Shantala, poesía en el masaje infantil

 

 masaje-para-el-bebe-infantil“Hay que hablar a la piel del pequeño hay que hablarle a su espalda que tiene sed y hambre igual que su vientre. En algunos países, las mujeres saben todavía esto. Aprendieron de sus madres, enseñaron a sus hijas este arte profundo que ayuda al niño a aceptar el mundo y lo hace sonreír a la vida”
Frédérick Leboyer

Hay libros que  nada más verlos te enamoras, sin saber ni como ni porque.  El diseño, los colores, el autor, la fotografía. Un algo etéreo  difícil de definir que te impide apartar la vista, sintiéndote seducida, hechizada.

Este es uno de ellos. Lo compre en Valencia  por los años ochenta  cuando estudiaba matrona.  Lo he recomendado cientos de veces. Nunca me cansaré de aconsejarlo. Una maravilla de libro.

“¿Alimentar al niño? Sí, pero no solamente con leche. Hay que tomarlo en brazos. Hay que acariciarlo, acunarlo. Y masajearlo” F. Leboyer

Escrito en un lenguaje poético, sugerente, describe el masaje que se conoce como Shantala. Una técnica milenaria de origen hindú que proporciona al bebé un bienestar físico y emocional.

El autor cuenta como descubrió esta bendita técnica:

“Conocí a Shantala en Calcuta, la ciudad que hace que los extranjeros temblemos de horror e indignación.
Ahí estaba Shantala, en Pilkana, el poblado mas pobre y sórdido de esta ciudad.
La vi una mañana soleada, en las calles, masajeando a su bebé.
Me paré de un tirón, impresionado por lo que veía: en el medio de la suciedad y la miseria, un espectáculo de belleza pura.
Un diálogo silencioso de amor entre una madre y un bebé.
El entorno horroroso de pronto se desvaneció.
Nada existía mas que la luz de ese amor.
¡Que lección!
Me quedé silencioso y confuso, me sentí como un intruso, observando accidentalmente ese intercambio de amor.”

En su honor bautizó este tipo de masaje  que ha dado la vuelta al mundo.

El libro entero es pura poesía. Sencillez, sabiduría, autenticidad. Un poema visual que acaricia con infinita ternura las palabras sabias y bondadosas de Leboyer

Os lo recomiendo para vosotros y para todos aquellos que realmente apreciéis. Es uno de los mejores regalos que podéis hacer. De paso, feliz verano.

“Los cinco sentidos del bebé son uno sólo,
todos ellos son inicialmente una extensión de su piel.
Son los dedos del cerebro,
sintiendo, explorando el mundo exterior…
y todo comienza con el tacto.

Ser tocado y acariciado,
ser masajeado,
es alimento para el bebé.
Alimento tan necesario como los minerales, vitaminas y proteínas.
Carente de este alimento,
que es también llamado amor,
los bebés morirían,
y a veces lo hacen”

F. Leboyer

 

El parto en la pantalla. Una escalera al revés.

Autor Viernes, julio 8, 2016 0 Permalink 0

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“Las palabras nunca alcanzan  cuando lo que hay que decir desborda el alma” Julio Cortázar

Dicen que la ficción imita la vida. Quizás.  En temas de parto no sé si considerarlo una burda imitación o un tierno desacierto. Puede que solo sea ingenuidad, la que lleva a escritores y guionistas a colorear la realidad para adaptarla a las luces cinematográficas.  Algo así como subir una escalera al revés.

El cine y  la televisión son un juego de luces y sombras  que con frecuencia nos pintan una realidad superficial, banal. Los partos en la pantalla aparecen como una pantomima o un asunto excesivamente dramático. Irreal. Y es que la normalidad no tiene ningún valor televisivo. El drama sube la audiencia. Y en el tema de maternidad, o lo colorean de comedia o de auténtica tragedia. No hay términos medios. Una imitación de la realidad tan edulcorada que difícilmente puede ser creíble y que al final consigue el efecto contrario, un entretenimiento deformado y sesgado.

Ina May Gaskin (2003) afirmaba, “las exigencias de la televisión comercial y el cine han dado lugar a la propagación de muchos mitos y conceptos erróneos acerca de parto y el nacimiento… Las mujeres y las niñas criadas con este tipo de información, sin un conocimiento preciso, aprenden a  equiparar el dolor del parto con el peligro. El dolor se presenta como si pudiera ser fatal “

El parto en la pantalla. Una exageración basada en hechos reales. Una escena sintetizada con cientos de realidades. Lo que podía ser un momento conmovedor, intenso y agradable el celuloide lo convierte en una parodia o un drama.

Hace un par de semanas, Ana, una gestante de 38 semanas, no terminaba de creer que no estuviera de parto. Recuerdo que tras ponerle el monitor y explicarle la situación, me dijo que se sentía fatal. Recordaba escenas de partos en tv y además del miedo que sentía, se veía  confusa, desorientada, perdida.

No lo entiendo. He venido cuando he sentido las primeras contracciones. Estábamos paseando   cuando de pronto he notado la tensión en el vientre. Una dureza y una molestia que me bajaba por los muslos, como un calambre. Muy fuerte. Tuve que detenerme. Cogimos el coche y al llegar  aquí  me dicen que tengo el cuello cerrado. ¡Cerrado!  De verdad no lo comprendo. El otro día en una película, ella empezaba con contracciones, como yo,  en un centro comercial y casi no llegan al hospital. ¿Y ahora qué? La ginecóloga me ha dicho que pase la noche aquí y mañana si sigo igual, a casa. Esperar. ¿Esperar a qué? Qué torpe me siento. Qué torpe.

¿Qué diferencias hay entre un parto televisivo y uno real?

  • En la pantalla el parto se desencadena de forma brusca, repentina. Aparece una contracción que hace las veces de campana y anuncia que el bebé va a llegar ¡ya! En la vida real, las contracciones vienen y van como salvas, agrupadas. Aparecen y desaparecen con facilidad. Desde la primera contracción prodrómica o de preparación hasta que se desencadene el parto, pueden pasar días o semanas.
  • La gestante rompe bolsa, generalmente en un sitio público, lleno de gente y todo se pone en marcha como si de un incendio se tratara. Nervios, prisas, urgencias, sensación de gravedad inminente porque el bebé puede salir en cualquier momento. La mayoría de veces desde que se rompe aguas hasta que comienza el parto, suelen pasar horas, bastantes horas.
  • El momento del parto; el expulsivo, los pujos, la salida del bebé; se reviste de un dramatismo exagerado. Gritos, insultos, conductas agresivas, desmayos y un sinfín de teatralidad. A todo ello, suelen añadirse casos dramáticos, desafortunados, que por suerte, se dan con escasa frecuencia.  El expulsivo es un momento duro, intenso, agotador, hermoso, liberador. Colorear ese momento de drama y desesperación es desorbitar el instante.

Un estudio realizado por la profesora Sarah Clemente sobre la distorsión del nacimiento en la televisión británica en 1993, mostró que  la mayoría de partos fueron retratados como un proceso rápido e impredecible, inesperado. De los 92 nacimientos emitidos, cuatro bebés y una madre murieron y otros cinco bebés y cuatro madres sufrieron complicaciones que amenazaban la vida. Como veis, bastante efectista, televisivamente hablando.

Todo esto sucede en series de tv y películas en las que aparece un parto. Por suerte, cuando la película trata de la maternidad, entonces sí se produce un fiel reflejo de lo que puede ser el hecho materno.

Comparto con vosotros un par de artículos geniales  sobre embarazo y parto en el cine,  publicado en la revista “Pediatría Atención Primaria.   En él, el neonatólogo Javier González de Dios, uno de los autores, afirma que sería bueno prescribir determinadas  películas.

  • No llores mujer (Christy Turlington, 2010);
  • Nacer-Diario de maternidad (Jorge Caballero, 2012);
  • Néixer (Ana Victoria Pérez, 2012)
  • Un feliz acontecimiento (Rémi Bezançon, 2011).

Son grandes películas que nos hacen pensar y tomar concienciar sobre lo que de verdad importa; los conflictos del embarazo, el tema  del parto, las dificultades del parto respetado y el problema de la maternidad como reto, como experiencia trasformadora de la mujer, de la pareja, de la familia.

A Ana, la gestante de la que os hablé, le dieron el alta al día siguiente. Hizo tres visitas más al hospital antes de que ingresara de parto. Un parto rápido, precioso y nada dramático. Por suerte, la realidad  suele ser más bondadosa y plena que  la ficción. Cuidaros.

 

Instrucciones para subir una escalera al revés

Julio Cortázar

En un lugar de la bibliografía del que no quiero acordarme, se explicó alguna vez que hay escaleras para subir y escaleras para bajar; lo que no se dijo entonces es que también puede haber escaleras para ir hacia atrás. Los usuarios de estos útiles artefactos comprenderán, sin excesivo esfuerzo, que cualquier escalera va hacia atrás si uno la sube de espaldas, pero lo que en esos casos está por verse es el resultado de tan insólito proceso. Hágase la prueba con cualquier escalera exterior. Vencido el primer sentimiento de incomodidad e incluso de vértigo, se descubrirá a cada peldaño un nuevo ámbito que, si bien forma parte del ámbito del peldaño precedente, al mismo tiempo lo corrige, lo critica y lo ensancha. Piénsese que muy poco antes, la última vez que se había trepado en la forma usual por esa escalera, el mundo de atrás quedaba abolido por la escalera misma, su hipnótica sucesión de peldaños; en cambio, bastará subirla de espaldas para que un horizonte limitado al comienzo por la tapia del jardín, salte ahora hasta el campito de los Peñaloza, abarque luego el molino de la Turca, estalle en los álamos del cementerio y, con un poco de suerte, llegue hasta el horizonte de verdad, el de la definición que nos enseñaba la señorita de tercer grado. ¿Y el cielo? ¿Y las nubes? Cuéntelas cuando esté en lo más alto, bébase el cielo que le cae en plena cara desde su inmenso embudo. A lo mejor después, cuando gire en redondo y entre en el piso alto de su casa, en su vida doméstica y diaria, comprenderá que también allí había que mirar muchas cosas en esa forma, que también en una boca, un amor, una novela, había que subir hacia atrás. Pero tenga cuidado, es fácil tropezar y caerse. Hay cosas que sólo se dejan ver mientras se sube hacia atrás y otras que no quieren, que tienen miedo de ese ascenso que las obliga a desnudarse tanto; obstinadas en su nivel y en su máscara se vengan cruelmente del que sube de espaldas para ver lo otro, el campito de los Peñaloza o los álamos del cementerio. Cuidado con esa silla; cuidado con esa mujer.

Autoestima y mujer.  La  vida está en otra parte.

Autor Lunes, junio 20, 2016 0 Permalink 0

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“Nunca sabremos por qué irritamos a la gente, que es lo que nos hace simpáticos, qué es lo que nos hace ridículos; nuestra propia imagen es nuestro mayor misterio Milan Kundera

Siempre hemos sabido, yo la primera, que la autoestima femenina se mueve, casi siempre, por la cuerda floja de la vida. Cierto que somos grandes, fuertes, maternalmente poderosas, inquietas, pero en ocasiones nos falta la osadía necesaria para querernos un poco más. La osadía precisa que nos haga centrarnos en lo que somos, en nuestros logros, en nuestras luces. El valor que nos permita amarnos por hacer lo correcto, sin esperar que la mirada ajena nos aplauda o nos silbe.

¿Qué es la autoestima?

Es una especie de cajón de sastre donde cabe todo lo relacionado con el amor a uno mismo. Podía resumirse como: la valoración que tenemos sobre lo que pensamos de nosotros, algo esencial para la supervivencia psicológica, la forma en la que nos percibimos, ya sea en nuestra forma de ser o nuestro cuerpo. Un juicio sobre nuestra propia competencia y valía personal.

Hay un par de cosillas a tener en cuenta para conjurar el fantasma de la culpabilidad,  esa especie de desafecto que a veces nos define y nos acompaña como una sombra velada. Conocer de donde partimos nos lleva a situarnos en una realidad más benévola, más certera.

  1. La autoestima es un asunto social. Las mujeres partimos de una valoración social inferior respecto a los hombres. Es frecuente que la baja autoestima se dé en mujeres que han crecido en familias con roles rígidos y tradicionales. La socialización masculina enfatiza la autonomía, la autoconfianza y la independencia. La femenina sigue promoviendo la expresión emocional, la búsqueda de la intimidad y la independencia.
  1. La pérdida de autoestima que se sufre en la adolescencia, la madre de todos nuestros desvelos, es más dramática y duradera para los chicos que para las chicas. Donde se aprecia la diferencia entre ambos sexos es en el ámbito de hacer cosas. Las chicas se sienten menos competentes en muchas áreas. Hay que tener en cuenta que nuestras habilidades, nuestras competencias tienen valor para la supervivencia, para el hecho de estar preparado en la vida. Por ejemplo se sabe que en las clases, los chicos hablan e interaccionan más, manifestándose más autoafirmativos que las chicas. Las chicas reciben elogios por su aspecto físico. Al preguntarles que rasgo de ellas valoran más, nombran uno físico. En cambio, los chicos muestran un talento como rasgo positivo de sí mismos.

“Ser flexible es ser capaz de tomarse el pelo uno mismo y que la autoestima se muera de la risa” Walter Riso

Y es que a veces somos demasiado rígidas, perfeccionistas, exigentes con nosotras mismas. Al poner el listón tan alto, nunca, ni siquiera conceptualmente, podemos llegar. Creo que es importante recordar de vez en cuando que la perfección es un concepto, una teoría, nunca una realidad. Nosotras somos pura artesanía y como tal, maravillosamente imperfectas, únicas.

“Bailaban juntos en medio del salón los dos solos; y Xavier vio que la mujer tenía el cuello maravillosamente marchito, la piel alrededor de los ojos maravillosamente ajada y que alrededor de su boca había dos maravillosas y profundas arrugas, y se sintió feliz de tener entre sus brazos tantos años de vida, de tener él, un estudiante, entre sus brazos, una vida casi completa”  La vida está en otra parte. Milan Kundera

 

¿Qué podemos hacer para querernos un poco más?

Os dejo algunas sugerencias. No hay recetas mágicas, como no hay verdades absolutas, solo ideas que a otros han servido y os pueden ayudar.

  1. Recupera tus logros y aprendizajes. Mira atrás y haz un listado con todo lo que has logrado, a nivel personal, social, laboral. Desde que eres niña, recuerda, has alcanzado muchas metas.
  2. No te compares con nadie. Eres única, absolutamente única y genial. No tiene sentido las comparaciones porque eres distinta. Has vivido circunstancias, entornos y con personas diferentes a todos aquellos con los que a veces te comparas, nos comparamos. Posees talentos y destrezas únicas.
  3. Centra tu atención en lo que eres, no en lo que tienes. Tu valor como persona depende del verbo ser. Depende de tu inteligencia, tu bondad, tu esencia. Los objetos materiales, títulos académicos, brillo social…es secundario, siempre es secundario.
  4. Haz cosas que te gusten. Es bueno hacer una lista de cositas que nos hacen sentir bien, todos los días haz alguna de ellas.
  5. Enfócate en tus cualidades positivas. Al igual que ante un precioso vestido, si aparece una mancha, está es la que más se ve, a nosotras nos pasa lo mismo, queremos ser tan perfectas que sólo nos fijamos en nuestras manchas. Dirige tu atención hacia los aspectos más positivos de tu vida. Aquello en lo que centras tú atención tiende a hacerse más grande.
  6. Valórate tú misma, no esperes a que te valoren desde fuera. Siéntete orgullosa de ti, de tus logros. Eres la persona más importante de tu vida. si no te valoras a ti misma, no te valoraran los demás.

 

Os dejo con un precioso poema de Gioconda Belli. Cuidaros.

Y Dios me Hizo Mujer

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

 

Gioconda Belli

 

 

 

 

Plan de parto y nacimiento. Las palabras andantes

Autor Miércoles, junio 1, 2016 0 No tags Permalink 0

 

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”  Eduardo Galeano.

Plan de parto, término acuñado por Sheila Kitzinger  en 1980 en Estados Unidos, un término que los países anglosajones utilizaron para exigir un parto lo menos medicalizado posible.

Mucho ha llovido desde entonces y ahí vamos. A trompicones, pasito a paso. Como Penélope, tejiendo y destejiendo lo acordado.

El objetivo del mismo era facilitar un ambiente de confianza entre el equipo sanitario y la gestante. Como siempre ¡Qué lejos caminan la teoría de la práctica! ¿Por qué digo esto? En la mayoría de casos, se consigue el efecto contrario; despertar la hostilidad de ginecólogos y matronas que no aceptan que  “alguien” les diga lo que deben hacer, o en este caso, lo que no deben hacer.

Después de todo, lo que refleja este documento son las practicas respaldadas por la evidencia científica, como son: inicio espontaneo, elección de la postura en la dilatación y en el parto,  no recibir intervenciones sistematizadas,  posibilitar la ingesta de líquidos, contar con apoyo emocional y físico, facilitar una postura adecuada en el parto y no separar al recién nacido de su madre.

Además de la reticencia de los profesionales aparecen otras dificultades. Y es que a veces lo que deseamos no puede ser.

Es como la vida misma. Planeamos tantas cosas que luego no salen. Y de pronto debemos improvisar, arreglar las expectativas rotas, coser las ilusiones descosidas por esa realidad que nunca controlamos y que creemos, con nuestra bendita ingenuidad, que podemos hacerlo.

He visto planes cargados de sueños, tan irreales como tiernos. Mujeres que junto a poder levantarse,  añaden entre paréntesis, como una tímida súplica, la palabra epidural.

Hay un momento  en el que las mujeres me muestran  sus planes de parto, orgullosas, desafiantes y sé con toda certeza que no podrán llevarlos a cabo.  Son embarazadas que aún andan por  la fase prodrómica ( No ha empezado el parto, apenas llegan a los 2cm de dilatación) y ya se encuentras doloridas, cansadas, tibiamente desesperadas.

Lo curioso, lo triste, es esa información deformada,  esas palabras andantes mal explicadas, mal comprendidas.   Les pregunto quién les ha ayudado a rellenar, completar  su plan de parto  y, volvemos a lo de siempre; personal no cualificado.

Y es que la dichosa administración,  ignora  que el vínculo más directo con las mujeres se establece en atención primaria, lugar donde la mujer y su pareja, deberían recibir toda la información necesaria. Difícil.  Ellos se desentienden de los más débiles,  los más vulnerables y creen que cualquier profesional está preparado.  Esta  tierra del sur junto al mar, brilla por su ausencia de matronas en sus centros de salud. Pobres, así les va a muchas  madres.

 “Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominará. Que todas esas historias son puras mentiras que Adán contó a la prensa” Eduardo Galeano

¿Qué dice la evidencia de los planes de parto?

Al parecer  correlaciona positivamente aportar un plan de  nacimiento con el aumento del contacto piel con piel.  Será  porque  conllevan más partos eutócicos (partos normales, sin el uso de instrumental)  al no utilizar la anestesia epidural  y, no necesitar  separar al bebé nada más nacer para que lo valore el pediatra.

Un estudio realizado en el hospital clínico universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia en 2011-2012, encontraron un porcentaje del 2,6% de mujeres que habían presentado un plan de parto y nacimiento.  Algo es algo. Incluso el camino más largo, comienza con un primer paso.

También hay que tener en cuenta sus pequeños inconvenientes.  No todo es de color rosa. Cuando una mujer se siente segura al realizar un plan de parto, aumenta su confianza. Confianza que puede venirse  abajo, como un castillo de naipes,  si no se cumplen sus expectativas, pudiendo ocasionar una pérdida de autoestima o una indefensión aprendida.

Recuerdo  a una asombrosa mujer, botando sobre su pelota, escuchando música en su mp3 y repitiéndose consignas; venga valiente! Tu puedes!! Adelante.  Tuvo una preciosa niña de casi cuatro kilos. Habrán pasado seis años desde entonces y la recuerdo con mucho cariño. Estés donde estés, N. te felicito de nuevo.

Aquí os dejo varios enlaces que seguro os serán de utilidad. Cuidaros.

http://www.scielo.br/scielo.php?pid=S0104-11692015000300520&script=sci_arttext&tlng=es

http://www.federacion-matronas.org/revista/matronas-profesion/sumarios/i/14426/173/el-plan-de-parto-a-debate-que-sabemos-de-el

http://www.msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/equidad/planPartoNacimiento.pdf

 

Las palabras andantes.
Escrito en un muro de Montevideo: Nada en vano. Todo en vino.
También en Montevideo: Las vírgenes tienen muchas navidades, pero ninguna nochebuena.
En Buenos Aires: Tengo ambre, ya me comí la h.
También en Buenos Aires: ¡Resucitaremos aunque nos cueste la vida!
En Quito: Cuando teníamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas.
En México: Salario mínimo para el presidente, para que vea lo que se siente.
En Lima: No queremos sobrevivir. Queremos vivir.
En La Habana: Todo se puede bailar.
En Río de Janeiro: Quien tiene miedo de vivir, no nace.  

Eduardo Galeano

Día internacional de la matrona. Gracias

Autor Jueves, mayo 5, 2016 2 No tags Permalink 0

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“Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”. Gabriel García Márquez

Hoy quiero dar las gracias a las madres. Sin ellas no seríamos nadie y gracias a ella, somos todo.

Hoy es nuestro día internacional, cuentan. Vienen a mí el recuerdo, la voz, el rostro de gentes que han hecho de esta profesión un lugar grande, inmenso, poblado de estrellas y aguaceros, de aciertos y desaciertos. No somos perfectas. Sí, porque todo aquello que nos configura como profesionales, lo bueno y no tan bueno, también es nuestro.

Gracias a las mujeres que se acercan, tímidas, curiosas, a buscar un consejo, a recibir un cuidado, a escuchar una palabra, una frase de ánimo que les alivie los temores y les haga saber que todo irá bien, que no hay madres buenas o malas, que todas son madres estupendas, que lo que importa es lo que se intenta, el amor. Lo demás es como lluvia con tierra.

Gracias a nuestras residentes de matronas, entrañables personajes, por esa sensibilidad que las hace únicas, especiales. Gracias a ellas he aprendido tanto!!

Gracias a todos aquellos, visibles e invisibles,  que habéis hecho reinventarnos, reciclarnos, crecer, aprender, soñar con tener algún día una vida propia, independiente.

“El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad Ana María Matute

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Gracias a las personas, a las mujeres que nos presionan a ser mejores, a hilvanar la evidencia con la práctica, que hacen suyas nuestras reivindicaciones, que están ahí, a nuestro lado.

Gracias a los compañeros que día a día están luchando porque nos dejen ocupar el lugar que nos corresponde, un lugar donde las mujeres, madres y sus hijos se sientan seguras, acogidas, cuidadas.

Gracias a las compañeras formadas en otro país, que nos muestran otra mirada, otra práctica. Sigo pensando lo que un día escribí; de mayor quiero ser midwife.

Gracias a las madres fuertes, grandes, asombrosas, cuyos hijos se convirtieron en ángeles antes de nacer.

Gracias a los compañeros, auxiliares, enfermeras, celadoras, jefas, limpiadoras y como no, nuestros queridos ginecólogos. Sin todos vosotros nuestro trabajo estaría huérfano.

Gracias a la ONG  amref cuyo programa de formación de matronas en África es  una bendita realidad.

Y en general gracias a las buenas gentes que nos ayudan a parirnos a nosotras mismas una y otra vez, que nos ayudan a conjugar nuestros queridos verbos; construir, acompañar, silenciar, ofrecer, soportar, sostener, calmar y sobre todo, animar.  Animar y seguir una y mil veces por encima del miedo, del desánimo, los profesionales defensivos, la desinformación, la ansiedad, las palabras gastadas, el abandono institucional, los esposos fiscales, las desconfiadas abuelas, el cansancio, los gestos contenidos, la impaciencia, el dolor.

Resumiendo; porque no seriamos quienes somos y quien queremos ser sin todos vosotros,  porque  nos necesitáis y os necesitamos. Gracias.

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“Pensando sobre lo que podía decir hoy, he decidido compartir con ustedes algunos de mis pensamientos sobre los problemas comunes con los que todos nosotros, como miembros de la familia humana, nos enfrentamos. Puesto que todos compartimos este pequeño planeta, tenemos que aprender a vivir en armonía y paz entre nosotros y con la naturaleza. Esto no es solamente un sueño, si no una necesidad. Dependemos los unos de los otros en tantas cosas que ya no podemos vivir en comunidades aisladas, ignorando lo que ocurre fuera de ellas. Cuando nos encontramos con dificultades necesitamos ayudarnos los unos a los otros, y debemos compartir la buena fortuna que gozamos. Les hablo solamente como otro ser humano, como un sencillo monje. Si encuentran útil lo que digo, espero que intenten practicarlo”   Dalai  Lama

Buena madre, mala madre. El baile de los adjetivos

Autor Miércoles, abril 20, 2016 0 Permalink 0

 

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Mi suegra, mi hermana y hasta mi mejor amiga creen que soy una mala madre. No lo dicen, no hace falta. Noto sus miradas acusadoras cuando les hablo de mi pequeño de año y medio  durmiendo en nuestra cama, de los potitos que le gustan, de la guardería donde come, del parque infantil al que va con su padre, de la comida que compro, de mi trabajo, de la asistenta, del fin de semana que me fui con mis compañeras y cosas de esas. He decidido hablar poco, alejarme de ellas y vivir mi vida, pero están ahí. Son su abuela, su tía, su madrina.  Nunca seré como ellas, lo sé, sufridoras y anegadas madres. Tampoco se si quiero serlo. Estoy criando a mi hijo lo mejor puedo, sin embargo, no me siento bien.

Estas fueron las palabras, inquietas,  de una madre que precisaba ayuda psicológica. Una mujer agobiada ante la creencia de no ser una buena madre. Le faltaba el aplauso, la palmada en el hombro de su círculo más cercano. Recuerdo que me llamó la atención que a pesar del apoyo incondicional de su pareja en todo, sentía que su grupo de iguales, su madre, su hermana y amiga, todas mujeres, todas madres, le recriminaran cada frontera que cruzaba. Aunque creo que lo que más le reprochaban era que no tuviera interiorizada la idea de que ser madre es un tremendo y constante sacrificio.

Para su círculo más cercano, ella debería ser esa  madre omnipresente, generosa y resignada. Ama de casa segura, discreta y sufrida en aras del bienestar familiar. Ficción maternal imaginaria.

“Que poco se requiere para desviar la vida en determinada dirección”  I. Nemirovsky

Hace unos meses volví a verla, embarazada de su segunda hija. Feliz, satisfecha con su vida, imperfecta y grandiosa. Como todas las madres.

Debido a la imagen dual que todos llevamos dentro, las madres se mueven en polos opuestos. La bruja malvada, egoísta y perversa o el hada buena, perfecta y virtuosa. Figuras literarias. Nada más lejos de la realidad.

No hay malas o buenas madres. Una historia cuenta lo siguiente: Le preguntaron a una niña, si los malos fueron negros y los buenos fueran blancos ¿de qué color serías? A rayas.

En la red, en las librerías, en el cine, proliferan los clubs más diversos sobre la maternidad. El club de las madres imperfectas, solteras, cabreadas, novatas, madres felices, malas madres. Toda una tipología de mujeres que colorea el mapa de las etiquetas maternales, con humor y con ironía. Riéndose de sí mismas y de esa vida real tan alejada de la teoría, de las expectativas. Todo para alejar al fantasma de la culpa, para alejar lo más lejos posible la idea de que después de ser madre, nada volverá a ser igual. Ay, la culpa. Una palabra enormemente femenina.

Una madre, acertada, correcta, razonable, sensata, buena… es una persona que busca superarse, sin precisar medallas que le hagan  sentirse fuerte, frágil, poderosa, grande, única.

Ser madre es estar permanentemente en danza. Adelante y hacia atrás. A veces, el cansancio, nuestro alto nivel de autoexigencia y nuestras elevadas expectativas, nos hacen perder el ritmo y sin querer pisamos al compañero o nos salimos de la pista. No importa, sonreímos y vuelta a empezar. Como siempre, con mucho humor y mucha filosofía.

“El mundo está regido por leyes que no se han hecho ni para nosotros ni contra nosotros.”  Irene Nemirovsky

¿Qué es lo que importa cuando se es madre? lo que intentamos. Porque muchos de nuestros logros, acertados o no, no dependen de nosotros. La maternidad es el mayor experimento  de nuestras vidas, con miles de variables incontrolables. Podemos minimizar el impacto de dichas variables, nada más. Por ello, estoy convencida que lo esencial es lo que intentamos.

Para todas vosotras, Feliz día de la madre. Un besazo compañeras de aciertos y desaciertos.

 *  http://clubdemalasmadres.com/

*  http://elclubdelasmadresfelices.com/

Un baile… Dios mío, Dios mío, ¿sería posible que hubiera, a dos pasos de ella, una cosa espléndida que ella imaginaba vagamente como una mezcla confusa de música frenética, perfumes embriagadores, trajes deslumbrantes y palabras de amor cuchicheadas en un gabinete apartado, oscuro y fresco como una alcoba… y que ella estuviera acostada, como todas las noches, a las nueve, como un bebé…? Quizá los hombres que supieran que los Kampf tenían una hija preguntarían por ella; y su madre respondería con una de sus odiosas risitas: «Oh, hace rato que duerme, claro…»

El Baile ”  Irene  Nemirosvky

Nuevos Padres, nuevos hombres.

Autor Lunes, abril 4, 2016 0 Permalink 0

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“Todos necesitamos alguna vez un cómplice
alguien que nos ayude a usar el corazón”. Mario Benedetti.

Las mujeres del siglo XXI reclaman a sus compañeros mayor complicidad emocional,  más comunicación, reparto igualitario de tareas y compartir los cuidados del bebé.  Hoy en día la implicación del padre en los cuidados de los hijos parece hasta natural. Ni siquiera se cuestiona. Claro que sobre el papel todo es armónico, como un bello concierto, hasta que la realidad desafina y nos despierta de esa dulce utopía.

Tradicionalmente en su relación con las mujeres se han situado en un plano superior o un en un nivel de dependencia sentimental. Nunca en relaciones de igualdad. Los tiempos cambian, sin embargo a muchos hombres les cuesta relacionarse igualitariamente con su pareja porque los espacios masculinos (trabajo, deportes, ocio…) siguen siendo competitivos y jerárquicos.

Educados para reprimir sus emociones, el modelo de relación aprendido de dominación-sumisión no es válido en el siglo actual. De pronto se hallan perdidos, a la deriva en un mundo de exigencias igualitarias, donde la autoridad del padre de familia, por suerte, ya no es sagrada. Hoy el respeto se gana, no se impone.

Estos padres igualitarios o padres cuidadores sienten una profunda soledad. Carecen de referencias en las que mirarse. Sin modelos sociales, sin aplausos familiares sienten que pisan un terreno de arenas movedizas por el que no saben bien cómo moverse.

Los nuevos varones felicitan a la mujer el 8 de marzo, las ensalzan, valoran y  apoyan sus reivindicaciones. Sin embargo siguen ayudando en las tareas domésticas sin asumirlas como propias, evaden obligaciones con la excusa de la torpeza masculina o la ignorancia, lavan el coche pero no los baños…

Claro que configurar esta nueva identidad no debe ser fácil. Aprender a construir una paternidad sin patriarcado, auto modelarse, reconstruirse social y personalmente en un mundo tan cambiante debe suponer un tremendo esfuerzo.

Resulta curioso y loable descubrir cómo algunos padres se han unido para revindicar  estructuras más limpias, sanas e igualitarias en las relaciones personales y familiares. Como muestra os dejo algunos enlaces de asociaciones y grupos de hombres que defienden y luchan por una nueva forma de pensar y relacionarse.

http://www.siloshombreshablasen.es/ Hacia un nuevo paradigma de paternidad y masculinidad.

http://www.ahige.org/: Todo hombre es una revolución pendiente, reza el slogan de la web de la asociación de hombres por la igualdad de género: AHIGE

http://men-care.org/ Una organización en más de 50 países que promueve la involucración de los padres en la crianza.

Felicito a estos hombres que quieren y han optado por disfrutar de la crianza, del hogar, a pesar de las presiones, inevitables, del entorno social. Ayer mismo, una abuela regañaba a su yerno por cambiarle el pañal a su bebé, con lo torpes que sois los hombres, déjame, anda.

Y es que nos guste o no, debo admitir que el discurso machista escampa a sus anchas también entre las mujeres. Podía justificarlo por la edad o la educación recibida, pero lo triste es que  también lo escucho en mujeres jóvenes.

Por suerte se van dando pasos poco a poco, a pesar de los pesares.

Hace unos meses, hablando con una pareja sobre los nuevos padres y su implicación en la crianza, el hombre confesó lo duro que fue para él el cuidado de su primer hijo. Su familia quería que él siguiera con el tradicional rol de hombre y dejara de hacer cosas de “mujeres”. Cuando su hijo cumplió tres meses su mujer le regaló el poema de Mario Benedetti, no te rindas, enmarcadado en un pequeño marco de madera blanca. No te puedes imaginar lo que lloré leyéndolo, aún me emociono al recordarlo. Me ayudó muchísimo. Claro que eso no se lo conté a nadie. Tampoco hacía falta. Solo lo sabíamos ella y yo.

Para estos nuevos hombres, nuevos padres, mi pequeño homenaje en forma de este valioso poema de un hombre excepcional.

http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201603/26/enrique-arranz-catedratico-psicologia-20160319002334-v.html

 

NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

MARIO BENEDETTI

Padres de bebés prematuros, entre el estupor y la maravilla

Prematuros-padres-consejos

 

“Estamos vivos por dentro cuando sabemos acoger lo que nos viene de fuera. Cuando lo de fuera, sea lo que sea, frágil, es lo frágil y lo velado, lo gestado y lo naciente”, Pablo D´Ors

El nacimiento de un bebé prematuro es algo desconcertante. Llega de forma inesperada, como una estrella fugaz que nadie espera. Este “antes de tiempo” deja a los padres desprotegidos, vulnerables, a la intemperie de unas emociones y sentimientos difíciles de aceptar y comprender.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Qué hemos hecho mal? Una larga constelación de preguntas se va hilvanando una a una con una dolorosa cadencia en ese universo idílico que se les ha venido abajo.  Ver a unos padres junto a su hijo prematuro es algo indescriptible. Desolados, perdidos, confundidos, como si de pronto se sintieran en otro mundo, en otro planeta y no supieran qué hacer, qué decir, qué sentir, qué pensar. Es una escena desoladora. De pronto un viento helado entra en sus vidas congelando sus sueños, sus fantasías, su construcción personal del nuevo rol. Tremendo.

En el aire flota una enorme interrogación que parece abrazarlos por sorpresa. Tumbada en la cama o en la mesa de partos, la madre lo ve desde lejos, cansada tras el desenlace. El padre, a pocos metros de la cuna térmica donde los pediatras reaniman al pequeño ser, tiembla. Aprieta los labios tratando  de sujetar las lágrimas que desbordan su realidad. Se lleva la mano a la boca. Incrédulo y desconcertado ante su hijo, ese diminuto bebé que no se atreve ni a mirar.

La presencia del bebé  es inmensa. Un arco iris en el cielo de la vida que refleja lo que somos, seres tremendamente frágiles. Cuando los veo así tan diminutos, tan vulnerables, tan tibios, tan luchadores, tan inquietos por vivir, pienso que son los seres que mejor definen la fuerza de la fragilidad.

“Descubrí el asombroso mundo de lo pequeño, donde se oculta, sin ninguna duda el misterio de todo lo visible e invisible”, Pablo D’Ors.

Para los padres y la familia, es una tremenda crisis emocional. Experimentan reacciones de duelo,  tristeza, pérdida de apetito, alteraciones del sueño, rabia, culpa y desesperanza. Aparece un vaivén de emociones por el que transitan asustados. El rechazo, la culpa, el miedo se instala en su alma como una cigüeña en un campanario hasta que el tiempo echa a volar esos inquietos sentimientos.

La madre es la que más sufre. Sin lugar a dudas. El sentimiento de culpabilidad es terrible, devastador. De pronto, repasa el pasado como un detective buscando pistas; conductas, comidas, paseos, actividad sexual, pensamientos, lo que sea, algo que ayude a comprender donde estuvo el error.  A todo ello hay que añadir una tristeza infinita. La que sienten al no querer encariñarse con su diminuto hijo por si no sobrevive. Creen, erróneamente, que el dolor será menor. ¿Qué hago? Y si sobrevive, ¿cómo podré cuidar a un ser tan frágil?, se pregunta la madre, vigilante de un milagro que no sabe cómo vivirá.

“Ser vigilante no es, pues, una simple ocupación: es un modo de ser y de estar en el mundo. Es imposible que la custodia de la belleza no imprima carácter”, Pablo D’Ors.

La madre experimenta una doble crisis. Por un lado atraviesa la crisis vital que supone la maternidad y por otro, la crisis circunstancial de la separación e ingreso hospitalario de su bebé. Todo ello conlleva una disminución de la autoconfianza y autoestima de la mujer, junto con sentimientos de ansiedad, fracaso, decepción, impotencia, miedo, frustración y envidia.

“Los padres atraviesan diversas etapas. La primera es de conmoción o choque, la segunda es de negación, luego prosigue una etapa de trueque en la cual se da un acercamiento a la religión. La tercera etapa tiene como reacciones comunes la tristeza, la ira, la culpa o la ansiedad. La cuarta etapa es de aceptación y la quinta es de reorganización o equilibrio”, Boullosa Frías, 2004.

Os dejo algunas sugerencias, recomendaciones e ideas que puedan ayudaros en vuestra perpleja y asombrosa maternidad.

  • Descansa y evita pensar en desastres. Hay un proverbio chino que dice: “No puedes evitar que los pájaros de la tristeza sobrevuelen tu cabeza, pero si puedes evitar que anide en tu cabello”.
  • Acepta como parte del proceso esos sentimientos tan extraños y desconcertantes que vives. Los experimentan todos los padres de prematuros diariamente. Son parte del proceso de adaptación y crecimiento personal.
  • Ignora la palabra ‘culpa’. Son cosas que pasan, no se pueden prever. Lo que hiciste o dejaste de hacer no tienen que ver con lo sucedido.
  • Busca a personas, asociaciones, que hayan pasado o estén pasando por ello. Apóyate en ellos. Pide ayuda, consejo, orientación. No estás sola.
  • Pregunta todo lo que necesites saber a los profesionales que cuidan de tu bebé; pediatras, enfermeras, auxiliares. Todas tus dudas son comprensibles, normales, necesarias. No te quedes con nada dentro.
  • Mientras esté vivo, la esperanza es tu seña de identidad. Aférrate a ella como un náufrago a su barca. Conecta con tu hijo, tócalo, acarícialo, bésalo, siéntelo cerca, háblale y si lo necesitas, reza.

http://cybertesis.uach.cl/tesis/uach/2004/fmb764c/doc/fmb764c.pdf

http://www.aprem-e.org/

http://cpbf-fbpc.org/

 

“Me parecía inconcebible que entre mi cerrar y abrir de ojos hubieran podido trascurrir cinco, seis y hasta siete horas. Pero ahora sé que toda la sabiduría está en abrir los ojos. Claro que para abrirlos también hay que haber sabido cerrarlos. Lo más inverosímil de nuestra vida es lo mucho que miramos sin ser capaces de ver”.

“El Estupor y la Maravilla” Pablo D´Ors

 

Parto orgásmico, la vida desnuda.

Autor Miércoles, marzo 2, 2016 0 No tags Permalink 0
Parto-orgásmico

Jaime Gonzalez

“Las palabras deben ser como cristales transparentes y puros que permitan contemplar el mundo a través de ellas”. Rosa Montero

El tiempo pasa, los años corren y aún estoy por escuchar a una mujer hablar de su parto orgásmico. Y mira que he atendido partos, escuchado a madres contar su experiencia y en ningún momento, jamás, he escuchado hablar del parto como un instante placentero, como un momento orgásmico.

Me imagino que esto es como las brujas, las meigas y el dicho que dice: Yo no creo en las meigas, pero haberlas, las hay. Algo así debe ser. Aunque a lo largo de mi labor profesional, más de veinte años, no encontrado ningún caso.

Años atrás, con la aparición del documental orgasmic birth, recuerdo haber preguntado a las madres que habían tenido varios hijos sobre su experiencia placentera en el parto. Algunas de ellas me miraron como quien mira a un extraterrestre, otras me pidieron que repitiera la pregunta y una de ellas, me contestó que con estas cosas no se debería bromear y ser un poco serio, responsable. Sin comentarios.

Debemos ser respetuosos con las palabras utilizadas. Nos confunden y nos hacen sentirnos mal, extrañas, raras. Nada más lejos de la realidad. Parir es un acto sagrado, una especie de batalla física, psicológica en la que el tiempo parece detenido en olas de esfuerzo, ilusión, anhelo y dolor, sí, dolor.  Es la vida desnuda. Poner como enunciado la frase; parto orgásmico o parto respetado o parto natural me parece todo un disparate.

“Sólo en los nacimientos y en las muertes se sale uno del tiempo; la Tierra detiene su rotación y las trivialidades en las que malgastamos las horas caen sobre el suelo como polvo de purpurina.”

Rosa Montero

Vayamos por partes. ¿Qué dicen los teóricos?

“El parto orgásmico se produce porque el propio movimiento del útero es en sí mismo productor de placer, siempre que los músculos funcionen acompasadamente, según el proceso sexual normal; que es lo que sucede cuando el parto se produce de forma natural y se activa según la forma establecida filogenéticamente, por el sistema sexual de la mujer. “   Frédérick Leboyer

Lo siento pero no estoy de acuerdo. He asistido muchísimos partos espontáneos, eutócicos, absolutamente naturales  y,  la sensación dolorosa sigue estando presente, por mucho respeto al entorno adecuado,  a  la fisiología normal y al desarrollo natural del parto.

“Para aclarar nacimiento-orgásmico no significa necesariamente que experimenta el orgasmo, sino que NACIMIENTO conectado con su cuerpo y su bebé con sentimientos de éxtasis y abandono, con el apoyo de la fisiología normal. Cuando las mujeres no tienen esta experiencia, por lo general es debido a factores y / o intervenciones ambientales que perturban el proceso, el nacimiento orgásmico no es un estándar de rendimiento, pero es derecho de nacimiento de cada mujer!

Elizabeth Davis( co-directora del National Midwifery Institute)

Es muy distinto sentirse conectado con tu hijo y tu cuerpo, sentir un gozo emocional que experimentar un orgasmo. La noche y el día. El norte y el sur.

Sheila Kitzinger, famosa antropóloga y autora de manuales sobre maternidad, habló durante décadas acerca  de las bondades del nacimiento orgásmico. Hoy afirma que sería un error sostener la idea del orgasmo en el parto como un nuevo estándar de calidad en el mismo. “El orgasmo es un efecto secundario no es el objetivo. No queremos que las madres y/o matronas sientan que han fallado si la mujer no tiene un orgasmo.”

Si es cierto que el parto y la excitación sexual comparten ciertas características. Los dos polos opuestos con similitudes. El dolor y el placer. El gozo y el tormento.

Aquí os dejo una fotografía de un cuadro comparativo entre las distintas fases del parto y el acto sexual. Pertenece a un monográfico de la Revista Integral, año 1982: Embarazo y Nacimiento gozoso. De esta forma es más fácil entender cómo se puede confundir dolor y placer. Igual que a veces confundimos la teoría con la práctica.

 

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http://orgasmicbirth.com/about/what-is-orgasmic-birth/

http://www.theguardian.com/lifeandstyle/2009/mar/18/orgasmic-birth-climax-labour

https://www.questia.com/library/journal/1P3-1390331261/interrelationships-between-sexual-responsiveness

 

“Siempre me ha fascinado ( y a veces espantado) la oscura relación que mantenemos con nuestro propio cuerpo. Es un trato turbio y sin palabras, a menudo crispado, siempre lleno de enigmas. Hay personas que se miman y se aprecian, que saben reconocerse en los espejos, y hay otras, en cambio que cada vez que se asoman al azogue creen contemplar al enemigo.

No hay paisaje en la Tierra más variado que el del interior de las personas. Como dice la conocida frase, hay otros mundos pero están en éste: galaxias infinitas de sueños, de sentimientos y de miedos que giran lentamente en la oscuridad de nuestros cráneos. Yo imagino la ecuación de lo que soy como un chisporroteo, un fuego fatuo de emociones y deseos, un relámpago eléctrico que enciende y recorre mi cerebro. Ese latido que los creyentes llaman alma. Y a cada cual se le agitan las neuronas de manera distinta.”

“La vida desnuda” Rosa Montero

El puerperio. Una historia de amor y oscuridad

Autor Miércoles, febrero 17, 2016 2 No tags Permalink 0

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“Ningún hombre ni ninguna mujer es una isla, pero que cada uno de nosotros es una península, con una mitad unidad a tierra firme y la otra mirando al océano. Una mitad conectada a la familia, a los amigos, a la cultura, a la tradición, al país, a la nación, al sexo, y al lenguaje y a muchos otros vínculos. Y la otra mitad deseando que la dejen sola contemplando al océano.”  Amos Oz

Recuerdo ese tiempo confuso como un cuento, triste y bello a la vez. El cansancio, la alegría, el desánimo, la plenitud, el arrepentimiento, la trascendencia, el llanto, el amor incondicional, la culpabilidad, la risa, la lucha interna, la paz, la sorpresa, el desconcierto… todo ello y mucho más anidaba dentro de mí, como un frasco de esencias. Algunas dulces, otras ácidas.

Recuerdo que cuando leí este maravilloso libro de Amos Oz, el título me llevó a recordar aquel tiempo que parecía no serenarse. Una especie de montaña rusa emocional, física y  mental que me llevó descubrir cosas de mí que ni siquiera pensaba que pudieran existir. Creo que lo que mejor lo define, para algunas mujeres, es “Una historia de amor y oscuridad”.

¿Por qué nos pasa esto? Además de la biología, que parece explicarlo todo, tendemos a ser más perfeccionistas, más obsesivas, más controladoras. Cierto. Le damos muchas vueltas a las cosas y magnificamos las amenazas y las pérdidas como si fueran auténticas catástrofes.  Queremos controlarlo todo y estar en todas partes. Porque al igual que Mary Poppins, nos creemos prácticamente perfectas, en todos los sentidos.

Además, contamos con poco o nulo apoyo social.

A todo ello hay que sumar los cambios físicos, la inexperiencia, la inseguridad y el cansancio que arrastramos nos hace sentir más desvalidas, vulnerables. Nuestra percepción de autoeficacia disminuye. Nos sorprendemos de que nuestros pensamientos solo giren en torno a un milagro; nuestro bebé, un bebé que no sabemos, a pesar de sentirnos programadas genéticamente para ello, manejar.

Por si fuera poco, los sistemas de salud, pobres e insensibles, dejan a la madre a la intemperie sin personal preparado que les asista y les cuide en esos momentos tan frágiles. Decenas de posters, cientos de consejos y miles de hojitas informativas para tapar la triste realidad: no disponen de profesionales que acompañen a las madres en sus casas, profesionales que asesoren  directamente en la lactancia materna, que les ayuden a desarrollar estrategias de afrontamiento a todos los niveles;  emocional, cognitivo y físico.

Ser madre es todo un aprendizaje, con sus triunfos  y sus derrotas. Un aprendizaje de habilidades y desarrollo de recursos que no se realiza en unas semanas, ni en meses. Todo ello lleva su tiempo. Gestionar un hogar con un bebé tras un parto es tarea de titanes. Lo sé. Una tarea que poco a poco irás manejando con mayor habilidad. Te sorprenderás de lo que puedes llegar a ser capaz.

Mientras llega ese tiempo, créeme, te aseguro que llegará, aquí te dejo unas sugerencias. Algunas las aprendí tarde, otras me fueron útiles.

¿Qué hacer entonces?

  • Relájate y relativiza las situaciones. Lo esencial sois el bebé y tú. Nadie más.
  • Descansa cuando descanse tu hijo, el descanso es la piedra filosofal del puerperio. Si descansas verás todo con otra mirada, más serena, más sabía, más tranquila.
  • El concepto de buena madre es solo un concepto, una teoría, algo artificial. Todas las madres son buenas.
  • Pasar del odio al amor, del llanto a la dicha, de la tristeza a la alegría forma parte de todo el proceso. Lo extraño sería no sentir esa ambivalencia emocional.
  • Tómate los pequeños desastres con mucho, muchísimo sentido del humor.
  • Eres más fuerte de lo que crees, por el sólo hecho de iniciar esta fascinante aventura. Mírate y siéntete orgullosa de tu opción y de tu vida, aunque algunos momentos camines bajo tormentas. El sol sale siempre, siempre. Pregúntale a tu madre, hermanas, compañeras, amigas.  Todas hemos bailado bajo una lluvia de lágrimas y suspiros, de ansiedades y dicha.

En resumen, confía en ti y en tu capacidad de adaptación. Por donde tú andas, caminan miles, millones de mujeres todos los días y estamos aquí, a salvo de aquel tiempo, superado, a salvo, incluso, de nosotras mismas. Cuídate.

http://www.federacion-matronas.org/documentos/profesionales/i/17096/124/como-superar-el-puerperio-y-no-rendirse-en-el-intento

 “Mi madre permanecía casi todo el tiempo en casa…Cocinaba, hacía pan, lavaba la ropa, organizaba las compras racionalmente, planchaba, limpiaba, ordenaba, doblaba, fregaba, cortaba y hervía. Pero cuando la casa estaba realmente ordenada, cuando en la cocina todos los cacharros estaban fregados y la ropa doblada y colocada en ángulo recto sobre los estantes de los armarios, entonces mi madre se acurrucaba en su rincón y leía. Metía los pies descalzos debajo de la pierna y leía. Se inclinaba hacia el libro que tenía sobre las rodillas y leía. La espalda encorvada, el cuello inclinada, los hombros caídos, con todo su cuerpo semejante a una media luna, y leía. La cara cubierta a medias por la cortina de pelo negro que caía sobre la página, y leía”

Una historia de amor y oscuridad. Amos Oz