Ser Matrona. Defender la alegría

Autor Lunes, mayo 8, 2017 0 No tags Permalink 0

 

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“Amar a la vida a través del trabajo es intimar con el más recóndito secreto de la vida”.  Khalil Gibran

¿Qué es ser matrona?

Una bendita profesión.

Creo que ningún otro oficio resume el misterio de la existencia como el ser matrona. La incertidumbre que supone un embarazo desde el principio, hasta nueve lunas más tarde, se asemeja a vivir.

¿Qué verbos nos definen? Por poner algunos; acompañar, proteger, silenciar, ayudar, animar, apoyar, guiar, informar, dirigir, empoderar, reforzar, sostener y un largo etcétera de palabras aún no inventadas.

¿Cómo nombrar esa complicidad que se forma entre la matrona y la mujer? ¿Cercanía, sensibilidad, empatía, firmeza, ternura? Todo y nada. La vida desnuda, compleja y sencilla, con su cruda y delicada realidad.

A veces se forma un nudo en la garganta y tarda tiempo en deshacerse. Y te estalla como una lluvia de estrellas el llanto emocionado, imparable de los hombres, padres que miran conmovidos a sus hijos entre lágrimas que tratan de frenar.

Por supuesto, es una profesión, un trabajo con sus días luminosos y sus días grises. Con turnos agotadores y horas adorables. Como el tiempo, como las gentes; hay de todo. Un oficio que, a pesar de celebrar la vida, en ocasiones vivimos la adversidad, cuando acompañamos a una madre, a unos padres, a decir adiós a su hijo antes de haber dicho hola.

“Cada aliento que tomamos, cada paso que damos, puede ser completado con paz, alegría y serenidad”, Thich Nhat Hanh.

 

¿Cómo nos ven los demás?

Las encuestas hablan de un desconocimiento de nuestra formación; cinco años de estudio equivalente a una licenciatura; de nuestro ámbito de actuación, nos encuadran en hospitales y maternidades; y nuestras funciones, ayudantes del tocólogo con escasa independencia.

Resulta curioso y hasta desalentador que la población en general no sepa que cuidamos de la mujer en todas las fases de su vida reproductiva y sexual. Atendemos embarazos, partos, puerperios, lactancia, recién nacidos. Llevamos a cabo programas en adolescentes, jóvenes, mujeres en la menopausia. En general estamos preparadas y formadas para un sinfín de actividades que la dichosa administración no nos deja realizar.

Una vez un señor, el padre de una gestante, dijo que le recordábamos a los sherpas.  Es posible. De alguna manera también nosotras conocemos el terreno, planificamos, coordinamos, dirigimos. Al igual que ellos, poseemos una personalidad fuerte, una excepcional sensibilidad, trabajamos en equipo, somos realistas, sabemos gestionar la presión y no dejamos de aprender nunca.

Decir matronas o comadronas evoca una cierta imagen de mujer potente, decidida, corpulenta, fuerte, entre misteriosa y amenazante. Hay mucha literatura sobre ello. Probablemente tenga su origen muchos siglos atrás, cuando se nos llamaba obstetrix, que significa “mujer que está al lado de la parturienta y le ayuda”. De hecho, la palabra matrona estaba rodeada de un halo de autoridad, era la mujer que trasmitía los valores de la sociedad en la Antigua Roma.

Creo que en la actualidad proyectamos un modelo diferente. Tenemos un cierto perfil de inmediatez, cercanía. Habitamos un lugar donde se anuda la paciencia con la fortaleza, la sumisión con la rebeldía, la serenidad con la pasión y sobre todo una tímida resistencia por ocupar nuestro sitio, lograr esa independencia, reconocimiento y fuerza que nuestra profesión goza en otros países de Europa. Utopías, queridas utopías.

“La vida es mucho más pequeña que los sueños”, Rosa Montero

Lamentablemente, la Administración nos valora poco. Nos tiene con las manos atadas, dejando a la deriva a miles de mujeres, gestantes, madres sin la atención precisa, idónea. Sin matronas en los Centros de Salud. Hablo del sur oriental, mi querido Mediterráneo. ¿Por qué? Me lo preguntan tantas veces las gentes de aquí, que ya no sé qué contestar. ¿Por ser féminas?, ¿porque la maternidad es un acto fisiológico? ¿Porque no alzan la voz? Sea lo que sea, se vive como una triste y desoladora realidad.

Por suerte, cada vez hay más y más compañeras luchando por lo que de verdad importa; cuidar a los más débiles, visibilizar la maternidad. En general me siento afortunada y orgullosa de esta bendita profesión y la defiendo como quien defiende la alegría. Por muchos años vividos con ella, soy su eterna aprendiz, experta en nada.

 

Defender la alegría

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

 

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

 

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

 

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

 

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría.

 

Mario Benedetti

Nadie me dio la enhorabuena por mi hijo

 

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“El principito se sentó sobre una piedra y levantó los ojos hacia el cielo:
—Me pregunto —dijo— si las estrellas están encendidas a fin de que cada uno pueda encontrar la suya algún día”, Antoine Saint-Exupéry.

Hace años, un grupo de compañeras asistíamos a unas jornadas en el hospital. Cuando le tocó el turno a una ponente, se quedó mirándonos y dijo: Antes de comenzar, y aprovechando que hoy están aquí un grupo de matronas, quiero decirles lo mal que lo hicieron conmigo. Cuando nació mi hijo, nadie –y repitió la palabra nadie, me dio la enhorabuena por ser madre, por tener un bebé precioso. Mi hijo es lo mejor que me ha pasado en la vida y no recibí felicitación alguna cuando llegó a este mundo. Lo siento, es algo que siempre llevaré clavado en el corazón.

Nunca lo olvidé, mis compañeras tampoco. Esa mujer estaba en lo cierto. Nadie felicita a unos padres que acaban de tener un hijo con síndrome de Down. No solo ignoramos el hecho de que acaban de ser madre y padre, sino que se son tratados como si se les viniera encima el mayor drama de sus vidas, como si comenzara un duelo. Nuestro silencio, cómplice, los deja a la intemperie de esa desolación e incredulidad que  les  cae como un alud de hielo.

He vuelto a esta historia a raíz de un caso que hemos tenido en el hospital hace unos meses. En cuanto lo supe, fui a verlos. El bebé dormía en neonatología por un problema de deglución; mientras sus padres, solos en la habitación, trenzaban a dos  bandas la pena y el desconsuelo de un mundo que se les venía abajo.

Recuerdo el dolor, o mejor dicho el desconcierto y la tristeza que reflejaban el rostro de esas personas. Él, sentado en un sillón con la mirada perdida; ella en la cama, callada. Su hijo, un precioso bebé de 3200 gramos, no estaba con ellos. Qué tristeza. Pero lo que más dolía era esa noticia que les había partido el alma; tenían un hijo con síndrome de Down. A pesar de la amniocentesis negativa, a pesar de la exactitud de la ciencia, a pesar de los pesares, su pequeño era y sería para siempre un ser diferente, un ser muy especial.

Una madre, Caroline White, relata su experiencia:

“Mis recuerdos de cómo me enteré de que mi hijo tenía síndrome de Down, cuando apenas tenía un día de vida, son muy vagos y borrosos. Estaba devastada. Mi mente entró en una espiral de miedo sobre el futuro que nos caería encima y me imaginé una vida de exclusión e incapacidad, de marginaciones, de miradas inapropiadas y de sentirme “diferente”.

Por un tiempo pensé que el dolor nunca se iría. En ese entonces, mi hijo no solo tenía síndrome de Down: era síndrome de Down. Yo misma lo encasillé en una categoría que responde a estereotipos anticuados y fallé en la misión de entender que en realidad era solo, y ante todo, un bebé. Mi bebé: Seb”.

Y allí estaban estos padres,  desamparados. Como si de pronto todo el horizonte alegre y florido que portaba el hijo se hubiera trasformado en un cielo lleno de nubes, grises, cargadas de tormentas. La palabra que mejor los definía era desolación. Aún estaban con los pies en el cielo, esperando quizás un milagro, esperando la confirmación, esperando saber el dichoso grado.

Y entonces lo hice. Les di la enhorabuena. Acababan de ser padres de un bebé y, como suelo hacer con todos los padres, yo les entregaba mi más sincera felicitación. Ambos me miraron fijamente tratando de entender. Les conté la historia de aquella madre en aquellas jornadas de padres con niños especiales. Les conté que ese pequeño llegaba a sus vidas como una bendición. Solamente era un bebé único, singular; un niño que precisaría unos cuidados concretos, otro entusiasmo, otra forma de crianza.

Lo querrán igual o más que su otro hijo. La fragilidad del pequeño, su candidez, su eterna inocencia sacará lo mejor de cada uno e incluso desarrollarán una sensibilidad y una ternura hacia él que ni siquiera ellos saben que poseen. Serán más fuertes, más grandes. Serán, inevitablemente, más sabios.

Pensé en su hijo y en esa frase de El Principito: “Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido”.

Les hablé de otros padres a lo que he escuchado hablar sobre la alegría, sentido y profundidad que un niño de esas características les dio a sus vidas. Cuidar del más débil los hizo crecer. También les hablé de la presión social y de lo bueno que sería que contactaran con asociaciones lo antes posible.

“Y cuando le cuento a alguien que tengo un hijo con síndrome de Down, la respuesta más común que recibo es un Ah… y un sentimiento palpable de incomodidad. En más de una ocasión, a la interjección le sigue un Lo siento”, Caroline W.

Los padres que tienen a un niño con síndrome de Down refieren que sus otros hijos han cambiado. Tener que cuidar, jugar, convivir con un hermanito distinto los lleva a ser más responsables, más maduros, más solidarios, más tolerantes, más generosos.

Un padre y periodista, Francisco Rodríguez Criado, escribió un libro (El diario Down) sobre sus vivencias cuando tuvo a su hijo:

“Descubrí la bondad de un niño que se cae de morros, sangra por la nariz y sigue sonriéndome pese a lo boludo que soy (pura estampa del perdón más generoso). Descubrí –tratando de perdonarme a mí mismo– la amarga sensación de haber traicionado a un hijo en los dos o tres primeros días de su existencia, cuando yo era incapaz de bajar al nido solo, como si en aquella cuna no estuviera el ser más dulce del mundo sino mis peores fantasmas. Descubrí el sufrimiento, que es consustancial a todo ser humano, sin excepción, mientras operaban a mi hijo a corazón abierto; y el alivio inexpresable de escuchar que todo había ido bien. Pero también descubrí que la paternidad ha sido para mí una experiencia tan dura como hermosa. Descubrí que el síndrome de Down no son más que tres palabras huecas, que mi hijo no sufre más ni menos que cualquier otro niño, que disfruta como un loco en el parque o tirándole del rabo a su perra Betty, y que su risa suena aún más viva y brillante que la de su hermano Mario, el pequeño y terrible Mario, que llegó sin avisar solo unos pocos meses después, con los cromosomas habituales, y que también descubrirá un día en Francisco al mejor hermano del mundo.

En definitiva, aprendí a querer a mi hijo por la escritura. Y he aprendido a ver el mundo con los preciosos ojos azules de mi Francisco. Cuando los ojos azules de Francisco me miran fijamente, solo ven a un padre borroso y algo marchito; pero cuando yo lo miro a él –y no es pasión ciega–, veo a un pequeño gran arquitecto dispuesto a levantar un muro indestructible. Un muro contra la adversidad, contra el miedo, contra la desazón”.

Aquella tarde, cuando salí de la habitación, tomé aire y me detuve. El corazón me latía fuerte. En el fondo deseaba no haber tenido que hacerlo. Creo que mis palabras abrieron un camino a esos padres por el que transitar hasta restablecer la paz y la fortaleza que precisaban. Tenían otro hijo. Un niño maravilloso que preguntaba por el hermano. Se les veía serenos, sensatos, sabios.

¿Qué hacer en estos casos?

  • Mostrar a los padres la parte bella de la situación. Siempre la hay. Tagore decía: “Si lloras porque no ves el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”.
  • Tratarlos como a todos los padres. Felicitarlos, darles la enhorabuena. Han tenido un hijo. Un hijo muy especial.
  • Ofrecer ayudas de webs, asociaciones. Nadie podrá guiarlos, asesorarles tan bien como otros padres en su misma situación.

Es decir; hacer lo que ellos esperan, lo que precisan. Escucharlos, nada más y nada menos. Solo escuchando a las personas, los auténticos expertos sabremos cuáles son sus deseos y necesidades. Por un momento, detener el tiempo, abrazarlos y permanecer al lado de esos padres que al principio se sienten tan desolados.

Después de todo, es una cuestión de amor. Es la opinión de las personas que conviven con un ser diferente.  Ya lo dijo la poeta Dulce María Loynaz:

“Amor es desenredar marañas de caminos en la tiniebla: ¡amor es ser camino y ser escala!”.

 

Día internacional de la matrona. Gracias

Autor Jueves, mayo 5, 2016 2 No tags Permalink 0

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“Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”. Gabriel García Márquez

Hoy quiero dar las gracias a las madres. Sin ellas no seríamos nadie y gracias a ella, somos todo.

Hoy es nuestro día internacional, cuentan. Vienen a mí el recuerdo, la voz, el rostro de gentes que han hecho de esta profesión un lugar grande, inmenso, poblado de estrellas y aguaceros, de aciertos y desaciertos. No somos perfectas. Sí, porque todo aquello que nos configura como profesionales, lo bueno y no tan bueno, también es nuestro.

Gracias a las mujeres que se acercan, tímidas, curiosas, a buscar un consejo, a recibir un cuidado, a escuchar una palabra, una frase de ánimo que les alivie los temores y les haga saber que todo irá bien, que no hay madres buenas o malas, que todas son madres estupendas, que lo que importa es lo que se intenta, el amor. Lo demás es como lluvia con tierra.

Gracias a nuestras residentes de matronas, entrañables personajes, por esa sensibilidad que las hace únicas, especiales. Gracias a ellas he aprendido tanto!!

Gracias a todos aquellos, visibles e invisibles,  que habéis hecho reinventarnos, reciclarnos, crecer, aprender, soñar con tener algún día una vida propia, independiente.

“El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad Ana María Matute

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Gracias a las personas, a las mujeres que nos presionan a ser mejores, a hilvanar la evidencia con la práctica, que hacen suyas nuestras reivindicaciones, que están ahí, a nuestro lado.

Gracias a los compañeros que día a día están luchando porque nos dejen ocupar el lugar que nos corresponde, un lugar donde las mujeres, madres y sus hijos se sientan seguras, acogidas, cuidadas.

Gracias a las compañeras formadas en otro país, que nos muestran otra mirada, otra práctica. Sigo pensando lo que un día escribí; de mayor quiero ser midwife.

Gracias a las madres fuertes, grandes, asombrosas, cuyos hijos se convirtieron en ángeles antes de nacer.

Gracias a los compañeros, auxiliares, enfermeras, celadoras, jefas, limpiadoras y como no, nuestros queridos ginecólogos. Sin todos vosotros nuestro trabajo estaría huérfano.

Gracias a la ONG  amref cuyo programa de formación de matronas en África es  una bendita realidad.

Y en general gracias a las buenas gentes que nos ayudan a parirnos a nosotras mismas una y otra vez, que nos ayudan a conjugar nuestros queridos verbos; construir, acompañar, silenciar, ofrecer, soportar, sostener, calmar y sobre todo, animar.  Animar y seguir una y mil veces por encima del miedo, del desánimo, los profesionales defensivos, la desinformación, la ansiedad, las palabras gastadas, el abandono institucional, los esposos fiscales, las desconfiadas abuelas, el cansancio, los gestos contenidos, la impaciencia, el dolor.

Resumiendo; porque no seriamos quienes somos y quien queremos ser sin todos vosotros,  porque  nos necesitáis y os necesitamos. Gracias.

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“Pensando sobre lo que podía decir hoy, he decidido compartir con ustedes algunos de mis pensamientos sobre los problemas comunes con los que todos nosotros, como miembros de la familia humana, nos enfrentamos. Puesto que todos compartimos este pequeño planeta, tenemos que aprender a vivir en armonía y paz entre nosotros y con la naturaleza. Esto no es solamente un sueño, si no una necesidad. Dependemos los unos de los otros en tantas cosas que ya no podemos vivir en comunidades aisladas, ignorando lo que ocurre fuera de ellas. Cuando nos encontramos con dificultades necesitamos ayudarnos los unos a los otros, y debemos compartir la buena fortuna que gozamos. Les hablo solamente como otro ser humano, como un sencillo monje. Si encuentran útil lo que digo, espero que intenten practicarlo”   Dalai  Lama

“El parto de Clara” Historia real sobre el embarazo y el parto de una gran mujer

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La historia real de una mujer durante el embarazo y especialmente, el día del parto de su primer hijo. Este es el resumen de la novela.

“El anhelo de sus palabras contrastaba con una impotente realidad que no podía cambiar. Temía que sus deseos, su plan de parto, no se respetarán y la convencieran, tal y como sucedió con algunas  amigas. La sensatez brotaba de sus labios como el vaho en un día helado. Habló de autoeficacia, fortaleza interior, autodominio, coraje y sobre todo generosidad hacia el pequeño ser. Importa la forma como vienes al mundo, dijo, y añadió: si crees que puedes, podrás.”  

Hola, este es  un fragmento de mi primera novela en papel “El parto de Clara”.Una novela que habla de la experiencia emocional  de una mujer durante su embarazo y, sobre todo, durante su parto. En ella se cuentan detalladamente todas las fases del parto, desde los pródromos y sus dudas sobre la decisión de acudir o esperar para ir al hospital, hasta de la fase de expulsivo tan intensa y gratificante.

Me hace mucha ilusión compartirla con todos vosotros.

En este enlace podéis descargaros el primer capitulo del libro de esta historia real:

El parto de Clara. 1º capítulo

Actualmente se puede encontrar en Granada ( librería Babel y Picasso)  Almería,( Librerías Picasso,  Zebras y Bibabuk)  en la librería Codex de Orihuela  y  en la Feria del Libro de Madrid, caseta nº 14 de la Asociación Española de Esclerosis Lateral Amitrófica  (ADELA). Gracias a ellos, a José Manuel de Mundo Palabra y a Ramón, de El Desván de la Memoria, ha sido posible este pequeño regalo;  firmar  ejemplares de mi novela el día 11 de junio de 18 a 20 horas. También puede enviarse por correo postal.

Un porcentaje del precio ira destinado a la campaña Stand Up for African Mothers AMREF Flying Doctors  GetAttachmenty su programa de formación de matronas  en África Subsahariana. Un programa excepcional de ayuda a todas las mujeres africanas y en especial a las madres.

SINOPSIS: Clara, la narradora y protagonista de esta historia, es una mujer cercana a los cuarenta, que desea tener un hijo. Tras varias fecundaciones in vitro queda embarazada espontáneamente. Hija única,  muy protegida, mantiene una  tensa relación con su madre, viuda. Ante la llegada del bebé siente que es el momento de demostrar su coraje y tenacidad. Para ello ha escrito un plan de parto donde relata su rechazo a la anestesia epidural. A pesar de la oposición de su madre, amigas y su marido Lucas.

El día del parto, sus creencias, sus ideas, su sueño se viene abajo ante el dolor de las contracciones y el entorno que le rodea.

 Es un libro que describe las inquietudes, sueños y temores del embarazo y del parto. Parto que se encuentra detallado y pormenorizado en todas sus fases, desde el comienzo de la fase prodrómica, con sus dudas sobre ir o no ir al hospital, hasta la desconcertante e intensa fase del expulsivo.

Aquí os dejo algunos fragmentos de esta historia:

“Mis expectativas se habían convertido en una maraña de frustraciones y desatinos que se enredaban cada vez más. Cuando cesaba la contracción, una punzante sensación de impotencia subía por mi vientre como una huida. Mis palabras eran tan reprochables como mis  preguntas. Mi insistencia en aguardar lo que parecía improbable provocaba en el personal que me atendía una actitud desconfiada. Esperar… ¿Hasta cuándo?

La frecuencia de las contracciones había disminuido mientras mi ansiedad iba en aumento. Mi pareja se inquietaba. Yo no entendía nada y ellos, los profesionales, parecían saberlo todo, absolutamente todo”

“Qué pobre me vi allí encamada, tan vulnerable y aturdida. Nunca me había sentido tan frágil como en ese momento, sola, sobre la cama de un hospital. Me observo a mí misma con un poco de lástima y una gran dosis de condescendencia. Crecía un desaliento en mí que se extendía desde la punta de los pies hasta mi cabeza. ¡Si hasta los hombros me dolían!”

“Lo miré como quien mira a un extraño. Él no podía comprenderme. En ese instante   supe que mis creencias se habían descarriado. De uno de los cajones sobresale la madera parcheada bajo la fina lámina blanca. En el último cajón, un trozo de venda amarillenta hace las veces de un improvisado tirador. Yo luchaba contra el deseo de sucumbir. No podía, me sentía demasiado débil o demasiado cobarde para seguir con esa idea. Pensé en mi gente, en mi familia, en mis amigas. No quería defraudarlos. A pesar del tiempo que me llevó defender mi idea, de soportar que me tacharan de intransigente, obstinada, no podía claudicar. En serio, me dije: ¿de verdad me importa lo que piensen los demás?”

“Es difícil encontrar sentido al dolor cuando estás dentro y toda tú eres un quejido; fisiológico como dicen, pero un quejido, por muy afable que sea. Acostumbrada a interpretar la existencia desde el pensamiento a través de la literatura, no contaba con el sentimiento y el desgarro de un cuerpo que identifico como parte indisoluble de mí. Vila Matas lo expresa genialmente en su Mal de Montano: “La literatura me ha permitido siempre comprender la vida. Pero precisamente por ello, me deja fuera de ella”.

Día Internacional de la Matrona, 5 de mayo 2015

Autor Martes, mayo 5, 2015 2 No tags Permalink 0

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“Para un futuro mejor” Es el lema de la Confederación Internacional de Matronas (ICM) para este año 2015. Su campaña “El mundo necesita ahora más matronas que nunca” es sencillamente genial. Junto a una madre, junto a una mujer en su vida reproductiva,  siempre una matrona. Hombres y mujeres. No importa el nombre, comadrona, matrona o matrón.

Hace unos años en la maternidad Rotunda en Dublín me encontré a una mujer y madre de cuarenta y seis años estudiando para ser matrona. Sus compañeras más jóvenes le llamaban cariñosamente “la abuela”.  Al parecer había ejercido de maestra hasta que tuvo la oportunidad y los medios de realizar su sueño: ser matrona.

Conozco compañeras que tras aprobar el EIR, el examen para enfermero interno residente, marcharon lejos de su ciudad para estudiar la anhelada carrera. ¿Por qué? Porque hay profesiones que enganchan,  fascinan,  seducen  y  en ocasiones, rehúsas  por igual. Esta es una de ellas.

Hay algo mágico, sagrado en el acto de acoger un bebé, en las palabras balsámicas que  recitamos como una oración para ayudar a la madre o en los gestos de aliento. En el parto, a veces, me he sentido una intrusa, un testigo  incómodo  ante la intimidad de la pareja, con sus caricias, sus palabras tiernas, sus miedos, sus manos temblorosos, sus alegrías. Ver a los padres, hombres de pelo en pecho, llorar como niños viendo a sus hijo por primera vez, resulta conmovedor. Todas lo sabemos, hay instantes que lloramos con ellos.

No todo es alegría y días de sol. A veces la esperanza se rompe en mil pedazos y hay que estar junto a la madre que porta un hijo que nunca llorara. Estar ahí a su lado, acompañándola, como una amiga, una hermana o  una madre provisional.

Este bendito trabajo es un reto constante, una lucha a veces titánica entre el poder y la independencia, entre la cama y la pelota, entre la  obediencia forzada  y la cándida  autonomía, entre la mujer y la familia, entre lo forzado y lo natural. Hasta las rosas portan espinas. Cierto. Batallando siempre con la sonrisa en los labios y la palabra certera, manteniendo como la vida misma, un tenue y frágil equilibrio.

                 Hoy vuelvo a pensar en  las residentes, ellas trajeron la primavera. Todas y todos, grandes, inmensos defendiendo su espacio, o mejor dicho protegiendo  a las mujeres, en sus centros maternales, en otras tierras, en recogidas de firmas, en su desalentador paro, en su rol de padre y madres. Ilusionados por trabajar.

Mientras las utopías  llegan, en la literatura seguimos siendo inexistentes, continuamos  adelante incansables celebrando nuestro día, luchando, riendo, trabajando, soñando, brindando para que todos nos dejen hacer lo que sabemos hacer; ayudar y acompañar. Como decía un tutor de residentes citando al poeta  Antonio Machado: Caminante son tus huellas, el camino y nada más. Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

A todas las madres y matronas del mundo, feliz día.

 

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=Ye_8RYFSUzc&w=420&h=315]

Residentes de matronas. Entrañables personajes

Autor Miércoles, febrero 25, 2015 0 No tags Permalink 2

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Llevo conviviendo con ellas varios años y hoy a raíz del comentario agradecido de una pareja hacia dos estudiantes, me he animado a escribir acerca de las EIR, residentes de matronas, compañeras. Entrañables personajes que forman parte de nuestro paisaje.

Me encanta mirarlas. Observar su fascinante ingenuidad, sus modestas destrezas, su entrega humilde, su sigilosa tarea y ese balbuceo de voz que sube y baja como la frecuencia cardiaca fetal, cuando se dirigen a la futura madre. Tímidas por naturaleza.

Fue hace un par de semanas. Una mujer en la sala de dilatación 2 me preguntó: esa chica que acaba de salir es estudiante, ¿no? Si, respondí, ¿cómo lo ha sabido? Por su forma de hablar, por su tacto al ponerme el suero y las cintas del monitor. Encantadora.

Y es que poseen  una sensibilidad especial. La mirada de ellas hacia las madres es distinta. Acogedora, diligente, cercana. Un tierno matiz difícil de explicar en estos chicos y chicas que optan por esta compleja profesión. Su elección es vocacional, tremendamente vocacional. Cuesta mucho sacarse el EIR. Aprobar el examen de enfermero interno residente es duro. Ellos lo saben. Años de estudio, de renuncias, de luchas personales, de éxodos familiares por alcanzar el sueño de ser matrona, o matrón. Un arco iris de edades. Viéndolos aprender, trabajar, hablar, emocionarse, soñar, parece que  hubieran encontrado su lugar en el mundo.

Es bonito descubrir en estas futuras matronas esa chispa de ingenua ilusión de que algún día, cercano,  podrán enlazar la teoría y la práctica como la playa y el mar. Bendito anhelo. Mientras llega ese utópico día, aquí están dando sus primeros pasos, inestables como bebés al empezar a caminar, tiernos, flexibles, constantes.

Stand Up for African Mothers.Apadrina una matrona y protege a las mujeres Africanas.

Autor Miércoles, abril 9, 2014 2 Permalink 0

 

 Midwifes. Matronas por África, Matronas Africanas

“Hemos venido a este mundo como hermanos; caminemos, pues, dándonos la mano  uno delante de otro”

William Shakespeare

Siempre es tiempo de ayudar a los demás. La solidaridad nos hace sentir mejor y en el fondo de nuestro corazón todos queremos ser mejores personas. Cierto.

Os presento un proyecto que cuando lo vi me pareció magnifico: Apadrinar a una mujer africana que ha decidido ser matrona. La mortalidad en el África subsahariana es muy elevada, y el papel de la matrona es fundamental para ayudar a cerca de un 50% de mujeres que traen sus hijos al mundo sin ningún tipo de cuidados ni de asistencia obstétrica.

Hace años, escuche a una matrona de Sudáfrica contar su lucha y su trabajo para erradicar la ablación o mutilación genital femenina. Recuerdo el sol de la calle y el frio de dentro escuchándola hablar. Le preocupaban las niñas, las madres.  Grabó con su rudimentario vídeo casero una espantosa escena de una mutilación hecha a una niña de diez años con un infame trozo de cristal. Me sobrecogió aquel espectáculo. Ella se encargaba de ir, a pie, de aldea en aldea mostrando a las madres lo que hacen a sus hijas. Porque  esas pobres madres, las obligan a esperar lejos mientras la barbarie para no escuchar los gritos de sus pequeñas. Esta compañera, admirable, consiguió convencer a muchas mujeres en esa lucha titánica para erradicar esa injustificable práctica inhumana. Había viajado a España para recaudar fondos y ayudar a otras matronas de su país.

AMREF es la mayor organización internacional sanitaria de origen y gestión completamente africanos. El nombre AMREF corresponde a las siglas en inglés de African Medical and Research Foundation (Fundación Africana para la Medicina y la Investigación).

Ellos han lanzado la campaña internacional  Stand Up for African Mothers, para disminuir la mortalidad materna y la mortalidad infantil. Entre sus objetivos están  formar a 15.000 matronas africanas antes de 2015 y equipar más centros de salud.

AMREF también están detrás de la admirable  propuesta de proponer a una  matrona africana, Esther Madudu, como candidata al Premio Nobel de la Paz 2015, como símbolo de la lucha de las matronas africanas por la vida de las madres. “Ella sola tiene que atender a las madres embarazadas que vienen a la consulta, asistirlas en los partos, hacer los test de VIH/SIDA, llevar adelante el programa de salud reproductiva para adolescentes, encargarse de las vacunas…, incluso tiene que caminar todos los días para conseguir el agua que necesita en su ambulatorio. Además, ella no hace turnos porque no tiene quien la sustituya, ella está de servicio 24 horas al día” http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2012/09/esther-madudu-un-ejemplo-de-matrona-africana.html

Desde la página web de la organización se puede contribuir al proyecto Stand Up For African Mothers apadrinando matronas con el objetivo de ayudar a financiar la formación y manutención de las mismas durante los tres años que dura su instrucción.

Conmovedor. Son pequeños gestos de bondad con los que  podemos mejorar el mundo. Os animo a colaborar y difundir esta gran idea.

¿Cómo colaborar? Cuando su responsable Alejandro me dijo la cifra mínima,  sonreí. ¡Sólo 50ctms al mes o 6€ al año! Ya veis, apenas un gesto, un apretón de manos. Una ayuda, que aunque para nosotros sea insignificante, para ellas,  mujeres, matronas y madres significa salvar una vida. Como reza su lema: Dar vida sin perderlas.

Este es el enlace de su página. Gracias en nombre de todas ellas.

http://www.amref.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/relcategoria.1054/id.149/nopath.1/relmenu.75

 

Duelo Perinatal. Decir adiós antes de decir hola

 

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Elena Papiel

 

“Necesitamos pocas palabras para expresar lo esencial; necesitamos todas las palabras para hacerlo real” Paul Éluard

Duelo perinatal. Si eres estudiante o residente de  matrona, esta entrada es para ti. Hay un proverbio que dice: “Cuando  pierdes un padre, pierdes el pasado; cuando pierdes un hijo, pierdes el futuro” Hablo de la muerte de un bebé.

No hay experiencia tan desoladora y  terrible como acompañar y atender el parto de una madre con un bebé muerto. Lamentablemente, la muerte perinatal existe y tarde o temprano vas a estar junto a una mujer rota, un padre desconsolado y una situación de shock que en ocasiones te será difícil manejar.

¿Cuál es tu papel? De todo un poco. Psicóloga improvisada, enfermera afligida, amiga espontánea, profesional competente y, sobre todo, la matrona que les acompañara y a la que recordaran en ese delicado trance. Tú serás la que atienda a  esos padres destrozados que siguen dando a vueltas y vueltas a lo inconcebible, preguntándose una y mil veces que pasó, qué hicieron o no debieron de hacer para que eso sucediera. Y los ayudarás, ya lo verás.

Todos los duelos son terribles, cierto, pero este presenta unas características muy claras. El entorno social y familiar minimiza el impacto emocional al no haber existido un vínculo real. La familia y los amigos no entenderán que ellos estén destrozados si tan siquiera han rozado al pequeño. Y es que la intensidad del dolor no depende de las semanas de gestación.

La madre, a lo largo de todas las semanas que lo ha llevado dentro, se ha implicado emocional y físicamente con su hijo. De hecho, el pequeño o la pequeña tiene un nombre. En el mundo occidental, el vínculo parental se realiza en la etapa intrauterina.

Esa diminuta persona que no llora, ni mueve los brazos, ni abre los ojos, ni mira a su madre, es un ser humano; detenido, pero un ser humano. En ocasiones es evidente el fallo; un par de nudos de cordón, una malformación visible, un defecto congénito. Sin embargo la mayoría de veces, aparentemente, el pequeñín es absolutamente normal.

Probablemente sea el primer hijo de la pareja, un hijo que iba a convertirlos en padres, en familia. No hay palabra que describa esa experiencia. Nadie espera que un bebé muera, es tan incomprensible como difícil de creer. A pesar de los avances científicos, de las pruebas realizadas, de los controles exhaustivos, de las ecografías plasmadas, ocurre. ¿Por qué?, te preguntas. No lo sé, y creo que nadie lo sabe. Si pudieras hablar con Dios…

¿Qué puedes hacer? La necesidad primordial de los padres es tener a alguien que les escuche. Recuérdalo. Además de ello:

  • Muestra al bebé como una persona, limpio, envuelto en una manta y vestido, con un gorro y ropita.
  • Nombra al bebé por su nombre.
  • Toma las huellas de sus pies en una tarjeta o en un folio y entrégaselo a los padres.
  • Deja que la madre, o el padre, si lo desean, tomen en brazos a su hijo, lo besen y se despidan de él o de ella.
  • Cuida las palabras y frases de consuelo. Aquí en esta guía, puedes leer  lo que debes evitar y lo que debes decir.
  • Responde sus preguntas, utiliza el tacto terapéutico, escúchalos. Hazte presente.

Antes de despedirte, anótales  enlaces y  nombres de  web de apoyo en el duelo perinatal. Lo necesitarán más tarde. En esos momentos no es aconsejable ofrecer excesiva información, ellos todavía se encuentran en estado de shock, aturdidos y desconcertados.

Por último, una pequeña sugerencia, acepta tus sentimientos y respuestas emocionales como parte de tu labor. Eres una/un profesional, cierto, y además un ser humano que empatiza con la tristeza ajena. No temas llorar.  Permanece en silencio junto  a los padres aunque corran tus  lágrimas y, si te sientes incapaz, pide ayuda a alguna compañera. Espero haberte ayudado para el día que tengas que atender a unas personas rotas por una perdida perinatal.

http://www.umamanita.es

http://www.missfoundation.org/spanish/index.html

http://www.babycentre.co.uk/a1014800/when-a-baby-is-stillborn#ixzz2sSMmQYKC

Libros que tejen historias de Comadronas

Autor Martes, febrero 4, 2014 2 No tags Permalink 0

“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”. Emily Dickinson.

Hoy voy a presentarte dos libros, dos épocas, dos  protagonistas y decenas de historias que llevan dentro. Historias alegres, crudas, increíbles, tristes y sobre todo, reales. Ambos tratan de mujeres que ayudan a mujeres en sus embarazos, partos y crianza. Aunque  entre ambos media la distancia que marca una  zona rural (Nueva Escocia) o una gran ciudad (Londres), ambas tienen en común el mismo sentimiento; tender la mano para  proteger y ayudar a las madres.

Te dejo la sinopsis de ambos libros. Creo que te encantaran.

Llama a la comadrona (Call the Midwife) describe las experiencias de Jennifer Worth como matrona en la Inglaterra más deprimida del siglo XX. Todo un éxito de ventas, llevada a la televisión por la BBC. Historias de matronas, comadronas

A mediados del siglo pasado, la vida en el East End de Londres era tan dura que una chica de veintidós años necesitaba agallas y humor para soportarla y comprender qué se escondía detrás del rostro maquillado de una prostituta o la chulería de un ladrón. Cuando la joven enfermera Jenny Lee llega a la Casa Nonnatus, no sabe que es un convento; allí ha sido enviada para completar su formación como enfermera y especializarse en la profesión de comadrona.

Bajo la mirada experimentada y humana de las religiosas que gobiernan el convento, Jenny y sus tres colegas Cynthia, Trixie y Chummy traerán al mundo cientos de niños con gran entrega y humildad. Su trabajo se desarrolla en un barrio y una ciudad marcada por las cicatrices de la guerra: edificios bombardeados, basura, parásitos y pestilencia. En estas condiciones, las comadronas harán su trabajo, ayudando a muchas mujeres, todas pobres, como Conchita Warren, una española madre de 25 niños, que se lleva estupendamente con su marido inglés aunque no puedan hablar, pues el uno no entiende el idioma del otro y viceversa… Poco a poco la vida de Jenny se verá repleta de sentido, humanidad y empatía por los demás. Si Dickens nos dejó un testimonio de las paupérrimas condiciones de los niños condenados a trabajar en las fábricas del Londres finisecular, Jennifer Worth nos revela, con la misma humanidad, las necesidades de miles de mujeres en una época no tan lejana.

La casa de la lunaLa casa de la Luna  La casa de la luna fue número 1 en Canadá, y ganadora de tres premios CBA Libris.

Nueva Escocia, inicios del siglo xx. Dora Rare es la primera mujer en su familia después de cinco generaciones de hijos varones. Muy pronto Marie Babineau, la vieja partera de la zona, verá en ella signos de un don especial, y con el tiempo la muchacha irá entrando en el mundo de la anciana y de las mujeres; un mundo de embarazos no siempre deseados, remedios antiguos y oraciones, infusiones y milagros… La primera vez que Dora siente el palpitar de un recién nacido en sus brazos sabe que la fuerza de la vida la ha arrastrado sin remedio, y ya no tiene elección. De la mano de Marie aprenderá los secretos y los peligros de este oficio maravilloso.

La construcción de un nuevo centro de maternidad, en el que se promete a las mujeres dar a luz sin dolor y en unas condiciones modernas e higiénicas, será un cambio para todo el mundo. Acusada de brujería y señalada por los hombres de su comunidad, Dora deberá emplear todas sus fuerzas para proteger la sabiduría que las mujeres han llevado siempre consigo.

La casa de la luna es un inolvidable relato sobre la lucha de las mujeres por mantener el control sobre sus propios cuerpos, y un canto para que custodien la llama de lo ancestral en un mundo cada vez más deshumanizado.

La Matrona como personaje literario

Autor Lunes, noviembre 18, 2013 0 Permalink 0

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“Los grandes personajes de la literatura están consumidos por la sensación de que habitan en un misterio que deben revelar con sus acciones. Lo que los define es el riesgo. Desde allí irán al fracaso, o a la gloria”.    Antonio Skarmeta

En Literatura somos inexistentes. A pesar de que los profesionales sanitarios aparecen por doquier, y que grandes autores como E. Hemingway o M. Ondaatje han escrito obras protagonizadas por enfermeras, las matronas brillan por su ausencia.

Curiosamente, en el mundo de las letras los estereotipos femeninos abundan como flores en el campo. Sufridas princesas, madres abnegadas, doctoras incansables, abogadas, periodistas, maestras, damas etéreas y un largo muestrario de almas fuertes y sensibles, todas ellas aparecen alejadas del universo matronil.

Mª del Mar, una joven matrona salida de nuestra escuela, reflexiona en su Facebook  sobre el tema:

<<En Enero de 1998 la revista Midwives Journal publicó un artículo de Terri Coates titulado: “Reflexiones en torno a la comadrona como personaje literario”. Tras un exhaustivo análisis, Terri se había visto obligada a concluir que las comadronas son poco menos que inexistentes en la literatura.

Y, sin embargo, el oficio de traer nuevas vidas al mundo es en sí mismo terreno abonado para el drama y el melodrama. Cada bebé es fruto del amor o la lujuria (o ambos!!!) y nace envuelto en dolor y sufrimiento, seguido de dicha o de tragedia y angustia. La comadrona asiste partos de todo tipo; se encuentra en el meollo de esa realidad, es testigo de todo. ¿Cómo se explica, entonces, que siga siendo un personaje desdibujado, oculto tras la puerta de la sala de partos?>>.

Cierto, muy cierto, compañera. A excepción del libro Llama a la comadrona de Jennifer Worth, traducido a varios idiomas, apenas hay obras en las que aparezcamos, pequeñas obras en inglés o   actuales sagas fantásticas, como la Matrona Baenre.

Nuestra profesión, tan antigua como la madre tierra, ha sido mostrada por genios y artistas. Existen grabados, iconos, imágenes, esculturas, mosaicos y obras de artes de miles de años de antigüedad que inmortalizan nuestro oficio.  Sin embargo, a pesar de nuestra visibilidad en el arte, seguimos ocultas entre las palabras que conforman la literatura, los libros. No llenamos páginas de novelas, ni reposamos en los estantes de las bibliotecas, ni coloreamos los expositores de las librerías. ¿Por qué? Sinceramente, no lo sé.

Mientras llega el tiempo de surgir entre letras, espero. Espero que algún día nuestros cuidados, nuestras caídas, nuestros ascensos, nuestra poesía, aparezcan reflejados entre párrafos, prosa, latidos y versos.