Ser madre, ser persona

Autor Lunes, junio 26, 2017 0 No tags Permalink 0

 

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“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”, Mahatma Gandhi.

Hoy voy a hablar de lo  que significa ser madre.

Ser madre es intentar hacer las cosas lo mejor posible, al margen de los resultados. ¿Acaso un atleta que no gana una medalla de oro es peor que aquel que sí la ha ganado? La gente es grande por lo que supera, no por lo que logra.

En realidad ser madre solo trata de una cosa: del amor; aunque tristemente también añadiría otra palabra: la culpa. He conocido ancianas que han llevado consigo durante toda una vida el torpe pensamiento de creer que no han sido buenas madres. Nos creemos culpables de todo lo triste que le sucede a nuestro hijo, desde sus enfermedades hasta de las elecciones que hagan en la vida cuando sean adultos. ¿Cómo es posible?

Con el tiempo acepté que querer controlarlo todo es como ponerle puertas al campo. Permanecer abierta a todo lo que saliera a mi encuentro era más que suficiente. Ser madre es admitir que todos, absolutamente todas las personas somos maravillosamente imperfectas. Es abrazar nuestra fragilidad de seres vulnerables, descubrir que las habilidades maternales se aprenden con el tiempo y que la madre naturaleza, nuestros genes, solo nos regala el instinto de protección. El resto, como cualquier oficio, es un aprendizaje continuo.

 

Cuidar a otros nos hace grandes, inmensas, cierto. Sin embargo, no hay que idealizar la maternidad, ni subirla al olimpo de los dioses. Ni la vida ni los hijos son de color rosa ni azul cielo, son como nosotros: impredecibles y complejos. Toda una aventura, todo un desconcierto.

Por lo general buscamos aquello que no existe; la dichosa perfección. Decía con mucha razón Mario Benedetti: “La perfección es una pulida colección de errores”.  He necesitado muchos años para dejar volar la eterna duda de si he sido y soy buena madre. Miro atrás y me veo tan ingenua recordando aquel tiempo… Las normas implantadas como si fueran dogmas, los consejos  seguidos al pie de la letra, el sólido armazón de lo que yo pensaba que era una maternidad perfecta. Qué inocente fui complicando lo sencillo.

Ser madre es no entender nada, amar lo que haces sin preguntas y, lo más asombroso, sin respuestas. Y es que hay momentos en los que literalmente bebes la vida, instantes fugaces de una plenitud conmovedora que nada tiene que ver con los miles de pájaros que la dichosa sociedad ha puesto en nuestras cabezas.

Hay días en que la fe en ti misma desaparece, que todo se nos escurre entre los dedos sin saber cómo, días en los que las tormentas pueblan nuestro mapa sin cesar. En otros, por el contrario, parece que la belleza del mundo entero habitará nuestro hogar eternamente. Sueños. Cuando los niños duermen y el silencio de la noche entra en tu hogar con nuestras cosas a medias, nuestro desorden medio ordenado, nuestras listas de tareas no terminadas, nos encontramos con la mujer, con la persona: fuerte, débil, delicadamente poderosa.

Querer estar a la altura de las expectativas sociales, familiares, personales es querer tocar las estrellas, nos quemarían las manos. Lo esencial eres tú, tus creencias,   tú conciencia. Y es que a veces miramos desde una altura tan alta que todo, absolutamente todo, se confunde.

¿Qué hacer cuando surgen las dudas?

Tomar aire y respirar despacio. Abrir los pliegues del alma y dejar allí acunado vuestro quehacer diario, vuestro impagable esfuerzo, vuestra colosal paciencia y sobre todo ese amor infinito que nunca imaginasteis poseer. Sentir vuestro ese paisaje recién conquistado; ese espacio sagrado entre la niñez y la madurez llamado maternidad.

Porque, después de todo, lo que realmente importa es amar lo cotidiano, nuestras lunas y nuestros soles, de eso trata ser madre, ser persona. Las palabras, los conceptos, las opiniones ajenas son solo pájaros en el cielo que debemos dejar volar y volar. Igual que ellos algún día volaran.

 

“Madre, ha llegado la hora de que me vaya. Me voy.

Cuando la oscuridad palidezca y dé paso al alba solitaria, cuando desde tu lecho tenderás los brazos hacia tu hijo, yo te diré: ‘El niño ya no está’. Me voy, madre.

Me convertiré en un leve soplo de aire y te acariciaré; cuando te bañes, seré las pequeñas ondas del agua y te cubriré incesantemente de besos.

Cuando, en las noches de tormenta, la lluvia susurrará sobre las hojas, oirás mis murmullos desde tu lecho, y de pronto, con el relámpago, mi risa cruzará tu ventana y estallará en tu estancia.

Si no puedes dormirte hasta muy tarde, pensando siempre en tu niño, te cantaré desde las estrellas: ‘Duerme, madre, duerme’.

Me deslizaré a lo largo de los rayos de la luna hasta llegar a tu cama, y me echaré sobre tu pecho mientras duermas.

Me convertiré en ensueño, y por la estrecha rendija de tus párpados descenderé hasta lo más profundo de tu reposo. Te despertarás sobresaltada y mientras mires a tu alrededor huiré en un momento, como una libélula.

En la gran fiesta de Puja, cuando los niños de los vecinos vengan a jugar en nuestro jardín, yo me convertiré en la música de las flautas y palpitaré en tu corazón durante todo el día.

Llegará mi tía, cargada de regalos, y te preguntará: ‘Hermana, ¿dónde está el niño?’. Y tú, madre, le contestarás dulcemente: ‘Está en las niñas de mis ojos, está en mi cuerpo, está en mi alma’.

Rabindranath Tagore

Ser Matrona. Defender la alegría

Autor Lunes, mayo 8, 2017 0 No tags Permalink 0

 

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“Amar a la vida a través del trabajo es intimar con el más recóndito secreto de la vida”.  Khalil Gibran

¿Qué es ser matrona?

Una bendita profesión.

Creo que ningún otro oficio resume el misterio de la existencia como el ser matrona. La incertidumbre que supone un embarazo desde el principio, hasta nueve lunas más tarde, se asemeja a vivir.

¿Qué verbos nos definen? Por poner algunos; acompañar, proteger, silenciar, ayudar, animar, apoyar, guiar, informar, dirigir, empoderar, reforzar, sostener y un largo etcétera de palabras aún no inventadas.

¿Cómo nombrar esa complicidad que se forma entre la matrona y la mujer? ¿Cercanía, sensibilidad, empatía, firmeza, ternura? Todo y nada. La vida desnuda, compleja y sencilla, con su cruda y delicada realidad.

A veces se forma un nudo en la garganta y tarda tiempo en deshacerse. Y te estalla como una lluvia de estrellas el llanto emocionado, imparable de los hombres, padres que miran conmovidos a sus hijos entre lágrimas que tratan de frenar.

Por supuesto, es una profesión, un trabajo con sus días luminosos y sus días grises. Con turnos agotadores y horas adorables. Como el tiempo, como las gentes; hay de todo. Un oficio que, a pesar de celebrar la vida, en ocasiones vivimos la adversidad, cuando acompañamos a una madre, a unos padres, a decir adiós a su hijo antes de haber dicho hola.

“Cada aliento que tomamos, cada paso que damos, puede ser completado con paz, alegría y serenidad”, Thich Nhat Hanh.

 

¿Cómo nos ven los demás?

Las encuestas hablan de un desconocimiento de nuestra formación; cinco años de estudio equivalente a una licenciatura; de nuestro ámbito de actuación, nos encuadran en hospitales y maternidades; y nuestras funciones, ayudantes del tocólogo con escasa independencia.

Resulta curioso y hasta desalentador que la población en general no sepa que cuidamos de la mujer en todas las fases de su vida reproductiva y sexual. Atendemos embarazos, partos, puerperios, lactancia, recién nacidos. Llevamos a cabo programas en adolescentes, jóvenes, mujeres en la menopausia. En general estamos preparadas y formadas para un sinfín de actividades que la dichosa administración no nos deja realizar.

Una vez un señor, el padre de una gestante, dijo que le recordábamos a los sherpas.  Es posible. De alguna manera también nosotras conocemos el terreno, planificamos, coordinamos, dirigimos. Al igual que ellos, poseemos una personalidad fuerte, una excepcional sensibilidad, trabajamos en equipo, somos realistas, sabemos gestionar la presión y no dejamos de aprender nunca.

Decir matronas o comadronas evoca una cierta imagen de mujer potente, decidida, corpulenta, fuerte, entre misteriosa y amenazante. Hay mucha literatura sobre ello. Probablemente tenga su origen muchos siglos atrás, cuando se nos llamaba obstetrix, que significa “mujer que está al lado de la parturienta y le ayuda”. De hecho, la palabra matrona estaba rodeada de un halo de autoridad, era la mujer que trasmitía los valores de la sociedad en la Antigua Roma.

Creo que en la actualidad proyectamos un modelo diferente. Tenemos un cierto perfil de inmediatez, cercanía. Habitamos un lugar donde se anuda la paciencia con la fortaleza, la sumisión con la rebeldía, la serenidad con la pasión y sobre todo una tímida resistencia por ocupar nuestro sitio, lograr esa independencia, reconocimiento y fuerza que nuestra profesión goza en otros países de Europa. Utopías, queridas utopías.

“La vida es mucho más pequeña que los sueños”, Rosa Montero

Lamentablemente, la Administración nos valora poco. Nos tiene con las manos atadas, dejando a la deriva a miles de mujeres, gestantes, madres sin la atención precisa, idónea. Sin matronas en los Centros de Salud. Hablo del sur oriental, mi querido Mediterráneo. ¿Por qué? Me lo preguntan tantas veces las gentes de aquí, que ya no sé qué contestar. ¿Por ser féminas?, ¿porque la maternidad es un acto fisiológico? ¿Porque no alzan la voz? Sea lo que sea, se vive como una triste y desoladora realidad.

Por suerte, cada vez hay más y más compañeras luchando por lo que de verdad importa; cuidar a los más débiles, visibilizar la maternidad. En general me siento afortunada y orgullosa de esta bendita profesión y la defiendo como quien defiende la alegría. Por muchos años vividos con ella, soy su eterna aprendiz, experta en nada.

 

Defender la alegría

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

 

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

 

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

 

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

 

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría.

 

Mario Benedetti

Fases del parto. Sentido y Sensibilidad

Autor Lunes, abril 10, 2017 0 No tags Permalink 0

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“Las personas cambian tanto que siempre hay algo nuevo que descubrir en ellas”  Jane Austen

Empecemos por afirmar que hay tantos tipos de partos como mujeres que dan a luz y sin embargo  todas comparten unas características en común.  Hoy voy hablar de ello, de partos naturales sin epidural.

Por regla general se suele hablar de tres fases hasta la salida del bebé: pródromos o fase latente, dilatación y expulsivo. Cierto, pero yo añadiría una cuarta, entre la dilatación y el expulsivo; fase de transición.

A lo largo de los años he visto que un parto se asemeja a una historia, con su inicio, su nudo y su desenlace. Aunque realmente, yo las compararía con las fases de la vida.

Observé y registré muchas de estas observaciones,  que aparecen abajo, cuando trabajé en mi novela, El parto de Clara.

Ahí tenemos la niñez, ingenua, feliz, ilusionada queriendo ser mayor, igual que la fase prodrómica (0 a 3-4 cm) con su inocente seguridad, su explosión repentina de energía, su expresividad.

Después encontramos la adolescencia, rebelde, inconformista como la etapa  de dilatación (4 a 7 cm) y su incipiente  ansiedad.  Ella se muestra más callada, reservada, introvertida, desconcertada.

La fase de transición (desde los 7-8  cm hasta 10 e inicio del descenso de la cabeza) con su búsqueda de apoyo y su desinhibida conducta se parece mucho a la juventud.  En esta etapa es donde ella se siente más fuerte y valiente. Es el momento más difícil e inestable y el de menor duración.

Después, como la vida misma, aparece una etapa de desaceleración. Aquí la mujer puede quedarse dormida o en estado de quietud. Puede durar entre 10 y 20 minutos.

Y llegamos a la madurez donde, por regla general, sabemos lo que queremos hacer, aunque a veces luchemos contra ello, igual que el periodo expulsivo. Aquí la mujer se siente útil, puede ayudar, quiere y necesita empujar. Por fin conocerá a su hijo.

En resumen, un vaivén emocional de sentimientos, pensamientos y actos inigualables. Jamás vivirá una experiencia similar en la que en tan breve espacio de tiempo, horas, pase por esa montaña rusa tan especial.

“La sabiduría es mejor que el ingenio y, a la larga, sin duda, tendrá la risa de su lado” Jane Austen

FASE LATENTE (1-4 CM)    
Conductas observables Dinámica uterina Cambios psicológicos
– Explosión repentina de energía 24-48 h. antes

– Pérdida de peso, entre 0,5 y 1,5 kg. debido a un cambio de electrolitos

– Diarrea, indigestión, náuseas, vómitos antes del comienzo

– Comunicativa y  receptiva al ambiente

– Concentrada en sus cuidadores

– Las contracciones duran entre 30-40” y se producen cada 5-10´

– Comienzan en la zona baja de la espalda

– Se irradian hacia los lados del abdomen

– El dolor no se alivia al caminar e incluso se intensifica al andar

– Se produce un acortamiento gradual de los intervalos

 

– Se muestra entusiasmada, habladora, sonriente,    con ganas de conversar

– Puede estar relajada, excitada o ansiosa

– Manifiesta felicidad y ganas de que el parto avance.

– Muestra necesidad de independencia al hacerse cargo de su propias necesidades corporales

– Busca información

 

FASE ACTIVA (4-7 CM)    
Conductas   observables Características  Cambios psicológicos
– Aumento de la fatiga, cansancio

– Pueden aparecer signos de hiperventilación (hormigueos, adormecimiento de labios, dedos, mareos, fotopsias y espasmo capro-pedal)

– Busca el contacto físico de su acompañante

– Busca el contacto visual

– Puede producir sonidos guturales y suspiros

– Dolor en la zona abdominal inferior, región lumbar inferior y sacro superior

– Contracciones cada 4´ y con una duración de 40 a 60”

– Aumento de la duración del acmé de la contracción

– Aumento de la ansiedad

– Miedo a perder el control

-Utilización de diversos mecanismos de afronta-miento

– Expresa miedo al abandono

– Se hace más dependiente porque es menos capaz de satisfacer sus necesidades

– Se vuelve más callada y reservada

– Desea privacidad, silencio, calor, intimidad, oscuridad

 

FASE DE TRANSICIÓN (8-10 CM)    
Conductas  observables Dinámica uterina  Cambios  psicológicos
– Perlas de sudor en el labio superior o en la frente

– Hipo, eructos, náuseas, vómitos

– Temblores o calambres incontrolables en las piernas

– Hiperventilación

– Pies fríos

– Ligera somnolencia entre contracciones

– El acompañante o pareja se impresionan de su conducta y se sienten intimidados

 

– Aumento de la secreción sanguinolenta u salida del opérculo

– Incremento de la presión rectal y necesidad de defecar

– Aumento en la fuerza e intensidad de las con-tracciones

– Las contracciones se producen cada 2-3’ con una duración de 70 a 90”

 

– Se muestra inquieta, irritable, cambia con frecuencia de posición

– Teme quedarse sola,  reclama acompañamiento continuo

– Retraimiento, introspección, cansancio

– Miedo a partirse en dos por la fuerza de las con-tracciones

– Disminución de la percepción de autoeficacia

– Desinhibición

– Puede manifestar conductas irracionales

– Ansiedad

– Rehúye el contacto físico, no quiere hablar

– Extiende la mano y agarra a la persona de apoyo

– Aumento de la sensibilidad al contacto físico

– Dificultad para comprender las instrucciones

– Sensación de desconcierto, frustración y enfado ante las contracciones

– Pide medicación

– Manifiesta ansiedad  a través del  contacto ocular

 

FASE DE EXPULSIVO (Dilatación completa hasta salida del bebé)    
Conductas observables Dinámica uterina Cambios psicológicos
– Su voz se hace más profunda

– El quejido adopta una cualidad más gutural

– Contrae los músculos, resistiéndose a empujar

 

– Contracciones cada 2 o 5´ de 60”

– Fuerte presión y deseos de empujar

– Dolor agudo de intensidad creciente

– Sensación de quemazón cuando el periné se dilata

 

– Pueden sentir pánico, impotencia y sensación de estar fuera de control

– Cierta seguridad y confianza al poder tener una conducta activa.

-Hostilidad manifiesta hacia los acompañantes y/o sensaciones que experimenta.

– Luchan asustadas contra las contracciones

– Sienten que se están desgarrando

-Deseos de ayudar

 

 

 

 

 

 

Un mundo feliz. La igualdad en el espacio doméstico.

Autor Lunes, marzo 6, 2017 0 Permalink 0

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“Saber es relativamente fácil. Querer y obrar de acuerdo a lo que uno quisiera, es siempre más duro” Aldous Huxley

Desde la distancia que dan los años una cree que ciertos conflictos domésticos de pareja se han ido solucionando. No es así.

Hace unos meses, me sorprendió la queja de una madre, profesional independiente, empresaria, respecto al tiempo, desigual, que su pareja y ella dedicaban al espacio doméstico.

Su esposo es un ser adorable, buen padre, buen compañero, buena persona, palabras textuales de ella, que evita, por norma, participar en las tareas del hogar.

Un día tras una bronca enorme le dijo a su compañera: Respecto a mi padre y a mis abuelos, he avanzado muchísimo. No puedes quejarte. Cuido de la pequeña, cambio sus pañales, la saco a pasear, juego con ella, te ayudo en la casa y hasta hago la cena. ¿Qué más quieres?

Pasan los años y la vida sigue igual. El mismo conflicto, distinto escenario. Ellos hablan de echar una mano, aliviar. Ofrecen el verbo ayudar como quien entrega un valioso regalo.

Y en medio de esos pequeños conflictos, silenciados, la sociedad habla de conciliación. Un término que siempre se asocia al tiempo que necesitan las mujeres para cuidar a sus hijos. Qué curioso. A un hombre que triunfa en el terreno profesional nadie le pregunta cómo ha resuelto la conciliación familiar. Son cuestiones que se plantean a las mujeres, nunca a los hombres.

Cambia la estructura social, pero lo esencial no es fácil cambiarlo.

“Cuando le digo a mi marido que no colabora, piensa en sus modelos masculinos precedentes menos cuestionados; entonces te acusa de exigente y se siente incomprendido” (Espacio doméstico: el uso del tiempo).

Es cierto que hay una mayor responsabilidad y compromiso de los padres actuales. Sin embargo, la casa la gestiona, organiza y dirige la mujer. Nos guste o no en el siglo XXI las féminas siguen siendo responsables del espacio privado. A veces por elección, a veces por tradición, a veces por imposición.

Las mujeres invierten más tiempo en las tareas domésticas, mientras ellos  continúan llevando a cabo actividades que reafirman su masculinidad; arreglos caseros, trámites administrativos, etc.

Lo que más energía y tiempo consumen del trabajo doméstico, es el trabajo emocional. Preparar una comida es una tarea doméstica, pero hacerla teniendo en cuenta los gustos, la salud de la otra persona y lograr un buen ambiente en la mesa es un ejemplo de trabajo emocional.

Por otro lado no todo es blanco o negro. No somos  lobos ni corderos.

A nosotras nos cuesta mucho “delegar” cualquier parcela de responsabilidad en el varón. Incluso si les asignamos tareas, en ocasiones, vamos detrás como sargentos para comprobar que todo está hecho correctamente. Bueno, como a nosotras nos gusta.

Una palabra y un concepto nació hace unos años, bella, sorprendente  como nenúfares en un lago; corresponsabilidad. Conlleva que hombres y mujeres se responsabilicen de las tareas domésticas, del cuidado de hijas/os y personas dependientes. Es decir, puedan dedicar su tiempo tanto al trabajo remunerado como al personal y doméstico. Qué bonitas y grandes son algunas palabras, qué perfecta la teoría y qué imperfecta la práctica.

¿Cómo podemos solventar estas distancias?

Acercándonos con el mayor de los afectos. Ellos, dejando a un lado el concepto ayudar y sintiéndose parte de un todo. Nosotras, aprendiendo a delegar, siendo menos exigentes.

«Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo.» Un mundo feliz. Aldoux Husley

Hay un estudio sorprendente que habla de que los hombres que comparten tareas del hogar tienen una vida sexual más satisfactoria.

 “En general, cuanto más tareas domésticas hacen los hombres, más felices están las mujeres”, “Cuando los hombres hacen más tareas en el hogar, la percepción de las mujeres sobre la equidad y la satisfacción matrimonial aumentan, y la pareja atraviesa menos conflictos”  Scott Coltrane, sociólogo de la universidad de Riverside en California.

.Joshua Coleman, psicólogo,  miembro del CCF (Council of Contemporary Families (CCF), organización sin ánimo de lucro dedicada a la investigación de las necesidades de la familia contemporánea) afirma que:

 “Las mujeres dicen sentir más atracción sexual y más afecto hacia sus maridos si participan de las tareas del hogar”

La interpretación más lógica cae por su propio peso; si se reparten los trabajos, habrá más tiempo libre para compartir, estar juntos, disfrutar. Además, el sentimiento de complicidad, compañerismo, igualdad logrará sentirnos mejor con nuestra pareja, con nosotros mismos. Lograr pequeñas utopías, un mundo, unas horas, feliz. Ahí es nada.

http://www.journals.uchicago.edu/doi/abs/10.1086/495326?journalCode=signs

http://www.soledadmurillo.es/articulo/espacio-domestico-el-uso-del-tiempo

 

Una mujer.
Una mujer es la historia de sus actos y pensamientos, de sus células y neuronas, de sus heridas y entusiasmos, de sus amores y desamores.

Una mujer es inevitablemente la historia de su vientre, de las semillas que en él fecundaron, o no lo hicieron, o dejaron de hacerlo, y del momento aquel, el único en que se es diosa.

Una mujer es la historia de lo pequeño, lo trivial, lo cotidiano, la suma de lo callado.

Una mujer es siempre la historia de muchos hombres.

Una mujer es la historia de su pueblo y de su raza. Y es la historia de sus raíces y de su origen, de cada mujer que fue alimentada por la anterior para que ella naciera: una mujer es la historia de su sangre.

Pero también es la historia de una conciencia y de sus luchas interiores.

También una mujer es la historia de su utopía.

Marcela Serrano: “Antigua vida mía” Alfaguara. 1995

 

Allan Schore

Autor Viernes, enero 20, 2017 0 No tags Permalink 0

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“La relación de apego entre la madre y el hijo le da forma, moldea el lado derecho del cerebro del bebé.”

Son conclusiones a las que ha llegado el doctor Allan Schore, profesor del departamento de Psiquiatría y ciencias bio-conductuales de la universidad de UCLA (California, Estados Unidos)

Este hombre de rostro amable y  sonrisa acogedora es todo un pionero en el área de la regulación afectiva. La Asociación Psicoanalítica Americana lo describe como “una figura monumental en los estudios psicoanalíticos y neuropsicoanalítico.”

“Hemos descubierto que el desarrollo temprano del cerebro, en el embarazo como después del nacimiento, tiene efectos en lo que sucede después, no solo en términos de bienestar emocional, sino también en lo referente al desarrollo de desórdenes psiquiátricos.  Durante el primer año de vida no hay comunicación verbal: todo es  emocional.”

Sabemos que el lado izquierdo, que regula el habla, no entra en funcionamiento hasta el segundo año de vida, en cambio, todo lo referente al apego se desarrolla el primer año desde el hemisferio derecho.

“Es el que permite llegar a casa, mirar a los ojos al otro y saber que algo anda mal. Las expresiones faciales, las sonrisas, la tristeza, el tono de voz. Allí está la habilidad de entender el estado emocional, lo que pasa por la mente o las motivaciones que tiene la otra persona. El punto más importante en este sentido es la comunicación no verbal, de cerebro derecho a cerebro derecho, que se da entre la madre y el niño. Al mismo tiempo que esto ocurre, el cerebro del bebé está doblando su tamaño, y en esto incide el apego”

Esta eminencia ha pasado 20 años estudiando la integración de la biología y la psicología. Sus contribuciones aparecen en múltiples disciplinas, incluyendo la neurociencia del desarrollo, la psiquiatría, el psicoanálisis, la psicología del desarrollo, la teoría del apego, los estudios de trauma, la biología del comportamiento, psicología clínica, y el trabajo social clínico.

Le llaman el “Bowlby americano” por su innovadora integración de la neurociencia con la teoría del apego.  Actualmente se le considera  una autoridad mundial en el estudio de como  nuestro hemisferio derecho regula las emociones  y procesa nuestro sentido del yo, así como el mayor experto en el  campo del neopsicoanálisis.

El profesor Allan afirma que la madre es fundamental en la comunicación emocional de los primeros meses de vida.

“El niño necesita ver la expresión exagerada de las emociones de su madre. Los gestos de su cara, el tono y la melodía de su voz en el contacto físico con su hijo. Si el niño está molesto, se  siente irritado o tiene miedo, la madre lo calma. Pero también es capaz de exaltar, reforzar las emociones positivas del niño cuando juega con él, de esta forma aprende, disfruta y se entusiasma”

Que asombrosa es la madre naturaleza. Por eso somos tan dependientes de nuestra madre en los primeros meses. Nuestra respuesta emocional depende de la interrelación que hayamos tenido con nuestra madre durante el primer año de vida. Increíble.

Para el doctor Schore, es esencial mostrar  el afecto abiertamente. Si no lo hacemos, nuestros hijos recibirán una pobre demostración de lo que sentimos y repercutirá en su desarrollo posterior.

“Cuando el niño sea grande, se sentirá incómodo y no expresara abiertamente sus emociones. Entonces se inclinara a usar más su cerebro izquierdo y no el derecho, suprimiendo toda expresión afectiva y sintiéndose incomodo cuando alguien se acerca mucho o evitando momentos de intimidad”

¿Y el padre? El primer año es fundamental la figura materna, ella lo calma. Es a partir del segundo año cuando aumentan los lazos con el padre, que le enseña a explorar, creando un vínculo más enérgico.

“Hoy tenemos evidencia de que la madre realmente da forma al lado derecho del cerebro, pero el padre también incide. Y es más que un efecto psicológico: el crecimiento del cerebro está influido por esas relaciones.”

En resumen, estos hallazgos hablan de la importancia, una vez más, de los afectos y sobre todo, la expresión de los mismos. Y es que todos esos besos, achuchones y palabras que le decimos a nuestros hijos son más que necesarios. ¡Imprescindibles! Imprescindibles para hacer seres grandes capaces de abrazar  y dejarse querer. Ahí es nada. Gracias Allan Schore

http://www.allanschore.com/index.php

http://www.allanschore.com/pdf/SchoreAPAPlenaryFinal09.pdf

http://www.sfgate.com/health/article/The-Baby-Brain-Connection-Armed-with-new-2672397.php#photo-2144922

 

Perder un bebé, hallar una estrella

Autor Jueves, diciembre 29, 2016 0 Permalink 0

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Hace años una mujer, me contó una historia tras la pérdida de su bebé recién nacido. Me vine abajo, derrumbada, como una casa derruida que jamás se levantará. Pasaron los días, las semanas, los meses  y un domingo mi madre, harta de verme con esa tristeza infinita dijo: Escúchame, tu hija ahora es un ángel, una estrella que siempre alumbrará tus noches. Está a tu lado, está en ti. Siempre lo estará.

Y entonces, aquella misma mañana, empecé  a mirar el cielo con otros ojos. No te imaginas la fuerza que me dieron sus palabras. Me ayudó  a reconstruirme, a restaurar el mapa de mis días y de mis noches. Todo lo que emprendía, todo lo que hacía era por ella, para que mi pequeña, mi estrella, se sintiera orgullosa de mí.

Nunca lo he contado. Me daría vergüenza. Han pasado veinte años desde aquella mañana y mi estrella sigue conmigo. La miro todas las noches. La siento cerca, como un ángel, diciéndome que no me enfade porque la pequeña se ha puesto un piercing, que confíe en su hermano y le compre una moto, o que no regañe a mi compañero por sus cositas. 

Me sorprendió escucharla. Por entonces yo no comprendía muy bien el dolor de esta madre y sin embargo ese gesto, pueril, la reanimó, la salvó. Qué curiosos somos los humanos. Lo que nos ayuda a vivir, a levantarnos, a seguir son nimiedades, infantiles creencias, o no, que nos mueven a crecer, a ser mejor.

Hoy gracias a las madres de ALCORA , mujeres que han perdido a sus hijos antes de nacer o a los pocos días, puedo entenderla, aplaudirla, admirarla.

A nosotros, los de fuera, nos cuesta aceptar que estos bebés sigan existiendo y nos preguntamos en silencio ¿Dónde habitan?  Estoy convencida de que viven en un lugar a salvo, en el corazón de sus madres, de sus hermanos, de sus padres, de sus abuelos.

Para mí estas personas son una especie de héroes silenciosos luchando contra un dolor  socialmente invisible, imposible de definir, que arrasa como un vendaval, dejándole el alma en cueros, especialmente en estas fechas, cuando todos recordamos los que siguen con nosotros, los que no están. Y es que la vida nunca es lo que soñamos.

Seres grandes a los que escucho hablar animando a otras madres, padres, abuelos. Me conmueven. Hablan de esperanza, de horizonte, de sueños. Sacan verbos como el mago que saca una paloma de un sombrero. Levantar, sonreír, caer, seguir, luchar, llorar, caminar, construir, alentar. Seres hechos de otra pasta. Cuando nombran a sus bebés sienten su nombre como una cicatriz.

Y aunque el tiempo pasa y dicen que todo lo cura (creo que no hay tiempo que cure el dolor de una perdida, quizás lo ubique, nada más), de tarde en tarde necesitan llorar.

 “Un cielo tan cargado no se despeja sin tormentas” Shakespeare

Esta entrada es  para vosotros. Para desearos  lo mejor en palabras de un poeta, en palabras de estas madres que representan a todas. Mil y un abrazos compañeras de ruta.

“Fechas difíciles, pero pensad en los que están a vuestro lado, merecen la mejor de vuestras sonrisas” (Inmaculada)

“Mucho ánimo para tod@s, especialmente para los que pasáis esta primera Navidad sin nuestros niños preciosos” (Ana)

 

 

Queda prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber qué hacer,
tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus deudas y el mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles solo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
no creer en Dios y hacer tu destino,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin
alegrarte, olvidar sus ojos, su risa,
todo porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no sería igual.

Pablo Neruda

¿Cómo controlo el miedo al parto?

Autor Lunes, diciembre 5, 2016 0 Permalink 0

Miedo-al-parto

El que teme sufrir ya sufre el temor.Proverbio chino

Controlar el miedo al parto. Esa fue la pregunta que me hizo una joven terriblemente asustada a la que acababan de ingresar por pródromos (fase previa al comienzo del parto)

Me senté junto a ella y le pregunté que me relatara sus miedos. Comenzó por el rosario de historias que le habían contado sobre el mismo, a cual más dramática. Y siguió por todos esos miedos ancestrales que todas las mujeres llevamos dentro y algunos más. Temor al dolor, a que el bebé sufra, a perder el control, a que me tengan que hacer una cesárea, al personal que me toque, a los pinchazos, a que sea muy largo, a alguna complicación, a que me dejen sola, a que no sepa empujar, a que me tengan que cortar, a que no me comporte bien.

Uno a uno fui desmontando todos esos sustos que llevaba dentro, pareció calmarse.  Más tarde la vi paseando por el pasillo del brazo de su pareja. Sonreía. Se encontraba más tranquila.

No creo que haya otro momento en la vida de una mujer en la que experimente tal variedad de miedos. Es un desasosiego que entra con las primeras contracciones y la acompaña hasta el final.

Nunca tengas miedo del día que no has visto.Proverbio inglés

Desde el punto de vista biológico se sabe que es un mecanismo de supervivencia que permite a la persona responder ante situaciones adversas e inesperadas. Forma parte de la cultura y del entorno social. Es algo aprendido que en parte, se puede desaprender.

Por regla general, aquello que desconocemos es lo que más miedo nos da. Es la emoción más difícil de manejar  y sin embargo es la más común. La conocemos bien, aprendimos a caminar con ella. El miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento. Es normal sentir ansiedad o temor ante el momento más relevante de tu vida. Todas lo hemos sentido. Lo esencial es no dejarnos dominar por él.

Hace más de dos mil años, Tito Livio, un historiador romano decía; El miedo está siempre dispuesto a ver las cosas peores de lo que son”. Desde que el mundo es mundo, el miedo ha sido nuestro inevitable compañero.

Voy a daros algunas sugerencias, que en algunos momentos me han sido útiles.

  • Imagina lo mejor que podría suceder y como te sentirías al experimentarlo
  • Ponle nombre a tu miedo, habla con él, utiliza el sentido del humor
  • Sonríe, es imposible reír y estar asustada
  • No imagines nada del futuro imperfecto. Vive el momento presente. Es lo único real.
  • Infórmate, pregunta a personas optimistas que hayan sido madres
  • Haz ejercicios de relajación, respiraciones que te calmen.
  • Cambia de escenario, de actividad, ocupa tu mente en algo concreto.
  • Reconoce tu suerte, siéntete afortunada de tener un hijo. Confía que todo irá bien. Hay muchas, muchísimas mujeres que dan a luz diariamente y les va fenomenal
  • Deja de tener miedo por lo que podría ir mal y concéntrate en lo que puede ir bien.

En resumen, relájate y vive el momento. Piensa solo en aquello que quieres vivir, nada más y nada menos.

 

Preliminar del miedo

Por sobre las terrazas alunadas

donde se aman cautelosamente los gatos

y los brillos esquivan las chimeneas

creo que nadie sabe lo que yo sé esta noche

algo aprendido a pedacitos y a pulsaciones

y que integra mi pánico tradicional modesto

 

 

¿Cómo desmenuzar plácidamente el miedo

comprender por fin que no es una excusa

sino un escalofrío parecido al disfrute

sólo que amarguísimo y si atenuantes?

Mario Benedetti

 

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12051188

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/10776242

http://www.scielo.org.co/pdf/rlps/v39n1/v39n1a06.pdf

Solo respira. Meditación y Embarazo

Autor Lunes, noviembre 14, 2016 0 Permalink 0

Meditación-embarazo-silencio

“Practiquen la meditación. Es algo fundamental. Una vez que se la disfruta, ya no se la puede abandonar, y los beneficios son inmediatos.”

 Dalai Lama

Todas las madres lo sabemos. Si hay algún periodo en nuestra vida en el que conectamos con mayor profundidad y amor con nuestro cuerpo es durante el embarazo.   Lo sentimos cambiar. Lo vemos crecer, ensancharse. Notamos nuestro hijo moverse, hipar, descansar, sobresaltarse, relajarse. Percibimos el cuerpo con una claridad inusitada. Como si de pronto tuviéramos estrellas dentro.

Es el tiempo por excelencia para hacer silencio en nuestro alrededor y dentro de nosotras. El tiempo de estar a gusto con tu cuerpo, tener tu mente tranquila y sentir  paz en el corazón. Hablo de meditación.

Meditar no es dejar la mente en blanco, ni repetir palabras extrañas, ni sentarse en posición de loto, ni estar una hora con los ojos cerrados, ni vestir ropas blancas.

Meditar es estar aquí y ahora, en el silencio de tu alma, en la tranquilidad de tu habitación silenciosa, en medio de la naturaleza. Nos asusta hablar de alma. Lo sé, lo asociamos a tradiciones religiosas. Sin embargo  el alma es nuestra parte trascendente, espiritual,  más allá de credos  o religiones.

Meditar es observarnos sin juzgarnos por lo que sentimos en nuestro interior. Es centrarnos en la respiración y dejar que los pensamientos lleguen y se marchen. Volver a ser conscientes de inspirar, expirar y sentir la vida, la gratitud de estar vivos.

Mirar este vídeo, (  https://www.youtube.com/watch?v=ZDvymGWVy9o  ) en él se muestra a los niños como meditar, como controlar las emociones  mediante la respiración. Es una maravilla, sencillo y práctico. Os encantará.

 

¿Cómo meditar?

Poner un tiempo. Cinco, diez minutos e incluso tres minutos para comenzar. Sentarse en un lugar cómodo y tranquilo, sin ruidos. La espalda recta, el cuerpo relajado.  Cerrar los ojos y observar vuestra respiración.  Poner atención en cada inspiración y en cada exhalación. Nada más, nada menos.

No hay éxito ni fracaso. No es medible en términos de rendimiento o eficacia. No hay nada que hacer, nada que esperar, solo estar contigo a solas. Sentir el latido de la vida, la tuya, la de tu hijo o tu hija con doble intensidad.

Por experiencia puedo decirte que al principio no es fácil quedarse en silencio con una misma. La aventura interior asusta. Después engancha. Como todos los comienzos, todas las disciplinas, todas las artes, llevan su tiempo.

¿Por qué meditar? Os dejo enlaces a artículos científicos que hablan de los innumerables beneficios de esta práctica ancestral. Un estudio publicado en Journal of Obstetric, Gynecologic, & Neonatal Nursing  encontró que las mujeres que realizaron yoga y meditación lograron reducir sus niveles de ansiedad y estrés en el parto.

En líneas generales sabemos que ayuda en procesos de tristeza y ansiedad, mejora el sistema inmunológico, reduce la tensión arterial alta, mejora el auto control, ayuda en la gestión de emociones, favorece la introspección, mejora la función cerebral y un largo etc.  Resulta asombroso que algo tan sencillo, tan fácil, tan económico sea tan beneficioso para todos.

http://www.healthline.com/health/pregnancy/meditation-benefits#3

https://elartedevivires.org/2013/09/11/20-razones-cientificas-para-empezar-a-meditar-hoy/

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4160533/

Os animo a probarlo, aunque sea por curiosidad, si perseveráis os asombrareis del cambio tan imperceptible y tan profundo que experimentareis. Cambios que se producen  con solo unos minutos de silencio al día. Adelante.

Os dejo un extenso texto del maestro zen  Thich Nhat Hanh. Os gustará.

“Estar vivo es un milagro… la meditación sentada es una forma de celebrar la vida…”

La meditación sentada es para nosotros un modo de volver al hogar y darnos a nosotros mismos cuidado y atención plena. Cada vez que nos sentamos, ya sea en el salón, al pie de un árbol, o sobre un cojín podemos radiar tranquilidad como el Buda sentado en un altar. Dirigimos nuestra atención plena a lo que está dentro y a lo que nos rodea. Dejamos que nuestra mente se haga espaciosa y nuestro corazón amable y suave. Sólo con unos pocos minutos sentados de esta forma, podemos restablecernos completamente. Cuando nos sentamos en paz, respirando y sonriendo con consciencia, tenemos soberanía sobre nosotros mismos.

Nadie me dio la enhorabuena por mi hijo

 

baby

“El principito se sentó sobre una piedra y levantó los ojos hacia el cielo:
—Me pregunto —dijo— si las estrellas están encendidas a fin de que cada uno pueda encontrar la suya algún día”, Antoine Saint-Exupéry.

Hace años, un grupo de compañeras asistíamos a unas jornadas en el hospital. Cuando le tocó el turno a una ponente, se quedó mirándonos y dijo: Antes de comenzar, y aprovechando que hoy están aquí un grupo de matronas, quiero decirles lo mal que lo hicieron conmigo. Cuando nació mi hijo, nadie –y repitió la palabra nadie, me dio la enhorabuena por ser madre, por tener un bebé precioso. Mi hijo es lo mejor que me ha pasado en la vida y no recibí felicitación alguna cuando llegó a este mundo. Lo siento, es algo que siempre llevaré clavado en el corazón.

Nunca lo olvidé, mis compañeras tampoco. Esa mujer estaba en lo cierto. Nadie felicita a unos padres que acaban de tener un hijo con síndrome de Down. No solo ignoramos el hecho de que acaban de ser madre y padre, sino que se son tratados como si se les viniera encima el mayor drama de sus vidas, como si comenzara un duelo. Nuestro silencio, cómplice, los deja a la intemperie de esa desolación e incredulidad que  les  cae como un alud de hielo.

He vuelto a esta historia a raíz de un caso que hemos tenido en el hospital hace unos meses. En cuanto lo supe, fui a verlos. El bebé dormía en neonatología por un problema de deglución; mientras sus padres, solos en la habitación, trenzaban a dos  bandas la pena y el desconsuelo de un mundo que se les venía abajo.

Recuerdo el dolor, o mejor dicho el desconcierto y la tristeza que reflejaban el rostro de esas personas. Él, sentado en un sillón con la mirada perdida; ella en la cama, callada. Su hijo, un precioso bebé de 3200 gramos, no estaba con ellos. Qué tristeza. Pero lo que más dolía era esa noticia que les había partido el alma; tenían un hijo con síndrome de Down. A pesar de la amniocentesis negativa, a pesar de la exactitud de la ciencia, a pesar de los pesares, su pequeño era y sería para siempre un ser diferente, un ser muy especial.

Una madre, Caroline White, relata su experiencia:

“Mis recuerdos de cómo me enteré de que mi hijo tenía síndrome de Down, cuando apenas tenía un día de vida, son muy vagos y borrosos. Estaba devastada. Mi mente entró en una espiral de miedo sobre el futuro que nos caería encima y me imaginé una vida de exclusión e incapacidad, de marginaciones, de miradas inapropiadas y de sentirme “diferente”.

Por un tiempo pensé que el dolor nunca se iría. En ese entonces, mi hijo no solo tenía síndrome de Down: era síndrome de Down. Yo misma lo encasillé en una categoría que responde a estereotipos anticuados y fallé en la misión de entender que en realidad era solo, y ante todo, un bebé. Mi bebé: Seb”.

Y allí estaban estos padres,  desamparados. Como si de pronto todo el horizonte alegre y florido que portaba el hijo se hubiera trasformado en un cielo lleno de nubes, grises, cargadas de tormentas. La palabra que mejor los definía era desolación. Aún estaban con los pies en el cielo, esperando quizás un milagro, esperando la confirmación, esperando saber el dichoso grado.

Y entonces lo hice. Les di la enhorabuena. Acababan de ser padres de un bebé y, como suelo hacer con todos los padres, yo les entregaba mi más sincera felicitación. Ambos me miraron fijamente tratando de entender. Les conté la historia de aquella madre en aquellas jornadas de padres con niños especiales. Les conté que ese pequeño llegaba a sus vidas como una bendición. Solamente era un bebé único, singular; un niño que precisaría unos cuidados concretos, otro entusiasmo, otra forma de crianza.

Lo querrán igual o más que su otro hijo. La fragilidad del pequeño, su candidez, su eterna inocencia sacará lo mejor de cada uno e incluso desarrollarán una sensibilidad y una ternura hacia él que ni siquiera ellos saben que poseen. Serán más fuertes, más grandes. Serán, inevitablemente, más sabios.

Pensé en su hijo y en esa frase de El Principito: “Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido”.

Les hablé de otros padres a lo que he escuchado hablar sobre la alegría, sentido y profundidad que un niño de esas características les dio a sus vidas. Cuidar del más débil los hizo crecer. También les hablé de la presión social y de lo bueno que sería que contactaran con asociaciones lo antes posible.

“Y cuando le cuento a alguien que tengo un hijo con síndrome de Down, la respuesta más común que recibo es un Ah… y un sentimiento palpable de incomodidad. En más de una ocasión, a la interjección le sigue un Lo siento”, Caroline W.

Los padres que tienen a un niño con síndrome de Down refieren que sus otros hijos han cambiado. Tener que cuidar, jugar, convivir con un hermanito distinto los lleva a ser más responsables, más maduros, más solidarios, más tolerantes, más generosos.

Un padre y periodista, Francisco Rodríguez Criado, escribió un libro (El diario Down) sobre sus vivencias cuando tuvo a su hijo:

“Descubrí la bondad de un niño que se cae de morros, sangra por la nariz y sigue sonriéndome pese a lo boludo que soy (pura estampa del perdón más generoso). Descubrí –tratando de perdonarme a mí mismo– la amarga sensación de haber traicionado a un hijo en los dos o tres primeros días de su existencia, cuando yo era incapaz de bajar al nido solo, como si en aquella cuna no estuviera el ser más dulce del mundo sino mis peores fantasmas. Descubrí el sufrimiento, que es consustancial a todo ser humano, sin excepción, mientras operaban a mi hijo a corazón abierto; y el alivio inexpresable de escuchar que todo había ido bien. Pero también descubrí que la paternidad ha sido para mí una experiencia tan dura como hermosa. Descubrí que el síndrome de Down no son más que tres palabras huecas, que mi hijo no sufre más ni menos que cualquier otro niño, que disfruta como un loco en el parque o tirándole del rabo a su perra Betty, y que su risa suena aún más viva y brillante que la de su hermano Mario, el pequeño y terrible Mario, que llegó sin avisar solo unos pocos meses después, con los cromosomas habituales, y que también descubrirá un día en Francisco al mejor hermano del mundo.

En definitiva, aprendí a querer a mi hijo por la escritura. Y he aprendido a ver el mundo con los preciosos ojos azules de mi Francisco. Cuando los ojos azules de Francisco me miran fijamente, solo ven a un padre borroso y algo marchito; pero cuando yo lo miro a él –y no es pasión ciega–, veo a un pequeño gran arquitecto dispuesto a levantar un muro indestructible. Un muro contra la adversidad, contra el miedo, contra la desazón”.

Aquella tarde, cuando salí de la habitación, tomé aire y me detuve. El corazón me latía fuerte. En el fondo deseaba no haber tenido que hacerlo. Creo que mis palabras abrieron un camino a esos padres por el que transitar hasta restablecer la paz y la fortaleza que precisaban. Tenían otro hijo. Un niño maravilloso que preguntaba por el hermano. Se les veía serenos, sensatos, sabios.

¿Qué hacer en estos casos?

  • Mostrar a los padres la parte bella de la situación. Siempre la hay. Tagore decía: “Si lloras porque no ves el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”.
  • Tratarlos como a todos los padres. Felicitarlos, darles la enhorabuena. Han tenido un hijo. Un hijo muy especial.
  • Ofrecer ayudas de webs, asociaciones. Nadie podrá guiarlos, asesorarles tan bien como otros padres en su misma situación.

Es decir; hacer lo que ellos esperan, lo que precisan. Escucharlos, nada más y nada menos. Solo escuchando a las personas, los auténticos expertos sabremos cuáles son sus deseos y necesidades. Por un momento, detener el tiempo, abrazarlos y permanecer al lado de esos padres que al principio se sienten tan desolados.

Después de todo, es una cuestión de amor. Es la opinión de las personas que conviven con un ser diferente.  Ya lo dijo la poeta Dulce María Loynaz:

“Amor es desenredar marañas de caminos en la tiniebla: ¡amor es ser camino y ser escala!”.

 

Shantala, poesía en el masaje infantil

 

 masaje-para-el-bebe-infantil“Hay que hablar a la piel del pequeño hay que hablarle a su espalda que tiene sed y hambre igual que su vientre. En algunos países, las mujeres saben todavía esto. Aprendieron de sus madres, enseñaron a sus hijas este arte profundo que ayuda al niño a aceptar el mundo y lo hace sonreír a la vida”
Frédérick Leboyer

Hay libros que  nada más verlos te enamoras, sin saber ni como ni porque.  El diseño, los colores, el autor, la fotografía. Un algo etéreo  difícil de definir que te impide apartar la vista, sintiéndote seducida, hechizada.

Este es uno de ellos. Lo compre en Valencia  por los años ochenta  cuando estudiaba matrona.  Lo he recomendado cientos de veces. Nunca me cansaré de aconsejarlo. Una maravilla de libro.

“¿Alimentar al niño? Sí, pero no solamente con leche. Hay que tomarlo en brazos. Hay que acariciarlo, acunarlo. Y masajearlo” F. Leboyer

Escrito en un lenguaje poético, sugerente, describe el masaje que se conoce como Shantala. Una técnica milenaria de origen hindú que proporciona al bebé un bienestar físico y emocional.

El autor cuenta como descubrió esta bendita técnica:

“Conocí a Shantala en Calcuta, la ciudad que hace que los extranjeros temblemos de horror e indignación.
Ahí estaba Shantala, en Pilkana, el poblado mas pobre y sórdido de esta ciudad.
La vi una mañana soleada, en las calles, masajeando a su bebé.
Me paré de un tirón, impresionado por lo que veía: en el medio de la suciedad y la miseria, un espectáculo de belleza pura.
Un diálogo silencioso de amor entre una madre y un bebé.
El entorno horroroso de pronto se desvaneció.
Nada existía mas que la luz de ese amor.
¡Que lección!
Me quedé silencioso y confuso, me sentí como un intruso, observando accidentalmente ese intercambio de amor.”

En su honor bautizó este tipo de masaje  que ha dado la vuelta al mundo.

El libro entero es pura poesía. Sencillez, sabiduría, autenticidad. Un poema visual que acaricia con infinita ternura las palabras sabias y bondadosas de Leboyer

Os lo recomiendo para vosotros y para todos aquellos que realmente apreciéis. Es uno de los mejores regalos que podéis hacer. De paso, feliz verano.

“Los cinco sentidos del bebé son uno sólo,
todos ellos son inicialmente una extensión de su piel.
Son los dedos del cerebro,
sintiendo, explorando el mundo exterior…
y todo comienza con el tacto.

Ser tocado y acariciado,
ser masajeado,
es alimento para el bebé.
Alimento tan necesario como los minerales, vitaminas y proteínas.
Carente de este alimento,
que es también llamado amor,
los bebés morirían,
y a veces lo hacen”

F. Leboyer