Ser Matrona. Defender la alegría

Autor Lunes, mayo 8, 2017 0 No tags Permalink 0

 

 TheMidwife_byLorenEntz

“Amar a la vida a través del trabajo es intimar con el más recóndito secreto de la vida”.  Khalil Gibran

¿Qué es ser matrona?

Una bendita profesión.

Creo que ningún otro oficio resume el misterio de la existencia como el ser matrona. La incertidumbre que supone un embarazo desde el principio, hasta nueve lunas más tarde, se asemeja a vivir.

¿Qué verbos nos definen? Por poner algunos; acompañar, proteger, silenciar, ayudar, animar, apoyar, guiar, informar, dirigir, empoderar, reforzar, sostener y un largo etcétera de palabras aún no inventadas.

¿Cómo nombrar esa complicidad que se forma entre la matrona y la mujer? ¿Cercanía, sensibilidad, empatía, firmeza, ternura? Todo y nada. La vida desnuda, compleja y sencilla, con su cruda y delicada realidad.

A veces se forma un nudo en la garganta y tarda tiempo en deshacerse. Y te estalla como una lluvia de estrellas el llanto emocionado, imparable de los hombres, padres que miran conmovidos a sus hijos entre lágrimas que tratan de frenar.

Por supuesto, es una profesión, un trabajo con sus días luminosos y sus días grises. Con turnos agotadores y horas adorables. Como el tiempo, como las gentes; hay de todo. Un oficio que, a pesar de celebrar la vida, en ocasiones vivimos la adversidad, cuando acompañamos a una madre, a unos padres, a decir adiós a su hijo antes de haber dicho hola.

“Cada aliento que tomamos, cada paso que damos, puede ser completado con paz, alegría y serenidad”, Thich Nhat Hanh.

 

¿Cómo nos ven los demás?

Las encuestas hablan de un desconocimiento de nuestra formación; cinco años de estudio equivalente a una licenciatura; de nuestro ámbito de actuación, nos encuadran en hospitales y maternidades; y nuestras funciones, ayudantes del tocólogo con escasa independencia.

Resulta curioso y hasta desalentador que la población en general no sepa que cuidamos de la mujer en todas las fases de su vida reproductiva y sexual. Atendemos embarazos, partos, puerperios, lactancia, recién nacidos. Llevamos a cabo programas en adolescentes, jóvenes, mujeres en la menopausia. En general estamos preparadas y formadas para un sinfín de actividades que la dichosa administración no nos deja realizar.

Una vez un señor, el padre de una gestante, dijo que le recordábamos a los sherpas.  Es posible. De alguna manera también nosotras conocemos el terreno, planificamos, coordinamos, dirigimos. Al igual que ellos, poseemos una personalidad fuerte, una excepcional sensibilidad, trabajamos en equipo, somos realistas, sabemos gestionar la presión y no dejamos de aprender nunca.

Decir matronas o comadronas evoca una cierta imagen de mujer potente, decidida, corpulenta, fuerte, entre misteriosa y amenazante. Hay mucha literatura sobre ello. Probablemente tenga su origen muchos siglos atrás, cuando se nos llamaba obstetrix, que significa “mujer que está al lado de la parturienta y le ayuda”. De hecho, la palabra matrona estaba rodeada de un halo de autoridad, era la mujer que trasmitía los valores de la sociedad en la Antigua Roma.

Creo que en la actualidad proyectamos un modelo diferente. Tenemos un cierto perfil de inmediatez, cercanía. Habitamos un lugar donde se anuda la paciencia con la fortaleza, la sumisión con la rebeldía, la serenidad con la pasión y sobre todo una tímida resistencia por ocupar nuestro sitio, lograr esa independencia, reconocimiento y fuerza que nuestra profesión goza en otros países de Europa. Utopías, queridas utopías.

“La vida es mucho más pequeña que los sueños”, Rosa Montero

Lamentablemente, la Administración nos valora poco. Nos tiene con las manos atadas, dejando a la deriva a miles de mujeres, gestantes, madres sin la atención precisa, idónea. Sin matronas en los Centros de Salud. Hablo del sur oriental, mi querido Mediterráneo. ¿Por qué? Me lo preguntan tantas veces las gentes de aquí, que ya no sé qué contestar. ¿Por ser féminas?, ¿porque la maternidad es un acto fisiológico? ¿Porque no alzan la voz? Sea lo que sea, se vive como una triste y desoladora realidad.

Por suerte, cada vez hay más y más compañeras luchando por lo que de verdad importa; cuidar a los más débiles, visibilizar la maternidad. En general me siento afortunada y orgullosa de esta bendita profesión y la defiendo como quien defiende la alegría. Por muchos años vividos con ella, soy su eterna aprendiz, experta en nada.

 

Defender la alegría

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

 

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

 

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

 

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

 

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría.

 

Mario Benedetti

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