Un mundo feliz. La igualdad en el espacio doméstico.

Autor Lunes, marzo 6, 2017 0 Permalink 0

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“Saber es relativamente fácil. Querer y obrar de acuerdo a lo que uno quisiera, es siempre más duro” Aldous Huxley

Desde la distancia que dan los años una cree que ciertos conflictos domésticos de pareja se han ido solucionando. No es así.

Hace unos meses, me sorprendió la queja de una madre, profesional independiente, empresaria, respecto al tiempo, desigual, que su pareja y ella dedicaban al espacio doméstico.

Su esposo es un ser adorable, buen padre, buen compañero, buena persona, palabras textuales de ella, que evita, por norma, participar en las tareas del hogar.

Un día tras una bronca enorme le dijo a su compañera: Respecto a mi padre y a mis abuelos, he avanzado muchísimo. No puedes quejarte. Cuido de la pequeña, cambio sus pañales, la saco a pasear, juego con ella, te ayudo en la casa y hasta hago la cena. ¿Qué más quieres?

Pasan los años y la vida sigue igual. El mismo conflicto, distinto escenario. Ellos hablan de echar una mano, aliviar. Ofrecen el verbo ayudar como quien entrega un valioso regalo.

Y en medio de esos pequeños conflictos, silenciados, la sociedad habla de conciliación. Un término que siempre se asocia al tiempo que necesitan las mujeres para cuidar a sus hijos. Qué curioso. A un hombre que triunfa en el terreno profesional nadie le pregunta cómo ha resuelto la conciliación familiar. Son cuestiones que se plantean a las mujeres, nunca a los hombres.

Cambia la estructura social, pero lo esencial no es fácil cambiarlo.

“Cuando le digo a mi marido que no colabora, piensa en sus modelos masculinos precedentes menos cuestionados; entonces te acusa de exigente y se siente incomprendido” (Espacio doméstico: el uso del tiempo).

Es cierto que hay una mayor responsabilidad y compromiso de los padres actuales. Sin embargo, la casa la gestiona, organiza y dirige la mujer. Nos guste o no en el siglo XXI las féminas siguen siendo responsables del espacio privado. A veces por elección, a veces por tradición, a veces por imposición.

Las mujeres invierten más tiempo en las tareas domésticas, mientras ellos  continúan llevando a cabo actividades que reafirman su masculinidad; arreglos caseros, trámites administrativos, etc.

Lo que más energía y tiempo consumen del trabajo doméstico, es el trabajo emocional. Preparar una comida es una tarea doméstica, pero hacerla teniendo en cuenta los gustos, la salud de la otra persona y lograr un buen ambiente en la mesa es un ejemplo de trabajo emocional.

Por otro lado no todo es blanco o negro. No somos  lobos ni corderos.

A nosotras nos cuesta mucho “delegar” cualquier parcela de responsabilidad en el varón. Incluso si les asignamos tareas, en ocasiones, vamos detrás como sargentos para comprobar que todo está hecho correctamente. Bueno, como a nosotras nos gusta.

Una palabra y un concepto nació hace unos años, bella, sorprendente  como nenúfares en un lago; corresponsabilidad. Conlleva que hombres y mujeres se responsabilicen de las tareas domésticas, del cuidado de hijas/os y personas dependientes. Es decir, puedan dedicar su tiempo tanto al trabajo remunerado como al personal y doméstico. Qué bonitas y grandes son algunas palabras, qué perfecta la teoría y qué imperfecta la práctica.

¿Cómo podemos solventar estas distancias?

Acercándonos con el mayor de los afectos. Ellos, dejando a un lado el concepto ayudar y sintiéndose parte de un todo. Nosotras, aprendiendo a delegar, siendo menos exigentes.

«Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo.» Un mundo feliz. Aldoux Husley

Hay un estudio sorprendente que habla de que los hombres que comparten tareas del hogar tienen una vida sexual más satisfactoria.

 “En general, cuanto más tareas domésticas hacen los hombres, más felices están las mujeres”, “Cuando los hombres hacen más tareas en el hogar, la percepción de las mujeres sobre la equidad y la satisfacción matrimonial aumentan, y la pareja atraviesa menos conflictos”  Scott Coltrane, sociólogo de la universidad de Riverside en California.

.Joshua Coleman, psicólogo,  miembro del CCF (Council of Contemporary Families (CCF), organización sin ánimo de lucro dedicada a la investigación de las necesidades de la familia contemporánea) afirma que:

 “Las mujeres dicen sentir más atracción sexual y más afecto hacia sus maridos si participan de las tareas del hogar”

La interpretación más lógica cae por su propio peso; si se reparten los trabajos, habrá más tiempo libre para compartir, estar juntos, disfrutar. Además, el sentimiento de complicidad, compañerismo, igualdad logrará sentirnos mejor con nuestra pareja, con nosotros mismos. Lograr pequeñas utopías, un mundo, unas horas, feliz. Ahí es nada.

http://www.journals.uchicago.edu/doi/abs/10.1086/495326?journalCode=signs

http://www.soledadmurillo.es/articulo/espacio-domestico-el-uso-del-tiempo

 

Una mujer.
Una mujer es la historia de sus actos y pensamientos, de sus células y neuronas, de sus heridas y entusiasmos, de sus amores y desamores.

Una mujer es inevitablemente la historia de su vientre, de las semillas que en él fecundaron, o no lo hicieron, o dejaron de hacerlo, y del momento aquel, el único en que se es diosa.

Una mujer es la historia de lo pequeño, lo trivial, lo cotidiano, la suma de lo callado.

Una mujer es siempre la historia de muchos hombres.

Una mujer es la historia de su pueblo y de su raza. Y es la historia de sus raíces y de su origen, de cada mujer que fue alimentada por la anterior para que ella naciera: una mujer es la historia de su sangre.

Pero también es la historia de una conciencia y de sus luchas interiores.

También una mujer es la historia de su utopía.

Marcela Serrano: “Antigua vida mía” Alfaguara. 1995

 

Allan Schore

Autor Viernes, enero 20, 2017 0 No tags Permalink 0

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“La relación de apego entre la madre y el hijo le da forma, moldea el lado derecho del cerebro del bebé.”

Son conclusiones a las que ha llegado el doctor Allan Schore, profesor del departamento de Psiquiatría y ciencias bio-conductuales de la universidad de UCLA (California, Estados Unidos)

Este hombre de rostro amable y  sonrisa acogedora es todo un pionero en el área de la regulación afectiva. La Asociación Psicoanalítica Americana lo describe como “una figura monumental en los estudios psicoanalíticos y neuropsicoanalítico.”

“Hemos descubierto que el desarrollo temprano del cerebro, en el embarazo como después del nacimiento, tiene efectos en lo que sucede después, no solo en términos de bienestar emocional, sino también en lo referente al desarrollo de desórdenes psiquiátricos.  Durante el primer año de vida no hay comunicación verbal: todo es  emocional.”

Sabemos que el lado izquierdo, que regula el habla, no entra en funcionamiento hasta el segundo año de vida, en cambio, todo lo referente al apego se desarrolla el primer año desde el hemisferio derecho.

“Es el que permite llegar a casa, mirar a los ojos al otro y saber que algo anda mal. Las expresiones faciales, las sonrisas, la tristeza, el tono de voz. Allí está la habilidad de entender el estado emocional, lo que pasa por la mente o las motivaciones que tiene la otra persona. El punto más importante en este sentido es la comunicación no verbal, de cerebro derecho a cerebro derecho, que se da entre la madre y el niño. Al mismo tiempo que esto ocurre, el cerebro del bebé está doblando su tamaño, y en esto incide el apego”

Esta eminencia ha pasado 20 años estudiando la integración de la biología y la psicología. Sus contribuciones aparecen en múltiples disciplinas, incluyendo la neurociencia del desarrollo, la psiquiatría, el psicoanálisis, la psicología del desarrollo, la teoría del apego, los estudios de trauma, la biología del comportamiento, psicología clínica, y el trabajo social clínico.

Le llaman el “Bowlby americano” por su innovadora integración de la neurociencia con la teoría del apego.  Actualmente se le considera  una autoridad mundial en el estudio de como  nuestro hemisferio derecho regula las emociones  y procesa nuestro sentido del yo, así como el mayor experto en el  campo del neopsicoanálisis.

El profesor Allan afirma que la madre es fundamental en la comunicación emocional de los primeros meses de vida.

“El niño necesita ver la expresión exagerada de las emociones de su madre. Los gestos de su cara, el tono y la melodía de su voz en el contacto físico con su hijo. Si el niño está molesto, se  siente irritado o tiene miedo, la madre lo calma. Pero también es capaz de exaltar, reforzar las emociones positivas del niño cuando juega con él, de esta forma aprende, disfruta y se entusiasma”

Que asombrosa es la madre naturaleza. Por eso somos tan dependientes de nuestra madre en los primeros meses. Nuestra respuesta emocional depende de la interrelación que hayamos tenido con nuestra madre durante el primer año de vida. Increíble.

Para el doctor Schore, es esencial mostrar  el afecto abiertamente. Si no lo hacemos, nuestros hijos recibirán una pobre demostración de lo que sentimos y repercutirá en su desarrollo posterior.

“Cuando el niño sea grande, se sentirá incómodo y no expresara abiertamente sus emociones. Entonces se inclinara a usar más su cerebro izquierdo y no el derecho, suprimiendo toda expresión afectiva y sintiéndose incomodo cuando alguien se acerca mucho o evitando momentos de intimidad”

¿Y el padre? El primer año es fundamental la figura materna, ella lo calma. Es a partir del segundo año cuando aumentan los lazos con el padre, que le enseña a explorar, creando un vínculo más enérgico.

“Hoy tenemos evidencia de que la madre realmente da forma al lado derecho del cerebro, pero el padre también incide. Y es más que un efecto psicológico: el crecimiento del cerebro está influido por esas relaciones.”

En resumen, estos hallazgos hablan de la importancia, una vez más, de los afectos y sobre todo, la expresión de los mismos. Y es que todos esos besos, achuchones y palabras que le decimos a nuestros hijos son más que necesarios. ¡Imprescindibles! Imprescindibles para hacer seres grandes capaces de abrazar  y dejarse querer. Ahí es nada. Gracias Allan Schore

http://www.allanschore.com/index.php

http://www.allanschore.com/pdf/SchoreAPAPlenaryFinal09.pdf

http://www.sfgate.com/health/article/The-Baby-Brain-Connection-Armed-with-new-2672397.php#photo-2144922

 

Perder un bebé, hallar una estrella

Autor Jueves, diciembre 29, 2016 0 Permalink 0

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Hace años una mujer, me contó una historia tras la pérdida de su bebé recién nacido. Me vine abajo, derrumbada, como una casa derruida que jamás se levantará. Pasaron los días, las semanas, los meses  y un domingo mi madre, harta de verme con esa tristeza infinita dijo: Escúchame, tu hija ahora es un ángel, una estrella que siempre alumbrará tus noches. Está a tu lado, está en ti. Siempre lo estará.

Y entonces, aquella misma mañana, empecé  a mirar el cielo con otros ojos. No te imaginas la fuerza que me dieron sus palabras. Me ayudó  a reconstruirme, a restaurar el mapa de mis días y de mis noches. Todo lo que emprendía, todo lo que hacía era por ella, para que mi pequeña, mi estrella, se sintiera orgullosa de mí.

Nunca lo he contado. Me daría vergüenza. Han pasado veinte años desde aquella mañana y mi estrella sigue conmigo. La miro todas las noches. La siento cerca, como un ángel, diciéndome que no me enfade porque la pequeña se ha puesto un piercing, que confíe en su hermano y le compre una moto, o que no regañe a mi compañero por sus cositas. 

Me sorprendió escucharla. Por entonces yo no comprendía muy bien el dolor de esta madre y sin embargo ese gesto, pueril, la reanimó, la salvó. Qué curiosos somos los humanos. Lo que nos ayuda a vivir, a levantarnos, a seguir son nimiedades, infantiles creencias, o no, que nos mueven a crecer, a ser mejor.

Hoy gracias a las madres de ALCORA , mujeres que han perdido a sus hijos antes de nacer o a los pocos días, puedo entenderla, aplaudirla, admirarla.

A nosotros, los de fuera, nos cuesta aceptar que estos bebés sigan existiendo y nos preguntamos en silencio ¿Dónde habitan?  Estoy convencida de que viven en un lugar a salvo, en el corazón de sus madres, de sus hermanos, de sus padres, de sus abuelos.

Para mí estas personas son una especie de héroes silenciosos luchando contra un dolor  socialmente invisible, imposible de definir, que arrasa como un vendaval, dejándole el alma en cueros, especialmente en estas fechas, cuando todos recordamos los que siguen con nosotros, los que no están. Y es que la vida nunca es lo que soñamos.

Seres grandes a los que escucho hablar animando a otras madres, padres, abuelos. Me conmueven. Hablan de esperanza, de horizonte, de sueños. Sacan verbos como el mago que saca una paloma de un sombrero. Levantar, sonreír, caer, seguir, luchar, llorar, caminar, construir, alentar. Seres hechos de otra pasta. Cuando nombran a sus bebés sienten su nombre como una cicatriz.

Y aunque el tiempo pasa y dicen que todo lo cura (creo que no hay tiempo que cure el dolor de una perdida, quizás lo ubique, nada más), de tarde en tarde necesitan llorar.

 “Un cielo tan cargado no se despeja sin tormentas” Shakespeare

Esta entrada es  para vosotros. Para desearos  lo mejor en palabras de un poeta, en palabras de estas madres que representan a todas. Mil y un abrazos compañeras de ruta.

“Fechas difíciles, pero pensad en los que están a vuestro lado, merecen la mejor de vuestras sonrisas” (Inmaculada)

“Mucho ánimo para tod@s, especialmente para los que pasáis esta primera Navidad sin nuestros niños preciosos” (Ana)

 

 

Queda prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber qué hacer,
tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus deudas y el mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles solo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
no creer en Dios y hacer tu destino,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin
alegrarte, olvidar sus ojos, su risa,
todo porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no sería igual.

Pablo Neruda

¿Cómo controlo el miedo al parto?

Autor Lunes, diciembre 5, 2016 0 Permalink 0

Miedo-al-parto

El que teme sufrir ya sufre el temor.Proverbio chino

Controlar el miedo al parto. Esa fue la pregunta que me hizo una joven terriblemente asustada a la que acababan de ingresar por pródromos (fase previa al comienzo del parto)

Me senté junto a ella y le pregunté que me relatara sus miedos. Comenzó por el rosario de historias que le habían contado sobre el mismo, a cual más dramática. Y siguió por todos esos miedos ancestrales que todas las mujeres llevamos dentro y algunos más. Temor al dolor, a que el bebé sufra, a perder el control, a que me tengan que hacer una cesárea, al personal que me toque, a los pinchazos, a que sea muy largo, a alguna complicación, a que me dejen sola, a que no sepa empujar, a que me tengan que cortar, a que no me comporte bien.

Uno a uno fui desmontando todos esos sustos que llevaba dentro, pareció calmarse.  Más tarde la vi paseando por el pasillo del brazo de su pareja. Sonreía. Se encontraba más tranquila.

No creo que haya otro momento en la vida de una mujer en la que experimente tal variedad de miedos. Es un desasosiego que entra con las primeras contracciones y la acompaña hasta el final.

Nunca tengas miedo del día que no has visto.Proverbio inglés

Desde el punto de vista biológico se sabe que es un mecanismo de supervivencia que permite a la persona responder ante situaciones adversas e inesperadas. Forma parte de la cultura y del entorno social. Es algo aprendido que en parte, se puede desaprender.

Por regla general, aquello que desconocemos es lo que más miedo nos da. Es la emoción más difícil de manejar  y sin embargo es la más común. La conocemos bien, aprendimos a caminar con ella. El miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento. Es normal sentir ansiedad o temor ante el momento más relevante de tu vida. Todas lo hemos sentido. Lo esencial es no dejarnos dominar por él.

Hace más de dos mil años, Tito Livio, un historiador romano decía; El miedo está siempre dispuesto a ver las cosas peores de lo que son”. Desde que el mundo es mundo, el miedo ha sido nuestro inevitable compañero.

Voy a daros algunas sugerencias, que en algunos momentos me han sido útiles.

  • Imagina lo mejor que podría suceder y como te sentirías al experimentarlo
  • Ponle nombre a tu miedo, habla con él, utiliza el sentido del humor
  • Sonríe, es imposible reír y estar asustada
  • No imagines nada del futuro imperfecto. Vive el momento presente. Es lo único real.
  • Infórmate, pregunta a personas optimistas que hayan sido madres
  • Haz ejercicios de relajación, respiraciones que te calmen.
  • Cambia de escenario, de actividad, ocupa tu mente en algo concreto.
  • Reconoce tu suerte, siéntete afortunada de tener un hijo. Confía que todo irá bien. Hay muchas, muchísimas mujeres que dan a luz diariamente y les va fenomenal
  • Deja de tener miedo por lo que podría ir mal y concéntrate en lo que puede ir bien.

En resumen, relájate y vive el momento. Piensa solo en aquello que quieres vivir, nada más y nada menos.

 

Preliminar del miedo

Por sobre las terrazas alunadas

donde se aman cautelosamente los gatos

y los brillos esquivan las chimeneas

creo que nadie sabe lo que yo sé esta noche

algo aprendido a pedacitos y a pulsaciones

y que integra mi pánico tradicional modesto

 

 

¿Cómo desmenuzar plácidamente el miedo

comprender por fin que no es una excusa

sino un escalofrío parecido al disfrute

sólo que amarguísimo y si atenuantes?

Mario Benedetti

 

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12051188

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/10776242

http://www.scielo.org.co/pdf/rlps/v39n1/v39n1a06.pdf

Nadie me dio la enhorabuena por mi hijo

 

baby

“El principito se sentó sobre una piedra y levantó los ojos hacia el cielo:
—Me pregunto —dijo— si las estrellas están encendidas a fin de que cada uno pueda encontrar la suya algún día”, Antoine Saint-Exupéry.

Hace años, un grupo de compañeras asistíamos a unas jornadas en el hospital. Cuando le tocó el turno a una ponente, se quedó mirándonos y dijo: Antes de comenzar, y aprovechando que hoy están aquí un grupo de matronas, quiero decirles lo mal que lo hicieron conmigo. Cuando nació mi hijo, nadie –y repitió la palabra nadie, me dio la enhorabuena por ser madre, por tener un bebé precioso. Mi hijo es lo mejor que me ha pasado en la vida y no recibí felicitación alguna cuando llegó a este mundo. Lo siento, es algo que siempre llevaré clavado en el corazón.

Nunca lo olvidé, mis compañeras tampoco. Esa mujer estaba en lo cierto. Nadie felicita a unos padres que acaban de tener un hijo con síndrome de Down. No solo ignoramos el hecho de que acaban de ser madre y padre, sino que se son tratados como si se les viniera encima el mayor drama de sus vidas, como si comenzara un duelo. Nuestro silencio, cómplice, los deja a la intemperie de esa desolación e incredulidad que  les  cae como un alud de hielo.

He vuelto a esta historia a raíz de un caso que hemos tenido en el hospital hace unos meses. En cuanto lo supe, fui a verlos. El bebé dormía en neonatología por un problema de deglución; mientras sus padres, solos en la habitación, trenzaban a dos  bandas la pena y el desconsuelo de un mundo que se les venía abajo.

Recuerdo el dolor, o mejor dicho el desconcierto y la tristeza que reflejaban el rostro de esas personas. Él, sentado en un sillón con la mirada perdida; ella en la cama, callada. Su hijo, un precioso bebé de 3200 gramos, no estaba con ellos. Qué tristeza. Pero lo que más dolía era esa noticia que les había partido el alma; tenían un hijo con síndrome de Down. A pesar de la amniocentesis negativa, a pesar de la exactitud de la ciencia, a pesar de los pesares, su pequeño era y sería para siempre un ser diferente, un ser muy especial.

Una madre, Caroline White, relata su experiencia:

“Mis recuerdos de cómo me enteré de que mi hijo tenía síndrome de Down, cuando apenas tenía un día de vida, son muy vagos y borrosos. Estaba devastada. Mi mente entró en una espiral de miedo sobre el futuro que nos caería encima y me imaginé una vida de exclusión e incapacidad, de marginaciones, de miradas inapropiadas y de sentirme “diferente”.

Por un tiempo pensé que el dolor nunca se iría. En ese entonces, mi hijo no solo tenía síndrome de Down: era síndrome de Down. Yo misma lo encasillé en una categoría que responde a estereotipos anticuados y fallé en la misión de entender que en realidad era solo, y ante todo, un bebé. Mi bebé: Seb”.

Y allí estaban estos padres,  desamparados. Como si de pronto todo el horizonte alegre y florido que portaba el hijo se hubiera trasformado en un cielo lleno de nubes, grises, cargadas de tormentas. La palabra que mejor los definía era desolación. Aún estaban con los pies en el cielo, esperando quizás un milagro, esperando la confirmación, esperando saber el dichoso grado.

Y entonces lo hice. Les di la enhorabuena. Acababan de ser padres de un bebé y, como suelo hacer con todos los padres, yo les entregaba mi más sincera felicitación. Ambos me miraron fijamente tratando de entender. Les conté la historia de aquella madre en aquellas jornadas de padres con niños especiales. Les conté que ese pequeño llegaba a sus vidas como una bendición. Solamente era un bebé único, singular; un niño que precisaría unos cuidados concretos, otro entusiasmo, otra forma de crianza.

Lo querrán igual o más que su otro hijo. La fragilidad del pequeño, su candidez, su eterna inocencia sacará lo mejor de cada uno e incluso desarrollarán una sensibilidad y una ternura hacia él que ni siquiera ellos saben que poseen. Serán más fuertes, más grandes. Serán, inevitablemente, más sabios.

Pensé en su hijo y en esa frase de El Principito: “Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido”.

Les hablé de otros padres a lo que he escuchado hablar sobre la alegría, sentido y profundidad que un niño de esas características les dio a sus vidas. Cuidar del más débil los hizo crecer. También les hablé de la presión social y de lo bueno que sería que contactaran con asociaciones lo antes posible.

“Y cuando le cuento a alguien que tengo un hijo con síndrome de Down, la respuesta más común que recibo es un Ah… y un sentimiento palpable de incomodidad. En más de una ocasión, a la interjección le sigue un Lo siento”, Caroline W.

Los padres que tienen a un niño con síndrome de Down refieren que sus otros hijos han cambiado. Tener que cuidar, jugar, convivir con un hermanito distinto los lleva a ser más responsables, más maduros, más solidarios, más tolerantes, más generosos.

Un padre y periodista, Francisco Rodríguez Criado, escribió un libro (El diario Down) sobre sus vivencias cuando tuvo a su hijo:

“Descubrí la bondad de un niño que se cae de morros, sangra por la nariz y sigue sonriéndome pese a lo boludo que soy (pura estampa del perdón más generoso). Descubrí –tratando de perdonarme a mí mismo– la amarga sensación de haber traicionado a un hijo en los dos o tres primeros días de su existencia, cuando yo era incapaz de bajar al nido solo, como si en aquella cuna no estuviera el ser más dulce del mundo sino mis peores fantasmas. Descubrí el sufrimiento, que es consustancial a todo ser humano, sin excepción, mientras operaban a mi hijo a corazón abierto; y el alivio inexpresable de escuchar que todo había ido bien. Pero también descubrí que la paternidad ha sido para mí una experiencia tan dura como hermosa. Descubrí que el síndrome de Down no son más que tres palabras huecas, que mi hijo no sufre más ni menos que cualquier otro niño, que disfruta como un loco en el parque o tirándole del rabo a su perra Betty, y que su risa suena aún más viva y brillante que la de su hermano Mario, el pequeño y terrible Mario, que llegó sin avisar solo unos pocos meses después, con los cromosomas habituales, y que también descubrirá un día en Francisco al mejor hermano del mundo.

En definitiva, aprendí a querer a mi hijo por la escritura. Y he aprendido a ver el mundo con los preciosos ojos azules de mi Francisco. Cuando los ojos azules de Francisco me miran fijamente, solo ven a un padre borroso y algo marchito; pero cuando yo lo miro a él –y no es pasión ciega–, veo a un pequeño gran arquitecto dispuesto a levantar un muro indestructible. Un muro contra la adversidad, contra el miedo, contra la desazón”.

Aquella tarde, cuando salí de la habitación, tomé aire y me detuve. El corazón me latía fuerte. En el fondo deseaba no haber tenido que hacerlo. Creo que mis palabras abrieron un camino a esos padres por el que transitar hasta restablecer la paz y la fortaleza que precisaban. Tenían otro hijo. Un niño maravilloso que preguntaba por el hermano. Se les veía serenos, sensatos, sabios.

¿Qué hacer en estos casos?

  • Mostrar a los padres la parte bella de la situación. Siempre la hay. Tagore decía: “Si lloras porque no ves el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”.
  • Tratarlos como a todos los padres. Felicitarlos, darles la enhorabuena. Han tenido un hijo. Un hijo muy especial.
  • Ofrecer ayudas de webs, asociaciones. Nadie podrá guiarlos, asesorarles tan bien como otros padres en su misma situación.

Es decir; hacer lo que ellos esperan, lo que precisan. Escucharlos, nada más y nada menos. Solo escuchando a las personas, los auténticos expertos sabremos cuáles son sus deseos y necesidades. Por un momento, detener el tiempo, abrazarlos y permanecer al lado de esos padres que al principio se sienten tan desolados.

Después de todo, es una cuestión de amor. Es la opinión de las personas que conviven con un ser diferente.  Ya lo dijo la poeta Dulce María Loynaz:

“Amor es desenredar marañas de caminos en la tiniebla: ¡amor es ser camino y ser escala!”.

 

Autoestima y mujer.  La  vida está en otra parte.

Autor Lunes, junio 20, 2016 0 Permalink 0

Autoestima-mujer-femenina-sugerencias-consejos

“Nunca sabremos por qué irritamos a la gente, que es lo que nos hace simpáticos, qué es lo que nos hace ridículos; nuestra propia imagen es nuestro mayor misterio Milan Kundera

Siempre hemos sabido, yo la primera, que la autoestima femenina se mueve, casi siempre, por la cuerda floja de la vida. Cierto que somos grandes, fuertes, maternalmente poderosas, inquietas, pero en ocasiones nos falta la osadía necesaria para querernos un poco más. La osadía precisa que nos haga centrarnos en lo que somos, en nuestros logros, en nuestras luces. El valor que nos permita amarnos por hacer lo correcto, sin esperar que la mirada ajena nos aplauda o nos silbe.

¿Qué es la autoestima?

Es una especie de cajón de sastre donde cabe todo lo relacionado con el amor a uno mismo. Podía resumirse como: la valoración que tenemos sobre lo que pensamos de nosotros, algo esencial para la supervivencia psicológica, la forma en la que nos percibimos, ya sea en nuestra forma de ser o nuestro cuerpo. Un juicio sobre nuestra propia competencia y valía personal.

Hay un par de cosillas a tener en cuenta para conjurar el fantasma de la culpabilidad,  esa especie de desafecto que a veces nos define y nos acompaña como una sombra velada. Conocer de donde partimos nos lleva a situarnos en una realidad más benévola, más certera.

  1. La autoestima es un asunto social. Las mujeres partimos de una valoración social inferior respecto a los hombres. Es frecuente que la baja autoestima se dé en mujeres que han crecido en familias con roles rígidos y tradicionales. La socialización masculina enfatiza la autonomía, la autoconfianza y la independencia. La femenina sigue promoviendo la expresión emocional, la búsqueda de la intimidad y la independencia.
  1. La pérdida de autoestima que se sufre en la adolescencia, la madre de todos nuestros desvelos, es más dramática y duradera para los chicos que para las chicas. Donde se aprecia la diferencia entre ambos sexos es en el ámbito de hacer cosas. Las chicas se sienten menos competentes en muchas áreas. Hay que tener en cuenta que nuestras habilidades, nuestras competencias tienen valor para la supervivencia, para el hecho de estar preparado en la vida. Por ejemplo se sabe que en las clases, los chicos hablan e interaccionan más, manifestándose más autoafirmativos que las chicas. Las chicas reciben elogios por su aspecto físico. Al preguntarles que rasgo de ellas valoran más, nombran uno físico. En cambio, los chicos muestran un talento como rasgo positivo de sí mismos.

“Ser flexible es ser capaz de tomarse el pelo uno mismo y que la autoestima se muera de la risa” Walter Riso

Y es que a veces somos demasiado rígidas, perfeccionistas, exigentes con nosotras mismas. Al poner el listón tan alto, nunca, ni siquiera conceptualmente, podemos llegar. Creo que es importante recordar de vez en cuando que la perfección es un concepto, una teoría, nunca una realidad. Nosotras somos pura artesanía y como tal, maravillosamente imperfectas, únicas.

“Bailaban juntos en medio del salón los dos solos; y Xavier vio que la mujer tenía el cuello maravillosamente marchito, la piel alrededor de los ojos maravillosamente ajada y que alrededor de su boca había dos maravillosas y profundas arrugas, y se sintió feliz de tener entre sus brazos tantos años de vida, de tener él, un estudiante, entre sus brazos, una vida casi completa”  La vida está en otra parte. Milan Kundera

 

¿Qué podemos hacer para querernos un poco más?

Os dejo algunas sugerencias. No hay recetas mágicas, como no hay verdades absolutas, solo ideas que a otros han servido y os pueden ayudar.

  1. Recupera tus logros y aprendizajes. Mira atrás y haz un listado con todo lo que has logrado, a nivel personal, social, laboral. Desde que eres niña, recuerda, has alcanzado muchas metas.
  2. No te compares con nadie. Eres única, absolutamente única y genial. No tiene sentido las comparaciones porque eres distinta. Has vivido circunstancias, entornos y con personas diferentes a todos aquellos con los que a veces te comparas, nos comparamos. Posees talentos y destrezas únicas.
  3. Centra tu atención en lo que eres, no en lo que tienes. Tu valor como persona depende del verbo ser. Depende de tu inteligencia, tu bondad, tu esencia. Los objetos materiales, títulos académicos, brillo social…es secundario, siempre es secundario.
  4. Haz cosas que te gusten. Es bueno hacer una lista de cositas que nos hacen sentir bien, todos los días haz alguna de ellas.
  5. Enfócate en tus cualidades positivas. Al igual que ante un precioso vestido, si aparece una mancha, está es la que más se ve, a nosotras nos pasa lo mismo, queremos ser tan perfectas que sólo nos fijamos en nuestras manchas. Dirige tu atención hacia los aspectos más positivos de tu vida. Aquello en lo que centras tú atención tiende a hacerse más grande.
  6. Valórate tú misma, no esperes a que te valoren desde fuera. Siéntete orgullosa de ti, de tus logros. Eres la persona más importante de tu vida. si no te valoras a ti misma, no te valoraran los demás.

 

Os dejo con un precioso poema de Gioconda Belli. Cuidaros.

Y Dios me Hizo Mujer

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

 

Gioconda Belli

 

 

 

 

Buena madre, mala madre. El baile de los adjetivos

Autor Miércoles, abril 20, 2016 0 Permalink 0

 

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Mi suegra, mi hermana y hasta mi mejor amiga creen que soy una mala madre. No lo dicen, no hace falta. Noto sus miradas acusadoras cuando les hablo de mi pequeño de año y medio  durmiendo en nuestra cama, de los potitos que le gustan, de la guardería donde come, del parque infantil al que va con su padre, de la comida que compro, de mi trabajo, de la asistenta, del fin de semana que me fui con mis compañeras y cosas de esas. He decidido hablar poco, alejarme de ellas y vivir mi vida, pero están ahí. Son su abuela, su tía, su madrina.  Nunca seré como ellas, lo sé, sufridoras y anegadas madres. Tampoco se si quiero serlo. Estoy criando a mi hijo lo mejor puedo, sin embargo, no me siento bien.

Estas fueron las palabras, inquietas,  de una madre que precisaba ayuda psicológica. Una mujer agobiada ante la creencia de no ser una buena madre. Le faltaba el aplauso, la palmada en el hombro de su círculo más cercano. Recuerdo que me llamó la atención que a pesar del apoyo incondicional de su pareja en todo, sentía que su grupo de iguales, su madre, su hermana y amiga, todas mujeres, todas madres, le recriminaran cada frontera que cruzaba. Aunque creo que lo que más le reprochaban era que no tuviera interiorizada la idea de que ser madre es un tremendo y constante sacrificio.

Para su círculo más cercano, ella debería ser esa  madre omnipresente, generosa y resignada. Ama de casa segura, discreta y sufrida en aras del bienestar familiar. Ficción maternal imaginaria.

“Que poco se requiere para desviar la vida en determinada dirección”  I. Nemirovsky

Hace unos meses volví a verla, embarazada de su segunda hija. Feliz, satisfecha con su vida, imperfecta y grandiosa. Como todas las madres.

Debido a la imagen dual que todos llevamos dentro, las madres se mueven en polos opuestos. La bruja malvada, egoísta y perversa o el hada buena, perfecta y virtuosa. Figuras literarias. Nada más lejos de la realidad.

No hay malas o buenas madres. Una historia cuenta lo siguiente: Le preguntaron a una niña, si los malos fueron negros y los buenos fueran blancos ¿de qué color serías? A rayas.

En la red, en las librerías, en el cine, proliferan los clubs más diversos sobre la maternidad. El club de las madres imperfectas, solteras, cabreadas, novatas, madres felices, malas madres. Toda una tipología de mujeres que colorea el mapa de las etiquetas maternales, con humor y con ironía. Riéndose de sí mismas y de esa vida real tan alejada de la teoría, de las expectativas. Todo para alejar al fantasma de la culpa, para alejar lo más lejos posible la idea de que después de ser madre, nada volverá a ser igual. Ay, la culpa. Una palabra enormemente femenina.

Una madre, acertada, correcta, razonable, sensata, buena… es una persona que busca superarse, sin precisar medallas que le hagan  sentirse fuerte, frágil, poderosa, grande, única.

Ser madre es estar permanentemente en danza. Adelante y hacia atrás. A veces, el cansancio, nuestro alto nivel de autoexigencia y nuestras elevadas expectativas, nos hacen perder el ritmo y sin querer pisamos al compañero o nos salimos de la pista. No importa, sonreímos y vuelta a empezar. Como siempre, con mucho humor y mucha filosofía.

“El mundo está regido por leyes que no se han hecho ni para nosotros ni contra nosotros.”  Irene Nemirovsky

¿Qué es lo que importa cuando se es madre? lo que intentamos. Porque muchos de nuestros logros, acertados o no, no dependen de nosotros. La maternidad es el mayor experimento  de nuestras vidas, con miles de variables incontrolables. Podemos minimizar el impacto de dichas variables, nada más. Por ello, estoy convencida que lo esencial es lo que intentamos.

Para todas vosotras, Feliz día de la madre. Un besazo compañeras de aciertos y desaciertos.

 *  http://clubdemalasmadres.com/

*  http://elclubdelasmadresfelices.com/

Un baile… Dios mío, Dios mío, ¿sería posible que hubiera, a dos pasos de ella, una cosa espléndida que ella imaginaba vagamente como una mezcla confusa de música frenética, perfumes embriagadores, trajes deslumbrantes y palabras de amor cuchicheadas en un gabinete apartado, oscuro y fresco como una alcoba… y que ella estuviera acostada, como todas las noches, a las nueve, como un bebé…? Quizá los hombres que supieran que los Kampf tenían una hija preguntarían por ella; y su madre respondería con una de sus odiosas risitas: «Oh, hace rato que duerme, claro…»

El Baile ”  Irene  Nemirosvky

Nuevos Padres, nuevos hombres.

Autor Lunes, abril 4, 2016 0 Permalink 0

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“Todos necesitamos alguna vez un cómplice
alguien que nos ayude a usar el corazón”. Mario Benedetti.

Las mujeres del siglo XXI reclaman a sus compañeros mayor complicidad emocional,  más comunicación, reparto igualitario de tareas y compartir los cuidados del bebé.  Hoy en día la implicación del padre en los cuidados de los hijos parece hasta natural. Ni siquiera se cuestiona. Claro que sobre el papel todo es armónico, como un bello concierto, hasta que la realidad desafina y nos despierta de esa dulce utopía.

Tradicionalmente en su relación con las mujeres se han situado en un plano superior o un en un nivel de dependencia sentimental. Nunca en relaciones de igualdad. Los tiempos cambian, sin embargo a muchos hombres les cuesta relacionarse igualitariamente con su pareja porque los espacios masculinos (trabajo, deportes, ocio…) siguen siendo competitivos y jerárquicos.

Educados para reprimir sus emociones, el modelo de relación aprendido de dominación-sumisión no es válido en el siglo actual. De pronto se hallan perdidos, a la deriva en un mundo de exigencias igualitarias, donde la autoridad del padre de familia, por suerte, ya no es sagrada. Hoy el respeto se gana, no se impone.

Estos padres igualitarios o padres cuidadores sienten una profunda soledad. Carecen de referencias en las que mirarse. Sin modelos sociales, sin aplausos familiares sienten que pisan un terreno de arenas movedizas por el que no saben bien cómo moverse.

Los nuevos varones felicitan a la mujer el 8 de marzo, las ensalzan, valoran y  apoyan sus reivindicaciones. Sin embargo siguen ayudando en las tareas domésticas sin asumirlas como propias, evaden obligaciones con la excusa de la torpeza masculina o la ignorancia, lavan el coche pero no los baños…

Claro que configurar esta nueva identidad no debe ser fácil. Aprender a construir una paternidad sin patriarcado, auto modelarse, reconstruirse social y personalmente en un mundo tan cambiante debe suponer un tremendo esfuerzo.

Resulta curioso y loable descubrir cómo algunos padres se han unido para revindicar  estructuras más limpias, sanas e igualitarias en las relaciones personales y familiares. Como muestra os dejo algunos enlaces de asociaciones y grupos de hombres que defienden y luchan por una nueva forma de pensar y relacionarse.

http://www.siloshombreshablasen.es/ Hacia un nuevo paradigma de paternidad y masculinidad.

http://www.ahige.org/: Todo hombre es una revolución pendiente, reza el slogan de la web de la asociación de hombres por la igualdad de género: AHIGE

http://men-care.org/ Una organización en más de 50 países que promueve la involucración de los padres en la crianza.

Felicito a estos hombres que quieren y han optado por disfrutar de la crianza, del hogar, a pesar de las presiones, inevitables, del entorno social. Ayer mismo, una abuela regañaba a su yerno por cambiarle el pañal a su bebé, con lo torpes que sois los hombres, déjame, anda.

Y es que nos guste o no, debo admitir que el discurso machista escampa a sus anchas también entre las mujeres. Podía justificarlo por la edad o la educación recibida, pero lo triste es que  también lo escucho en mujeres jóvenes.

Por suerte se van dando pasos poco a poco, a pesar de los pesares.

Hace unos meses, hablando con una pareja sobre los nuevos padres y su implicación en la crianza, el hombre confesó lo duro que fue para él el cuidado de su primer hijo. Su familia quería que él siguiera con el tradicional rol de hombre y dejara de hacer cosas de “mujeres”. Cuando su hijo cumplió tres meses su mujer le regaló el poema de Mario Benedetti, no te rindas, enmarcadado en un pequeño marco de madera blanca. No te puedes imaginar lo que lloré leyéndolo, aún me emociono al recordarlo. Me ayudó muchísimo. Claro que eso no se lo conté a nadie. Tampoco hacía falta. Solo lo sabíamos ella y yo.

Para estos nuevos hombres, nuevos padres, mi pequeño homenaje en forma de este valioso poema de un hombre excepcional.

http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201603/26/enrique-arranz-catedratico-psicologia-20160319002334-v.html

 

NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

MARIO BENEDETTI

No voy a ser madre. El club de la buena estrella

Autor Miércoles, enero 27, 2016 0 Permalink 0

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“Al principio, cuando me preguntaban cuando iba a ir a por el bebé y respondía que no quería ser madre, me miraban como un bicho raro. Se separaban unos pasos de mí y entornaban los ojos. Me encantan los niños. He cuidado bebés desde que era adolescente y me he encargado de mis sobrinos también. Pero eso no conlleva que quiera ser madre. Mi vida, mi pensamiento, mi mundo están lejos de la maternidad. ¿Sabes qué es lo más curioso? Que tenga que justificar mi opción. Por suerte, he conocido mujeres con el mismo planeamiento. Nos juntamos, charlamos y nos reímos. Como si perteneciéramos a un club atípico. El club de la buena estrella, fue el nombre que le puso una amiga, que se había hecho una salpingectomia, esterilización definitiva. Ella adoraba aquel libro. Lo curioso es que algunas madres, cuando están en grupo, me dicen que me pierdo algo indescriptible, genial. Otras, a solas, dicen que me envidian”.

Así hablaba una mujer con la que transité  por el camino de Santiago hace unos años. La recuerdo osada, generosa y tremendamente alegre, vital.

A pesar de encontramos en el siglo XXI, la presión por ser madre y cumplir las expectativas sociales y personales es tremenda. Creemos que poseemos cierta libertad y flexibilidad de pensamiento, pero la realidad es muy distinta. Se sigue viendo con cierto recelo, y hasta desconfianza, a aquellas mujeres que abiertamente expresan que en ningún momento se plantearon ser mamás.

Hay grupos de mujeres que deciden realizarse una esterilización voluntaria antes de los 30 años. Lo llevan en secreto, como quien comete un delito. Quizás para no tener que justificar lo injustificable, la libertad de elegir y errar. La mayoría refieren sentirse molestas por el peregrinaje que tuvieron que realizar para encontrar un doctor dispuesto a practicársela  Cuando escuchan eso de: ¿Te lo has pensado bien? Mira que puedes arrepentirte, eres muy joven. Ellas responden que ese mismo planteamiento, por ejemplo; ¿Has pensado bien lo de ser madre? Es para toda la vida… no se les hace a las mujeres que deciden ser madres, o aquellas que se someten a tratamientos de infertilidad.

 Las estadísticas hablan de un porcentaje de arrepentimiento del 50%. Claro que si preguntáramos a todas las personas de las decisiones erróneas sin marcha atrás que se han cometido en la vida, seguro que las cifras se podrían igualar o superar.

“¿Cómo puedo crear algo de la nada? ¿Y cómo puedo crear mi propia vida? Yo creo que es preguntándome y diciéndome a mí misma que no hay verdades absolutas”, Amy Tan.

Creo que no tener hijos es una opción tan aceptable como tenerlos. Lo esencial es realizar aquello que nos hace sentir bien sin dañar a otros. Todos sabemos que hay historias de madres espantosas, tristes, desgraciadas. Historias tan alejadas de sentir cariño por sus hijos como la tierra del planeta marte.  Estoy convencida de que muchas de esas mujeres no deseaban tener hijos. Estoy convencida de que no tuvieron otra opción.

Hace unos años, en 2013, se creó el movimiento NoMo (No mothers –no madres–), liderado por la británica Jody Day, creadora de la web Gateway-woman. Un movimiento  y  asociación que defiende los derechos de las mujeres que no han querido o no han podido ser madres. Tema que sigue siendo tabú. Cuentan con asesores, atención psicológica, formación y un largo etc. de apoyo y ayudas para estas mujeres que se apartan de la ‘normalidad’.

Ninguna mujer debería tener que explicar por qué no quiere tener hijos”, Helen Mirren (actriz).

Lo más triste de todo es escuchar, en voz baja, los comentarios de gentes que piensan que estas mujeres son frías y poco afectuosas.

 Entre mis mejores amigos hay una pareja que desde el principio tuvieron claro que no iban a ser padres. Son de los seres más adorables y encantadores que conozco. Ella es enfermera y sus pacientes la adoran.

Por otro lado tenemos otro grupo de mujeres que no pueden tener hijos. Era el caso de Virginia Monagle, educadora y escritora. Cuando fue consciente de que jamás tendría hijos, fundó junto con su esposo varias escuelas para ayudar a los niños más desfavorecidos.  Hablaba del espíritu maternal, es decir: una vida dedicada a los demás y feliz contigo misma.

 “Tengo algunas amigas que no han podido tener hijos y que son verdaderamente felices. Aman su trabajo y a los hijos de los demás. Una amiga, profesora en Colombia, ha adoptado a dos niñas, mientras que una elegante amiga italiana se dedica a un club de niñas en Roma. Una intrépida neozelandesa, que quería adoptar dos niños, acabó sacando a cuatro huérfanos de un horrible hospicio ruso”, V. Monagle.

Solía dar un consejo muy lindo a aquellas amigas que se encontraban en su misma situación: “El mundo está hambriento de espíritu maternal, y el espíritu maternal eres tú”.

Coincido totalmente con esta frase. El espíritu, la actitud, es lo importante, y eso es algo que todos poseemos, de una forma u otra. Con hijos o sin ellos cuidamos de los que tenemos al lado.

http://gateway-women.com/

http://www.independent.co.uk/life-style/the-human-condition-women-who-dont-want-to-be-mother-1575344.html

 

“Tenía seis años cuando mi madre me enseñó el arte de la fuerza invisible. Era una estrategia para salir vencedora en las discusiones, despertar respeto en los demás y, finalmente, aunque ninguna de las dos lo sabía por entonces, para ganar en el juego de ajedrez.

–Muérdete la lengua –me reprendió mi madre cuando me eché a llorar ruidosamente y tiré de su mano hacia la tienda donde vendían bolsas de ciruelas saladas. Una vez en casa, me dijo–: Persona prudente no va contra viento. En chino decimos: Ven desde el sur, avanza con el viento…, ¡puum! El norte seguirá. El viento más fuerte no puede verse“.

“También descubrí por qué nunca debería revelar el “por qué” a los demás. Retener cierto conocimiento que  uno ha de almacenar para su uso futuro. Ése es el poder del ajedrez. Es un juego de secretos, en el que uno debe mostrar y jamás decir”.

“El club de la buena estrella”. Amy Tan

 

 

Psicología Perinatal, la hermana pobre de la psicología.

 

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“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida” Viktor Frankl

Para mi la psicología perinatal es la psicología que defiende la alegría. Sin embargo,  la miro y me recuerda a  una especie de hermana pobre de la psicología. Un pariente alejado  que ni siquiera aparece en los planes de estudio, ni en las asignaturas troncales, ni en las optativas. Nuestros futuros compañeros ni siquiera saben qué es. ¿A qué se debe ese silencio? La respuesta cae  del cielo como hojas en otoño. Son cosas de mujeres. Y de personas, añado,  personas vitales, osadas y profundamente alegres.

Empecemos por la definición ¿Qué es la psicología perinatal? Una variedad de psicología orientada a la prevención, cuidado, apoyo diagnóstico e intervención en las madres, en las familias durante todo el proceso que rodea al nacimiento. Desde la concepción, embarazo, parto y puerperio.

Una definición precisa y amable que borda el papel de una modalidad psicológica que en nuestro país se encuentra en pañales.

Los procesos de maternidad se contemplan como hechos fisiológicos y sociales absolutamente normales. Cierto. Sin embargo, la experiencia de ser madre marca profunda y en ocasiones negativamente a la mujer, pareja e hijos. Un hecho cotidiano, un ritmo de paso, un cambio de rol que de forma oculta se trasforma en una pesadilla disimulada.

Y es que hay una gran diferencia entre ser mujer y ser madre. Diferencia que muchas madres, tristemente,  perciben.

 “No debemos permitir que las percepciones limitadas de otras personas nos definan” Virginia Satir.

La psicología perinatal es la gran olvidada, una disciplina velada que con ingenua ligereza se acurruca en el cajón de la comisión de género e igualdad. Una lástima, porque todos convivimos a diario con personas relacionadas con procesos de maternidad y/o paternidad. Padres, madres, hermanas, amigos, compañeros, familia y un largo etc. entran a diario en el cálido y apartado mundo de las madres y padres.

Mirando el colegio de psicología al que pertenezco, copao, y otros, encuentro áreas como intervención en catástrofes, trabajo, tráfico y seguridad, deporte y otras. Me pregunto ¿Cuántas catástrofes pueden suceder al cabo de un año en una provincia, en una comunidad, en un país?  ¿Cuántas mujeres entran en la maternidad en un día, en unas horas, en unos minutos? Las cifras, de las que tanto somos amigos, cantan. La desigualdad escuece.

En las secciones de los colegios aparecen jurídica, intervención social, educativa, entre otras. Incluso en el Colegio General de la Psicología de España, Perinatal está ausente. No existe, ni en las áreas de intervención, ni en los grupos de trabajo. La paternidad y la maternidad son invisibles, psicológicamente hablando. Con este sombrío horizonte por parte de los colegios profesionales de psicólogos, ¿Qué pueden esperar las madres, padres, mujeres en general? ¿Cómo visibilizar algo que parece ignorarse? ¿Cómo defender y cuidar la fragilidad, la alegría ?

En España existe la asociación de Psicología Perinatal desde el año 2012. Enhorabuena. Actualmente hay un master de formación en psicología perinatal. Felicito a mis compañeras por ello. Una pena  que deba de existir una especialización en algo que resulta evidente, básico,  necesario. Debería contemplarse como un pilar imprescindible en la formación académica de los psicólogos.

Ojala y algún día a la psicología perinatal la eleven a la categoría que merece y aparezca brillando en el altar de las asignaturas troncales. Ojalá y algún día comparta espacio  junto a sus hermanas mayores de las principales secciones de los colegios profesionales. Ojalá. Entonces todos, hombres y mujeres, creeremos que es posible un mundo mejor.

No es cuestión de género, aunque parezca evidente, es cuestión de sentido común, sensibilidad. “Defender la alegría de los males endémicos y de los académicos”. M. Benedetti.

 

DEFENSA DE LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera 
defenderla del caos y de las pesadillas 
de la ajada miseria y de los miserables 
de las ausencias breves y las definitivas 
defender la alegría como un atributo 
defenderla del pasmo y de las anestesias 
de los pocos neutrales y los muchos neutrones 
de los graves diagnósticos y de las escopetas 
defender la alegría como un estandarte 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los males endémicos y de los académicos 
del rufián caballero y del oportunista 
defender la alegría como una certidumbre 
defenderla a pesar de dios y de la muerte 
de los parcos suicidas y de los homicidas 
y del dolor de estar absurdamente alegres 
defender la alegría como algo inevitable 
defenderla del mar y de las lágrimas tibias 
de las buenas costumbres y de los apellidos 
del azar y también también de la alegría

Mario Benedetti