Día internacional de la matrona. Gracias

Autor Jueves, mayo 5, 2016 2 No tags Permalink 0

THK_8247
“Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”. Gabriel García Márquez

Hoy quiero dar las gracias a las madres. Sin ellas no seríamos nadie y gracias a ella, somos todo.

Hoy es nuestro día internacional, cuentan. Vienen a mí el recuerdo, la voz, el rostro de gentes que han hecho de esta profesión un lugar grande, inmenso, poblado de estrellas y aguaceros, de aciertos y desaciertos. No somos perfectas. Sí, porque todo aquello que nos configura como profesionales, lo bueno y no tan bueno, también es nuestro.

Gracias a las mujeres que se acercan, tímidas, curiosas, a buscar un consejo, a recibir un cuidado, a escuchar una palabra, una frase de ánimo que les alivie los temores y les haga saber que todo irá bien, que no hay madres buenas o malas, que todas son madres estupendas, que lo que importa es lo que se intenta, el amor. Lo demás es como lluvia con tierra.

Gracias a nuestras residentes de matronas, entrañables personajes, por esa sensibilidad que las hace únicas, especiales. Gracias a ellas he aprendido tanto!!

Gracias a todos aquellos, visibles e invisibles,  que habéis hecho reinventarnos, reciclarnos, crecer, aprender, soñar con tener algún día una vida propia, independiente.

“El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad Ana María Matute

IDM2016logo-English

Gracias a las personas, a las mujeres que nos presionan a ser mejores, a hilvanar la evidencia con la práctica, que hacen suyas nuestras reivindicaciones, que están ahí, a nuestro lado.

Gracias a los compañeros que día a día están luchando porque nos dejen ocupar el lugar que nos corresponde, un lugar donde las mujeres, madres y sus hijos se sientan seguras, acogidas, cuidadas.

Gracias a las compañeras formadas en otro país, que nos muestran otra mirada, otra práctica. Sigo pensando lo que un día escribí; de mayor quiero ser midwife.

Gracias a las madres fuertes, grandes, asombrosas, cuyos hijos se convirtieron en ángeles antes de nacer.

Gracias a los compañeros, auxiliares, enfermeras, celadoras, jefas, limpiadoras y como no, nuestros queridos ginecólogos. Sin todos vosotros nuestro trabajo estaría huérfano.

Gracias a la ONG  amref cuyo programa de formación de matronas en África es  una bendita realidad.

Y en general gracias a las buenas gentes que nos ayudan a parirnos a nosotras mismas una y otra vez, que nos ayudan a conjugar nuestros queridos verbos; construir, acompañar, silenciar, ofrecer, soportar, sostener, calmar y sobre todo, animar.  Animar y seguir una y mil veces por encima del miedo, del desánimo, los profesionales defensivos, la desinformación, la ansiedad, las palabras gastadas, el abandono institucional, los esposos fiscales, las desconfiadas abuelas, el cansancio, los gestos contenidos, la impaciencia, el dolor.

Resumiendo; porque no seriamos quienes somos y quien queremos ser sin todos vosotros,  porque  nos necesitáis y os necesitamos. Gracias.

Dia-internacional-matrona-midwive-day-2016

“Pensando sobre lo que podía decir hoy, he decidido compartir con ustedes algunos de mis pensamientos sobre los problemas comunes con los que todos nosotros, como miembros de la familia humana, nos enfrentamos. Puesto que todos compartimos este pequeño planeta, tenemos que aprender a vivir en armonía y paz entre nosotros y con la naturaleza. Esto no es solamente un sueño, si no una necesidad. Dependemos los unos de los otros en tantas cosas que ya no podemos vivir en comunidades aisladas, ignorando lo que ocurre fuera de ellas. Cuando nos encontramos con dificultades necesitamos ayudarnos los unos a los otros, y debemos compartir la buena fortuna que gozamos. Les hablo solamente como otro ser humano, como un sencillo monje. Si encuentran útil lo que digo, espero que intenten practicarlo”   Dalai  Lama

Buena madre, mala madre. El baile de los adjetivos

Autor Miércoles, abril 20, 2016 0 Permalink 0

 

goodmom

Mi suegra, mi hermana y hasta mi mejor amiga creen que soy una mala madre. No lo dicen, no hace falta. Noto sus miradas acusadoras cuando les hablo de mi pequeño de año y medio  durmiendo en nuestra cama, de los potitos que le gustan, de la guardería donde come, del parque infantil al que va con su padre, de la comida que compro, de mi trabajo, de la asistenta, del fin de semana que me fui con mis compañeras y cosas de esas. He decidido hablar poco, alejarme de ellas y vivir mi vida, pero están ahí. Son su abuela, su tía, su madrina.  Nunca seré como ellas, lo sé, sufridoras y anegadas madres. Tampoco se si quiero serlo. Estoy criando a mi hijo lo mejor puedo, sin embargo, no me siento bien.

Estas fueron las palabras, inquietas,  de una madre que precisaba ayuda psicológica. Una mujer agobiada ante la creencia de no ser una buena madre. Le faltaba el aplauso, la palmada en el hombro de su círculo más cercano. Recuerdo que me llamó la atención que a pesar del apoyo incondicional de su pareja en todo, sentía que su grupo de iguales, su madre, su hermana y amiga, todas mujeres, todas madres, le recriminaran cada frontera que cruzaba. Aunque creo que lo que más le reprochaban era que no tuviera interiorizada la idea de que ser madre es un tremendo y constante sacrificio.

Para su círculo más cercano, ella debería ser esa  madre omnipresente, generosa y resignada. Ama de casa segura, discreta y sufrida en aras del bienestar familiar. Ficción maternal imaginaria.

“Que poco se requiere para desviar la vida en determinada dirección”  I. Nemirovsky

Hace unos meses volví a verla, embarazada de su segunda hija. Feliz, satisfecha con su vida, imperfecta y grandiosa. Como todas las madres.

Debido a la imagen dual que todos llevamos dentro, las madres se mueven en polos opuestos. La bruja malvada, egoísta y perversa o el hada buena, perfecta y virtuosa. Figuras literarias. Nada más lejos de la realidad.

No hay malas o buenas madres. Una historia cuenta lo siguiente: Le preguntaron a una niña, si los malos fueron negros y los buenos fueran blancos ¿de qué color serías? A rayas.

En la red, en las librerías, en el cine, proliferan los clubs más diversos sobre la maternidad. El club de las madres imperfectas, solteras, cabreadas, novatas, madres felices, malas madres. Toda una tipología de mujeres que colorea el mapa de las etiquetas maternales, con humor y con ironía. Riéndose de sí mismas y de esa vida real tan alejada de la teoría, de las expectativas. Todo para alejar al fantasma de la culpa, para alejar lo más lejos posible la idea de que después de ser madre, nada volverá a ser igual. Ay, la culpa. Una palabra enormemente femenina.

Una madre, acertada, correcta, razonable, sensata, buena… es una persona que busca superarse, sin precisar medallas que le hagan  sentirse fuerte, frágil, poderosa, grande, única.

Ser madre es estar permanentemente en danza. Adelante y hacia atrás. A veces, el cansancio, nuestro alto nivel de autoexigencia y nuestras elevadas expectativas, nos hacen perder el ritmo y sin querer pisamos al compañero o nos salimos de la pista. No importa, sonreímos y vuelta a empezar. Como siempre, con mucho humor y mucha filosofía.

“El mundo está regido por leyes que no se han hecho ni para nosotros ni contra nosotros.”  Irene Nemirovsky

¿Qué es lo que importa cuando se es madre? lo que intentamos. Porque muchos de nuestros logros, acertados o no, no dependen de nosotros. La maternidad es el mayor experimento  de nuestras vidas, con miles de variables incontrolables. Podemos minimizar el impacto de dichas variables, nada más. Por ello, estoy convencida que lo esencial es lo que intentamos.

Para todas vosotras, Feliz día de la madre. Un besazo compañeras de aciertos y desaciertos.

 *  http://clubdemalasmadres.com/

*  http://elclubdelasmadresfelices.com/

Un baile… Dios mío, Dios mío, ¿sería posible que hubiera, a dos pasos de ella, una cosa espléndida que ella imaginaba vagamente como una mezcla confusa de música frenética, perfumes embriagadores, trajes deslumbrantes y palabras de amor cuchicheadas en un gabinete apartado, oscuro y fresco como una alcoba… y que ella estuviera acostada, como todas las noches, a las nueve, como un bebé…? Quizá los hombres que supieran que los Kampf tenían una hija preguntarían por ella; y su madre respondería con una de sus odiosas risitas: «Oh, hace rato que duerme, claro…»

El Baile ”  Irene  Nemirosvky

Nuevos Padres, nuevos hombres.

Autor Lunes, abril 4, 2016 0 Permalink 0

19062015-www.happyviews.com-father-baloons-you-tube-tumblr-Facebook-Google-Yahoo-twitter-bing-trend

 

“Todos necesitamos alguna vez un cómplice
alguien que nos ayude a usar el corazón”. Mario Benedetti.

Las mujeres del siglo XXI reclaman a sus compañeros mayor complicidad emocional,  más comunicación, reparto igualitario de tareas y compartir los cuidados del bebé.  Hoy en día la implicación del padre en los cuidados de los hijos parece hasta natural. Ni siquiera se cuestiona. Claro que sobre el papel todo es armónico, como un bello concierto, hasta que la realidad desafina y nos despierta de esa dulce utopía.

Tradicionalmente en su relación con las mujeres se han situado en un plano superior o un en un nivel de dependencia sentimental. Nunca en relaciones de igualdad. Los tiempos cambian, sin embargo a muchos hombres les cuesta relacionarse igualitariamente con su pareja porque los espacios masculinos (trabajo, deportes, ocio…) siguen siendo competitivos y jerárquicos.

Educados para reprimir sus emociones, el modelo de relación aprendido de dominación-sumisión no es válido en el siglo actual. De pronto se hallan perdidos, a la deriva en un mundo de exigencias igualitarias, donde la autoridad del padre de familia, por suerte, ya no es sagrada. Hoy el respeto se gana, no se impone.

Estos padres igualitarios o padres cuidadores sienten una profunda soledad. Carecen de referencias en las que mirarse. Sin modelos sociales, sin aplausos familiares sienten que pisan un terreno de arenas movedizas por el que no saben bien cómo moverse.

Los nuevos varones felicitan a la mujer el 8 de marzo, las ensalzan, valoran y  apoyan sus reivindicaciones. Sin embargo siguen ayudando en las tareas domésticas sin asumirlas como propias, evaden obligaciones con la excusa de la torpeza masculina o la ignorancia, lavan el coche pero no los baños…

Claro que configurar esta nueva identidad no debe ser fácil. Aprender a construir una paternidad sin patriarcado, auto modelarse, reconstruirse social y personalmente en un mundo tan cambiante debe suponer un tremendo esfuerzo.

Resulta curioso y loable descubrir cómo algunos padres se han unido para revindicar  estructuras más limpias, sanas e igualitarias en las relaciones personales y familiares. Como muestra os dejo algunos enlaces de asociaciones y grupos de hombres que defienden y luchan por una nueva forma de pensar y relacionarse.

http://www.siloshombreshablasen.es/ Hacia un nuevo paradigma de paternidad y masculinidad.

http://www.ahige.org/: Todo hombre es una revolución pendiente, reza el slogan de la web de la asociación de hombres por la igualdad de género: AHIGE

http://men-care.org/ Una organización en más de 50 países que promueve la involucración de los padres en la crianza.

Felicito a estos hombres que quieren y han optado por disfrutar de la crianza, del hogar, a pesar de las presiones, inevitables, del entorno social. Ayer mismo, una abuela regañaba a su yerno por cambiarle el pañal a su bebé, con lo torpes que sois los hombres, déjame, anda.

Y es que nos guste o no, debo admitir que el discurso machista escampa a sus anchas también entre las mujeres. Podía justificarlo por la edad o la educación recibida, pero lo triste es que  también lo escucho en mujeres jóvenes.

Por suerte se van dando pasos poco a poco, a pesar de los pesares.

Hace unos meses, hablando con una pareja sobre los nuevos padres y su implicación en la crianza, el hombre confesó lo duro que fue para él el cuidado de su primer hijo. Su familia quería que él siguiera con el tradicional rol de hombre y dejara de hacer cosas de “mujeres”. Cuando su hijo cumplió tres meses su mujer le regaló el poema de Mario Benedetti, no te rindas, enmarcadado en un pequeño marco de madera blanca. No te puedes imaginar lo que lloré leyéndolo, aún me emociono al recordarlo. Me ayudó muchísimo. Claro que eso no se lo conté a nadie. Tampoco hacía falta. Solo lo sabíamos ella y yo.

Para estos nuevos hombres, nuevos padres, mi pequeño homenaje en forma de este valioso poema de un hombre excepcional.

http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201603/26/enrique-arranz-catedratico-psicologia-20160319002334-v.html

 

NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

MARIO BENEDETTI

Padres de bebés prematuros, entre el estupor y la maravilla

Prematuros-padres-consejos

 

“Estamos vivos por dentro cuando sabemos acoger lo que nos viene de fuera. Cuando lo de fuera, sea lo que sea, frágil, es lo frágil y lo velado, lo gestado y lo naciente”, Pablo D´Ors

El nacimiento de un bebé prematuro es algo desconcertante. Llega de forma inesperada, como una estrella fugaz que nadie espera. Este “antes de tiempo” deja a los padres desprotegidos, vulnerables, a la intemperie de unas emociones y sentimientos difíciles de aceptar y comprender.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Qué hemos hecho mal? Una larga constelación de preguntas se va hilvanando una a una con una dolorosa cadencia en ese universo idílico que se les ha venido abajo.  Ver a unos padres junto a su hijo prematuro es algo indescriptible. Desolados, perdidos, confundidos, como si de pronto se sintieran en otro mundo, en otro planeta y no supieran qué hacer, qué decir, qué sentir, qué pensar. Es una escena desoladora. De pronto un viento helado entra en sus vidas congelando sus sueños, sus fantasías, su construcción personal del nuevo rol. Tremendo.

En el aire flota una enorme interrogación que parece abrazarlos por sorpresa. Tumbada en la cama o en la mesa de partos, la madre lo ve desde lejos, cansada tras el desenlace. El padre, a pocos metros de la cuna térmica donde los pediatras reaniman al pequeño ser, tiembla. Aprieta los labios tratando  de sujetar las lágrimas que desbordan su realidad. Se lleva la mano a la boca. Incrédulo y desconcertado ante su hijo, ese diminuto bebé que no se atreve ni a mirar.

La presencia del bebé  es inmensa. Un arco iris en el cielo de la vida que refleja lo que somos, seres tremendamente frágiles. Cuando los veo así tan diminutos, tan vulnerables, tan tibios, tan luchadores, tan inquietos por vivir, pienso que son los seres que mejor definen la fuerza de la fragilidad.

“Descubrí el asombroso mundo de lo pequeño, donde se oculta, sin ninguna duda el misterio de todo lo visible e invisible”, Pablo D’Ors.

Para los padres y la familia, es una tremenda crisis emocional. Experimentan reacciones de duelo,  tristeza, pérdida de apetito, alteraciones del sueño, rabia, culpa y desesperanza. Aparece un vaivén de emociones por el que transitan asustados. El rechazo, la culpa, el miedo se instala en su alma como una cigüeña en un campanario hasta que el tiempo echa a volar esos inquietos sentimientos.

La madre es la que más sufre. Sin lugar a dudas. El sentimiento de culpabilidad es terrible, devastador. De pronto, repasa el pasado como un detective buscando pistas; conductas, comidas, paseos, actividad sexual, pensamientos, lo que sea, algo que ayude a comprender donde estuvo el error.  A todo ello hay que añadir una tristeza infinita. La que sienten al no querer encariñarse con su diminuto hijo por si no sobrevive. Creen, erróneamente, que el dolor será menor. ¿Qué hago? Y si sobrevive, ¿cómo podré cuidar a un ser tan frágil?, se pregunta la madre, vigilante de un milagro que no sabe cómo vivirá.

“Ser vigilante no es, pues, una simple ocupación: es un modo de ser y de estar en el mundo. Es imposible que la custodia de la belleza no imprima carácter”, Pablo D’Ors.

La madre experimenta una doble crisis. Por un lado atraviesa la crisis vital que supone la maternidad y por otro, la crisis circunstancial de la separación e ingreso hospitalario de su bebé. Todo ello conlleva una disminución de la autoconfianza y autoestima de la mujer, junto con sentimientos de ansiedad, fracaso, decepción, impotencia, miedo, frustración y envidia.

“Los padres atraviesan diversas etapas. La primera es de conmoción o choque, la segunda es de negación, luego prosigue una etapa de trueque en la cual se da un acercamiento a la religión. La tercera etapa tiene como reacciones comunes la tristeza, la ira, la culpa o la ansiedad. La cuarta etapa es de aceptación y la quinta es de reorganización o equilibrio”, Boullosa Frías, 2004.

Os dejo algunas sugerencias, recomendaciones e ideas que puedan ayudaros en vuestra perpleja y asombrosa maternidad.

  • Descansa y evita pensar en desastres. Hay un proverbio chino que dice: “No puedes evitar que los pájaros de la tristeza sobrevuelen tu cabeza, pero si puedes evitar que anide en tu cabello”.
  • Acepta como parte del proceso esos sentimientos tan extraños y desconcertantes que vives. Los experimentan todos los padres de prematuros diariamente. Son parte del proceso de adaptación y crecimiento personal.
  • Ignora la palabra ‘culpa’. Son cosas que pasan, no se pueden prever. Lo que hiciste o dejaste de hacer no tienen que ver con lo sucedido.
  • Busca a personas, asociaciones, que hayan pasado o estén pasando por ello. Apóyate en ellos. Pide ayuda, consejo, orientación. No estás sola.
  • Pregunta todo lo que necesites saber a los profesionales que cuidan de tu bebé; pediatras, enfermeras, auxiliares. Todas tus dudas son comprensibles, normales, necesarias. No te quedes con nada dentro.
  • Mientras esté vivo, la esperanza es tu seña de identidad. Aférrate a ella como un náufrago a su barca. Conecta con tu hijo, tócalo, acarícialo, bésalo, siéntelo cerca, háblale y si lo necesitas, reza.

http://cybertesis.uach.cl/tesis/uach/2004/fmb764c/doc/fmb764c.pdf

http://www.aprem-e.org/

http://cpbf-fbpc.org/

 

“Me parecía inconcebible que entre mi cerrar y abrir de ojos hubieran podido trascurrir cinco, seis y hasta siete horas. Pero ahora sé que toda la sabiduría está en abrir los ojos. Claro que para abrirlos también hay que haber sabido cerrarlos. Lo más inverosímil de nuestra vida es lo mucho que miramos sin ser capaces de ver”.

“El Estupor y la Maravilla” Pablo D´Ors

 

Parto orgásmico, la vida desnuda.

Autor Miércoles, marzo 2, 2016 0 No tags Permalink 0
Parto-orgásmico

Jaime Gonzalez

“Las palabras deben ser como cristales transparentes y puros que permitan contemplar el mundo a través de ellas”. Rosa Montero

El tiempo pasa, los años corren y aún estoy por escuchar a una mujer hablar de su parto orgásmico. Y mira que he atendido partos, escuchado a madres contar su experiencia y en ningún momento, jamás, he escuchado hablar del parto como un instante placentero, como un momento orgásmico.

Me imagino que esto es como las brujas, las meigas y el dicho que dice: Yo no creo en las meigas, pero haberlas, las hay. Algo así debe ser. Aunque a lo largo de mi labor profesional, más de veinte años, no encontrado ningún caso.

Años atrás, con la aparición del documental orgasmic birth, recuerdo haber preguntado a las madres que habían tenido varios hijos sobre su experiencia placentera en el parto. Algunas de ellas me miraron como quien mira a un extraterrestre, otras me pidieron que repitiera la pregunta y una de ellas, me contestó que con estas cosas no se debería bromear y ser un poco serio, responsable. Sin comentarios.

Debemos ser respetuosos con las palabras utilizadas. Nos confunden y nos hacen sentirnos mal, extrañas, raras. Nada más lejos de la realidad. Parir es un acto sagrado, una especie de batalla física, psicológica en la que el tiempo parece detenido en olas de esfuerzo, ilusión, anhelo y dolor, sí, dolor.  Es la vida desnuda. Poner como enunciado la frase; parto orgásmico o parto respetado o parto natural me parece todo un disparate.

“Sólo en los nacimientos y en las muertes se sale uno del tiempo; la Tierra detiene su rotación y las trivialidades en las que malgastamos las horas caen sobre el suelo como polvo de purpurina.”

Rosa Montero

Vayamos por partes. ¿Qué dicen los teóricos?

“El parto orgásmico se produce porque el propio movimiento del útero es en sí mismo productor de placer, siempre que los músculos funcionen acompasadamente, según el proceso sexual normal; que es lo que sucede cuando el parto se produce de forma natural y se activa según la forma establecida filogenéticamente, por el sistema sexual de la mujer. “   Frédérick Leboyer

Lo siento pero no estoy de acuerdo. He asistido muchísimos partos espontáneos, eutócicos, absolutamente naturales  y,  la sensación dolorosa sigue estando presente, por mucho respeto al entorno adecuado,  a  la fisiología normal y al desarrollo natural del parto.

“Para aclarar nacimiento-orgásmico no significa necesariamente que experimenta el orgasmo, sino que NACIMIENTO conectado con su cuerpo y su bebé con sentimientos de éxtasis y abandono, con el apoyo de la fisiología normal. Cuando las mujeres no tienen esta experiencia, por lo general es debido a factores y / o intervenciones ambientales que perturban el proceso, el nacimiento orgásmico no es un estándar de rendimiento, pero es derecho de nacimiento de cada mujer!

Elizabeth Davis( co-directora del National Midwifery Institute)

Es muy distinto sentirse conectado con tu hijo y tu cuerpo, sentir un gozo emocional que experimentar un orgasmo. La noche y el día. El norte y el sur.

Sheila Kitzinger, famosa antropóloga y autora de manuales sobre maternidad, habló durante décadas acerca  de las bondades del nacimiento orgásmico. Hoy afirma que sería un error sostener la idea del orgasmo en el parto como un nuevo estándar de calidad en el mismo. “El orgasmo es un efecto secundario no es el objetivo. No queremos que las madres y/o matronas sientan que han fallado si la mujer no tiene un orgasmo.”

Si es cierto que el parto y la excitación sexual comparten ciertas características. Los dos polos opuestos con similitudes. El dolor y el placer. El gozo y el tormento.

Aquí os dejo una fotografía de un cuadro comparativo entre las distintas fases del parto y el acto sexual. Pertenece a un monográfico de la Revista Integral, año 1982: Embarazo y Nacimiento gozoso. De esta forma es más fácil entender cómo se puede confundir dolor y placer. Igual que a veces confundimos la teoría con la práctica.

 

FullSizeRender

 

http://orgasmicbirth.com/about/what-is-orgasmic-birth/

http://www.theguardian.com/lifeandstyle/2009/mar/18/orgasmic-birth-climax-labour

https://www.questia.com/library/journal/1P3-1390331261/interrelationships-between-sexual-responsiveness

 

“Siempre me ha fascinado ( y a veces espantado) la oscura relación que mantenemos con nuestro propio cuerpo. Es un trato turbio y sin palabras, a menudo crispado, siempre lleno de enigmas. Hay personas que se miman y se aprecian, que saben reconocerse en los espejos, y hay otras, en cambio que cada vez que se asoman al azogue creen contemplar al enemigo.

No hay paisaje en la Tierra más variado que el del interior de las personas. Como dice la conocida frase, hay otros mundos pero están en éste: galaxias infinitas de sueños, de sentimientos y de miedos que giran lentamente en la oscuridad de nuestros cráneos. Yo imagino la ecuación de lo que soy como un chisporroteo, un fuego fatuo de emociones y deseos, un relámpago eléctrico que enciende y recorre mi cerebro. Ese latido que los creyentes llaman alma. Y a cada cual se le agitan las neuronas de manera distinta.”

“La vida desnuda” Rosa Montero

El puerperio. Una historia de amor y oscuridad

Autor Miércoles, febrero 17, 2016 2 No tags Permalink 0

El-puerperio-posparto

 

 

“Ningún hombre ni ninguna mujer es una isla, pero que cada uno de nosotros es una península, con una mitad unidad a tierra firme y la otra mirando al océano. Una mitad conectada a la familia, a los amigos, a la cultura, a la tradición, al país, a la nación, al sexo, y al lenguaje y a muchos otros vínculos. Y la otra mitad deseando que la dejen sola contemplando al océano.”  Amos Oz

Recuerdo ese tiempo confuso como un cuento, triste y bello a la vez. El cansancio, la alegría, el desánimo, la plenitud, el arrepentimiento, la trascendencia, el llanto, el amor incondicional, la culpabilidad, la risa, la lucha interna, la paz, la sorpresa, el desconcierto… todo ello y mucho más anidaba dentro de mí, como un frasco de esencias. Algunas dulces, otras ácidas.

Recuerdo que cuando leí este maravilloso libro de Amos Oz, el título me llevó a recordar aquel tiempo que parecía no serenarse. Una especie de montaña rusa emocional, física y  mental que me llevó descubrir cosas de mí que ni siquiera pensaba que pudieran existir. Creo que lo que mejor lo define, para algunas mujeres, es “Una historia de amor y oscuridad”.

¿Por qué nos pasa esto? Además de la biología, que parece explicarlo todo, tendemos a ser más perfeccionistas, más obsesivas, más controladoras. Cierto. Le damos muchas vueltas a las cosas y magnificamos las amenazas y las pérdidas como si fueran auténticas catástrofes.  Queremos controlarlo todo y estar en todas partes. Porque al igual que Mary Poppins, nos creemos prácticamente perfectas, en todos los sentidos.

Además, contamos con poco o nulo apoyo social.

A todo ello hay que sumar los cambios físicos, la inexperiencia, la inseguridad y el cansancio que arrastramos nos hace sentir más desvalidas, vulnerables. Nuestra percepción de autoeficacia disminuye. Nos sorprendemos de que nuestros pensamientos solo giren en torno a un milagro; nuestro bebé, un bebé que no sabemos, a pesar de sentirnos programadas genéticamente para ello, manejar.

Por si fuera poco, los sistemas de salud, pobres e insensibles, dejan a la madre a la intemperie sin personal preparado que les asista y les cuide en esos momentos tan frágiles. Decenas de posters, cientos de consejos y miles de hojitas informativas para tapar la triste realidad: no disponen de profesionales que acompañen a las madres en sus casas, profesionales que asesoren  directamente en la lactancia materna, que les ayuden a desarrollar estrategias de afrontamiento a todos los niveles;  emocional, cognitivo y físico.

Ser madre es todo un aprendizaje, con sus triunfos  y sus derrotas. Un aprendizaje de habilidades y desarrollo de recursos que no se realiza en unas semanas, ni en meses. Todo ello lleva su tiempo. Gestionar un hogar con un bebé tras un parto es tarea de titanes. Lo sé. Una tarea que poco a poco irás manejando con mayor habilidad. Te sorprenderás de lo que puedes llegar a ser capaz.

Mientras llega ese tiempo, créeme, te aseguro que llegará, aquí te dejo unas sugerencias. Algunas las aprendí tarde, otras me fueron útiles.

¿Qué hacer entonces?

  • Relájate y relativiza las situaciones. Lo esencial sois el bebé y tú. Nadie más.
  • Descansa cuando descanse tu hijo, el descanso es la piedra filosofal del puerperio. Si descansas verás todo con otra mirada, más serena, más sabía, más tranquila.
  • El concepto de buena madre es solo un concepto, una teoría, algo artificial. Todas las madres son buenas.
  • Pasar del odio al amor, del llanto a la dicha, de la tristeza a la alegría forma parte de todo el proceso. Lo extraño sería no sentir esa ambivalencia emocional.
  • Tómate los pequeños desastres con mucho, muchísimo sentido del humor.
  • Eres más fuerte de lo que crees, por el sólo hecho de iniciar esta fascinante aventura. Mírate y siéntete orgullosa de tu opción y de tu vida, aunque algunos momentos camines bajo tormentas. El sol sale siempre, siempre. Pregúntale a tu madre, hermanas, compañeras, amigas.  Todas hemos bailado bajo una lluvia de lágrimas y suspiros, de ansiedades y dicha.

En resumen, confía en ti y en tu capacidad de adaptación. Por donde tú andas, caminan miles, millones de mujeres todos los días y estamos aquí, a salvo de aquel tiempo, superado, a salvo, incluso, de nosotras mismas. Cuídate.

http://www.federacion-matronas.org/documentos/profesionales/i/17096/124/como-superar-el-puerperio-y-no-rendirse-en-el-intento

 “Mi madre permanecía casi todo el tiempo en casa…Cocinaba, hacía pan, lavaba la ropa, organizaba las compras racionalmente, planchaba, limpiaba, ordenaba, doblaba, fregaba, cortaba y hervía. Pero cuando la casa estaba realmente ordenada, cuando en la cocina todos los cacharros estaban fregados y la ropa doblada y colocada en ángulo recto sobre los estantes de los armarios, entonces mi madre se acurrucaba en su rincón y leía. Metía los pies descalzos debajo de la pierna y leía. Se inclinaba hacia el libro que tenía sobre las rodillas y leía. La espalda encorvada, el cuello inclinada, los hombros caídos, con todo su cuerpo semejante a una media luna, y leía. La cara cubierta a medias por la cortina de pelo negro que caía sobre la página, y leía”

Una historia de amor y oscuridad. Amos Oz

 

 

El libro de las Madres. Laura Freixas

Autor Lunes, febrero 8, 2016 0 No tags Permalink 0

 

Las-madres-libro

Cuando me quedé embarazada, esa impresión de destierro, de abandonar el terreno en el que había jugado hasta entonces, esa sensación que en el ámbito laboral me resultaba agridulce, también la tuve (y ahí de dulce no tuvo nada) en otro terreno: la lectura. Las emociones que en mi cuerpo y en mi alma despertó el primer beso venían precedidas de una larga elaboración literaria. Las suscitadas por el embarazo, el parto, el tener entre los brazos por primera vez a mi hija recién nacida…, de todo eso, la literatura no me había dicho nada… Y ese silencio me resultaba escandaloso. Desde entonces me he interesado por rastrear, en la literatura, la figura de la madre.

Así comienza el prólogo del “El libro de las madres”

Encontré esté libro igual que se encuentran esos pequeños tesoros, de forma inesperada, como esa concha hallada en la playa que te llevas a casa como algo muy especial. Me encantó. Me sedujo desde la introducción que hace la autora hasta la selección de imágenes y textos que en él aparecen. Me sorprendió gratamente. Los textos seleccionados son una maravilla, un encaje literario que te llega directamente al alma.

Una antología de fragmentos  literarios, reales y ficticios, escritos por hombres y mujeres, que repasa las diferentes etapas de la mujer desde que se queda embarazada hasta el comienzo del parto.

Conforme iba leyendo hacía mía las palabras de Laura, sus reflexiones, sus descubrimientos,  como un espejo que te devuelve ese sentimiento que un día tuve y al que no atinaba a ponerle voz. De pronto, lo encontré allí entre líneas, igual que una noche levantas la mirada al cielo y te encuentras una estrella fugaz que ilumina el firmamento. Esa fue la sensación, extraña y sorprendente. Recomiendo encarecidamente esta joya.

Las pinturas seleccionadas van desde Tintoretto, pasando por Picasso hasta E. Munch. Con una edición cuidadísima, una obra de arte, acompañan las diecinueve imágenes, textos de grandes escritores. Perez Galdós, Eurípides, Jane Austen, S. Agustín, Antón Chéjov o Clarice Lispector, entre otros, danzan como ángeles poniendo voz a ese sentimiento llamado amor, amor de madre.

Destaco, las cartas a la hija, de Madame de Sévigne ( 1671-1696). En él aparecen fragmentos de las cartas, autenticas, que la marquesa escribió a su hija cuando ésta se fue a vivir con su marido a la Provenza. En ella se recoge el amor de una madre hacia su hija, el dolor de la separación y el intenso vínculo que las une a ambas. Una dulzura de cartas, un testimonio real con el que cualquier madre se siente más que identificada.

Felicito con toda cordialidad a Laura Freixas, una escritora que ha indagado en el mundo femenino de la maternidad, ese espacio silenciado, invisible en el que parecen diluirse las mujeres madres. Cierto. Su rostro trasmite esa serenidad propia de la gente sabia. Con ese perfil de una matrona romana, me recuerda a una conocida mujer romana, Cornelia, madre de doce hijos, famosa por su carácter, sus tertulias literarias y sus cartas.

Laura, una  voz potente y veraz que habla del pobre y en ocasiones triste papel de la mujer-madre en la literatura.

“El punto de vista más llamativamente ausente en la literatura que versa sobre relaciones familiares es precisamente el de la madre. Si en general las mujeres “son dichas” más que “Se dicen”, si los personajes femeninos suelen ser vistos desde fuera –y cuando lo son desde dentro, es un autor masculino el que les da voz-, esto puede predicarse mucho más de las madres. Son muy escasas en la literatura las madres (madres reales y/o personajes de madre) que se expresan sobre la maternidad en primera persona”

En resumen un libro en el que vale la pena adentrarse como quien entra en un paisaje de cálidos bosques y auroras boreales, tan precioso que parece irreal.

 

No voy a ser madre. El club de la buena estrella

Autor Miércoles, enero 27, 2016 0 Permalink 0

woman-1148923_960_720

 

“Al principio, cuando me preguntaban cuando iba a ir a por el bebé y respondía que no quería ser madre, me miraban como un bicho raro. Se separaban unos pasos de mí y entornaban los ojos. Me encantan los niños. He cuidado bebés desde que era adolescente y me he encargado de mis sobrinos también. Pero eso no conlleva que quiera ser madre. Mi vida, mi pensamiento, mi mundo están lejos de la maternidad. ¿Sabes qué es lo más curioso? Que tenga que justificar mi opción. Por suerte, he conocido mujeres con el mismo planeamiento. Nos juntamos, charlamos y nos reímos. Como si perteneciéramos a un club atípico. El club de la buena estrella, fue el nombre que le puso una amiga, que se había hecho una salpingectomia, esterilización definitiva. Ella adoraba aquel libro. Lo curioso es que algunas madres, cuando están en grupo, me dicen que me pierdo algo indescriptible, genial. Otras, a solas, dicen que me envidian”.

Así hablaba una mujer con la que transité  por el camino de Santiago hace unos años. La recuerdo osada, generosa y tremendamente alegre, vital.

A pesar de encontramos en el siglo XXI, la presión por ser madre y cumplir las expectativas sociales y personales es tremenda. Creemos que poseemos cierta libertad y flexibilidad de pensamiento, pero la realidad es muy distinta. Se sigue viendo con cierto recelo, y hasta desconfianza, a aquellas mujeres que abiertamente expresan que en ningún momento se plantearon ser mamás.

Hay grupos de mujeres que deciden realizarse una esterilización voluntaria antes de los 30 años. Lo llevan en secreto, como quien comete un delito. Quizás para no tener que justificar lo injustificable, la libertad de elegir y errar. La mayoría refieren sentirse molestas por el peregrinaje que tuvieron que realizar para encontrar un doctor dispuesto a practicársela  Cuando escuchan eso de: ¿Te lo has pensado bien? Mira que puedes arrepentirte, eres muy joven. Ellas responden que ese mismo planteamiento, por ejemplo; ¿Has pensado bien lo de ser madre? Es para toda la vida… no se les hace a las mujeres que deciden ser madres, o aquellas que se someten a tratamientos de infertilidad.

 Las estadísticas hablan de un porcentaje de arrepentimiento del 50%. Claro que si preguntáramos a todas las personas de las decisiones erróneas sin marcha atrás que se han cometido en la vida, seguro que las cifras se podrían igualar o superar.

“¿Cómo puedo crear algo de la nada? ¿Y cómo puedo crear mi propia vida? Yo creo que es preguntándome y diciéndome a mí misma que no hay verdades absolutas”, Amy Tan.

Creo que no tener hijos es una opción tan aceptable como tenerlos. Lo esencial es realizar aquello que nos hace sentir bien sin dañar a otros. Todos sabemos que hay historias de madres espantosas, tristes, desgraciadas. Historias tan alejadas de sentir cariño por sus hijos como la tierra del planeta marte.  Estoy convencida de que muchas de esas mujeres no deseaban tener hijos. Estoy convencida de que no tuvieron otra opción.

Hace unos años, en 2013, se creó el movimiento NoMo (No mothers –no madres–), liderado por la británica Jody Day, creadora de la web Gateway-woman. Un movimiento  y  asociación que defiende los derechos de las mujeres que no han querido o no han podido ser madres. Tema que sigue siendo tabú. Cuentan con asesores, atención psicológica, formación y un largo etc. de apoyo y ayudas para estas mujeres que se apartan de la ‘normalidad’.

Ninguna mujer debería tener que explicar por qué no quiere tener hijos”, Helen Mirren (actriz).

Lo más triste de todo es escuchar, en voz baja, los comentarios de gentes que piensan que estas mujeres son frías y poco afectuosas.

 Entre mis mejores amigos hay una pareja que desde el principio tuvieron claro que no iban a ser padres. Son de los seres más adorables y encantadores que conozco. Ella es enfermera y sus pacientes la adoran.

Por otro lado tenemos otro grupo de mujeres que no pueden tener hijos. Era el caso de Virginia Monagle, educadora y escritora. Cuando fue consciente de que jamás tendría hijos, fundó junto con su esposo varias escuelas para ayudar a los niños más desfavorecidos.  Hablaba del espíritu maternal, es decir: una vida dedicada a los demás y feliz contigo misma.

 “Tengo algunas amigas que no han podido tener hijos y que son verdaderamente felices. Aman su trabajo y a los hijos de los demás. Una amiga, profesora en Colombia, ha adoptado a dos niñas, mientras que una elegante amiga italiana se dedica a un club de niñas en Roma. Una intrépida neozelandesa, que quería adoptar dos niños, acabó sacando a cuatro huérfanos de un horrible hospicio ruso”, V. Monagle.

Solía dar un consejo muy lindo a aquellas amigas que se encontraban en su misma situación: “El mundo está hambriento de espíritu maternal, y el espíritu maternal eres tú”.

Coincido totalmente con esta frase. El espíritu, la actitud, es lo importante, y eso es algo que todos poseemos, de una forma u otra. Con hijos o sin ellos cuidamos de los que tenemos al lado.

http://gateway-women.com/

http://www.independent.co.uk/life-style/the-human-condition-women-who-dont-want-to-be-mother-1575344.html

 

“Tenía seis años cuando mi madre me enseñó el arte de la fuerza invisible. Era una estrategia para salir vencedora en las discusiones, despertar respeto en los demás y, finalmente, aunque ninguna de las dos lo sabía por entonces, para ganar en el juego de ajedrez.

–Muérdete la lengua –me reprendió mi madre cuando me eché a llorar ruidosamente y tiré de su mano hacia la tienda donde vendían bolsas de ciruelas saladas. Una vez en casa, me dijo–: Persona prudente no va contra viento. En chino decimos: Ven desde el sur, avanza con el viento…, ¡puum! El norte seguirá. El viento más fuerte no puede verse“.

“También descubrí por qué nunca debería revelar el “por qué” a los demás. Retener cierto conocimiento que  uno ha de almacenar para su uso futuro. Ése es el poder del ajedrez. Es un juego de secretos, en el que uno debe mostrar y jamás decir”.

“El club de la buena estrella”. Amy Tan

 

 

Psicología Perinatal, la hermana pobre de la psicología.

 

 Psicologia-perinatal-la-gran-olvidada

“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida” Viktor Frankl

Para mi la psicología perinatal es la psicología que defiende la alegría. Sin embargo,  la miro y me recuerda a  una especie de hermana pobre de la psicología. Un pariente alejado  que ni siquiera aparece en los planes de estudio, ni en las asignaturas troncales, ni en las optativas. Nuestros futuros compañeros ni siquiera saben qué es. ¿A qué se debe ese silencio? La respuesta cae  del cielo como hojas en otoño. Son cosas de mujeres. Y de personas, añado,  personas vitales, osadas y profundamente alegres.

Empecemos por la definición ¿Qué es la psicología perinatal? Una variedad de psicología orientada a la prevención, cuidado, apoyo diagnóstico e intervención en las madres, en las familias durante todo el proceso que rodea al nacimiento. Desde la concepción, embarazo, parto y puerperio.

Una definición precisa y amable que borda el papel de una modalidad psicológica que en nuestro país se encuentra en pañales.

Los procesos de maternidad se contemplan como hechos fisiológicos y sociales absolutamente normales. Cierto. Sin embargo, la experiencia de ser madre marca profunda y en ocasiones negativamente a la mujer, pareja e hijos. Un hecho cotidiano, un ritmo de paso, un cambio de rol que de forma oculta se trasforma en una pesadilla disimulada.

Y es que hay una gran diferencia entre ser mujer y ser madre. Diferencia que muchas madres, tristemente,  perciben.

 “No debemos permitir que las percepciones limitadas de otras personas nos definan” Virginia Satir.

La psicología perinatal es la gran olvidada, una disciplina velada que con ingenua ligereza se acurruca en el cajón de la comisión de género e igualdad. Una lástima, porque todos convivimos a diario con personas relacionadas con procesos de maternidad y/o paternidad. Padres, madres, hermanas, amigos, compañeros, familia y un largo etc. entran a diario en el cálido y apartado mundo de las madres y padres.

Mirando el colegio de psicología al que pertenezco, copao, y otros, encuentro áreas como intervención en catástrofes, trabajo, tráfico y seguridad, deporte y otras. Me pregunto ¿Cuántas catástrofes pueden suceder al cabo de un año en una provincia, en una comunidad, en un país?  ¿Cuántas mujeres entran en la maternidad en un día, en unas horas, en unos minutos? Las cifras, de las que tanto somos amigos, cantan. La desigualdad escuece.

En las secciones de los colegios aparecen jurídica, intervención social, educativa, entre otras. Incluso en el Colegio General de la Psicología de España, Perinatal está ausente. No existe, ni en las áreas de intervención, ni en los grupos de trabajo. La paternidad y la maternidad son invisibles, psicológicamente hablando. Con este sombrío horizonte por parte de los colegios profesionales de psicólogos, ¿Qué pueden esperar las madres, padres, mujeres en general? ¿Cómo visibilizar algo que parece ignorarse? ¿Cómo defender y cuidar la fragilidad, la alegría ?

En España existe la asociación de Psicología Perinatal desde el año 2012. Enhorabuena. Actualmente hay un master de formación en psicología perinatal. Felicito a mis compañeras por ello. Una pena  que deba de existir una especialización en algo que resulta evidente, básico,  necesario. Debería contemplarse como un pilar imprescindible en la formación académica de los psicólogos.

Ojala y algún día a la psicología perinatal la eleven a la categoría que merece y aparezca brillando en el altar de las asignaturas troncales. Ojalá y algún día comparta espacio  junto a sus hermanas mayores de las principales secciones de los colegios profesionales. Ojalá. Entonces todos, hombres y mujeres, creeremos que es posible un mundo mejor.

No es cuestión de género, aunque parezca evidente, es cuestión de sentido común, sensibilidad. “Defender la alegría de los males endémicos y de los académicos”. M. Benedetti.

 

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera 
defenderla del caos y de las pesadillas 
de la ajada miseria y de los miserables 
de las ausencias breves y las definitivas 
defender la alegría como un atributo 
defenderla del pasmo y de las anestesias 
de los pocos neutrales y los muchos neutrones 
de los graves diagnósticos y de las escopetas 
defender la alegría como un estandarte 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los males endémicos y de los académicos 
del rufián caballero y del oportunista 
defender la alegría como una certidumbre 
defenderla a pesar de dios y de la muerte 
de los parcos suicidas y de los homicidas 
y del dolor de estar absurdamente alegres 
defender la alegría como algo inevitable 
defenderla del mar y de las lágrimas tibias 
de las buenas costumbres y de los apellidos 
del azar y también también de la alegría

Mario Benedetti

Carta de una gestante hospitalizada a su bebé en Navidad.

Autor Lunes, diciembre 21, 2015 0 No tags Permalink 0

 

angel-564351_960_720

 

Querido hijo de tan solo veintiocho semanas de gestación, hoy es navidad. Llevamos ingresados treinta y seis días; desde aquella tarde que tu bolsa de las aguas se rompió, sin saber ni cómo ni por qué. Desde entonces tú y yo andamos en reposo absoluto. Cinco semanas sin salir de la cama para nada, en esta bendita sala de maternidad.

Por estas fechas todos hablan de paz y amor. El mismo amor que  siento  cuando te mueves, cascabel de mi vida. Desde hace semanas mi vientre es una pandereta llena de color. Alegre, viva.

Ayer pasaron por aquí unos chicos y chicas cantando villancicos. Iban por todo el hospital animando a los enfermos. Con qué alegría abrió tu padre la puerta y los animó a entrar en la habitación. Comenzaste a moverte y yo, sin parar de sonreír, cante bajito también. Un chico rubio y pecoso tocaba una preciosa zambomba forrada de cintas de  colores.

Huele a castañas asadas. El turno de tarde pronto se irá. María, la enfermera, ha traído una bolsa y las están asando sobre el infernillo donde hacen el café. Me ha dejado unas  pocas en un cucurucho de papel blanco, calentitas, una maravilla.

Desde mi cama veo las cintas de doradas que han puesto en el techo del pasillo. Cuelgan estrellas de plata y unos angelitos de cartulina de vivos colores. Algún día tú y yo adornaremos nuestra casa. Seguro.

He mandado a papá a que grabe con una cámara el ambiente navideño, las luces, los adornos.  Todo. El enorme pino de  la entrada iluminado con bombillas de colores, las bandejas de mantecados que han puesto en admisión, el laborioso molino de agua del equipo de mantenimiento, el alegre mural hecho por niños ingresados que cubre una enorme pared de la tercera planta. Todo.  

¿Mamá, y cómo sabes todo esto?, te preguntaras. Me lo ha contado mi familia de aquí. Buena gente que cuidan de nosotros dos. Médicos, matronas, enfermeras, residentes, auxiliares, celadoras, limpiadoras y hasta un joven fontanero que arregló el grifo del aseo. Como las familias, nos contamos cosas. Marisa me mostró el gorrito de pastora que le cosió a su hija. Helena acaba de tejer su primera bufanda, azul. Pilar, la foto de sus nieta vestida de pastorcita  y Vicente, todo orgulloso, el vídeo de su hijo con su traje de Melchor el año pasado entregando los regalos.  Gente cercana.

Me encantan los belenes. El de la planta de digestivo, con su San José y su Virgen María hechos con botes de suero junto al niño Jesús, realizado con un frasquito de antibiótico. Todo de material reciclado, bajo un cielo blanco de algodón. El de pediatría hecho con chucherías: la estrella roja de regaliz, el pesebre de gominolas, los reyes magos con piruletas, los pastorcitos de ositos, el nacimiento con nubes rosa y azul, el portal con galletas, el río con chocolate. Una delicia. Han tenido que poner un cartel para que los niños no lo cogieran, porque todas las figuras están barnizadas. Brillantes y fuertes.

Hoy es Nochebuena y la ilusión flotaba en el aire esta mañana. En la risa contenida de Don Gregorio, el doctor que te observa en la ecografía; en la supervisora que ayer me trajo una velita blanca; en las pacientes que se van de permiso, como los soldados por navidad; en los preparativos de la cena que cuentan las auxiliares mientras me asean y cambian la cama; en la mirada chispeante de las residentes; en la colonia fresca del matrón. Todo me resulta alegre; bueno, y triste también.

Sabes, siento algo parecido a la nostalgia, como los anuncios de turrones y chimeneas y mesas adornadas.  Los abuelos viven muy lejos, los tíos con los suyos, los primos con los amigos y aquí nosotros tres en una habitación del hospital. No, hijo mío, te prometo que hoy no voy a  llorar.

Porque  la vida es bella, cielo. Tan bella como las flores que han mandado tus abuelos. La matrona y la auxiliar que esta noche trabajan, acaban de venir a felicitarnos. Llevan gorros de Papá Noel y un collar de cintas doradas. No las conozco, da igual, son gente entrañable. Un par de besos y abrazos que saben a sopa caliente. Han traído dos copas de cristal, una con champán para papá y otra con zumo para nosotros dos. 

Y a pesar de todo, pequeño tesoro, estoy inmensamente feliz. Mi corazón de mazapán brilla igual que una enorme bola roja porque has recuperado un poco de líquido amniótico. Porque la analítica sigue perfecta, sin signos de infección. Hasta la dichosa PCR, que es casi como una amiga, se mantiene bajita. A pesar del reposo absoluto en la cama, las continuas extracciones de sangre, el estreñimiento, los dolores de espalda y algunas cosas más, la vida es bella. Tú estás creciendo, vital y eso es lo que importa. El resto, algún día…

Papá y yo hemos brindado por ti, por nosotros, por la familia, por la paz del mundo, por todos. Hasta la flor de pascua parecía brindar. Un nudo en la garganta, y de nuevo los ojos parecen niebla. Y es que, desde que vivo aquí, me he vuelto muy sensible; aunque tu padre diga que soy fuerte y grande, yo me veo pequeñita. No sé, quizás sea la felicidad siempre frágil.

En el cielo brillan fuegos artificiales y pienso que la vida es un milagro, pura magia, como tú, como todos nosotros. Papá apaga la luz al escuchar mis bostezos. Cuánto lo quiero.  Deja la velita encendida junto a la ventana. Desde mi cama se ven las estrellas. Esta noche la luna parece una inmensa cuna. Y de nuevo mi vientre suena a pandereta, como todas las noches. Serán tus manos o  tus piernas o tu pequeña felicitación.  

Buenas noches, pequeño, recuerda que te quiero muchísimo. Hoy es Nochebuena y mañana, como todos los días, Dios dirá.

 

P.D. Una carta parecida a esta llegó a mis manos una madrugada. Me la mostró  Ana, una paciente que esperaba su primer hijo y que felizmente nació seis semanas más tarde.  Todo fue cierto. Hoy he pensado en ella. Mis compañeras y yo recordábamos en estos días algunas de las madres que estuvieron con nosotros en su misma situación.

Mi pequeño homenaje y más sincera felicitación para todas las madres que permanecen ingresadas en las plantas de maternidad de todos los hospitales del mundo. Para esas mujeres, valientes, fuertes, que guardan reposo absoluto con el alma en vilo, con la incertidumbre en su corazón de mazapán. Deseo que pronto tengáis a vuestros hijos en brazos. Para todas vosotras, que mostráis una lágrima o una inmensa sonrisa al escuchar el latido de vuestro bebé, sabed que en Nochebuena un ángel baja del cielo para que algunos sueños se hagan realidad.

Mis mejores deseos de  paz y dicha. Recordad que los milagros existen. Los veo todos los días. Feliz Navidad.

Para el niño o la niña  que todos llevamos dentro os dejo este precioso villancicos ( acaba de ser premiado. Enhorabuena). Cuidaros mucho.


MARÍA MADRE

La Virgen
sonríe muy bella.
¡Ya brotó el Rosal,
que bajó a la tierra
para perfumar!

La Virgen María
canta nanas ya.
Y canta a una estrella
que supo bajar
a Belén volando
como un pastor más.

Tres Reyes llegaron;
cesa de nevar.
¡La luna le ha visto,
cesa de llorar!
Su llanto de nieve
cuajó en el pinar.

Mil ángeles cantan
canción de cristal
que un Clavel nació
de un suave Rosal.

                 Gloria Fuertes.