Bebé arco iris. La vida sale al encuentro.

 

 

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“Hoy es siempre todavía.”  Antonio Machado

Se les llama bebés arco iris a aquellos niños que nacen después de la perdida de un bebé anterior, tras una muerte perinatal.

La investigación muestra que los padres que han vivido una muerte perinatal, desean tener un hijo al cabo de un año. Un 80% de mujeres quedan embarazadas en los próximos 18 meses.

A veces el bebé arco iris no es buscado, ni deseado. Aparece en las vidas de sus padres entre la confusión y el desconcierto. La ilusión y el desamparo.

¿Qué sucede en este embarazo? Todos esperan tu alegría y sobre todo, se sienten dichosos al creer que este hijo hará que olvides al que se fue. Todo lo contrario. Sigue y seguirá presente mientras vivas, aunque guardes tu pena en un rincón de tu corazón.

  Autores como Côte-Arsenault y Marshall  identificaron la experiencia de embarazo posterior para las mujeres como “tener un pie en el embarazo y un pie fuera del mismo”

Con un nuevo embarazo se revive el proceso de una forma más angustiosa. El sentimiento de culpa aparece como una sombra perenne a su lado. En el 1º trimestre el miedo invade la alegría que deberían sentir. Piensan que será un tiempo difícil, mucho más que en el anterior. Cierto. Suele hacerse público más tarde de lo habitual, viviendo con cierta prudencia y desamparo las muestras de cariño y felicidad de los demás. En el segundo trimestre, si coincide con la fecha de la pérdida, ésta se revive constantemente. Cada paso, cada día es un latido  pesado que dificulta la paz. Un latido que escucha incesantemente con el  aparatito que han comprado para ello. Cuando por fin alcanza el 3º trimestre el pánico a ese día, generalmente programado, les atormenta a  todas horas.

La vulnerabilidad es máxima. Las conductas de hipervigilancia son constantes. Están muy asustados. No saben qué sentir, no saben qué pensar.

“En todas estas situaciones, el marco de referencia de los padres para el siguiente embarazo es su experiencia anterior. Estos padres han perdido la inocencia. La probabilidad estadística les ha traicionado, y cuando se ha producido una muerte, viven con constante ansiedad pensando que la muerte puede golpearles de nuevo (Kowalski, 1991).”

Se viven situaciones difíciles que se silencian en lo más profundo del alma. Nadie lo entendería. Y probablemente sea cierto. La experiencia del dolor por la pérdida de un bebé no es algo que se pueda contar y, mucho menos comprender. La ansiedad y la depresión son respuestas maternas comunes durante el embarazo tras una pérdida perinatal.

Lo mejor que podemos hacer es acompañar y sobre todo, respetar. Esa es la palabra mágica, la palabra sagrada: ¡¡Respetar!!

Algunas  madres  no quieren  pasar página. Su bebé estrella o bebé del agua, son los nombres designados para ellos, es un pequeñín que acunan en el regazo de su mente y su corazón. Un ser que desean recordar y mantenerlo presente. Forma parte de la familia. Fue real.

“A la cara de mi hijo que duerme, bajan arenas de las dunas, y me roban su cuerpo junto con su alma. Y así lo van cubriendo con tanta maña, que en la noche no tengo hijo ni nada, madre ciega de sombra, madre robada.”  Gabriela Mistral

La mayoría de padres  refieren sentir como un angelito al bebé que se fue. Lo sienten a su lado e incluso le rezan convencidos de que desde el cielo él o ella vela por los suyos. No se ha ido, sólo nos observa y cuida hasta que nos volvamos a encontrar. Conmovedoras palabras de una madre hablando de su pequeño.

Las madres que han vivido una pérdida perinatal tienen miedo a vincularse con su hijo antes de nacer. Miedo a cantarles, a tocarlo, a hablarle, a imaginarlo, a imaginarse con él.  Incluso miedo a encariñarse.  La palabra deslealtad hacia el que se fue aparece en el cielo de sus vidas como un cúmulo de nubes negras. Apegarse al nuevo ser es algo que los llena de tristeza y ansiedad.  Una forma más de protegerse contra la incertidumbre de lo venidero.

Es más complejo de lo que parece. Quizá lo peor de todo sea la insensibilidad y la incomprensión de todas las personas de su entorno. Amigos, familiares, compañeros. Nadie puede entender que acunando en brazos a su bebé arco iris, se ponga a llorar con la mayor pena del mundo por el que no está. La ingenuidad de la lógica. Buenas gentes que creen que, por fin, este pequeño cerrara la puerta al dolor. Quizás para ellos, pero jamás para los padres que lo perdieron.

Bebés arco iris. Una forma poética de nombrar lo inconcebible. Una imagen poderosa,  sencilla, deslumbrante. Ese milagro que llega con su sonrisa para calmar la pena de la tormenta. Colores en el cielo.  La calma tras el vendaval. Sonríe. La vida sale al encuentro una vez más.montajes arcoiris y flores

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2923205/

http://www.umamanita.es/wp-content/uploads/2015/05/embarazo_despuesaborto.pdf

 

Era apacible el día.

Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!.

¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.

En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Mas… es verdad, ha partido,
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.

Rosalía de Castro