Carta de una gestante hospitalizada a su bebé en Navidad.

Autor Lunes, diciembre 21, 2015 0 No tags Permalink 0

 

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Querido hijo de tan solo veintiocho semanas de gestación, hoy es navidad. Llevamos ingresados treinta y seis días; desde aquella tarde que tu bolsa de las aguas se rompió, sin saber ni cómo ni por qué. Desde entonces tú y yo andamos en reposo absoluto. Cinco semanas sin salir de la cama para nada, en esta bendita sala de maternidad.

Por estas fechas todos hablan de paz y amor. El mismo amor que  siento  cuando te mueves, cascabel de mi vida. Desde hace semanas mi vientre es una pandereta llena de color. Alegre, viva.

Ayer pasaron por aquí unos chicos y chicas cantando villancicos. Iban por todo el hospital animando a los enfermos. Con qué alegría abrió tu padre la puerta y los animó a entrar en la habitación. Comenzaste a moverte y yo, sin parar de sonreír, cante bajito también. Un chico rubio y pecoso tocaba una preciosa zambomba forrada de cintas de  colores.

Huele a castañas asadas. El turno de tarde pronto se irá. María, la enfermera, ha traído una bolsa y las están asando sobre el infernillo donde hacen el café. Me ha dejado unas  pocas en un cucurucho de papel blanco, calentitas, una maravilla.

Desde mi cama veo las cintas de doradas que han puesto en el techo del pasillo. Cuelgan estrellas de plata y unos angelitos de cartulina de vivos colores. Algún día tú y yo adornaremos nuestra casa. Seguro.

He mandado a papá a que grabe con una cámara el ambiente navideño, las luces, los adornos.  Todo. El enorme pino de  la entrada iluminado con bombillas de colores, las bandejas de mantecados que han puesto en admisión, el laborioso molino de agua del equipo de mantenimiento, el alegre mural hecho por niños ingresados que cubre una enorme pared de la tercera planta. Todo.  

¿Mamá, y cómo sabes todo esto?, te preguntaras. Me lo ha contado mi familia de aquí. Buena gente que cuidan de nosotros dos. Médicos, matronas, enfermeras, residentes, auxiliares, celadoras, limpiadoras y hasta un joven fontanero que arregló el grifo del aseo. Como las familias, nos contamos cosas. Marisa me mostró el gorrito de pastora que le cosió a su hija. Helena acaba de tejer su primera bufanda, azul. Pilar, la foto de sus nieta vestida de pastorcita  y Vicente, todo orgulloso, el vídeo de su hijo con su traje de Melchor el año pasado entregando los regalos.  Gente cercana.

Me encantan los belenes. El de la planta de digestivo, con su San José y su Virgen María hechos con botes de suero junto al niño Jesús, realizado con un frasquito de antibiótico. Todo de material reciclado, bajo un cielo blanco de algodón. El de pediatría hecho con chucherías: la estrella roja de regaliz, el pesebre de gominolas, los reyes magos con piruletas, los pastorcitos de ositos, el nacimiento con nubes rosa y azul, el portal con galletas, el río con chocolate. Una delicia. Han tenido que poner un cartel para que los niños no lo cogieran, porque todas las figuras están barnizadas. Brillantes y fuertes.

Hoy es Nochebuena y la ilusión flotaba en el aire esta mañana. En la risa contenida de Don Gregorio, el doctor que te observa en la ecografía; en la supervisora que ayer me trajo una velita blanca; en las pacientes que se van de permiso, como los soldados por navidad; en los preparativos de la cena que cuentan las auxiliares mientras me asean y cambian la cama; en la mirada chispeante de las residentes; en la colonia fresca del matrón. Todo me resulta alegre; bueno, y triste también.

Sabes, siento algo parecido a la nostalgia, como los anuncios de turrones y chimeneas y mesas adornadas.  Los abuelos viven muy lejos, los tíos con los suyos, los primos con los amigos y aquí nosotros tres en una habitación del hospital. No, hijo mío, te prometo que hoy no voy a  llorar.

Porque  la vida es bella, cielo. Tan bella como las flores que han mandado tus abuelos. La matrona y la auxiliar que esta noche trabajan, acaban de venir a felicitarnos. Llevan gorros de Papá Noel y un collar de cintas doradas. No las conozco, da igual, son gente entrañable. Un par de besos y abrazos que saben a sopa caliente. Han traído dos copas de cristal, una con champán para papá y otra con zumo para nosotros dos. 

Y a pesar de todo, pequeño tesoro, estoy inmensamente feliz. Mi corazón de mazapán brilla igual que una enorme bola roja porque has recuperado un poco de líquido amniótico. Porque la analítica sigue perfecta, sin signos de infección. Hasta la dichosa PCR, que es casi como una amiga, se mantiene bajita. A pesar del reposo absoluto en la cama, las continuas extracciones de sangre, el estreñimiento, los dolores de espalda y algunas cosas más, la vida es bella. Tú estás creciendo, vital y eso es lo que importa. El resto, algún día…

Papá y yo hemos brindado por ti, por nosotros, por la familia, por la paz del mundo, por todos. Hasta la flor de pascua parecía brindar. Un nudo en la garganta, y de nuevo los ojos parecen niebla. Y es que, desde que vivo aquí, me he vuelto muy sensible; aunque tu padre diga que soy fuerte y grande, yo me veo pequeñita. No sé, quizás sea la felicidad siempre frágil.

En el cielo brillan fuegos artificiales y pienso que la vida es un milagro, pura magia, como tú, como todos nosotros. Papá apaga la luz al escuchar mis bostezos. Cuánto lo quiero.  Deja la velita encendida junto a la ventana. Desde mi cama se ven las estrellas. Esta noche la luna parece una inmensa cuna. Y de nuevo mi vientre suena a pandereta, como todas las noches. Serán tus manos o  tus piernas o tu pequeña felicitación.  

Buenas noches, pequeño, recuerda que te quiero muchísimo. Hoy es Nochebuena y mañana, como todos los días, Dios dirá.

 

P.D. Una carta parecida a esta llegó a mis manos una madrugada. Me la mostró  Ana, una paciente que esperaba su primer hijo y que felizmente nació seis semanas más tarde.  Todo fue cierto. Hoy he pensado en ella. Mis compañeras y yo recordábamos en estos días algunas de las madres que estuvieron con nosotros en su misma situación.

Mi pequeño homenaje y más sincera felicitación para todas las madres que permanecen ingresadas en las plantas de maternidad de todos los hospitales del mundo. Para esas mujeres, valientes, fuertes, que guardan reposo absoluto con el alma en vilo, con la incertidumbre en su corazón de mazapán. Deseo que pronto tengáis a vuestros hijos en brazos. Para todas vosotras, que mostráis una lágrima o una inmensa sonrisa al escuchar el latido de vuestro bebé, sabed que en Nochebuena un ángel baja del cielo para que algunos sueños se hagan realidad.

Mis mejores deseos de  paz y dicha. Recordad que los milagros existen. Los veo todos los días. Feliz Navidad.

Para el niño o la niña  que todos llevamos dentro os dejo este precioso villancicos ( acaba de ser premiado. Enhorabuena). Cuidaros mucho.


MARÍA MADRE

La Virgen
sonríe muy bella.
¡Ya brotó el Rosal,
que bajó a la tierra
para perfumar!

La Virgen María
canta nanas ya.
Y canta a una estrella
que supo bajar
a Belén volando
como un pastor más.

Tres Reyes llegaron;
cesa de nevar.
¡La luna le ha visto,
cesa de llorar!
Su llanto de nieve
cuajó en el pinar.

Mil ángeles cantan
canción de cristal
que un Clavel nació
de un suave Rosal.

                 Gloria Fuertes.

“El parto de Clara” Historia real sobre el embarazo y el parto de una gran mujer

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La historia real de una mujer durante el embarazo y especialmente, el día del parto de su primer hijo. Este es el resumen de la novela.

“El anhelo de sus palabras contrastaba con una impotente realidad que no podía cambiar. Temía que sus deseos, su plan de parto, no se respetarán y la convencieran, tal y como sucedió con algunas  amigas. La sensatez brotaba de sus labios como el vaho en un día helado. Habló de autoeficacia, fortaleza interior, autodominio, coraje y sobre todo generosidad hacia el pequeño ser. Importa la forma como vienes al mundo, dijo, y añadió: si crees que puedes, podrás.”  

Hola, este es  un fragmento de mi primera novela en papel “El parto de Clara”.Una novela que habla de la experiencia emocional  de una mujer durante su embarazo y, sobre todo, durante su parto. En ella se cuentan detalladamente todas las fases del parto, desde los pródromos y sus dudas sobre la decisión de acudir o esperar para ir al hospital, hasta de la fase de expulsivo tan intensa y gratificante.

Me hace mucha ilusión compartirla con todos vosotros.

En este enlace podéis descargaros el primer capitulo del libro de esta historia real:

El parto de Clara. 1º capítulo

Actualmente se puede encontrar en Granada ( librería Babel y Picasso)  Almería,( Librerías Picasso,  Zebras y Bibabuk)  en la librería Codex de Orihuela  y  en la Feria del Libro de Madrid, caseta nº 14 de la Asociación Española de Esclerosis Lateral Amitrófica  (ADELA). Gracias a ellos, a José Manuel de Mundo Palabra y a Ramón, de El Desván de la Memoria, ha sido posible este pequeño regalo;  firmar  ejemplares de mi novela el día 11 de junio de 18 a 20 horas. También puede enviarse por correo postal.

Un porcentaje del precio ira destinado a la campaña Stand Up for African Mothers AMREF Flying Doctors  GetAttachmenty su programa de formación de matronas  en África Subsahariana. Un programa excepcional de ayuda a todas las mujeres africanas y en especial a las madres.

SINOPSIS: Clara, la narradora y protagonista de esta historia, es una mujer cercana a los cuarenta, que desea tener un hijo. Tras varias fecundaciones in vitro queda embarazada espontáneamente. Hija única,  muy protegida, mantiene una  tensa relación con su madre, viuda. Ante la llegada del bebé siente que es el momento de demostrar su coraje y tenacidad. Para ello ha escrito un plan de parto donde relata su rechazo a la anestesia epidural. A pesar de la oposición de su madre, amigas y su marido Lucas.

El día del parto, sus creencias, sus ideas, su sueño se viene abajo ante el dolor de las contracciones y el entorno que le rodea.

 Es un libro que describe las inquietudes, sueños y temores del embarazo y del parto. Parto que se encuentra detallado y pormenorizado en todas sus fases, desde el comienzo de la fase prodrómica, con sus dudas sobre ir o no ir al hospital, hasta la desconcertante e intensa fase del expulsivo.

Aquí os dejo algunos fragmentos de esta historia:

“Mis expectativas se habían convertido en una maraña de frustraciones y desatinos que se enredaban cada vez más. Cuando cesaba la contracción, una punzante sensación de impotencia subía por mi vientre como una huida. Mis palabras eran tan reprochables como mis  preguntas. Mi insistencia en aguardar lo que parecía improbable provocaba en el personal que me atendía una actitud desconfiada. Esperar… ¿Hasta cuándo?

La frecuencia de las contracciones había disminuido mientras mi ansiedad iba en aumento. Mi pareja se inquietaba. Yo no entendía nada y ellos, los profesionales, parecían saberlo todo, absolutamente todo”

“Qué pobre me vi allí encamada, tan vulnerable y aturdida. Nunca me había sentido tan frágil como en ese momento, sola, sobre la cama de un hospital. Me observo a mí misma con un poco de lástima y una gran dosis de condescendencia. Crecía un desaliento en mí que se extendía desde la punta de los pies hasta mi cabeza. ¡Si hasta los hombros me dolían!”

“Lo miré como quien mira a un extraño. Él no podía comprenderme. En ese instante   supe que mis creencias se habían descarriado. De uno de los cajones sobresale la madera parcheada bajo la fina lámina blanca. En el último cajón, un trozo de venda amarillenta hace las veces de un improvisado tirador. Yo luchaba contra el deseo de sucumbir. No podía, me sentía demasiado débil o demasiado cobarde para seguir con esa idea. Pensé en mi gente, en mi familia, en mis amigas. No quería defraudarlos. A pesar del tiempo que me llevó defender mi idea, de soportar que me tacharan de intransigente, obstinada, no podía claudicar. En serio, me dije: ¿de verdad me importa lo que piensen los demás?”

“Es difícil encontrar sentido al dolor cuando estás dentro y toda tú eres un quejido; fisiológico como dicen, pero un quejido, por muy afable que sea. Acostumbrada a interpretar la existencia desde el pensamiento a través de la literatura, no contaba con el sentimiento y el desgarro de un cuerpo que identifico como parte indisoluble de mí. Vila Matas lo expresa genialmente en su Mal de Montano: “La literatura me ha permitido siempre comprender la vida. Pero precisamente por ello, me deja fuera de ella”.

Historia de un último intento. Fecundación in vitro

Autor Martes, febrero 10, 2015 0 No tags Permalink 0

 

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Hace  años una mujer con lágrimas en los ojos me contó su historia. 2011. Me conmovió tanto que al día siguiente empece este relato. Lo presenté  al concurso “Maternidad Punto y Aparte” que organizaba la Fundación FIV Recoletos y, cosas de la vida, gano el 1º premio. Para ella y todas las parejas que buscan por estos métodos un hijo, os dejo este verídico relato.

UN  ACTO  DE  AMOR

Hasta aquí he llegado. ¡Se acabo! De nuevo una noche más sin poder dormir. Eran las tres de la madrugada.  Me levante y me fui al sofá. A mi lado, como una sombra, el mismo pensamiento áspero y seco que me persigue dese hace meses: Déjalo ya Laura. ¡Déjalo ya!

En la calle no cesaba de llover. Recordé las palabras del  psicólogo diciéndonos que  una las decisiones más difíciles era decir: Basta. He ido aplazando esta decisión y me parece que el tiempo de decir basta ha llegado.

Voy camino de los cuarenta. Llevo ocho primaveras buscando ser madre. Nada. El día que me ingresaron por una hiperestimulación ovárica hubiera preferido ser  abogada, como mi marido, pero soy enfermera. Y por si fuera poco,  he trabajado toda una década en maternidad. Creo que conozco bien los avatares del comienzo de la vida.

Mi compañero dormía. En el sigilo de la noche, cogí  los diarios que escribí en esos años. Necesitaba encontrar una frase, un verbo, una  palabra que me ayudara a  decirle a mi esposo que no podía más.

Mi querido Alberto.  Lo observo en su sillón leyendo. Desde que abrimos la caja de los deseos, ha cambiado el negro azabache de su pelo. Ahora, las nieves bordean sus sienes, como diría el poeta.  También le han aparecido unas pequeñas ojeras. Antes no tenía. De todas formas tiene la mirada tan limpia y tan dulce, que nada le puede afear. ¡Cuánto le amo! Tiene una paciencia infinita conmigo. Con todos. Con todo.

Amaneció. Yo seguía en el sofá.

—Buenos días mi amor —dijo Alberto sorprendido al  verme levantada— ¿Otra pesadilla Laura?

—No —mentí— Me despertó la tormenta. No podía dormir.

—No hagas comida hoy. Pasare a recogerte sobre las  dos y comemos fuera.

—Estoy bien…… De verdad.

—Descansa y  llama a tu madre, o sal y te distraes. Cuídate…… Ya sabes, te doy un toque y bajas. Laura: Te quiero.

Cuando nos conocimos yo andaba cerca de los veintiséis y el rondaba los treinta. Nos casamos dos años después. Alberto es hijo único y le encanta los niños, como a mi. En mi infancia, mi diversión favorita era jugar a ser mama. Paradojas de la vida. En fin, recuerdo perfectamente que nos cogíamos de la mano y empezábamos a ponerles nombres a nuestros futuros bebés. Teníamos más nombres que estrellas en el cielo. Que tiempos……

Ana, Feliz Navidad. (Relato verídico de una embarazada en Nochebuena)

 

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—¿ Cómo te vas a ir? Seguro que no es para tanto. Acuéstate y se te pasara. ¡Es nochebuena!—saltó mi cuñada.

 Desde el pasillo, yo miraba la cocina: la pila llena de cacharros, la encimera con los platos sucios, los vasos, las copas, las fuentes, las bandejas del horno… Todo. Y de fondo se podía escuchar  por…, no sé, ¿décima vez?, un disco que las gemelas, con sus seis añitos. Lo volvían a poner de nuevo, al tiempo que su padre gritaba: “No por favor, otra vez no”.

Regrese al salón, me senté. Mi cuñada desde el sofá, sujetando el vaso del cubata, me miraba diciendo: “brindemos. Ana, feliz navidad”. En ese momento pensé que debería haberme puesto unas uñas de porcelana tan largas como las de ella; y así no hubiera  fregado, ni cocinado, ni retirado la mesa, ni barrido. Nada.

— ¿Y su marido, qué decía? —preguntó el doctor.

—Brindaba con mi cuñado por el nuevo milenio.  Había comprado  una amplia variedad de cervezas para celebrarlo.

—Y usted ha decidido venir al hospital en una noche como esta para descansar. ¡Increíble! Tiene un gran poder de fabulación, señora.

Dios sabe que intenté resistirme, resistirme a la idea que al atardecer entró en mi cabeza, resistirme a la decisión que tomé y sobre todo a la falta de sinceridad con el padre de mis hijos. La duda fue rápida; la decisión, lenta.

—Bueno, estaba molesta. La presión aquí abajo es constante —dije, señalando el pubis—.  Todos pendientes de mí, con palabras, solo palabras. ¿Sabe lo que hice? Me levanté sería y compungida y fui a cambiarme, con la rabia escondida entre los pliegues del vestido premamá de fiesta ¡Menuda fiesta! Abrí el armario y sonreí. Una sonrisa triste y derrotada, que me dejó en la boca un sabor áspero y amargo. No fue fácil.

Prematuros. Cuidados NIDCAP 2ª Parte

Prematuros, cuidados NIDCAP

Mi hijo es un superviviente. Nació hace un par de meses, con apenas un kilo y doscientos gramos. La primera vez que lo vi, apenas puede contemplarlo.Una cortina de lágrimas nubló mis ojos y salí corriendo de la UCI. Al día siguiente, ahí estaba tan diminuto, tan frágil y fuerte. El pediatra me pidió que trajera una mantita de vivos colores para cubrir su casita de cristal.

Con el paso de los días, empecé a hacerme preguntas sobre el método NIDCAP. ¿Por qué insistían en que lo tocara, le hablara, le dejara una prenda con mi olor, una compresa con esas gotas de leche que rezumaban de mis pechos?

Prematuros. Historia real. El abrazo salvador

 

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Recuerdo  aquel 17 de octubre de 1995 como si fuera ayer. Amaneció lloviendo en la ciudad de Worcester (Massachusetts). El tiempo olía a otoño y a hojas caídas. Ese día me asignaron en la unidad de cuidados intensivos neonatal. Trajeron a dos hermanas gemelas de tan sólo 28 semanas de gestación. Kyrie de 980 grs y Brielle de 900 grs. Colocamos a cada una de las niñas en una incubadora y comenzamos con los cuidados habituales. Por entonces todos los bebés nacidos de partos múltiples se mantenían separadas para prevenir infecciones. Terminé el turno y allí quedaron las pequeñas alejadas una de la otra a un par de metros de distancia.

Casualmente volví a esa unidad unas tres semanas más tarde. Allí seguían las gemelas, las hermanas Jackson.

Kyrie mantenía sus constantes estables, una curva de peso ascendente y un hermoso color sonrosado. Sin embargo su hermana apenas ganaba peso, presentaba dificultad respiratoria, problemas cardiacos y una coloración pálida que no gustaba a nadie.

Sabíamos que el estado de la Brielle era bastante frágil. Los doctores no  daban muchas, por no decir ninguna, esperanzas de vida a esa niña.

De repente la pequeña Brielle empeoró. Parece que estoy viendo el rostro de la madre, Heidi, asustada con las manos en la cara, contemplando a su hija. Su bebe respiraba con dificultad, inspiraciones profundas e irregulares, gasping. Los niveles de oxígeno descendían de forma alarmante, los músculos se contraían,  una taquicardia grave disparó la alarma de la incubadora. ¡Por favor haga algo! Suplicaba la madre.

Empecé a aspirarle, apenas había secreciones. Comprobé el pulxiosimetro que medía el oxígeno en sangre, funcionaba correctamente. Los bracitos de la niña y sus delgadas piernecillas iban tomando un preocupante color azulado, cianótico. Aumente el nivel de oxígeno en la incubadora. Nada. Nada. ¿Qué hago? Me preguntaba sin cesar. De pronto, recordé las palabras de un compañero hablándome de una práctica común en Europa, desconocida en América. Poner juntos a los hermanos, los prematuros, en la misma incubadora compartiendo la misma manta.

Pero yo estaba sola. La supervisora había salido a una conferencia. No podía tomar decisiones de ese calibre sin consultarlo. Me arriesgué. Había que estar allí viendo el llanto de la madre convencida de la inminente muerte de su hija. Entonces  le ofrecí esa única idea.

─Déjame intentar poner a Brielle con su hermana para ver si eso ayuda ─dije en un intento exasperado─. ¡No sé qué más puedo hacer!

Movió la cabeza de arriba a abajo. Tomé a la pequeña con cuidado y la  deposité junto a su gemela. Acurrucada. Bajé la puerta de la incubadora transparente y nos quedamos mirando.

No salía de mi asombro. El cambio fue inmediato. La pequeña se calmó enseguida, relajada junto al calor de su hermana. La madre me abrazo. Contemplaba asombrada los niveles de saturación de oxígeno. ¡Un 100%! El corazón se estabilizó y su cuerpecito fue tomando poco a poco el dulce color sonrosado de su hermana Kyrie.

Al día siguiente una compañera al coger el turno de la mañana descubrió el pequeño milagro. Esta magnífica fotografía, la instantánea que ha dado la vuelta al mundo. Por la noche mientras todos dormían Kyrie abrazó a su hermana Brielle con su abrazo salvador.

Curiosamente la conferencia a la que había asistido la supervisora era sobre el Co-bedding, que consistía en poner a los prematuros juntos en la misma cama.  Cuando al día siguiente contempló la maravillosa escena de las gemelas se sorprendió gratamente. En ese instante todas supimos que esa práctica formaría parte de los protocolos desde esa misma mañana.

Han pasado muchos años. Sigo pensando en ellas. Hoy son dos hermosas adolescentes que no se han separado la una de la otra ni un solo día de sus vidas.

Gayle Kasparian  

PD._ Partiendo de la noticia que dio la vuelta al mundo y de un reportaje en la Tv americana http://www.hlntv.com/video/2013/02/22/rescue-hug-babies-17yrs-later, he puesto voz a Gayle Kasparian, la enfermera que logró el milagro.

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