El puerperio. Una historia de amor y oscuridad

Autor Miércoles, febrero 17, 2016 2 No tags Permalink 0

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“Ningún hombre ni ninguna mujer es una isla, pero que cada uno de nosotros es una península, con una mitad unidad a tierra firme y la otra mirando al océano. Una mitad conectada a la familia, a los amigos, a la cultura, a la tradición, al país, a la nación, al sexo, y al lenguaje y a muchos otros vínculos. Y la otra mitad deseando que la dejen sola contemplando al océano.”  Amos Oz

Recuerdo ese tiempo confuso como un cuento, triste y bello a la vez. El cansancio, la alegría, el desánimo, la plenitud, el arrepentimiento, la trascendencia, el llanto, el amor incondicional, la culpabilidad, la risa, la lucha interna, la paz, la sorpresa, el desconcierto… todo ello y mucho más anidaba dentro de mí, como un frasco de esencias. Algunas dulces, otras ácidas.

Recuerdo que cuando leí este maravilloso libro de Amos Oz, el título me llevó a recordar aquel tiempo que parecía no serenarse. Una especie de montaña rusa emocional, física y  mental que me llevó descubrir cosas de mí que ni siquiera pensaba que pudieran existir. Creo que lo que mejor lo define, para algunas mujeres, es “Una historia de amor y oscuridad”.

¿Por qué nos pasa esto? Además de la biología, que parece explicarlo todo, tendemos a ser más perfeccionistas, más obsesivas, más controladoras. Cierto. Le damos muchas vueltas a las cosas y magnificamos las amenazas y las pérdidas como si fueran auténticas catástrofes.  Queremos controlarlo todo y estar en todas partes. Porque al igual que Mary Poppins, nos creemos prácticamente perfectas, en todos los sentidos.

Además, contamos con poco o nulo apoyo social.

A todo ello hay que sumar los cambios físicos, la inexperiencia, la inseguridad y el cansancio que arrastramos nos hace sentir más desvalidas, vulnerables. Nuestra percepción de autoeficacia disminuye. Nos sorprendemos de que nuestros pensamientos solo giren en torno a un milagro; nuestro bebé, un bebé que no sabemos, a pesar de sentirnos programadas genéticamente para ello, manejar.

Por si fuera poco, los sistemas de salud, pobres e insensibles, dejan a la madre a la intemperie sin personal preparado que les asista y les cuide en esos momentos tan frágiles. Decenas de posters, cientos de consejos y miles de hojitas informativas para tapar la triste realidad: no disponen de profesionales que acompañen a las madres en sus casas, profesionales que asesoren  directamente en la lactancia materna, que les ayuden a desarrollar estrategias de afrontamiento a todos los niveles;  emocional, cognitivo y físico.

Ser madre es todo un aprendizaje, con sus triunfos  y sus derrotas. Un aprendizaje de habilidades y desarrollo de recursos que no se realiza en unas semanas, ni en meses. Todo ello lleva su tiempo. Gestionar un hogar con un bebé tras un parto es tarea de titanes. Lo sé. Una tarea que poco a poco irás manejando con mayor habilidad. Te sorprenderás de lo que puedes llegar a ser capaz.

Mientras llega ese tiempo, créeme, te aseguro que llegará, aquí te dejo unas sugerencias. Algunas las aprendí tarde, otras me fueron útiles.

¿Qué hacer entonces?

  • Relájate y relativiza las situaciones. Lo esencial sois el bebé y tú. Nadie más.
  • Descansa cuando descanse tu hijo, el descanso es la piedra filosofal del puerperio. Si descansas verás todo con otra mirada, más serena, más sabía, más tranquila.
  • El concepto de buena madre es solo un concepto, una teoría, algo artificial. Todas las madres son buenas.
  • Pasar del odio al amor, del llanto a la dicha, de la tristeza a la alegría forma parte de todo el proceso. Lo extraño sería no sentir esa ambivalencia emocional.
  • Tómate los pequeños desastres con mucho, muchísimo sentido del humor.
  • Eres más fuerte de lo que crees, por el sólo hecho de iniciar esta fascinante aventura. Mírate y siéntete orgullosa de tu opción y de tu vida, aunque algunos momentos camines bajo tormentas. El sol sale siempre, siempre. Pregúntale a tu madre, hermanas, compañeras, amigas.  Todas hemos bailado bajo una lluvia de lágrimas y suspiros, de ansiedades y dicha.

En resumen, confía en ti y en tu capacidad de adaptación. Por donde tú andas, caminan miles, millones de mujeres todos los días y estamos aquí, a salvo de aquel tiempo, superado, a salvo, incluso, de nosotras mismas. Cuídate.

http://www.federacion-matronas.org/documentos/profesionales/i/17096/124/como-superar-el-puerperio-y-no-rendirse-en-el-intento

 “Mi madre permanecía casi todo el tiempo en casa…Cocinaba, hacía pan, lavaba la ropa, organizaba las compras racionalmente, planchaba, limpiaba, ordenaba, doblaba, fregaba, cortaba y hervía. Pero cuando la casa estaba realmente ordenada, cuando en la cocina todos los cacharros estaban fregados y la ropa doblada y colocada en ángulo recto sobre los estantes de los armarios, entonces mi madre se acurrucaba en su rincón y leía. Metía los pies descalzos debajo de la pierna y leía. Se inclinaba hacia el libro que tenía sobre las rodillas y leía. La espalda encorvada, el cuello inclinada, los hombros caídos, con todo su cuerpo semejante a una media luna, y leía. La cara cubierta a medias por la cortina de pelo negro que caía sobre la página, y leía”

Una historia de amor y oscuridad. Amos Oz

 

 

El puerperio y sus pensamientos. La voz dormida

Autor Lunes, marzo 9, 2015 0 No tags Permalink 0

 

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Me pase el puerperio de mi primer hijo dándole vueltas y vueltas a la cabeza para nada. Ahora camino de mi tercero, he aprendido. Lo mejor que hice con la segunda fue no detenerme a pensar, los pensamientos no cocinan, ni ponen lavadoras, ni abrazan. Qué equivocada estuve. ¡La de tonterías que pasaron  por mi cabeza!

El posparto y puerperio, un tiempo difícil Escuché ese comentario hace años como respuesta ante una madre primeriza agobiada por el posparto. Hay una frase de Buda que dice “Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos.”

Principalmente brotan de nuestra mente cuatro tipos de pensamientos. Ángeles o diablillos que nos agradan o nos hunden en la más completa desolación.

El puerperio, ese tiempo detenido, que nos ancla y nos rescata, está ahí. Un lugar en el que cohabitan con desgarradora frecuencia el amor y el desconcierto como si fueran amantes.

Hay cuatro tipos de pensamientos:

  1. Pensamientos necesarios. Corresponden a nuestro quehacer cotidiano. Organización del tiempo, gestión de actividades y un largo etc.
  2. Pensamientos inútiles. Inservibles y devastadores. Pueden destrozar la autoconfianza y el autorrespeto como una tormenta de granito sobre nuestra vulnerable autoestima.  Anclados en el pasado que no existe ni podemos cambiar suelen ser del tipo: Si hubiera hecho… Me vería de otra manera si… Inevitablemente, también contemplan el futuro lejano. Qué va ocurrir si… Qué pasaría si…Se cree que al día podemos gestar una media de cuarenta mil pensamientos ineficaces. Aunque en el puerperio pueden ser muchos más. Cuando nos vemos tan vulnerables, pequeñitas, agobiadas y agotadas todo parece un cielo de nubes negras. Estos pensamientos nos debilitan  como un ladrón robándonos la entereza. Una madre con una enorme cantidad de pensamientos inútiles, gastará mucha energía y se sentirá más cansada aún de lo que está.
  1. Pensamientos negativos o intrusivos. Son los peores. Cuando estas ideas van dirigidas a nosotras mismas, dañan nuestras estructuras más profundas.  Una especie de autocastigo que no merecemos. Aparecen en momentos de actividad, cuando tenemos que realizar varias tareas. Con ellos a nuestro lado, nuestra autovaloración se tambalea. Suelen ser del tipo: soy un desastre, no valgo para nada.
  2. Pensamientos positivos. Son los mejores. Formados por aquellos que nutren nuestra alma y nuestro corazón. El andamiaje que nuestra mente precisa para sentirnos bien. No significa estar en las nubes o ser irreal respecto a la situación. Significa afrontar los conflictos tratando de encontrar soluciones. Aceptar y hacer nuestro el dicho de “Si tiene solución, ¿por qué te preocupa? Y si no tiene solución, ¿por qué te preocupa? Son pensamientos de tolerancia, paciencia y sensatez.

Somos lo que pensamos. Cierto. Se suele decir: “Así como es tu actitud, así es el mundo.” Piensa en positivo. Es mejor dirigirse hacia lo que se quiere conseguir que alejarse de lo que se pretende olvidar. Eres lo que piensas, una afirmación sencilla y certera. Lo que hacemos, lo que decimos, lo que sentimos, todo, absolutamente todo, tiene su origen en la mente.

En el puerperio es bueno despertar y escuchar  esa voz dormida que nos habla de los logros conseguidos en nuestra vida. Que nos cuenta bajito al oído lo fuerte que fuimos en tiempos pasados, que nos muestra la ilusión que guiaba nuestras sabias decisiones, lo sensatas que siempre nos hemos mostrado. Porque al final, y al principio, eso es lo que importa, saber que logramos metas que parecían inalcanzables, que fuimos fuertes  y que de la misma manera esta cuesta vital, será igualmente escalada. Confía en ti.

Poema

Conozco el perfil
de la distancia

agazapada en rostros íntimos
el acto de ocultarse
la delata.

Es mi ojo
el que pregunta.

Dulce Chacon

http://www.redesparalaciencia.com/4154/redes/redes-78-el-cerebro-no-busca-la-verdad-sino-sobrevivir

Depresión masculina posparto. Una realidad invisible

Autor Martes, febrero 17, 2015 0 No tags Permalink 0

 

man-933701_960_720, Pixabay, free

Depresión masculina posparto o el padre en el posparto. El hijo de Pablo nació hace un par de semanas. Su mujer se pasa los días callada, con una tristeza infinita. Él no sabe cómo ayudarla. Se siente extraño. Sus amigos y compañeros le felicitan constantemente por su paternidad. Él se muerde los labios y da las gracias. Le duele el estómago, le duele la cabeza, le duele el alma y lo peor es que no sabe por qué. Algunas tardes las pasa en una cafetería, en las afueras de la ciudad. No quiere llegar a casa. Los pantalones le quedan pequeños, la camisa también. Apenas come y el sueño le vence. Ayer volvió a enfadarse por una tontería, gritó y dio un portazo. Mañana hablará con su jefe. Decidido. Le vendrá bien trabajar más horas. Aunque lo que realmente le preocupa es esa idea que baila en su cabeza sobre lo que debería ser como padre y lo que es en realidad. Agotado y desanimado. Llama al camarero: ¡otra cerveza, por favor! “La cuarta y la última”, se repite. En la ventana, un niño moreno se queda mirándolo. Pronto caerá ña noche. Bebe la cerveza de un trago, coge el abrigo y se marcha. Mañana, Dios dirá.

Esta es la crónica pormenorizada de un hecho silenciado y real, muy real. La depresión masculina posparto o sad dads. En el año 2010 la revista JAMA (Journal of the American Medical Association) estableció que, en el primer trimestre de vida de un hijo, el porcentaje de padres deprimidos era del 10,3%. Sabiendo que las tasas de depresión masculina rondan el 4,8%, las cifras resultan desconcertantes. Estos datos aumentan si la madre padece depresión posparto.

¿Qué manifiestan estos padres? Frustración, irritabilidad, aumento del uso del alcohol, aislamiento social de amigos y familiares, desánimo, problemas digestivos, cefaleas, aumento del tiempo que pasa trabajando, comportamiento hostil, violento, perdida de interés en las aficiones o el sexo, tristeza, conflictos internos entre lo que debería ser y lo que es en realidad.

El vínculo afectivo con el bebé o Amor a primera vista

Autor Martes, octubre 21, 2014 0 Permalink 0

 

Vínculo-Madre-e-Hijo

 

Cuando entré en la habitación, Laura con los brazos cruzados, miraba a su hijo, durmiendo en la cuna. No siento lo que se supone debo sentir, dijo con los ojos húmedos. Lo veo así, tan vulnerable, tan chiquitito, tan frágil y sólo pienso en cómo puedo protegerle, nada más. ¿Por qué no siento ese cariño que otras madres dicen sentir? Es lo que llaman vinculo con el bebé o amor a primera vista.

Laura había tenido a su hijo tras un parto complicado que acabó en cesárea. Es frecuente que tras situaciones difíciles esa conexión entre el bebé y su madre se demore unos días e incluso semanas. A veces, el cansancio y la inseguridad cubren las emociones como una pesada tapa de cristal. Porque ese vínculo aterciopelado con el hijo no es un sentimiento instantáneo ni mucho menos automático.