Autoestima y mujer.  La  vida está en otra parte.

Autor Lunes, junio 20, 2016 0 Permalink 0

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“Nunca sabremos por qué irritamos a la gente, que es lo que nos hace simpáticos, qué es lo que nos hace ridículos; nuestra propia imagen es nuestro mayor misterio Milan Kundera

Siempre hemos sabido, yo la primera, que la autoestima femenina se mueve, casi siempre, por la cuerda floja de la vida. Cierto que somos grandes, fuertes, maternalmente poderosas, inquietas, pero en ocasiones nos falta la osadía necesaria para querernos un poco más. La osadía precisa que nos haga centrarnos en lo que somos, en nuestros logros, en nuestras luces. El valor que nos permita amarnos por hacer lo correcto, sin esperar que la mirada ajena nos aplauda o nos silbe.

¿Qué es la autoestima?

Es una especie de cajón de sastre donde cabe todo lo relacionado con el amor a uno mismo. Podía resumirse como: la valoración que tenemos sobre lo que pensamos de nosotros, algo esencial para la supervivencia psicológica, la forma en la que nos percibimos, ya sea en nuestra forma de ser o nuestro cuerpo. Un juicio sobre nuestra propia competencia y valía personal.

Hay un par de cosillas a tener en cuenta para conjurar el fantasma de la culpabilidad,  esa especie de desafecto que a veces nos define y nos acompaña como una sombra velada. Conocer de donde partimos nos lleva a situarnos en una realidad más benévola, más certera.

  1. La autoestima es un asunto social. Las mujeres partimos de una valoración social inferior respecto a los hombres. Es frecuente que la baja autoestima se dé en mujeres que han crecido en familias con roles rígidos y tradicionales. La socialización masculina enfatiza la autonomía, la autoconfianza y la independencia. La femenina sigue promoviendo la expresión emocional, la búsqueda de la intimidad y la independencia.
  1. La pérdida de autoestima que se sufre en la adolescencia, la madre de todos nuestros desvelos, es más dramática y duradera para los chicos que para las chicas. Donde se aprecia la diferencia entre ambos sexos es en el ámbito de hacer cosas. Las chicas se sienten menos competentes en muchas áreas. Hay que tener en cuenta que nuestras habilidades, nuestras competencias tienen valor para la supervivencia, para el hecho de estar preparado en la vida. Por ejemplo se sabe que en las clases, los chicos hablan e interaccionan más, manifestándose más autoafirmativos que las chicas. Las chicas reciben elogios por su aspecto físico. Al preguntarles que rasgo de ellas valoran más, nombran uno físico. En cambio, los chicos muestran un talento como rasgo positivo de sí mismos.

“Ser flexible es ser capaz de tomarse el pelo uno mismo y que la autoestima se muera de la risa” Walter Riso

Y es que a veces somos demasiado rígidas, perfeccionistas, exigentes con nosotras mismas. Al poner el listón tan alto, nunca, ni siquiera conceptualmente, podemos llegar. Creo que es importante recordar de vez en cuando que la perfección es un concepto, una teoría, nunca una realidad. Nosotras somos pura artesanía y como tal, maravillosamente imperfectas, únicas.

“Bailaban juntos en medio del salón los dos solos; y Xavier vio que la mujer tenía el cuello maravillosamente marchito, la piel alrededor de los ojos maravillosamente ajada y que alrededor de su boca había dos maravillosas y profundas arrugas, y se sintió feliz de tener entre sus brazos tantos años de vida, de tener él, un estudiante, entre sus brazos, una vida casi completa”  La vida está en otra parte. Milan Kundera

 

¿Qué podemos hacer para querernos un poco más?

Os dejo algunas sugerencias. No hay recetas mágicas, como no hay verdades absolutas, solo ideas que a otros han servido y os pueden ayudar.

  1. Recupera tus logros y aprendizajes. Mira atrás y haz un listado con todo lo que has logrado, a nivel personal, social, laboral. Desde que eres niña, recuerda, has alcanzado muchas metas.
  2. No te compares con nadie. Eres única, absolutamente única y genial. No tiene sentido las comparaciones porque eres distinta. Has vivido circunstancias, entornos y con personas diferentes a todos aquellos con los que a veces te comparas, nos comparamos. Posees talentos y destrezas únicas.
  3. Centra tu atención en lo que eres, no en lo que tienes. Tu valor como persona depende del verbo ser. Depende de tu inteligencia, tu bondad, tu esencia. Los objetos materiales, títulos académicos, brillo social…es secundario, siempre es secundario.
  4. Haz cosas que te gusten. Es bueno hacer una lista de cositas que nos hacen sentir bien, todos los días haz alguna de ellas.
  5. Enfócate en tus cualidades positivas. Al igual que ante un precioso vestido, si aparece una mancha, está es la que más se ve, a nosotras nos pasa lo mismo, queremos ser tan perfectas que sólo nos fijamos en nuestras manchas. Dirige tu atención hacia los aspectos más positivos de tu vida. Aquello en lo que centras tú atención tiende a hacerse más grande.
  6. Valórate tú misma, no esperes a que te valoren desde fuera. Siéntete orgullosa de ti, de tus logros. Eres la persona más importante de tu vida. si no te valoras a ti misma, no te valoraran los demás.

 

Os dejo con un precioso poema de Gioconda Belli. Cuidaros.

Y Dios me Hizo Mujer

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

 

Gioconda Belli