferan los clubs más diversos sobre la maternidad. El club de las madres imperfectas, solteras, cabreadas, novatas, madres felices, malas madres. Toda una tipología de mujeres que colorea el mapa de las etiquetas maternales, con humor y con ironía. Riéndose de sí mismas y de esa vida real tan alejada de la teoría, de las expectativas. Todo para alejar al fantasma de la culpa, para alejar lo más lejos posible la idea de que después de ser madre, nada volverá a ser igual. Ay, la culpa. Una palabra enormemente femenina.

Una madre, acertada, correcta, razonable, sensata, buena… es una persona que busca superarse, sin precisar medallas que le hagan  sentirse fuerte, frágil, poderosa, grande, única.

Ser madre es estar permanentemente en danza. Adelante y hacia atrás. A veces, el cansancio, nuestro alto nivel de autoexigencia y nuestras elevadas expectativas, nos hacen perder el ritmo y sin querer pisamos al compañero o nos salimos de la pista. No importa, sonreímos y vuelta a empezar. Como siempre, con mucho humor y mucha filosofía.

“El mundo está regido por leyes que no se han hecho ni para nosotros ni contra nosotros.”  Irene Nemirovsky

¿Qué es lo que importa cuando se es madre? lo que intentamos. Porque muchos de nuestros logros, acertados o no, no dependen de nosotros. La maternidad es el mayor experimento  de nuestras vidas, con miles de variables incontrolables. Podemos minimizar el impacto de dichas variables, nada más. Por ello, estoy convencida que lo esencial es lo que intentamos.

Para todas vosotras, Feliz día de la madre. Un besazo compañeras de aciertos y desaciertos.

 *  http://clubdemalasmadres.com/

*  http://elclubdelasmadresfelices.com/

Un baile… Dios mío, Dios mío, ¿sería posible que hubiera, a dos pasos de ella, una cosa espléndida que ella imaginaba vagamente como una mezcla confusa de música frenética, perfumes embriagadores, trajes deslumbrantes y palabras de amor cuchicheadas en un gabinete apartado, oscuro y fresco como una alcoba… y que ella estuviera acostada, como todas las noches, a las nueve, como un bebé…? Quizá los hombres que supieran que los Kampf tenían una hija preguntarían por ella; y su madre respondería con una de sus odiosas risitas: «Oh, hace rato que duerme, claro…»

El Baile ”  Irene  Nemirosvky

Nuevos Padres, nuevos hombres.

Autor Lunes, abril 4, 2016 0 Permalink 0

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“Todos necesitamos alguna vez un cómplice
alguien que nos ayude a usar el corazón”. Mario Benedetti.

Las mujeres del siglo XXI reclaman a sus compañeros mayor complicidad emocional,  más comunicación, reparto igualitario de tareas y compartir los cuidados del bebé.  Hoy en día la implicación del padre en los cuidados de los hijos parece hasta natural. Ni siquiera se cuestiona. Claro que sobre el papel todo es armónico, como un bello concierto, hasta que la realidad desafina y nos despierta de esa dulce utopía.

Tradicionalmente en su relación con las mujeres se han situado en un plano superior o un en un nivel de dependencia sentimental. Nunca en relaciones de igualdad. Los tiempos cambian, sin embargo a muchos hombres les cuesta relacionarse igualitariamente con su pareja porque los espacios masculinos (trabajo, deportes, ocio…) siguen siendo competitivos y jerárquicos.

Educados para reprimir sus emociones, el modelo de relación aprendido de dominación-sumisión no es válido en el siglo actual. De pronto se hallan perdidos, a la deriva en un mundo de exigencias igualitarias, donde la autoridad del padre de familia, por suerte, ya no es sagrada. Hoy el respeto se gana, no se impone.

Estos padres igualitarios o padres cuidadores sienten una profunda soledad. Carecen de referencias en las que mirarse. Sin modelos sociales, sin aplausos familiares sienten que pisan un terreno de arenas movedizas por el que no saben bien cómo moverse.

Los nuevos varones felicitan a la mujer el 8 de marzo, las ensalzan, valoran y  apoyan sus reivindicaciones. Sin embargo siguen ayudando en las tareas domésticas sin asumirlas como propias, evaden obligaciones con la excusa de la torpeza masculina o la ignorancia, lavan el coche pero no los baños…

Claro que configurar esta nueva identidad no debe ser fácil. Aprender a construir una paternidad sin patriarcado, auto modelarse, reconstruirse social y personalmente en un mundo tan cambiante debe suponer un tremendo esfuerzo.

Resulta curioso y loable descubrir cómo algunos padres se han unido para revindicar  estructuras más limpias, sanas e igualitarias en las relaciones personales y familiares. Como muestra os dejo algunos enlaces de asociaciones y grupos de hombres que defienden y luchan por una nueva forma de pensar y relacionarse.

http://www.siloshombreshablasen.es/ Hacia un nuevo paradigma de paternidad y masculinidad.

http://www.ahige.org/: Todo hombre es una revolución pendiente, reza el slogan de la web de la asociación de hombres por la igualdad de género: AHIGE

http://men-care.org/ Una organización en más de 50 países que promueve la involucración de los padres en la crianza.

Felicito a estos hombres que quieren y han optado por disfrutar de la crianza, del hogar, a pesar de las presiones, inevitables, del entorno social. Ayer mismo, una abuela regañaba a su yerno por cambiarle el pañal a su bebé, con lo torpes que sois los hombres, déjame, anda.

Y es que nos guste o no, debo admitir que el discurso machista escampa a sus anchas también entre las mujeres. Podía justificarlo por la edad o la educación recibida, pero lo triste es que  también lo escucho en mujeres jóvenes.

Por suerte se van dando pasos poco a poco, a pesar de los pesares.

Hace unos meses, hablando con una pareja sobre los nuevos padres y su implicación en la crianza, el hombre confesó lo duro que fue para él el cuidado de su primer hijo. Su familia quería que él siguiera con el tradicional rol de hombre y dejara de hacer cosas de “mujeres”. Cuando su hijo cumplió tres meses su mujer le regaló el poema de Mario Benedetti, no te rindas, enmarcadado en un pequeño marco de madera blanca. No te puedes imaginar lo que lloré leyéndolo, aún me emociono al recordarlo. Me ayudó muchísimo. Claro que eso no se lo conté a nadie. Tampoco hacía falta. Solo lo sabíamos ella y yo.

Para estos nuevos hombres, nuevos padres, mi pequeño homenaje en forma de este valioso poema de un hombre excepcional.

http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201603/26/enrique-arranz-catedratico-psicologia-20160319002334-v.html

 

NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

MARIO BENEDETTI