¿Cómo controlo el miedo al parto?

Autor Lunes, diciembre 5, 2016 0 Permalink 0

Miedo-al-parto

El que teme sufrir ya sufre el temor.Proverbio chino

Controlar el miedo al parto. Esa fue la pregunta que me hizo una joven terriblemente asustada a la que acababan de ingresar por pródromos (fase previa al comienzo del parto)

Me senté junto a ella y le pregunté que me relatara sus miedos. Comenzó por el rosario de historias que le habían contado sobre el mismo, a cual más dramática. Y siguió por todos esos miedos ancestrales que todas las mujeres llevamos dentro y algunos más. Temor al dolor, a que el bebé sufra, a perder el control, a que me tengan que hacer una cesárea, al personal que me toque, a los pinchazos, a que sea muy largo, a alguna complicación, a que me dejen sola, a que no sepa empujar, a que me tengan que cortar, a que no me comporte bien.

Uno a uno fui desmontando todos esos sustos que llevaba dentro, pareció calmarse.  Más tarde la vi paseando por el pasillo del brazo de su pareja. Sonreía. Se encontraba más tranquila.

No creo que haya otro momento en la vida de una mujer en la que experimente tal variedad de miedos. Es un desasosiego que entra con las primeras contracciones y la acompaña hasta el final.

Nunca tengas miedo del día que no has visto.Proverbio inglés

Desde el punto de vista biológico se sabe que es un mecanismo de supervivencia que permite a la persona responder ante situaciones adversas e inesperadas. Forma parte de la cultura y del entorno social. Es algo aprendido que en parte, se puede desaprender.

Por regla general, aquello que desconocemos es lo que más miedo nos da. Es la emoción más difícil de manejar  y sin embargo es la más común. La conocemos bien, aprendimos a caminar con ella. El miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento. Es normal sentir ansiedad o temor ante el momento más relevante de tu vida. Todas lo hemos sentido. Lo esencial es no dejarnos dominar por él.

Hace más de dos mil años, Tito Livio, un historiador romano decía; El miedo está siempre dispuesto a ver las cosas peores de lo que son”. Desde que el mundo es mundo, el miedo ha sido nuestro inevitable compañero.

Voy a daros algunas sugerencias, que en algunos momentos me han sido útiles.

  • Imagina lo mejor que podría suceder y como te sentirías al experimentarlo
  • Ponle nombre a tu miedo, habla con él, utiliza el sentido del humor
  • Sonríe, es imposible reír y estar asustada
  • No imagines nada del futuro imperfecto. Vive el momento presente. Es lo único real.
  • Infórmate, pregunta a personas optimistas que hayan sido madres
  • Haz ejercicios de relajación, respiraciones que te calmen.
  • Cambia de escenario, de actividad, ocupa tu mente en algo concreto.
  • Reconoce tu suerte, siéntete afortunada de tener un hijo. Confía que todo irá bien. Hay muchas, muchísimas mujeres que dan a luz diariamente y les va fenomenal
  • Deja de tener miedo por lo que podría ir mal y concéntrate en lo que puede ir bien.

En resumen, relájate y vive el momento. Piensa solo en aquello que quieres vivir, nada más y nada menos.

 

Preliminar del miedo

Por sobre las terrazas alunadas

donde se aman cautelosamente los gatos

y los brillos esquivan las chimeneas

creo que nadie sabe lo que yo sé esta noche

algo aprendido a pedacitos y a pulsaciones

y que integra mi pánico tradicional modesto

 

 

¿Cómo desmenuzar plácidamente el miedo

comprender por fin que no es una excusa

sino un escalofrío parecido al disfrute

sólo que amarguísimo y si atenuantes?

Mario Benedetti

 

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12051188

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/10776242

http://www.scielo.org.co/pdf/rlps/v39n1/v39n1a06.pdf

Preocupaciones inútiles en el embarazo. Hacer frente a la Normalidad.

Autor Jueves, septiembre 17, 2015 1 Permalink 0

 Preocupaciones-embarazo

“Cinco minutos son suficientes para vivir una vida entera, así de relativo es el tiempo”  

Mario Benedetti.

 

Preocupaciones en el embarazo. Hoy voy a hablaros de esas preocupaciones que tuve y pude haber evitado durante mi embarazo.  Charlando con otras madres me he dado cuenta de que todas hemos vivido sentimientos parecidos, inquietudes semejantes con la misma intranquilidad de fondo.

  • Actividad reorganizadora exaltada. Creo que nunca he tenido la casa tan ordenada como en el embarazo de mi primer hijo.  Ahora sonrío. Como si para recibir al bebé todo tuviera que estar perfecto. Su habitación completa, los armarios ocupados, sus cosas en orden. Todo ello sin contar las limpiezas generales, la nueva mano de pintura innecesaria,  cambiar las cosas de sitio y acomodar el espacio para una criatura  que pasa los días durmiendo.
  • Dar excesiva importancia a la opinión de los demás. Cientos de consejos cayeron sobre mí como una losa, logrando que me asustara más de lo habitual. La mayoría sin ser solicitados. De poco sirvió ser matrona. Yo caminaba sobre un terreno insólito  de arenas movedizas cuya práctica no se parecía a la teoría. Debí escuchar menos y confiar más. Confiar en mi pareja, en mi misma y esa vocecita que decía: Si miles, millones de mujeres logran hacerlo a diario, tú también podrás. 
  • Alimentación y entorno. Recuerdo una tarde de invierno, cruzarme de acera porque un coche iba a arrancar, pensando en no inhalar los gases del motor. Un poco obsesiva, lo sé. Con la alimentación pasó algo parecido. Fui demasiado estricta dejando esos refuerzos dulces para después. Después ya no los necesitaba. Hoy sé que un poco de chocolate hubiera sido hasta beneficioso.
  • Miedos y temores que temía contar. En mi cerebro había una actividad frenética de pensamientos difíciles de conducir. Algunos luminosos, otros demasiado sombríos. Lo peor fue tener que silenciarlos por miedo a ese estúpido monstruo llamado “el qué dirán”. Me costó trabajo compartir algunas cosas con mi pareja, el ginecólogo, compañeras y amigos. Curiosamente, otras madres habían pensado lo mismo. Dichosas ideas.
  • Apariencias, molestias e incomodidades. Todo era nuevo. Todo era sorprendente. Cualquier dolor, por leve que fuera, cualquier molestia debería significar algo, ¿no? Solo representaba que estaba embarazada. Conviví con la acidez, el insomnio, el vaivén emocional con cierto estoicismo. Sin embargo los malestares propios de todos esos cambios me desconcertaban llevándome a preguntar si debía escucharlos o ignorarlos.  Encontrar ropa de premamá que me hiciera sentir bien, cómoda de acuerdo a mi estilo, no fue fácil. Tampoco  importaba mucho. Cuando me miraba  en el espejo con ese perfil de luna llena, me sentía la mujer más guapa y afortunada del mundo.

Con el tiempo aprendí a hacer frente a esa bendita normalidad. Deje de preocuparme y comencé a ocuparme de lo esencial; descansar, disfrutar del embarazo, pasear, relajarme, leer y convivir con esas cositas tan normales. Por supuesto, la habitación de mi hijo no estuvo perfecta, faltaron cosas que luego casi ni utilice, el carrito hubo que cambiarlo y un montón más de etcéteras que realmente no eran importantes.

 Aprendí que esos miedos y  temores eran más que infundados y, sobre todo, comencé a entender ese principio de incertidumbre que es la vida.  Claro que para entonces, ese aprendizaje se convirtió en  agua pasada.

Quizás mi experiencia pueda ayudaros a manejar mejor este tiempo que aunque mágico también resulta inquietante.  Manejar un embarazo, es decir, la bendita normalidad.

Cuidaros, cuídate.

http://www.scielo.org.co/pdf/pepsi/v10n2/v10n2a12.pdf

http://www.uv.mx/psicysalud/psicysalud-20-2/20-2/leticia-guarino.pdf

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12054318/

 

“¿Queda aún mucho? No, basta con atravesar aquel río de allá al fondo, con franquear aquellas verdes colinas. ¿No habremos llegado ya, por casualidad? ¿No son quizá estos árboles, estos prados, esta blanca casa lo que buscábamos? Por unos instantes da la impresión de que sí y, uno quisiera detenerse. Después se oye decir que delante es mejor, y se reanuda sin pensar el camino.

Así continúa andando en medio de una espera confiada, y los días son largos y tranquilos, el sol resplandece alto en el cielo y parece que nunca tiene ganas de caer hacia poniente.

Pero en cierto punto, casi instintivamente, uno se vuelve hacia atrás y ve que una verja se ha atrancado a sus espaldas, cerrando la vía del retorno. Entonces se siente que algo ha cambiado, el sol ya no parece inmóvil, sino que se desplaza rápidamente, ¡ay!, casi no da tiempo de mirarlo y ya se precipita hacia el límite del horizonte; uno advierte que las nubes ya no se estancan en los golfos azules del cielo, sino que huyen superponiéndose unas a otras, tanta es su prisa; uno comprende que el tiempo pasa y que el camino un día tranquilo tendrá que acabar también.»

“El desierto de los tártaros”

Dino Buzzati

Depresión y desánimo en el embarazo. Buenos días tristeza.

Autor Miércoles, octubre 29, 2014 1 Permalink 0

tristeza-melancolía-desanimo-y-embarzo

He deseado este embarazo con todas mis fuerzas, debería sentirme alegre y feliz. Sin embargo me encuentro triste, decaída, aterrada sin dejar de pensar en lo que se me viene encima. A veces despierto por la noche, asustada, sin poder volver a dormirme. He perdido el apetito. Me encierro en casa sin ganas de salir. Hay días que estoy sin energía, con un cansancio raro, agotador. A punto de gritar socorro. Lo peor de todo es que soy incapaz de contarlo. No puedo decírselo a mi marido, que flota en una nube; ni a mi madre, que no cesa de cuidarme, ni a la matrona; que insiste en que asista a sus clases, ni a mis amigas que solo hablan de lo feliz que debo estar, a nadie. Me verían como un bicho raro. Qué vergüenza. De verdad, no lo entiendo. ¿Qué me pasa?

Guardé este testimonio que encontré en internet haciendo una búsqueda para preparar unas clases. Llamó mi atención porque era la primera vez que escuchaba a una embarazada hablar de sus emociones y sentimientos con tanta sinceridad.

La asertividad, asignatura pendiente en la maternidad

Autor Lunes, septiembre 29, 2014 2 Permalink 0

 

 

No sirve de nada, además mi marido dice que eso de la asertividad son tonterías. Aquí manda quien manda.

He escuchado ese comentario varias veces, es como la coletilla gris y desafinada que seguía a mis sugerencias de que alzaran la voz. Sugerencias hechas con cariño a esas mujeres embarazadas que asumen el silencio y el aguante como parte de su feminidad.

Conseguir que una gestante sea asertiva, proteste, haga valer sus derechos y, sobre todo, lo haga por escrito, es casi tarea de titanes.

Hace unas semanas escuché la queja sincera, necesaria y razonable de una mujer que quería permanecer con su hijo tras una cesárea, en la sala de reanimación. Cuando le sugerí que pusiera una reclamación por escrito, ella calló y bajo la mirada al suelo. Como tantas veces en todos estos años supe que no la pondría.

¿Dónde está mi tribu? Ser madre en una sociedad individualista. Un libro imprescindible.

Autor Miércoles, septiembre 17, 2014 4 Permalink 0

Maternidad-y-crianza

 

“Las responsabilidades de la crianza nos permiten cuestionar si las copas, el cine o los deportes de riesgo son o no lo que de verdad nos definen como las personas que aspiramos a ser” Carolina del Olmo.

 

Tener hijos hoy en día parece un disparate. En este mar individualista navegan la ética del cuidado y la ética del mercado con sinuosa cordura y, sin embargo ser madre, o mejor, un hijo es una oportunidad de cambiarle a uno y sobre todo una oportunidad de cambiar el mundo. Esta es la tesis en la que se mueve este maravilloso, lúcido y necesario ensayo. ¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista. El libro está basado en un proverbio africano que dice que para criar a un niño hace falta la tribu entera.

La autora, Carolina del Olmo, filosofa, escritora y esencialmente madre, narra con maestría las contradicciones, pensamientos, emociones,  trabajo  y entorno social por el que camina una madre en este siglo XXI.

Historias de verano. Parto Natural con Epidural y Sesgo de Confirmación

Autor Martes, agosto 12, 2014 2 Permalink 0

En el fondo todos queremos creer aquello que nos interesa. Indiscutible. Para ello adoptamos ciertas creencias erróneas o no como si fueran dogmas. Es el llamado sesgo de confirmación. Real como la vida misma.

La otra mañana estaba en el banco esperando cuando una  embarazada delgadísima, morena de pelo largo, sandalias doradas y vestido blanco llegó y se incorporó a la fila. Una mujer dejó su mesa de trabajo para saludarla y preguntarle por su embarazo y parto.

─ Estoy de 38 semanas y seis días. Mañana mi ginecólogo me provocará el parto  porque tengo el cuello dilatado.

─ Y ¿Qué has decidido? ¿Te vas a poner la epidural?

─ He pensado en un parto natural con epidural.

─ ¿Pero eso es posible? Yo creo que no, ¡eh! Infórmate bien.

─ Eso pensaba yo. Pero buscando por Internet encontré casos de mujeres que habían parido a su hijo sin la ayuda de ventosa y eso y, llevaban epidural.

─ Bueno, no sé. Sigo pensando que son dos cosas diferentes.

─ Me ha dicho el ginecólogo que como es pequeñito aunque me ponga la epidural saldrá fácil y a todos los efectos será como si fuera un parto natural.

─ Te llamaré mañana por la noche y me cuentas. Que segura te veo.

─ Hoy en día no ponerse la epidural es un atraso. Por favor. ¡Y que todavía haya mujeres que no se la quieran poner!

No sé porque me gire. Me arrepentí nada más ver que seguía con sus gafas de sol puestas dentro de la amplia sala. Hacía frío. Un señor bajito se quejó del aire acondicionado. Dio igual que le dijera que era matrona, que sabía de lo que hablaba, que una cosa excluía a la otra, que un parto vaginal no es sinónimo de parto natural, que…nada.

─ Mira. Por muy matrona que tú seas, un ginecólogo sabe más. Y si él me ha dicho que con epidural puedo tener casi el mismo tipo de parto que si fuera natural, es que es posible.  Quizás él esté más informado…no sé.

Una señora mayor se unió a la conversación hablando de su época, de sus tiempos y ahí se terminó la polémica.

En psicología se conoce como sesgo de confirmación al hecho de dar un mayor valor a las ideas que confirman nuestras propias opiniones.  Lo hacemos con frecuencia. Incluso solemos recurrir a una fuente externa de poder o credibilidad que respalde nuestras creencias.  Suele acompañarse de un pegajoso empeño por mantener un único punto de vista. Tirantez argumental.

En este proceso las emociones son la reina madre de este tipo de razonamiento. Una respuesta por parte del cerebro muy maternal y protectora. Un cerebro que  trata a toda costa de evitar  el posible malestar que sentimos por mantener creencias contradictorias o disminuir la disonancia cognitiva.

Junto a este sesgo de confirmación, camina su complementario, el llamado razonamiento motivado. Es la tendencia a juzgar de forma crítica aquella información que no concuerda con nuestras creencias. Aquella mañana lo pude ver con toda claridad.

Creo que aunque a mi lado hubiera un doctor, una ginecóloga, un catedrático o quien fuera que pusiera un sello de credibilidad y desmontara su inflexible idea, no la convencería. Pensaría que está desfasado o que desconoce los avances en ese campo. Estoy segura que su ginecólogo le dijo lo que ella deseaba oír.

En cualquier proceso de toma de decisiones, realizamos una evaluación del coste personal que puede llevar el equivocarnos (pérdida de prestigio personal, de rol social, merma económica, etc.)  y eso nos lleva a abrazar argumentos que confirmen nuestra actuación, incluso aunque sean incómodos de mantener.

Y es que este tipo de procesos inconscientes mantienen a salvo nuestra integridad personal. Dándonos la razón damos sentido a nuestras vidas, lo que hacemos, lo que pensamos y lo que queremos sentir.

Ojalá y esa madre haya tenido el tipo de parto que esperaba alcanzar.

http://www.psych-it.com.au/Psychlopedia/article.asp?id=318

 Carta de una embarazada a amigos y familiares. Redes sociales

Autor Martes, junio 10, 2014 2 Permalink 0

 

 Embarazo época de cambios, cambios psicológicos en el embarazoSe acerca el tercer trimestre, se acerca el tiempo final y, tengo miedo. Antes de que el cansancio me abrace y el temor me haga más vulnerable aún, quiero pediros unas cositas:

Decirme que estoy guapa, incluso aunque no lo penséis y me veáis patosa, cambiada,  hecha un tonel. Sed encantadores y decírmelo. En estos momentos, adoro esas mentiras y, las necesito como agua de mayo.

Estoy tranquila y un poco asustada, comprenderme. Una dulce agitación sube y baja por mi vientre, por mi cabeza. Me siento alegre y nostálgica a la vez. Titubeo. Hay tanto que os quisiera decir, que no se por donde empezar. Os necesito aunque parezca que os rechazo.

No  llenéis mi cabeza de imágenes dulzonas de falsas expectativas, de ilusiones vanas. Aunque me paso los días soñando con mi bebé,  camino sobre la tierra. Mimarme sin excesivas concesiones. Necesito sentirme fuerte, independiente, vital. Repetirme  de vez en cuando que estáis seguros que seré una buena madre, una gran madre.

A pesar de mis ojeras, cara de cansancio y manchas de la piel quiero que me digáis que estoy radiante, guapísima, súper atractiva. Prefería no escuchar de vuestros labios eso de; deberías aprovechar para salir, ir al cine, viajar, vivir…todo. No me voy a enclaustrar. Pienso hacer todo eso y mucho más cuando nazca mi hijo.

Por favor no me contéis  historias de espantos, ni habléis  de finales tristes, ni partos desgarradores,  ni nada que suene a  pesimismo. Quiero ser optimista.   

Respetar mi decisión de querer vivir un parto natural, en principio, sin reprochar mi opción. Aunque en el fondo, montones de  dudas aún flotan sobre mi cabeza respecto a ponerme o no anestesia  epidural. Llenar mis días de palabras alentadoras. Mostrar una infinita paciencia conmigo. Hay días que ni yo misma me entiendo. Saber que a vuestro lado las preocupaciones se vuelven pequeñas y yo un poco más valiente. 

Apoyarme en mis decisiones aunque no las compartáis. Quiero dar lactancia materna a mi hijo por encima de todo pero, si las cosas no salen bien, por favor evitar la palabra  fracaso.

Ofrecerme vuestra compañía como el mejor de los regalos, el placer sencillo y vital de la  amistad. Vuestro tiempo, vuestra cercanía  es lo más valioso que me podéis regalar.

Y si en algún momento algún gesto mío os duele, por favor perdonármelo. Este vaivén emocional de hormonas, ideas y sentimientos me tienen algunos días al borde de una ataque de nervios. Saber que os quiero, sois todo mi universo. 

Las redes sociales son el mejor soporte emocional que puede tener una embarazada. Sentir que formas parte de una familia, un grupo de amigas o un colectivo profesional refuerza los sentimientos de cohesión social y autoestima. Y es que las relaciones sociales nos hacen fuertes y nos ayudan a mantener un sano equilibrio mental. Cierto. Quizás por eso, esta carta ficticia que perfectamente podía haber escrito yo hace años, se centra en el apoyo y en el afecto. Se ha demostrado que el apoyo emocional es la forma más poderosa y eficaz de apoyo que se puede dar a alguien en una situación de  estrés, incertidumbre  y cambio de roles. El embarazo, el gran cambio.

  1.  http://www.eduardpunset.es/wp-content/uploads/2010/08/semanal20100829.pdf
  1. https://birthpsychology.com/journals/volume-24-issue-3/maternity-social-support#.U5H75vl_vT8

La plenitud del 2º trimestre de embarazo

Autor Martes, noviembre 26, 2013 0 Permalink 0

 

Tomar la decisión de tener un hijo es trascendental. Se trata de decidir que tu corazón caminará siempre fuera de tu cuerpo.

Elisabeth Stone

Psicología embarazo cambios emocionales 2º trimestre gestación

Alcanzar el 2º trimestre es todo un logro. Enhorabuena. Atraviesas la temible frontera de las 12 semanas y tu embarazo comienza a tomar color.

Una asombrosa sensación de bienestar se adueña de ti. El bebé, por fin, se mueve. La ansiedad y el temor encogen por momentos y esas molestas náuseas e incomodidades desaparecen solas.

Además, puedes ponerte ropa premamá, y mostrar al mundo entero tu estado de buena esperanza. La mujer más feliz del mundo, esa eres tú, enseñando tu barriga incipiente a todos. De pronto comienzas a preocuparte por el embarazo y el parto. Fascinada descubres la magia de esos procesos leyendo, buscando, comentando, mostrando.

Es tiempo de empezar a pensar en tu hijo. El bebé hay que cuidarlo antes de tenerlo en brazos y miras con lupa lo que comes, lo que bebes y hasta lo que piensas.

Te sientes bien, te sientes grande y por primera vez descubres a tu madre con otros ojos. Hay nuevas preguntas que hacer y ella, encantada, regresa a aquel tiempo de espera. Tu mirada maternal se asemeja a la suya y te sientes plena. Consciente de que estás creciendo por dentro y por fuera.

Cuando  miras con detenimiento las tiendas de bebé, te preocupa la cuna que comprarás, la ropa que llevará, su pequeño espacio. Como una cigüeña comienzas con las conductas de anidación. Hay que preparar el nido, repites un par de veces a tu compañero que no cesa de repetir; hay tiempo cariño, hay tiempo. Y tú, mujer sensata y previsora, llenas los cuadernos de listas que ordenen el tiempo que está por llegar.

Tu pareja no comprende tus cambios de humor, tus vanas preocupaciones. Tampoco tú entiendes  esa montaña rusa de emociones que suben y bajan sin control. Los otros son los raros, los que están lejos de lo que sientes, lo que vives, lo que sueñas, lo que temes.

Resumiendo, esta etapa se caracteriza por:

  •  Sensación de bienestar.
  •  Extroversión, ensimismamiento e introspección.
  •  Cambios de humor y labilidad emocional.

Tranquila, es una fase más del proceso de ser madre. Mientras, obsérvate, ríete de esas cositas raras que no entiendes y disfrútala.

Un mar de dudas. Ser madre

Autor Lunes, septiembre 9, 2013 2 Permalink 0

 

“Una llega a ser madre sin haberse preparado para serlo”

Victoria Camps

 

ser madre, maternidad, miedos, temores

Loreto está embarazada de su primer hijo. Se siente perdida ojeando revistas plagadas de consejos y buenas intenciones. Faltan unas semanas para conocer al pequeño Pablo y no para de sudar a pesar del aire acondicionado de la librería. Camina despacio con las manos en la espalda, incómoda, molesta. Junto a las escaleras, un estante con diez títulos sobre madres, crianza, miedos, soluciones… desamparo.

Lo que más le asombra es esa fachada de mamás alegres que aparecen en las cubiertas, todas sonrientes, jóvenes, delgadas, guapas, atractivas. Ojea los libros y siguen y siguen  las fotografías, en color, de madres seguras, felices, niños rollizos y papas entregados. ¡Que escaparate tan irreal!

A pesar de las docenas de páginas de internet que ha consultado, las revistas de bebés que hay en su mesita y los libros prestados, ella se siente pérdida, insegura. Si el exceso de información es dañino para la salud social (Jose Mª Izquierdo) no digamos nada de la salud individual.

Lo cierto es que Loreto  duda entre comprar o salir corriendo para dejar de sentirse rara. No sabe que elegir, no sabe que pensar. Entre tanto llegan las palabras de su marido. Tan asustado como ella, no deja de darle ánimos constantemente. Sonríe. Sigue tu instinto de mujer, tu instinto maternal.  Son las palabras tibias, cariñosas que le lanza cuando la ve rodeada de  revistas. Loreto suspira pensando en él. Hombres. Deja los libros ojeados en la estantería  y se va.

¿Tengo yo instinto maternal? Se pregunta al atravesar la puerta. Recuerda a su compañero entregándole  esas dos palabras, como un salvavidas, a ese mar de dudas y miedos donde navega desde que está embarazada.

Instinto maternal. Para algunos una construcción social, para otros una secuencia comportamental de algunos mamíferos. Una especie de aprendizaje vicario (el que asimilamos por observación) que se aprende en la infancia.

Aunque en esto tengo mis dudas. Hace unos meses una ginecóloga embarazada expresaba su desconcierto porque ella no sentía el instinto maternal. No se veía de madre. Como si la maternidad fuera algo ajeno a su ser. La vi hace unos días, radiante, feliz,  pensando en volver a embarazarse ahora que su hija tiene tres meses. Recuerdo que las madres veteranas le animábamos a preguntarnos, a recabar información de suegra, cuñadas, hermanas, madre y como ella sonreía al decirnos; por supuesto que lo haré. Seguro que os llamo.

Una información masiva es inadecuada. El exceso de consejos abruma y desborda las expectativas de la madre.  Hemos pasado de buscar la ayuda sabia de la experiencia cercana de familiares, vecinas y amigas por montañas de páginas  que en ocasiones desorientan y confunden.

Es como si nos diera vergüenza preguntar, mostrar nuestro desconocimiento o cómo decía una gestante tras animarle a exponer sus dudas, es que son preguntas tontas.

Os animo a valorar el sentido común. Por muchos libros que leáis, decidir con sensatez con esa primera idea que os venga a la cabeza. A mí me vino bien, en su día, aceptar la  humildad de la inexperiencia para preguntar y convivir con las dudas como parte del proceso de ser madre. Si yo os contara… Recordad que todas y todos (hablo de  profesionales) hemos aprendido errando.

Primeros Meses de Embarazo. Alegría y Tristeza

Autor Miércoles, agosto 21, 2013 0 Permalink 0

Embarazo, alegrías y tristezas

Cada día sabemos más y entendemos menos.

 Albert Einstein 

Llevo años detrás de quedarme embarazada y ahora que lo estoy, estoy aterrorizada.

La que habla es Pilar. Mañana cumplirá nueve semanas de gestación y comenta que lo mismo siente alegría que tristeza. Lo sorprendente es que ha pasado de  sentirse una  mujer fuerte y segura a verse frágil y vulnerable. Salta de la nostalgia a la euforia  con una desconocida facilidad. A veces tiene accesos de mal humor, otras por el contrario no cabe de gozo. Incluso mi pareja piensa que estoy muy rara, dice. No me reconozco.

Tranquila. Esa ambigüedad emocional es necesaria y hasta saludable. ¿Saludable?  Si, por que es una respuesta normal a los cambios cognitivos y emocionales que se están produciendo en tu interior. Bienvenida al mundo de la maternidad.

A grandes rasgos, estos cambios pueden resumirse en:

  • Incertidumbre sobre el momento. No sé, quizás deberíamos haber esperado unos meses, puede que un año…
  • Incomodidades físicas. Entre las náuseas, mareos, acidez, sueño, ganas constantes de orinar y este cansancio repentino,  estoy hecha un cromo.
  • Incertidumbre en los nuevos roles sociales. No estoy segura de ser una buena madre, no tengo experiencia y lo peor es que a mi pareja le pasa igual. Los dos nos sentimos perdidos.
  • Preocupaciones materiales. Con lo que cuesta criar un hijo, no sé cómo vamos a afrontar todos esos gastos.
  • Aparición de Temores y Fantasías. Me paso los días imaginándome con mi bebé en brazos. Paseando por el parque los tres. Mirando embobados  su carita, su pelo, los ojitos…Ay.

Lo importante es que la futura madre sepa que estos cambios son mecanismos de adaptación. Cambios que deben vivirse como una etapa pasajera y necesaria. Conocerlos y aceptarlos hará más sencillo el resto de modificaciones  que aparecerán en  los próximos meses.  En la naturaleza, en  las estaciones, a la primavera le sigue el verano.