Madurez e inteligencia emocional en la maternidad

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No eres ambicioso: te contentas con ser feliz,  J. L. Borges

Hoy quiero hablar de Inteligencia emocional en la familia, en la maternidad. Estoy convencida. Lo sé. Lo veo, lo escucho y, sobre todo, lo he experimentado: el ser madre te da una serie de herramientas para manejarte en la vida que de otra forma jamás hubieras obtenido.

Hablo de inteligencia emocional. Ese concepto que apareció por los años 90 de la mano del psicólogo estadounidense Daniel Goleman, y que hoy es todo un referente del termómetro de la felicidad.

http://www.danielgoleman.info/topics/emotional-intelligence

Si de algo pueden presumir las madres y algunos padres es de manejar el día a día, lo cotidiano e importante, con auténtica sabiduría práctica y sobre todo emocional.

A veces creemos que somos menos inteligentes que otras súper-mujeres, súper-personas que brillan intelectualmente. Todo un error. Un coeficiente intelectual alto habla de sobresalir en habilidades de razonamiento abstracto, verbal, numérico y espacial. Sin embargo, las decisiones transcendentales de nuestra vida no tienen nada que ver con deducciones abstractas.

“Lo que realmente importa para el éxito, carácter, felicidad y logros vitales es un conjunto definido de habilidades sociales, no solo habilidades cognitivas que son medidas por test convencionales de coeficiente intelectual”, Daniel Goleman.

Una madre o un padre no solo aprende a gestionar sus emociones, una auténtica necesidad vital; sino también algo muy, muy importante, enseña a sus hijos a gestionar las suyas.  Y con el tiempo te vuelves toda una experta en manejo de situaciones difíciles.

 “Lo mejor que los padres pueden hacen por sus hijos es ser seres emocionalmente inteligentes“, Daniel Goleman.

Hombres y mujeres nos complementamos. No seríamos quienes somos sin el otro, sin esa persona que nos mira y en la que nos miramos. Y aunque para criar un bebé hace falta una tribu, son palabras de Laura Gutman, yo creo que, si contamos con un padre y una madre  emocionalmente competentes, el niño dispondrá de todo el afecto y la ayuda necesaria para crecer sano a todos los niveles.

“ Las mujeres, en general, tienden a ser más conscientes de sus emociones, muestran más empatía y son más hábiles interpersonalmente. Los hombres, por otra parte, tienen más autoestima y son más optimistas, se adaptan más fácilmente y controlan mejor el estrés”, D. Goleman.

¿Cuáles serían esas características que expresan una buena inteligencia emocional?

  • Empatía ante las emociones ajenas. Nadie como nosotras para entender a nuestros hijos.
  • Tolerancia a la frustración. Todos los esquemas de perfección y logros caen como un castillo de naipes ante el bendito desorden de un hogar con niños.
  • Expresión controlada de sentimientos. No hay nada como tener hijos para morderte la lengua o expresar tus cosas de forma más controlada y racional.
  • Motivación. Nuestros actos y pensamientos se enfocan en el logro de metas para nuestros niños y para nosotros. Para mí, ser madre fue una de las grandes motivaciones para aprender y crecer. Desarrollamos la iniciativa y perseverancia con un entusiasmo total por y para ellos, por y para nosotros.
  • Aceptar tus emociones y expresarlas adecuadamente. Llorar y reír. Reír y llorar y quedarnos en la gloria. ¡Magnífico!
  • Descubrir el placer de vivir. ¡Cierto! Creo que el sentimiento de agradecimiento y felicidad van unidos al mundo de la maternidad. Es una constante. Compañeras, amigas y conocidas refieren que ser madre les ha hecho valorar lo esencial de la vida y centrarse en lo importante.

Como ves, puedes sentirte orgullosa, grande y fuerte. Tienes un don, el regalo de la maternidad o paternidad. Tienes la oportunidad y las herramientas para descubrir y abrazar tu propia inteligencia emocional. Felicítate y sonríe.

http://www.uned.es/dpto-psicologia-social-y-organizaciones/paginas/profesores/Itziar/IE_AEstres06.pdf

 

El amor nuevo

Todo amor nuevo que aparece

nos ilumina la existencia,

nos la perfuma y enflorece.

En la más densa oscuridad

toda mujer es refulgencia

y todo amor es claridad.

Para curar la pertinaz

pena, en las almas escondida,

un nuevo amor es eficaz;

porque se posa en nuestro mal

sin lastimar nunca la herida,

como un destello en un cristal.

Como un ensueño en una cuna,

como se posa en la rüina

la piedad del rayo de la luna.

como un encanto en un hastío,

como en la punta de una espina

una gotita de rocío…

Amado Nervo