Nadie me dio la enhorabuena por mi hijo

 

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“El principito se sentó sobre una piedra y levantó los ojos hacia el cielo:
—Me pregunto —dijo— si las estrellas están encendidas a fin de que cada uno pueda encontrar la suya algún día”, Antoine Saint-Exupéry.

Hace años, un grupo de compañeras asistíamos a unas jornadas en el hospital. Cuando le tocó el turno a una ponente, se quedó mirándonos y dijo: Antes de comenzar, y aprovechando que hoy están aquí un grupo de matronas, quiero decirles lo mal que lo hicieron conmigo. Cuando nació mi hijo, nadie –y repitió la palabra nadie, me dio la enhorabuena por ser madre, por tener un bebé precioso. Mi hijo es lo mejor que me ha pasado en la vida y no recibí felicitación alguna cuando llegó a este mundo. Lo siento, es algo que siempre llevaré clavado en el corazón.

Nunca lo olvidé, mis compañeras tampoco. Esa mujer estaba en lo cierto. Nadie felicita a unos padres que acaban de tener un hijo con síndrome de Down. No solo ignoramos el hecho de que acaban de ser madre y padre, sino que se son tratados como si se les viniera encima el mayor drama de sus vidas, como si comenzara un duelo. Nuestro silencio, cómplice, los deja a la intemperie de esa desolación e incredulidad que  les  cae como un alud de hielo.

He vuelto a esta historia a raíz de un caso que hemos tenido en el hospital hace unos meses. En cuanto lo supe, fui a verlos. El bebé dormía en neonatología por un problema de deglución; mientras sus padres, solos en la habitación, trenzaban a dos  bandas la pena y el desconsuelo de un mundo que se les venía abajo.

Recuerdo el dolor, o mejor dicho el desconcierto y la tristeza que reflejaban el rostro de esas personas. Él, sentado en un sillón con la mirada perdida; ella en la cama, callada. Su hijo, un precioso bebé de 3200 gramos, no estaba con ellos. Qué tristeza. Pero lo que más dolía era esa noticia que les había partido el alma; tenían un hijo con síndrome de Down. A pesar de la amniocentesis negativa, a pesar de la exactitud de la ciencia, a pesar de los pesares, su pequeño era y sería para siempre un ser diferente, un ser muy especial.

Una madre, Caroline White, relata su experiencia:

“Mis recuerdos de cómo me enteré de que mi hijo tenía síndrome de Down, cuando apenas tenía un día de vida, son muy vagos y borrosos. Estaba devastada. Mi mente entró en una espiral de miedo sobre el futuro que nos caería encima y me imaginé una vida de exclusión e incapacidad, de marginaciones, de miradas inapropiadas y de sentirme “diferente”.

Por un tiempo pensé que el dolor nunca se iría. En ese entonces, mi hijo no solo tenía síndrome de Down: era síndrome de Down. Yo misma lo encasillé en una categoría que responde a estereotipos anticuados y fallé en la misión de entender que en realidad era solo, y ante todo, un bebé. Mi bebé: Seb”.

Y allí estaban estos padres,  desamparados. Como si de pronto todo el horizonte alegre y florido que portaba el hijo se hubiera trasformado en un cielo lleno de nubes, grises, cargadas de tormentas. La palabra que mejor los definía era desolación. Aún estaban con los pies en el cielo, esperando quizás un milagro, esperando la confirmación, esperando saber el dichoso grado.

Y entonces lo hice. Les di la enhorabuena. Acababan de ser padres de un bebé y, como suelo hacer con todos los padres, yo les entregaba mi más sincera felicitación. Ambos me miraron fijamente tratando de entender. Les conté la historia de aquella madre en aquellas jornadas de padres con niños especiales. Les conté que ese pequeño llegaba a sus vidas como una bendición. Solamente era un bebé único, singular; un niño que precisaría unos cuidados concretos, otro entusiasmo, otra forma de crianza.

Lo querrán igual o más que su otro hijo. La fragilidad del pequeño, su candidez, su eterna inocencia sacará lo mejor de cada uno e incluso desarrollarán una sensibilidad y una ternura hacia él que ni siquiera ellos saben que poseen. Serán más fuertes, más grandes. Serán, inevitablemente, más sabios.

Pensé en su hijo y en esa frase de El Principito: “Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido”.

Les hablé de otros padres a lo que he escuchado hablar sobre la alegría, sentido y profundidad que un niño de esas características les dio a sus vidas. Cuidar del más débil los hizo crecer. También les hablé de la presión social y de lo bueno que sería que contactaran con asociaciones lo antes posible.

“Y cuando le cuento a alguien que tengo un hijo con síndrome de Down, la respuesta más común que recibo es un Ah… y un sentimiento palpable de incomodidad. En más de una ocasión, a la interjección le sigue un Lo siento”, Caroline W.

Los padres que tienen a un niño con síndrome de Down refieren que sus otros hijos han cambiado. Tener que cuidar, jugar, convivir con un hermanito distinto los lleva a ser más responsables, más maduros, más solidarios, más tolerantes, más generosos.

Un padre y periodista, Francisco Rodríguez Criado, escribió un libro (El diario Down) sobre sus vivencias cuando tuvo a su hijo:

“Descubrí la bondad de un niño que se cae de morros, sangra por la nariz y sigue sonriéndome pese a lo boludo que soy (pura estampa del perdón más generoso). Descubrí –tratando de perdonarme a mí mismo– la amarga sensación de haber traicionado a un hijo en los dos o tres primeros días de su existencia, cuando yo era incapaz de bajar al nido solo, como si en aquella cuna no estuviera el ser más dulce del mundo sino mis peores fantasmas. Descubrí el sufrimiento, que es consustancial a todo ser humano, sin excepción, mientras operaban a mi hijo a corazón abierto; y el alivio inexpresable de escuchar que todo había ido bien. Pero también descubrí que la paternidad ha sido para mí una experiencia tan dura como hermosa. Descubrí que el síndrome de Down no son más que tres palabras huecas, que mi hijo no sufre más ni menos que cualquier otro niño, que disfruta como un loco en el parque o tirándole del rabo a su perra Betty, y que su risa suena aún más viva y brillante que la de su hermano Mario, el pequeño y terrible Mario, que llegó sin avisar solo unos pocos meses después, con los cromosomas habituales, y que también descubrirá un día en Francisco al mejor hermano del mundo.

En definitiva, aprendí a querer a mi hijo por la escritura. Y he aprendido a ver el mundo con los preciosos ojos azules de mi Francisco. Cuando los ojos azules de Francisco me miran fijamente, solo ven a un padre borroso y algo marchito; pero cuando yo lo miro a él –y no es pasión ciega–, veo a un pequeño gran arquitecto dispuesto a levantar un muro indestructible. Un muro contra la adversidad, contra el miedo, contra la desazón”.

Aquella tarde, cuando salí de la habitación, tomé aire y me detuve. El corazón me latía fuerte. En el fondo deseaba no haber tenido que hacerlo. Creo que mis palabras abrieron un camino a esos padres por el que transitar hasta restablecer la paz y la fortaleza que precisaban. Tenían otro hijo. Un niño maravilloso que preguntaba por el hermano. Se les veía serenos, sensatos, sabios.

¿Qué hacer en estos casos?

  • Mostrar a los padres la parte bella de la situación. Siempre la hay. Tagore decía: “Si lloras porque no ves el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”.
  • Tratarlos como a todos los padres. Felicitarlos, darles la enhorabuena. Han tenido un hijo. Un hijo muy especial.
  • Ofrecer ayudas de webs, asociaciones. Nadie podrá guiarlos, asesorarles tan bien como otros padres en su misma situación.

Es decir; hacer lo que ellos esperan, lo que precisan. Escucharlos, nada más y nada menos. Solo escuchando a las personas, los auténticos expertos sabremos cuáles son sus deseos y necesidades. Por un momento, detener el tiempo, abrazarlos y permanecer al lado de esos padres que al principio se sienten tan desolados.

Después de todo, es una cuestión de amor. Es la opinión de las personas que conviven con un ser diferente.  Ya lo dijo la poeta Dulce María Loynaz:

“Amor es desenredar marañas de caminos en la tiniebla: ¡amor es ser camino y ser escala!”.

 

Padres de bebés prematuros, entre el estupor y la maravilla

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“Estamos vivos por dentro cuando sabemos acoger lo que nos viene de fuera. Cuando lo de fuera, sea lo que sea, frágil, es lo frágil y lo velado, lo gestado y lo naciente”, Pablo D´Ors

El nacimiento de un bebé prematuro es algo desconcertante. Llega de forma inesperada, como una estrella fugaz que nadie espera. Este “antes de tiempo” deja a los padres desprotegidos, vulnerables, a la intemperie de unas emociones y sentimientos difíciles de aceptar y comprender.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Qué hemos hecho mal? Una larga constelación de preguntas se va hilvanando una a una con una dolorosa cadencia en ese universo idílico que se les ha venido abajo.  Ver a unos padres junto a su hijo prematuro es algo indescriptible. Desolados, perdidos, confundidos, como si de pronto se sintieran en otro mundo, en otro planeta y no supieran qué hacer, qué decir, qué sentir, qué pensar. Es una escena desoladora. De pronto un viento helado entra en sus vidas congelando sus sueños, sus fantasías, su construcción personal del nuevo rol. Tremendo.

En el aire flota una enorme interrogación que parece abrazarlos por sorpresa. Tumbada en la cama o en la mesa de partos, la madre lo ve desde lejos, cansada tras el desenlace. El padre, a pocos metros de la cuna térmica donde los pediatras reaniman al pequeño ser, tiembla. Aprieta los labios tratando  de sujetar las lágrimas que desbordan su realidad. Se lleva la mano a la boca. Incrédulo y desconcertado ante su hijo, ese diminuto bebé que no se atreve ni a mirar.

La presencia del bebé  es inmensa. Un arco iris en el cielo de la vida que refleja lo que somos, seres tremendamente frágiles. Cuando los veo así tan diminutos, tan vulnerables, tan tibios, tan luchadores, tan inquietos por vivir, pienso que son los seres que mejor definen la fuerza de la fragilidad.

“Descubrí el asombroso mundo de lo pequeño, donde se oculta, sin ninguna duda el misterio de todo lo visible e invisible”, Pablo D’Ors.

Para los padres y la familia, es una tremenda crisis emocional. Experimentan reacciones de duelo,  tristeza, pérdida de apetito, alteraciones del sueño, rabia, culpa y desesperanza. Aparece un vaivén de emociones por el que transitan asustados. El rechazo, la culpa, el miedo se instala en su alma como una cigüeña en un campanario hasta que el tiempo echa a volar esos inquietos sentimientos.

La madre es la que más sufre. Sin lugar a dudas. El sentimiento de culpabilidad es terrible, devastador. De pronto, repasa el pasado como un detective buscando pistas; conductas, comidas, paseos, actividad sexual, pensamientos, lo que sea, algo que ayude a comprender donde estuvo el error.  A todo ello hay que añadir una tristeza infinita. La que sienten al no querer encariñarse con su diminuto hijo por si no sobrevive. Creen, erróneamente, que el dolor será menor. ¿Qué hago? Y si sobrevive, ¿cómo podré cuidar a un ser tan frágil?, se pregunta la madre, vigilante de un milagro que no sabe cómo vivirá.

“Ser vigilante no es, pues, una simple ocupación: es un modo de ser y de estar en el mundo. Es imposible que la custodia de la belleza no imprima carácter”, Pablo D’Ors.

La madre experimenta una doble crisis. Por un lado atraviesa la crisis vital que supone la maternidad y por otro, la crisis circunstancial de la separación e ingreso hospitalario de su bebé. Todo ello conlleva una disminución de la autoconfianza y autoestima de la mujer, junto con sentimientos de ansiedad, fracaso, decepción, impotencia, miedo, frustración y envidia.

“Los padres atraviesan diversas etapas. La primera es de conmoción o choque, la segunda es de negación, luego prosigue una etapa de trueque en la cual se da un acercamiento a la religión. La tercera etapa tiene como reacciones comunes la tristeza, la ira, la culpa o la ansiedad. La cuarta etapa es de aceptación y la quinta es de reorganización o equilibrio”, Boullosa Frías, 2004.

Os dejo algunas sugerencias, recomendaciones e ideas que puedan ayudaros en vuestra perpleja y asombrosa maternidad.

  • Descansa y evita pensar en desastres. Hay un proverbio chino que dice: “No puedes evitar que los pájaros de la tristeza sobrevuelen tu cabeza, pero si puedes evitar que anide en tu cabello”.
  • Acepta como parte del proceso esos sentimientos tan extraños y desconcertantes que vives. Los experimentan todos los padres de prematuros diariamente. Son parte del proceso de adaptación y crecimiento personal.
  • Ignora la palabra ‘culpa’. Son cosas que pasan, no se pueden prever. Lo que hiciste o dejaste de hacer no tienen que ver con lo sucedido.
  • Busca a personas, asociaciones, que hayan pasado o estén pasando por ello. Apóyate en ellos. Pide ayuda, consejo, orientación. No estás sola.
  • Pregunta todo lo que necesites saber a los profesionales que cuidan de tu bebé; pediatras, enfermeras, auxiliares. Todas tus dudas son comprensibles, normales, necesarias. No te quedes con nada dentro.
  • Mientras esté vivo, la esperanza es tu seña de identidad. Aférrate a ella como un náufrago a su barca. Conecta con tu hijo, tócalo, acarícialo, bésalo, siéntelo cerca, háblale y si lo necesitas, reza.

http://cybertesis.uach.cl/tesis/uach/2004/fmb764c/doc/fmb764c.pdf

http://www.aprem-e.org/

http://cpbf-fbpc.org/

 

“Me parecía inconcebible que entre mi cerrar y abrir de ojos hubieran podido trascurrir cinco, seis y hasta siete horas. Pero ahora sé que toda la sabiduría está en abrir los ojos. Claro que para abrirlos también hay que haber sabido cerrarlos. Lo más inverosímil de nuestra vida es lo mucho que miramos sin ser capaces de ver”.

“El Estupor y la Maravilla” Pablo D´Ors

 

La vida o el libro de los abrazos. Ventajas para todos.

Autor Miércoles, julio 15, 2015 0 No tags Permalink 1

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“Para que un ser humano sea realmente independiente, debe haber sido primero un bebé dependiente”. (Eduardo Punset)

Reconozcámoslo, nos encanta achuchar a nuestros bebés, comérnoslos a besos, apretarlos, acariciarlos, abrazarlos. Nos da igual los beneficios que tengan, para ellos o para nosotros. Lo que queremos es sentirlos, sentir esa sensación que te trasporta al olimpo de los dioses. El mundo privilegiado donde todo es armonía y bondad. Cuando se tienen en brazos  a un bebé u otro ser, el cielo parece más cercano.

La doctora Phyllis K. Davis refiere que “la estimulación táctil del bebé aumenta su habilidad general y su capacidad de aprendizaje”. Se sabe que los abrazos favorecen el desarrollo intelectual del pequeño gracias a la estimulación sensorial que reciben.

A nivel físico, nos encontramos con una constelación de estrellas de efectos asombrosos: regula la temperatura corporal y sus patrones respiratorios, favorecen el crecimiento y  aumento de peso, estabilizan el ritmo cardíaco, mejora los niveles de oxígeno, facilitan la digestión y producen un efecto tranquilizador.

Con un abrazo el mundo entero se arrodilla. Para un niño, recibir un abrazo es sentirse a salvo, protegido, acunarse en el orden del universo con los suyos. Un gesto tranquilizador, terapéutico, que calma al niño más inquieto e irritado.

Y es que la fuerza de un abrazo tiene un poder milagroso y no es sólo una frase. Como estos dos ejemplos:

Tras el parto de un Jamie, un bebé prematuro de 27 semanas, que daban por muerto, la madre mantuvo al pequeño al pecho para despedirse de él, acariciándole y hablándole. Tras dos horas, el bebé comenzó a respirar, abrió los ojos y agarró el dedo de su madre. ¡Un auténtico milagro!

Dos gemelas prematuras se hallaban en incubadoras independientes. Una de ella se encontraba más débil y sin esperanzas de sobrevivir. Gracias a una enfermera que tuvo la brillante idea de juntar a las dos en una misma incubadora, logró salir adelante con el abrazo que su hermana le brindó. La fotografía dio la vuelta al mundo. http://www.pepajcalero.com/historias-reales-el-abrazo-salvador/

A nivel emocional, los abrazos fortalecen la seguridad del niño, forjan su personalidad, desarrollan la empatía, estimulación sensorial al ver el mundo desde arriba, en brazos. Favorece el desarrollo de vínculos familiares, especialmente para el padre que a través de ellos experimenta esa cercanía y unión con su hijo. Le relajan, le calman, inducen al sueño y el descanso.

Resumiendo, el tacto, el abrazo es una necesidad biológica, vital.

A todo ello sumamos, el inmenso afecto y ternura que ellos nos brindan y que nosotros también entregamos. Y es que no hay nada tan lindo y entrañable como abrazarles y sentir el poder de un abrazo.

http://www.scientificamerican.com/article/infant-touch/

http://www.huffingtonpost.com/2014/03/27/health-benefits-of-huggin_n_5008616.html

El parto 

Tres días de parto y el hijo no salía:

-Tá trancado. El negrito tá trancado – dijo el hombre.

El venía de un rancho perdido en los campos.

Y el médico fue.

Maletín en mano, bajo el sol del mediodía, el médico anduvo hacia la lejanía, hacia la soledad, donde todo parece cosa del jodido destino; y llegó y vio.

Después se lo contó a Gloria Galván:

La mujer estaba en las últimas, pero todavía jadeaba y sudaba y tenía los ojos muy abiertos. A mí me faltaba experiencia en cosas así.

Yo temblaba, estaba sin un criterio. Y en eso, cuando corrí la cobija, vi un brazo chiquitito asomando entre las piernas abiertas de la mujer.

El médico se dio cuenta de que el hombre había estado tirando.

El bracito estaba despellejado y sin vida, un colgajo sucio de sangre seca, y el médico pensó: No hay nada que hacer.

Y sin embargo, quién sabe por qué, lo acarició. Rozó con el dedo índice aquella cosa inerte y al llegar a la manito, súbitamente la manito se cerró y le apretó el dedo con alma y vida.

Entonces el médico pidió que le hirvieran agua y se arremangó la camisa.

El libro de los abrazos. Eduardo Galeano:

 

 

 

El peculiar llanto de un recién nacido

Autor Miércoles, mayo 13, 2015 0 No tags Permalink 0

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“El llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras”.
Concepción Arenal

Creo que no hay nada tan turbado y desconcertante como el llanto de un bebé. Nada más nacer, las madres anhelan escucharlo y hasta que no lo oyen, a pesar de explicarles que está perfectamente bien, no respiran tranquilas.Pasado ese tiempo inicial, cuando lloran aparece en los padres un sentimiento de angustia y desconcierto difícil de manejar. Y es que escuchar a un bebé indefenso duele. Duele de una forma muy peculiar.

“El llanto es la principal forma que tienen los bebés de comunicar las emociones negativas y, en la mayor parte de los casos, la única manera que tienen de expresarlas” Mariano Chóliz

Reconocer el tipo de llanto conlleva cierta práctica y un poco de sabiduría. El instinto y la repetición ayudan bastante. Recuerdo a mis hijos, de bebés, llorando sin saber por qué. Los primeros tres meses fueron desoladores.Con el tiempo aprendí, que lloran más al anochecer que por la mañana. Que los periodos de llanto disminuyen conformen van creciendo. Y sobre todo, tomarlo con cierta calma y tranquilidad.

Se suele hablar de cuatro tipos de llanto: hambre, irritabilidad, dolor y llanto anormal.

Los investigadores afirman que hay una serie de gestos faciales que ayudan a descifrar las causas del llanto del bebé. Lloran con los ojos abiertos cuando sienten miedo o enfado y con los ojos cerrados cuando sienten dolor. El llanto de hambre suele ser corto, con un tono bajo que sube y disminuye de intensidad. Por el contrario, el de rabia suele más constante y monótono. El grito de dolor o malestar aparece de repente, en tono alto, de larga duración y agudo, seguido de una larga pausa y un gemido.

Según la revista Spanish Journal of Psychology  “Cuando están enfadados la mayoría de los bebés mantienen los ojos medio cerrados, con una mirada aparentemente sin dirección o, por el contrario, fija. En el caso del miedo, los ojos permanecen abiertos casi todo el tiempo, incluso a veces las criaturas tienen una mirada escrutadora y mueven la cabeza hacia atrás, y el llanto aparece de forma explosiva. Por último, el dolor se manifiesta con los ojos cerrados casi todo el tiempo, y en los pocos momentos en los que están abiertos, la abertura es mínima y distante de la mirada”
“Cuando algo les duele existe un alto grado de tensión en la zona ocular y el ceño se encuentra fruncido. En lo que se refiere a la dinámica del llanto, tanto los gestos como la intensidad del lloro se van incrementando gradualmente si se debe a un enfado, mientras que aparecen en su máxima intensidad desde el primer momento en el caso del dolor y del miedo.”

Así descritos parecen fáciles de interpretar. Nada más lejos de la realidad. Solo después de haberlos escuchado muchas, muchas veces, una puede ser capaz de distinguirlos. Recuerdo haber abierto libros y apuntes para volver a cerrarlos, sintiéndome igual de desconcertada que antes. Y es que una cosa es la teoría y otra la práctica. Al final, como todas las madres, supe distinguir el tipo de llanto y sus demandas.

¿Qué puedes hacer?

Mantener la calma. Ellos se autorregulan a través de nuestro estado emocional. Si nos sentimos cansadas e irritadas será más difícil calmarlos.

No tomártelo como algo personal. Sé lo desmoralizador que resulta ver a tu hijo calmarse en otros brazos que no sean los tuyos. Los recién nacidos a veces lloran sin causa aparente de forma rutinaria de una a cuatro horas diarias. Forma parte de la adaptación a la vida extrauterina.
Incluso se habla que la causa del llanto se debe a un mecanismo de selección natural: En la Universidad de Harvard creen que los bebés se despiertan y lloran por la noche para retrasar el nacimiento de un hermano. La competencia fraternal incrementa el riesgo de mortalidad. Una especie de estrategia biológica de supervivencia.

 

Un estudio publicado en la revista Evolution, medicine and public health, afirma que un bebé llora de madrugada, instintivamente, para succionar el pecho de su madre y mantener la lactancia. La lactancia materna actúa como anticonceptivo y retrasa el nacimiento de un hermano con el que repartirse los cuidados y las atenciones de los progenitores. Curioso.
En resumen, aprenderás a interpretar el llanto de tu hijo con una precisión asombrosa. Mientras, relájate y disfruta de los abrazos que usas para calmarlo.

  • http://enfamilia.aeped.es/lecturas-recomendadas/guia-practica-para-padres-desde-nacimiento-hasta-3
  • http://www.healthychildren.org/English/ages-stages/baby/crying-colic/Pages/Responding-to-Your-Babys-Cries.aspx
    http://www.parentingscience.com/infant-crying.html
  • Mariano Chóliz, Enrique G. Fernández-Abascal, Francisco Martínez-Sánchez. Infant Crying: Pattern of Weeping, Recognition of Emotion and Affective Reactions in Observers. The Spanish Journal of Psychology, 2012; 15 (3) DOI: 10.5209/rev_SJOP.2012.v15.n3.39389

Cesáreas innecesarias. Glamour para la madre, desventajas para el bebé.

Autor Martes, abril 7, 2015 4 No tags Permalink 0

 

Efectos-de-la-cesárea-en-el-bebé“La mentira no está en las palabras, está en las cosas”. Italo Calvino

Hace unos meses me hablaron de un hospital modélico. Un hospital sensible al sufrimiento de las mujeres porque su tasa de cesáreas era muy elevada, más del doble del porcentaje aconsejado por la OMS (Organización Mundial de la Salud). Además, si las famosas se la hacen, por algo será. Una opinión tristemente muy extendida. Por supuesto, hablo de intervenciones no necesarias. Cesáreas que se realizan no para salvar la vida o evitar daños, sino por una decisión caprichosa y arbitraria relacionada con el brillo social.  Craso error.

Visto desde fuera los colores se alteran. Ilusiones ópticas que nos hacen pensar aquello que necesitamos  creer. Una especie de creencias, ciudades invisibles, por las que nos gusta pasear para sentirnos protegidos y a salvo de un mundo en ocasiones incómodo, real y necesario. Un mundo artificial de purpurina y revistas  en el que las opiniones de una modelo valen más que toda la investigación científica actual.

Hoy voy a hablar de los inconvenientes para el más desprotegido y vulnerable, el bebé.

  1. Aumento del riesgo de distress respiratorio (problemas respiratorios). (El parto vaginal aumenta la capacidad pulmonar y vacía de líquido los alvéolos)
  2. Mayor necesidad de asistencia pediátrica, con valores del test de Apgar más bajos
  3. Disminución de las tasas de lactancia materna
  4. Aumento del riesgo de desarrollar hipertensión pulmonar
  5. Aumento de la prevalencia de asmas y cuadros de dermatitis atópica.
  6. Aumento de los ingresos en ucis o unidades neonatales
  7. Dificultad para establecer el vínculo materno,
  8. Aumento en la aparición de sobrepeso y obesidad posterior
  9. Alteración en la diversidad de la flora intestinal
  10. Aumento de las enfermedades infecciosas neonatales en el 1º año

¿Todas esta lista de irregularidades solo por venir al mundo por el lugar ilógico y anormal? Pues sí.

Las últimas investigaciones hablan de los microbios transferidos vía vaginal son importantes para disparar la maduración del sistema inmune en el neonato. El bebé en el parto, al atravesar la vagina de su madre se va impregnando de una rica variedad de microorganismos beneficiosos que colonizan sus mucosas, piel y aparato digestivo. Estas bacterias asombrosas, realizan una puesta a punto del sistema inmunitario del recién nacido.

“Los bebés que nacen por cesárea tienen una microbiota intestinal diferente. Esto se ha considerado como menos favorable y se cree que está asociado con un mayor riesgo de contraer enfermedades y de padecer sobrepeso y obesidad en el futuro, en comparación con los bebés que han tenido un parto vaginal.”

“Las bacterias en su membrana contienen distintas moléculas que son como una carta de presentación para el sistema inmunitario del niño y esa primera toma de contacto es una especie de entrenamiento para las defensas del bebé”  Esther Jiménez, investigadora del grupo de microbiota perinatal de la Universidad Complutense de Madrid.

Los recién nacidos  por vía vaginal adquieren comunidades bacterianas semejantes a la microbiota vaginal de su propia madre, con predominio de Lactobacillus, Prevotella o Sneathia spp., en cambio los bebés nacidos por cesárea albergan comunidades bacterianas similares a las encontradas en la superficie de la piel y el quirófano, con predominio de Staphylococcus, Corynebacterium, y Propionibacterium spp.

Las cesáreas podrían debilitar la microbiota intestinal de los bebés y aumentar su riesgo de padecer alergias, tal y como ha evidenciado una investigación llevada a cabo por la Universidad de Glasgow (Escocia) y el Instituto Real de Tecnología y Ciencia, el Instituto Karolinska, la Universidad de Orebro y la de Linköping (Suecia)

Se ha visto que los bebés nacidos por cesárea pasan más tiempo en la cuna que en brazos de la madre.

En resumen, una cesárea es algo muy serio, es cirugía mayor,  una intervención que no puede tomarse a la ligera. Cesáreas innecesarias, un capricho para la madre y todo un despropósito para el más vulnerable, el bebé.

 

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2453515/

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4162483/

http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0002937812008575

http://www.lavanguardia.com/ciencia/20150315/54428157306/cesarea-alergias-microbiota-asma-lactancia-materna.html#ixzz3VC7g2hHh

Cordón umbilical. El umbral de la eternidad

Autor Martes, marzo 3, 2015 0 No tags Permalink 0

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“Las lecciones difíciles solo puedes aprenderlas por tu cuenta.”  Ken Follet

Hoy voy a hablar del cordón umbilical, esa dichosa y fascinante cuerda milagrosa que nos une a nuestra madre desde el principio del tiempo.  El ombligo, un vínculo simbólico y real.

Asombra y emociona tocar y sentir el latido de un cordón. Sujetar entre las manos esa estructura tubular, gelatinosa, tibiamente trasparente con sus venas y arterias azuladas recorriendo ese sendero que trae la vida es increíble.

Algunas madres se sorprenden cuando pongo al bebé sobre su piel y notan el latido del cordón. El pulso está en las arterias. Dentro del cordón viven dos arterias y una vena. Gracias a la gelatina de Whartón, que lo abraza con rigidez y elasticidad, sus vasos sanguíneos están protegidos. Ese cordón y su marca perenne, el ombligo, constituye el umbral de la eternidad. Un umbral que cambia de forma asombrosa. Os dejo esta secuencia fotográfica donde se aprecia las trasformaciones que van de un cordón grueso y fuerte, coloreado, a uno más delgado, blanco y laxo.

Succión no nutritiva. La succión afectiva del bebé

Autor Jueves, diciembre 4, 2014 1 Permalink 2

 

 

“Los labios del niño son eco del cántico que mora en el corazón silencioso de su madre.”

Kahlil Gibran

 

Succión no nutritiva del recién nacido    Se le llama succión no nutritiva así para diferenciar la que alimenta al cuerpo o la que alimenta al alma. Una curiosa taxonomía que pone el acento en la ingesta  para distinguir ambos tipos de succión en un recién nacido. Las dos son absolutamente necesarias, las dos son vitales. Yo la llamaría succión afectiva o emocional.

Comenzando por el principio, dentro del útero.  Chuparse el dedo es un reflejo de succión, que se desarrolla entre alrededor de las dieciocho semanas de gestación. También lo es chuparse el dedo del pie y el cordón umbilical.

Resulta asombroso ver a través de la ecografía a un bebé de 30 semanas, con los ojos cerrados, entusiasmado succionando con fruición su pulgar entero dentro de la boca de forma cíclica y periódica. Increíble y conmovedor.  Un gesto visible que no tiene explicación. Un misterio. ¿Por qué mientras nos estamos formando y creciendo dentro del vientre de nuestra madre, necesitamos succionar sin más? Sin respuesta. Uno de tantos enigmas maravillosos que rodean la vida.

Prematuros. Cuidados NIDCAP 2ª Parte

Prematuros, cuidados NIDCAP

Mi hijo es un superviviente. Nació hace un par de meses, con apenas un kilo y doscientos gramos. La primera vez que lo vi, apenas puede contemplarlo.Una cortina de lágrimas nubló mis ojos y salí corriendo de la UCI. Al día siguiente, ahí estaba tan diminuto, tan frágil y fuerte. El pediatra me pidió que trajera una mantita de vivos colores para cubrir su casita de cristal.

Con el paso de los días, empecé a hacerme preguntas sobre el método NIDCAP. ¿Por qué insistían en que lo tocara, le hablara, le dejara una prenda con mi olor, una compresa con esas gotas de leche que rezumaban de mis pechos?

Prematuros, la fuerza de la fragilidad. NIDCAP o cuidados centrados en el desarrollo. 1ª Parte

Autor Jueves, noviembre 20, 2014 2 Permalink 0

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“Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro Albert Einstein

Nada conmueve y enternece tanto como el contemplar a un bebé prematuro. Es una de esas imágenes que se quedan en la retina para siempre. Tan pequeño y tan fuerte a la vez.  Sostener en las manos ese diminuto milagro, es casi mágico.

Hace años, mi sobrino vino al mundo con treinta y tres semanas. Fui a verlo a la unidad donde se hallaba ingresado. Me sorprendió la luz tenue, primaveral que inundaba la sala.  Un flexo iluminaba la mesa de trabajo del personal de enfermería. Junto a ella, en lo alto de una columna un sonógrafo vestido de amarillo hablaba de un adecuado nivel de ruido. Sobre las incubadoras, coloridas mantas, toallas y sabanitas cubrían el frio cristal de alegres colores. Recuerdo perfectamente la sensación de paz y respeto que me produjo ese acogedor ambiente. Un ambiente capaz de crear  la maravillosa sensación de que aquel lugar  era un lugar sagrado. Todo, absolutamente todo estaba en función de esos pequeñines que apenas sobrepasaban los dos kilos de peso. Ellos eran el centro de atención.

Razones para no bañar al recién nacido las primeras 24 horas de vida

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Doce horas después del nacimiento de Pedro, una mujer no cesaba de protestar porque aún no habían bañado a su nieto. Posponer el primer baño del recién nacido, es una de las medidas que se lleva a cabo dentro de los cuidados del bebé.

Y es que desde el año 2004 la OMS, Organización Mundial de la Salud, recomienda retrasar el baño del recién nacido hasta pasadas las primeras 24 horas de vida.

La piel de un bebé tan suave y apacible es también la más sensible y vulnerable. Por ello se recomienda retrasar su primer baño e incluso espaciar la frecuencia de los mismos.