Perder un bebé, hallar una estrella

Autor Jueves, diciembre 29, 2016 0 Permalink 0

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Hace años una mujer, me contó una historia tras la pérdida de su bebé recién nacido. Me vine abajo, derrumbada, como una casa derruida que jamás se levantará. Pasaron los días, las semanas, los meses  y un domingo mi madre, harta de verme con esa tristeza infinita dijo: Escúchame, tu hija ahora es un ángel, una estrella que siempre alumbrará tus noches. Está a tu lado, está en ti. Siempre lo estará.

Y entonces, aquella misma mañana, empecé  a mirar el cielo con otros ojos. No te imaginas la fuerza que me dieron sus palabras. Me ayudó  a reconstruirme, a restaurar el mapa de mis días y de mis noches. Todo lo que emprendía, todo lo que hacía era por ella, para que mi pequeña, mi estrella, se sintiera orgullosa de mí.

Nunca lo he contado. Me daría vergüenza. Han pasado veinte años desde aquella mañana y mi estrella sigue conmigo. La miro todas las noches. La siento cerca, como un ángel, diciéndome que no me enfade porque la pequeña se ha puesto un piercing, que confíe en su hermano y le compre una moto, o que no regañe a mi compañero por sus cositas. 

Me sorprendió escucharla. Por entonces yo no comprendía muy bien el dolor de esta madre y sin embargo ese gesto, pueril, la reanimó, la salvó. Qué curiosos somos los humanos. Lo que nos ayuda a vivir, a levantarnos, a seguir son nimiedades, infantiles creencias, o no, que nos mueven a crecer, a ser mejor.

Hoy gracias a las madres de ALCORA , mujeres que han perdido a sus hijos antes de nacer o a los pocos días, puedo entenderla, aplaudirla, admirarla.

A nosotros, los de fuera, nos cuesta aceptar que estos bebés sigan existiendo y nos preguntamos en silencio ¿Dónde habitan?  Estoy convencida de que viven en un lugar a salvo, en el corazón de sus madres, de sus hermanos, de sus padres, de sus abuelos.

Para mí estas personas son una especie de héroes silenciosos luchando contra un dolor  socialmente invisible, imposible de definir, que arrasa como un vendaval, dejándole el alma en cueros, especialmente en estas fechas, cuando todos recordamos los que siguen con nosotros, los que no están. Y es que la vida nunca es lo que soñamos.

Seres grandes a los que escucho hablar animando a otras madres, padres, abuelos. Me conmueven. Hablan de esperanza, de horizonte, de sueños. Sacan verbos como el mago que saca una paloma de un sombrero. Levantar, sonreír, caer, seguir, luchar, llorar, caminar, construir, alentar. Seres hechos de otra pasta. Cuando nombran a sus bebés sienten su nombre como una cicatriz.

Y aunque el tiempo pasa y dicen que todo lo cura (creo que no hay tiempo que cure el dolor de una perdida, quizás lo ubique, nada más), de tarde en tarde necesitan llorar.

 “Un cielo tan cargado no se despeja sin tormentas” Shakespeare

Esta entrada es  para vosotros. Para desearos  lo mejor en palabras de un poeta, en palabras de estas madres que representan a todas. Mil y un abrazos compañeras de ruta.

“Fechas difíciles, pero pensad en los que están a vuestro lado, merecen la mejor de vuestras sonrisas” (Inmaculada)

“Mucho ánimo para tod@s, especialmente para los que pasáis esta primera Navidad sin nuestros niños preciosos” (Ana)

 

 

Queda prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber qué hacer,
tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus deudas y el mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles solo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
no creer en Dios y hacer tu destino,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin
alegrarte, olvidar sus ojos, su risa,
todo porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no sería igual.

Pablo Neruda

Bebé arco iris. La vida sale al encuentro.

 

 

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“Hoy es siempre todavía.”  Antonio Machado

Se les llama bebés arco iris a aquellos niños que nacen después de la perdida de un bebé anterior, tras una muerte perinatal.

La investigación muestra que los padres que han vivido una muerte perinatal, desean tener un hijo al cabo de un año. Un 80% de mujeres quedan embarazadas en los próximos 18 meses.

A veces el bebé arco iris no es buscado, ni deseado. Aparece en las vidas de sus padres entre la confusión y el desconcierto. La ilusión y el desamparo.

¿Qué sucede en este embarazo? Todos esperan tu alegría y sobre todo, se sienten dichosos al creer que este hijo hará que olvides al que se fue. Todo lo contrario. Sigue y seguirá presente mientras vivas, aunque guardes tu pena en un rincón de tu corazón.

  Autores como Côte-Arsenault y Marshall  identificaron la experiencia de embarazo posterior para las mujeres como “tener un pie en el embarazo y un pie fuera del mismo”

Con un nuevo embarazo se revive el proceso de una forma más angustiosa. El sentimiento de culpa aparece como una sombra perenne a su lado. En el 1º trimestre el miedo invade la alegría que deberían sentir. Piensan que será un tiempo difícil, mucho más que en el anterior. Cierto. Suele hacerse público más tarde de lo habitual, viviendo con cierta prudencia y desamparo las muestras de cariño y felicidad de los demás. En el segundo trimestre, si coincide con la fecha de la pérdida, ésta se revive constantemente. Cada paso, cada día es un latido  pesado que dificulta la paz. Un latido que escucha incesantemente con el  aparatito que han comprado para ello. Cuando por fin alcanza el 3º trimestre el pánico a ese día, generalmente programado, les atormenta a  todas horas.

La vulnerabilidad es máxima. Las conductas de hipervigilancia son constantes. Están muy asustados. No saben qué sentir, no saben qué pensar.

“En todas estas situaciones, el marco de referencia de los padres para el siguiente embarazo es su experiencia anterior. Estos padres han perdido la inocencia. La probabilidad estadística les ha traicionado, y cuando se ha producido una muerte, viven con constante ansiedad pensando que la muerte puede golpearles de nuevo (Kowalski, 1991).”

Se viven situaciones difíciles que se silencian en lo más profundo del alma. Nadie lo entendería. Y probablemente sea cierto. La experiencia del dolor por la pérdida de un bebé no es algo que se pueda contar y, mucho menos comprender. La ansiedad y la depresión son respuestas maternas comunes durante el embarazo tras una pérdida perinatal.

Lo mejor que podemos hacer es acompañar y sobre todo, respetar. Esa es la palabra mágica, la palabra sagrada: ¡¡Respetar!!

Algunas  madres  no quieren  pasar página. Su bebé estrella o bebé del agua, son los nombres designados para ellos, es un pequeñín que acunan en el regazo de su mente y su corazón. Un ser que desean recordar y mantenerlo presente. Forma parte de la familia. Fue real.

“A la cara de mi hijo que duerme, bajan arenas de las dunas, y me roban su cuerpo junto con su alma. Y así lo van cubriendo con tanta maña, que en la noche no tengo hijo ni nada, madre ciega de sombra, madre robada.”  Gabriela Mistral

La mayoría de padres  refieren sentir como un angelito al bebé que se fue. Lo sienten a su lado e incluso le rezan convencidos de que desde el cielo él o ella vela por los suyos. No se ha ido, sólo nos observa y cuida hasta que nos volvamos a encontrar. Conmovedoras palabras de una madre hablando de su pequeño.

Las madres que han vivido una pérdida perinatal tienen miedo a vincularse con su hijo antes de nacer. Miedo a cantarles, a tocarlo, a hablarle, a imaginarlo, a imaginarse con él.  Incluso miedo a encariñarse.  La palabra deslealtad hacia el que se fue aparece en el cielo de sus vidas como un cúmulo de nubes negras. Apegarse al nuevo ser es algo que los llena de tristeza y ansiedad.  Una forma más de protegerse contra la incertidumbre de lo venidero.

Es más complejo de lo que parece. Quizá lo peor de todo sea la insensibilidad y la incomprensión de todas las personas de su entorno. Amigos, familiares, compañeros. Nadie puede entender que acunando en brazos a su bebé arco iris, se ponga a llorar con la mayor pena del mundo por el que no está. La ingenuidad de la lógica. Buenas gentes que creen que, por fin, este pequeño cerrara la puerta al dolor. Quizás para ellos, pero jamás para los padres que lo perdieron.

Bebés arco iris. Una forma poética de nombrar lo inconcebible. Una imagen poderosa,  sencilla, deslumbrante. Ese milagro que llega con su sonrisa para calmar la pena de la tormenta. Colores en el cielo.  La calma tras el vendaval. Sonríe. La vida sale al encuentro una vez más.montajes arcoiris y flores

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2923205/

http://www.umamanita.es/wp-content/uploads/2015/05/embarazo_despuesaborto.pdf

 

Era apacible el día.

Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!.

¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.

En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Mas… es verdad, ha partido,
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.

Rosalía de Castro

 

 

Duelo perinatal o duelo desautorizado. Hablar de ello

Autor Jueves, abril 30, 2015 2 Permalink 0

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 “Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”  Mario Benedetti

¿Qué es un duelo desautorizado? Aquel que se produce cuando  el sentimiento de pérdida no es reconocido por la sociedad.

Lacerante paradoja. Los pliegues del lenguaje, siempre con sus esquinas. A esa tristeza inmensa que siente una madre, o un padre, por el descalabro sufrido por ese hijo, se une el desconcierto de saber que el dolor no es reconocido por las personas  más cercanas; amigos y familiares.

Es difícil buscar apoyo, buscar la mano amiga o  el hombro cercano,  cuando el mundo no valida la aflicción de unos padres que tuvieron que aprender  a decir adiós antes de decir hola.

¿Por qué no se entiende este tipo de perdida? Se cree que la intensidad del dolor se relaciona con el tiempo de roce, de cercanía, de vida.  Desdichado  error. Puede que en época de nuestras abuelas se viviera de otra forma. Seguro. Los tiempos cambian. Las ecografías y sus avances hacen que los padres se vinculen a su hijo de forma muy temprana en la etapa prenatal.

Hay que tener en cuenta que la aceptación social influye en la recuperación física y psicológica.

Con la mejor intención del mundo, las personas que tratan de  silenciarlo o cubrirlo, consiguen el efecto contrario. Al quitarle importancia y no validar esos sentimientos,  la persona que lo vive se cuestiona día tras día,  si realmente lo que está sintiendo es sano, si ese desgarro interior forma parte del concepto de normalidad, como un árbol en un parque.

En ocasiones hablar de ello te lleva a sentirte como un bicho raro, alguien que no es capaz de afrontar una pequeña, para ellos microscópica, tormenta en el mar de la vida.

La familia y entorno más cercano, intentan silenciar tu pena con un manto de distracción que evite anclarte en el pasado.  Sin embargo, tu solo quieres hablar, contar tu historia una y otra vez, no para martirizarte si no para integrarla en tu vida. Una historia que forma parte de tu paisaje y eso, no se  puede borrar como si fueran un error  en una hoja de papel.

Es la queja general de los padres durante el duelo. Las gentes creen que distorsionas la realidad, que eres incapaz de volver a conectar emocionalmente con los tuyos porque te has encerrado en ese mundo sombrío. Si al hablar brotan lágrimas o se quiebra tu voz, ellos desvían rápidamente la conversación, impidiéndote  expresar tus pensamientos,  con el ingenuo deseo de que lo olvides. No pueden comprender que ese llanto es  imprescindible para curar un corazón dañado,  como si fuera un bendito bálsamo.

¿Qué puedes hacer?

Buscar un hombro amigo donde llorar, pedirle a un alma caritativa que te escuche, que te permita  expresarte. Pon un tiempo, diez minutos, veinte. Y en ese tiempo, por favor, déjame que te cuente.  Después, puedes  decir  que lo que vives forma parte de este proceso. Que entra dentro de la normalidad. Que hay estudios, que hay  sabios y  eruditos  que  conocen bien este tipo de duelo silenciado por el que muchísimas personas pasan. Cuéntales que hablar te permite integrar ese desgarro en tu mapa y seguir adelante con tu vida. Para acabar le informas  que el duelo desautorizado no solo se da ante la pérdida de un hijo, si no también cuando perdemos algo que amamos. Y, sobre todo, que le puede pasar a cualquier persona.

Si por casualidad sigues sintiéndote incomprendida y acallada, queda el magnífico y curativo  recurso de la escritura. Escribe  cartas, diarios, relatos, poemas, cualquier cosa que pueda expresar tu pesar.  Alguien dijo una vez: “Porque después de la muerte no se entiende nada, se acaba recurriendo a la literatura”

Os dejo fragmentos del “Diario de un duelo”  del escritor  Roland Barthes.

“Todo el mundo conjetura -así lo siento- el grado de intensidad de un duelo.Pero es imposible (signos irrisorios, contradictorios) medir hasta qué punto alguien ha sido alcanzado.  Lo irremediable es a la vez lo que me desgarra y lo que me contiene (ninguna posibilidad histérica de chantaje con el sufrimiento, puesto que todo ya ha sido juzgado”

 Roland Barthes

 

Duelo Perinatal. Decir adiós antes de decir hola

 

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Elena Papiel

 

“Necesitamos pocas palabras para expresar lo esencial; necesitamos todas las palabras para hacerlo real” Paul Éluard

Duelo perinatal. Si eres estudiante o residente de  matrona, esta entrada es para ti. Hay un proverbio que dice: “Cuando  pierdes un padre, pierdes el pasado; cuando pierdes un hijo, pierdes el futuro” Hablo de la muerte de un bebé.

No hay experiencia tan desoladora y  terrible como acompañar y atender el parto de una madre con un bebé muerto. Lamentablemente, la muerte perinatal existe y tarde o temprano vas a estar junto a una mujer rota, un padre desconsolado y una situación de shock que en ocasiones te será difícil manejar.

¿Cuál es tu papel? De todo un poco. Psicóloga improvisada, enfermera afligida, amiga espontánea, profesional competente y, sobre todo, la matrona que les acompañara y a la que recordaran en ese delicado trance. Tú serás la que atienda a  esos padres destrozados que siguen dando a vueltas y vueltas a lo inconcebible, preguntándose una y mil veces que pasó, qué hicieron o no debieron de hacer para que eso sucediera. Y los ayudarás, ya lo verás.

Todos los duelos son terribles, cierto, pero este presenta unas características muy claras. El entorno social y familiar minimiza el impacto emocional al no haber existido un vínculo real. La familia y los amigos no entenderán que ellos estén destrozados si tan siquiera han rozado al pequeño. Y es que la intensidad del dolor no depende de las semanas de gestación.

La madre, a lo largo de todas las semanas que lo ha llevado dentro, se ha implicado emocional y físicamente con su hijo. De hecho, el pequeño o la pequeña tiene un nombre. En el mundo occidental, el vínculo parental se realiza en la etapa intrauterina.

Esa diminuta persona que no llora, ni mueve los brazos, ni abre los ojos, ni mira a su madre, es un ser humano; detenido, pero un ser humano. En ocasiones es evidente el fallo; un par de nudos de cordón, una malformación visible, un defecto congénito. Sin embargo la mayoría de veces, aparentemente, el pequeñín es absolutamente normal.

Probablemente sea el primer hijo de la pareja, un hijo que iba a convertirlos en padres, en familia. No hay palabra que describa esa experiencia. Nadie espera que un bebé muera, es tan incomprensible como difícil de creer. A pesar de los avances científicos, de las pruebas realizadas, de los controles exhaustivos, de las ecografías plasmadas, ocurre. ¿Por qué?, te preguntas. No lo sé, y creo que nadie lo sabe. Si pudieras hablar con Dios…

¿Qué puedes hacer? La necesidad primordial de los padres es tener a alguien que les escuche. Recuérdalo. Además de ello:

  • Muestra al bebé como una persona, limpio, envuelto en una manta y vestido, con un gorro y ropita.
  • Nombra al bebé por su nombre.
  • Toma las huellas de sus pies en una tarjeta o en un folio y entrégaselo a los padres.
  • Deja que la madre, o el padre, si lo desean, tomen en brazos a su hijo, lo besen y se despidan de él o de ella.
  • Cuida las palabras y frases de consuelo. Aquí en esta guía, puedes leer  lo que debes evitar y lo que debes decir.
  • Responde sus preguntas, utiliza el tacto terapéutico, escúchalos. Hazte presente.

Antes de despedirte, anótales  enlaces y  nombres de  web de apoyo en el duelo perinatal. Lo necesitarán más tarde. En esos momentos no es aconsejable ofrecer excesiva información, ellos todavía se encuentran en estado de shock, aturdidos y desconcertados.

Por último, una pequeña sugerencia, acepta tus sentimientos y respuestas emocionales como parte de tu labor. Eres una/un profesional, cierto, y además un ser humano que empatiza con la tristeza ajena. No temas llorar.  Permanece en silencio junto  a los padres aunque corran tus  lágrimas y, si te sientes incapaz, pide ayuda a alguna compañera. Espero haberte ayudado para el día que tengas que atender a unas personas rotas por una perdida perinatal.

http://www.umamanita.es

http://www.missfoundation.org/spanish/index.html

http://www.babycentre.co.uk/a1014800/when-a-baby-is-stillborn#ixzz2sSMmQYKC