Allan Schore

Autor Viernes, enero 20, 2017 0 No tags Permalink 0

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“La relación de apego entre la madre y el hijo le da forma, moldea el lado derecho del cerebro del bebé.”

Son conclusiones a las que ha llegado el doctor Allan Schore, profesor del departamento de Psiquiatría y ciencias bio-conductuales de la universidad de UCLA (California, Estados Unidos)

Este hombre de rostro amable y  sonrisa acogedora es todo un pionero en el área de la regulación afectiva. La Asociación Psicoanalítica Americana lo describe como “una figura monumental en los estudios psicoanalíticos y neuropsicoanalítico.”

“Hemos descubierto que el desarrollo temprano del cerebro, en el embarazo como después del nacimiento, tiene efectos en lo que sucede después, no solo en términos de bienestar emocional, sino también en lo referente al desarrollo de desórdenes psiquiátricos.  Durante el primer año de vida no hay comunicación verbal: todo es  emocional.”

Sabemos que el lado izquierdo, que regula el habla, no entra en funcionamiento hasta el segundo año de vida, en cambio, todo lo referente al apego se desarrolla el primer año desde el hemisferio derecho.

“Es el que permite llegar a casa, mirar a los ojos al otro y saber que algo anda mal. Las expresiones faciales, las sonrisas, la tristeza, el tono de voz. Allí está la habilidad de entender el estado emocional, lo que pasa por la mente o las motivaciones que tiene la otra persona. El punto más importante en este sentido es la comunicación no verbal, de cerebro derecho a cerebro derecho, que se da entre la madre y el niño. Al mismo tiempo que esto ocurre, el cerebro del bebé está doblando su tamaño, y en esto incide el apego”

Esta eminencia ha pasado 20 años estudiando la integración de la biología y la psicología. Sus contribuciones aparecen en múltiples disciplinas, incluyendo la neurociencia del desarrollo, la psiquiatría, el psicoanálisis, la psicología del desarrollo, la teoría del apego, los estudios de trauma, la biología del comportamiento, psicología clínica, y el trabajo social clínico.

Le llaman el “Bowlby americano” por su innovadora integración de la neurociencia con la teoría del apego.  Actualmente se le considera  una autoridad mundial en el estudio de como  nuestro hemisferio derecho regula las emociones  y procesa nuestro sentido del yo, así como el mayor experto en el  campo del neopsicoanálisis.

El profesor Allan afirma que la madre es fundamental en la comunicación emocional de los primeros meses de vida.

“El niño necesita ver la expresión exagerada de las emociones de su madre. Los gestos de su cara, el tono y la melodía de su voz en el contacto físico con su hijo. Si el niño está molesto, se  siente irritado o tiene miedo, la madre lo calma. Pero también es capaz de exaltar, reforzar las emociones positivas del niño cuando juega con él, de esta forma aprende, disfruta y se entusiasma”

Que asombrosa es la madre naturaleza. Por eso somos tan dependientes de nuestra madre en los primeros meses. Nuestra respuesta emocional depende de la interrelación que hayamos tenido con nuestra madre durante el primer año de vida. Increíble.

Para el doctor Schore, es esencial mostrar  el afecto abiertamente. Si no lo hacemos, nuestros hijos recibirán una pobre demostración de lo que sentimos y repercutirá en su desarrollo posterior.

“Cuando el niño sea grande, se sentirá incómodo y no expresara abiertamente sus emociones. Entonces se inclinara a usar más su cerebro izquierdo y no el derecho, suprimiendo toda expresión afectiva y sintiéndose incomodo cuando alguien se acerca mucho o evitando momentos de intimidad”

¿Y el padre? El primer año es fundamental la figura materna, ella lo calma. Es a partir del segundo año cuando aumentan los lazos con el padre, que le enseña a explorar, creando un vínculo más enérgico.

“Hoy tenemos evidencia de que la madre realmente da forma al lado derecho del cerebro, pero el padre también incide. Y es más que un efecto psicológico: el crecimiento del cerebro está influido por esas relaciones.”

En resumen, estos hallazgos hablan de la importancia, una vez más, de los afectos y sobre todo, la expresión de los mismos. Y es que todos esos besos, achuchones y palabras que le decimos a nuestros hijos son más que necesarios. ¡Imprescindibles! Imprescindibles para hacer seres grandes capaces de abrazar  y dejarse querer. Ahí es nada. Gracias Allan Schore

http://www.allanschore.com/index.php

http://www.allanschore.com/pdf/SchoreAPAPlenaryFinal09.pdf

http://www.sfgate.com/health/article/The-Baby-Brain-Connection-Armed-with-new-2672397.php#photo-2144922

 

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