Un mundo feliz. La igualdad en el espacio doméstico.

Autor Lunes, marzo 6, 2017 0 Permalink 0

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“Saber es relativamente fácil. Querer y obrar de acuerdo a lo que uno quisiera, es siempre más duro” Aldous Huxley

Desde la distancia que dan los años una cree que ciertos conflictos domésticos de pareja se han ido solucionando. No es así.

Hace unos meses, me sorprendió la queja de una madre, profesional independiente, empresaria, respecto al tiempo, desigual, que su pareja y ella dedicaban al espacio doméstico.

Su esposo es un ser adorable, buen padre, buen compañero, buena persona, palabras textuales de ella, que evita, por norma, participar en las tareas del hogar.

Un día tras una bronca enorme le dijo a su compañera: Respecto a mi padre y a mis abuelos, he avanzado muchísimo. No puedes quejarte. Cuido de la pequeña, cambio sus pañales, la saco a pasear, juego con ella, te ayudo en la casa y hasta hago la cena. ¿Qué más quieres?

Pasan los años y la vida sigue igual. El mismo conflicto, distinto escenario. Ellos hablan de echar una mano, aliviar. Ofrecen el verbo ayudar como quien entrega un valioso regalo.

Y en medio de esos pequeños conflictos, silenciados, la sociedad habla de conciliación. Un término que siempre se asocia al tiempo que necesitan las mujeres para cuidar a sus hijos. Qué curioso. A un hombre que triunfa en el terreno profesional nadie le pregunta cómo ha resuelto la conciliación familiar. Son cuestiones que se plantean a las mujeres, nunca a los hombres.

Cambia la estructura social, pero lo esencial no es fácil cambiarlo.

“Cuando le digo a mi marido que no colabora, piensa en sus modelos masculinos precedentes menos cuestionados; entonces te acusa de exigente y se siente incomprendido” (Espacio doméstico: el uso del tiempo).

Es cierto que hay una mayor responsabilidad y compromiso de los padres actuales. Sin embargo, la casa la gestiona, organiza y dirige la mujer. Nos guste o no en el siglo XXI las féminas siguen siendo responsables del espacio privado. A veces por elección, a veces por tradición, a veces por imposición.

Las mujeres invierten más tiempo en las tareas domésticas, mientras ellos  continúan llevando a cabo actividades que reafirman su masculinidad; arreglos caseros, trámites administrativos, etc.

Lo que más energía y tiempo consumen del trabajo doméstico, es el trabajo emocional. Preparar una comida es una tarea doméstica, pero hacerla teniendo en cuenta los gustos, la salud de la otra persona y lograr un buen ambiente en la mesa es un ejemplo de trabajo emocional.

Por otro lado no todo es blanco o negro. No somos  lobos ni corderos.

A nosotras nos cuesta mucho “delegar” cualquier parcela de responsabilidad en el varón. Incluso si les asignamos tareas, en ocasiones, vamos detrás como sargentos para comprobar que todo está hecho correctamente. Bueno, como a nosotras nos gusta.

Una palabra y un concepto nació hace unos años, bella, sorprendente  como nenúfares en un lago; corresponsabilidad. Conlleva que hombres y mujeres se responsabilicen de las tareas domésticas, del cuidado de hijas/os y personas dependientes. Es decir, puedan dedicar su tiempo tanto al trabajo remunerado como al personal y doméstico. Qué bonitas y grandes son algunas palabras, qué perfecta la teoría y qué imperfecta la práctica.

¿Cómo podemos solventar estas distancias?

Acercándonos con el mayor de los afectos. Ellos, dejando a un lado el concepto ayudar y sintiéndose parte de un todo. Nosotras, aprendiendo a delegar, siendo menos exigentes.

«Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo.» Un mundo feliz. Aldoux Husley

Hay un estudio sorprendente que habla de que los hombres que comparten tareas del hogar tienen una vida sexual más satisfactoria.

 “En general, cuanto más tareas domésticas hacen los hombres, más felices están las mujeres”, “Cuando los hombres hacen más tareas en el hogar, la percepción de las mujeres sobre la equidad y la satisfacción matrimonial aumentan, y la pareja atraviesa menos conflictos”  Scott Coltrane, sociólogo de la universidad de Riverside en California.

.Joshua Coleman, psicólogo,  miembro del CCF (Council of Contemporary Families (CCF), organización sin ánimo de lucro dedicada a la investigación de las necesidades de la familia contemporánea) afirma que:

 “Las mujeres dicen sentir más atracción sexual y más afecto hacia sus maridos si participan de las tareas del hogar”

La interpretación más lógica cae por su propio peso; si se reparten los trabajos, habrá más tiempo libre para compartir, estar juntos, disfrutar. Además, el sentimiento de complicidad, compañerismo, igualdad logrará sentirnos mejor con nuestra pareja, con nosotros mismos. Lograr pequeñas utopías, un mundo, unas horas, feliz. Ahí es nada.

http://www.journals.uchicago.edu/doi/abs/10.1086/495326?journalCode=signs

http://www.soledadmurillo.es/articulo/espacio-domestico-el-uso-del-tiempo

 

Una mujer.
Una mujer es la historia de sus actos y pensamientos, de sus células y neuronas, de sus heridas y entusiasmos, de sus amores y desamores.

Una mujer es inevitablemente la historia de su vientre, de las semillas que en él fecundaron, o no lo hicieron, o dejaron de hacerlo, y del momento aquel, el único en que se es diosa.

Una mujer es la historia de lo pequeño, lo trivial, lo cotidiano, la suma de lo callado.

Una mujer es siempre la historia de muchos hombres.

Una mujer es la historia de su pueblo y de su raza. Y es la historia de sus raíces y de su origen, de cada mujer que fue alimentada por la anterior para que ella naciera: una mujer es la historia de su sangre.

Pero también es la historia de una conciencia y de sus luchas interiores.

También una mujer es la historia de su utopía.

Marcela Serrano: “Antigua vida mía” Alfaguara. 1995

 

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